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Orientaciones para los Institutos específicamente

24. Importancia de tales Institutos.
La Plenaria, reconociendo el valor fundamental de los Institutos, tanto masculinos como femeninos, consagrados a la vida específicamente contemplativa, expresa con júbilo especial su estima y agradecimiento por lo que ellos representan en la Iglesia. En efecto, la Iglesia, por su misma naturaleza, posee la característica de ser fervorosa en la acción y entregada a la contemplación, de modo que lo que en Ella es humano sea ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación70. Convencida de la función particular de gracia que incumbe a tales Institutos en el Pueblo de Dios, los exhorta a seguir aportando fielmente la contribución de su vocación y de su misión específica a la Iglesia universal y a las Iglesias locales en las que se encuentran incorporados.

Los exhorta a conservar y a alimentar su rico patrimonio espiritual y doctrinal contemplativo, que constituye un llamamiento y un don al mundo y también una respuesta a los hombres que en nuestros días buscan con ansia, incluso fuera de la tradición cristiana, métodos y experiencias contemplativas no siempre auténticas.71

25. Actualidad de la vida específicamente contemplativa.
Los que son llamados a la vida específicamente contemplativa son reconocidos como uno de los tesoros más valiosos de la Iglesia. Gracias a un carisma especial, han elegido la mejor parte72, esto es, la de la oración, el silencio, la contemplación, el amor exclusivo de Dios y la dedicación total a su servicio... La Iglesia cuenta muchísimo con su aportación espiritual73.

Por eso a pesar de la urgente necesidad de apostolado activo, aquellos Institutos conservan siempre un lugar preeminente en el Cuerpo Místico de Cristo... En efecto, sus miembros ofrecen a Dios un eximio sacrificio de alabanza y, produciendo frutos abundantísimos de santidad, son un honor y un ejemplo para el Pueblo de Dios que acrecientan con misteriosa fecundidad.
En consecuencia, deben vivir con realismo el misterio del "Desierto" al cual su "Exodo" les ha conducido. Es el lugar en donde, a pesar de la lucha contra la tentación, el cielo y la tierra - según la tradición - se juntan, en el cual el mundo, tierra árida, se vuelve paraíso... y la humanidad misma alcanza su plenitud
74.

Por eso se puede decir que si los contemplativos están en cierto modo, en el corazón del mundo, se hallan mucho más en el corazón de la Iglesia75. Aún más, Ad Gentes ha afirmado incluso que la vida contemplativa significa la pertenencia a la plenitud de la presencia de la Iglesia y ha exhortado a instaurarla en todas partes precisamente en las misiones76.

26. El misterio apostólico de estos Institutos.
La vida de estos Institutos, modo particular de vivir y expresar el misterio pascual de Cristo, que es una muerte para la vida77 es un misterio especial de gracia que muestra el rostro más santo de la Iglesia, comunidad orante que, con su esposo Jesucristo, se inmola por amor, para gloria del Padre y salvación del mundo.

Por lo mismo, su apostolado primordial y fundamental consiste en su misma vida contemplativa, porque tal es, según los designios de Dios, su modo típico de ser Iglesia, de vivir en la Iglesia, de realizar la comunión con la Iglesia, de cumplir una misión dentro de la Iglesia. Es en esta perspectiva, en el pleno respeto de la función apostólica primordial de la vida misma en virtud de la cual deben soli Deo vacare78, como, respetando las leyes de la clausura y las normas establecidas al respecto, pueden abrirse - con toda fidelidad al espíritu propio y a las tradiciones de cada familia religiosa - a unas experiencias de ayuda y de participación, por medio de la oración y de la vida espiritual, en beneficio de los que viven fuera79.

27. Necesidad de una formación adecuada.
Se insiste en la necesidad de una formación inicial y permanente adecuada a la vocación y vida de búsqueda contemplativa de Dios en la soledad y el silencio, en la oración continua y en la intensa penitencia80, en el serio empeño de fundamentar tal formación sobre bases bíblicas, patrísticas, litúrgicas, espirituales y de preparar formadores y formadoras idóneos para tal función.

Merecen particular atención las Iglesias jóvenes y los monasterios aislados y desprovistos de ayudas especiales o de medios adecuados a este fin. En colaboración con la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos y con la Sagrada Congregación para las Iglesias Orientales, se deberán estudiar modos y medios de procurar a esos monasterios una ayuda válida en el campo de la formación (Equipos de formación, libros, cursos por correspondencia, cintas magnetofónicas, cassettes, discos, ...).

28. Estima y delicadeza en las relaciones.
Las relaciones del Obispo con los monasterios contemplativos, de los cuales es pastor, guía y padre, relaciones ya subrayadas en una Plenaria anterior, requieren que el estudio de los varios aspectos de esta cuestión sea continuado, de manera que, con la ayuda de la Sagrada Jerarquía, la presencia y la misión de esos monasterios en las Iglesias particulares constituya realmente una gracia, reflejo de la diversidad de los carismas, al servicio de todo el Pueblo de Dios.

En consecuencia, el parecer de la Plenaria es que los Obispos procuren promover entre los sacerdotes, ya desde el seminario81, y entre los fieles, el conocimiento y la estima de la vida específicamente contemplativa. Pues esta vida no hace de los que a ella son llamados unos extraños a la humanidad... En la soledad en la cual se consagran a la oración, los contemplativos no olvidan nunca a sus hermanos. Si ellos están como arrancados del mundo y de la Iglesia, no es en busca de una comodidad y tranquilidad personal, sino para participar más universalmente en sus trabajos, en sus dolores, en sus esperanzas82.

29. La clausura papal.
La Plenaria expresa su estima hacia los monasterios de Religiosas de clausura papal. Si la separación del mundo pertenece a la esencia de la vida contemplativa, esta clausura constituye un signo y un medio excelente para realizar esta misma separación en conformidad con el espíritu de los diversos Institutos.

Por eso la misma Plenaria, mientras repite la invitación del Concilio Vaticano II a una justa renovación de las normas, que tenga en cuenta las condiciones particulares de los tiempos y de los lugares83, exhorta vivamente a estos monasterios a conservar fielmente, según los varios carismas y las tradiciones de los diversos Institutos, su especial separación del mundo,
instrumento muy apropiado para la promoción de la vida contemplativa.

CONCLUSIÓN

30. La dimensión contemplativa es el verdadero secreto de la renovación de toda vida religiosa: renueva vitalmente el seguimiento de Cristo, porque conduce a un conocimiento experimental de El, conocimiento necesario para poder darle auténtico testimonio, testimonio de quien le ha oído, le ha visto con los propios ojos, le ha contemplado, le ha tocado con las propias manos84.

Cuanto más se abra el religioso a la dimensión contemplativa, más atento se volverá a las exigencias del Reino, desarrollando intensamente su interioridad teologal, pues observará los sucesos con esa mirada de la fe que lo ayudará a descubrir por doquier la intención divina. Tan sólo el que vive esta dimensión contemplativa sabe descubrir los designios salvíficos de Dios en la historia y puede tener capacidad suficiente para realizarlos con eficacia y equilibrio.

Vuestras casas han de ser, por encima de todo, centros de oración, de recogimiento, de diálogo - personal y sobre todo comunitario - con Aquel que es y debe seguir siendo el primer y principal interlocutor en la trabajosa sucesión de vuestras jornadas. Si sabéis alimentar este clima de intensa y amorosa comunión con Dios, os será posible llevar adelante sin tensiones traumáticas o peligrosas desbandadas, esa renovación de la vida y de la disciplina a la cual el Concilio Ecuménico Vaticano II os ha comprometido85.

Eduardo Card PIRONIO,
Pref.

+ Agustín MAYER, O.S.B.,
Secr.

NOTAS
70. SC 2.
71. Mensaje del Papa a la Plenaria, 3.
72. Lc. 10, 42.
73. Mensaje del Papa a la Plenaria, 3.
74. VS III, AAS (1969), p.681.
75. ib.
76. A.G. 18. 40.
77. VS I.
78. PC 7.
79. Cf. MR 25.
80. PC 7.
81. Cf. O.T. 19; M.R. 30,b.
82. VS III.
83. Cf. PC 16.
84. Cf. 1 Jn 1,1; Fil, 3,8.
85. Juan Pablo II, Discurso del 24.11.1978.




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