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Autor: | Editorial:



Antes de hacer la meditación
Para disponerse a meditar, le recomendamos hacer lo siguiente antes:

Escoger un tema según sus necesidades personales. Por ejemplo, Ud. se da cuenta que necesita practicar la caridad. Puede meditar en la Parábola del Buen Samaritano que encontramos en el Evangelio de San Lucas, capítulo 10, versículos 30 a 37. En esta parábola Jesús nos habla de un señor que cayó en manos de ladrones, quienes le dejaron medio muerto además de robar todo lo que tenía. Un samaritano pasó por allí y tuvo misericordia de él y le prestó toda la ayuda que podía.

Esta parábola le viene como un anillo al dedo. Ud. puede verse reflejado en este personaje, el buen samaritano, pues Cristo le pide ser “buen samaritano” ayudando a sus vecinos en sus diferentes necesidades.

Tal vez Ud. necesita tener más fe. Puede meditar en el episodio de la mujer cananea. Se encuentra en el Evangelio de San Mateo, capítulo 15, versículos 21 a 28. Se trata de una mujer extrajera, una cananea, que pidió a Jesús curar a su hija que estaba endemoniada. En el inicio Jesús rehusó, pero ella insistió como sabemos. Veamos brevemente el diálogo entre ellos:

Ella, no obstante, Vino a postrarse ante él y le dijo: "¡Señor, socórreme!" Él respondió: "No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos". "Sí, Señor- repuso ella -, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos". Entonces Jesús le respondió: "Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas". Y desde aquel momento quedó curada su hija.

Ud. puede imitar a esta mujer en su fe perseverante. Ella estaba totalmente convencida que Jesús era capaz de curarle.

Ud. se da cuenta que necesita meditar en la humildad. Le puede ayudar la Parábola del fariseo y el publicano, que encontramos en el Evangelio de San Lucas, capítulo 18, versículos 10 a 14. Veamos lo que dice:

Dos hombres subieron al templo a orar, el uno fariseo, el otro publicano. El fariseo, en pie, oraba para sí de esta manea: "¡Oh Dios! Te doy gracias de que no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni como este publicano. Ayuno dos veces a la semana, pago el diezmo de todo cuanto poseo". El publicano se quedó allá lejos y ni se atrevía a levantar los ojos al cielo y hería su pecho, diciendo: "¡Oh Dios, sé propicio a mí, pecador!" Os digo que bajó éste justificado a su casa y no aquél. Porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado.

Pienso que el mensaje está muy claro. Ud. podrá sacar mucho fruto de este pasaje del Evangelio. Le llevará a mirar, no los fallos ajenos, sino sus propios errores.

Ud. se dan cuenta que siempre está angustiado y que necesita confiar más en Dios. Este pasaje le puede servir bastante. Lo encuentra en el Evangelio de San Mateo, capítulo 6, versículos 25 a 26. Vamos a ver lo que dice:

Por eso os digo: No os inquietéis por vuestra vida, por lo que habéis de comer o de beber; ni por vuestro cuerpo, por lo que habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad cómo las aves del cielo no siembran, ni siegan, ni encierran en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?

Tenemos la tendencia a angustiarnos mucho. Por eso, debemos confiar más en Dios Padre, en su providencia. Si Dios cuida tanto a los pájaros del cielo, ¡cuánto más va a cuidar a nosotros que somos sus hijos!

A Ud. le cuesta mucho perdonar a los que le hacen daño. Este pasaje le viene muy bien. Están en el Evangelio de San Mateo, capítulo 5, versículos 38 a 42:

Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: No hagáis frente al malvado; al contrario, si alguno te abofetea en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera litigar contigo para quitarte la túnica déjale también el manto, y si alguno te requisara para una milla, vete con él dos. Da a quien te pida y no vuelvas la espalda a quien desee de ti algo prestado.

Después de meditar en estos versículos del Evangelio Ud. estará inspirado a perdonar, incluso a sus peores enemigos.

Tal vez alguno ponga aquí una objeción: No basta reflexionar en la necesidad de perdonar a los demás para poder lograrlo. Pienso que es una observación muy válida. La respuesta es ésta: Cuando Jesucristo le inspira algo a través de su Evangelio, también le da la gracia de cumplirlo. Si Ud. pide a Jesús con constancia y con fe, Él le va a dar la gracia que necesita. También es bueno tomar en cuenta que muchas veces Dios le da la luz para hacer algo en la meditación, pero la fuerza o la gracia para hacerlo cuando participa en los sacramentos. Por eso, para ser buen católico no basta tener contacto con la Palabra de Jesús, meditando, sino es necesario también tener contacto con Jesús por medio de los sacramentos.

Debe escoger un lugar y hora apropiados para hacer meditación. Lo ideal es quedarse solo en su cuarto y hacer su meditación allí.

Dice Jesús en el Evangelio de San Mateo, capítulo 6, versículo 6:

Tú, cuando ores, entra en tu cámara y, cierra la puerta, ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.

Lo importante es que Ud. esté en un ambiente donde no le van a distraer o interrumpir. Se trata de crear un ambiente de silencio y de recogimiento. Lógicamente hay que apagar la radio, la televisión, y hasta descolgar el teléfono. Si Ud. es señora, lo que no puede hacer es “descolgar” al bebé. Por eso, tiene que buscar una solución práctica, tal vez meditando cuando él esté durmiendo.
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