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Autor: | Editorial:



Einstein, Cancún, Iglesia y 11 de septiembre

Domingo 14 de septiembre de 2003.


Hola, amigos:

Cinco temas se conjugan hoy para ayudarnos a reflexionar sobre los problemas económicos y sociales, y sobre el amor.


Breve preartículo


En esta semana que termina hay varias noticias de gran interés: el viaje del Papa a Eslovaquia; el recuerdo del ataque terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York, del 11 de septiembre de 2001; la Quinta Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que tiene lugar estos días en Cancún, México; y la “Nota” publicada el miércoles pasado por L´Osservatore Romano, en el contexto de dicha Conferencia.

De otra parte, un amigo me pidió que escribiera un comentario filosófico sobre un artículo de Albert Einstein, de mayo de 1949, en el que expresa su punto de vista respecto a ciertas cuestiones económicas y sociales. Y entonces, al plantearme la elección de alguno de los cinco temas para mi presente artículo, finalmente me pareció que los cinco pueden conjugarse perfectamente.

En su viaje a Eslovaquia, el Papa dijo dos cosas que son de interés para nosotros en este momento. Las transcribo a continuación:

    “Ésta es la lección que tenemos que aprender hoy: es urgente educarse para la libertad. En particular, es urgente que, en las familias, los padres eduquen para la justa libertad a sus hijos, para prepararlos a dar la respuesta oportuna a la llamada de Dios. Las familias son el vivero en que se forman las plantitas de las nuevas generaciones. En las familias se forja el futuro de la nación” (12 de Sep., en la Plaza del Resurgimiento Nacional de Banska Bystrica, homilía de la Misa).

    “Seguid con cuidado a la familia, templo del amor y de la vida, proclamando y defendiendo la unidad y la indisolubilidad del matrimonio. Mirad con amor a los jóvenes, que son el presente y el futuro de la Iglesia y de la sociedad. ... Cuidad de los débiles y de los pobres, en los que Cristo pide ser reconocido (cfr. Mt 25, 40). Estad cerca, con pastoral solicitud, de los desempleados, haciéndoos cargo de su difícil situación y estimulando a todas las fuerzas sociales a que hagan lo posible para crear nuevos puestos de trabajo” (12 de Sep., en el Seminario Mayor Diocesano de Banska Bystrica).


Cuerpo del artículo

De los días 10 al 14 del presente mes de septiembre está teniendo lugar en Cancún, México, la Quinta Conferencia Ministerial de la OMC, en relación con la problemática comercial entre países ricos y pobres en un mundo que se globaliza: materia agrícola, lograr soluciones básicas en esta reunión o posponerlas, etcétera.

Las protestas contra la Conferencia de Cancún han sido extremas. Un campesino coreano se suicidó antes las cámaras en señal de protesta. Durante la ceremonia de inauguración, el Presidente de México, Vicente Fox, llamaba a los representantes de más de 140 países a escuchar a los grupos con alternativas económicas.


La Santa Sede propone guías éticas para el comercio internacional

Estas guías se dieron a conocer en una “Nota” publicada este miércoles por la edición italiana de L´Osservatore Romano, en el contexto de la Conferencia de Cancún. El documento, que no está firmado por un organismo específico de la Curia romana, presenta un principio fundamental: “En el contexto del comercio internacional, un discernimiento ético debe basarse en el principio del valor inalienable de la persona humana, fuente de todos los derechos humanos y de todo orden social”. Para que la OMC alcance este objetivo, el Vaticano presenta seis propuestas:

  1. Para establecer un sistema de comercio orientado al desarrollo humano, la OMC debe tener en cuenta las consecuencias de cada una de sus decisiones para los países más pobres.

  2. El régimen de comercio mundial debería apoyar la agenda de desarrollo de los países pobres.

  3. En todo sector económico, incluido el sistema de comercio internacional, se deben establecer reglas precisamente para proteger a los más débiles.

  4. Las exportaciones de los países en vías de desarrollo deben poder beneficiarse de una mayor «flexibilidad», en un contexto de mercado abierto.

  5. Esto implica que el sistema comercial internacional sea complementado con «reglas asimétricas». Estas reglas, adaptadas a las diferentes situaciones, se explican por el hecho de que, «a causa de la caída de los precios de las mercancías y de la especialización en los productos, los países pobres en estos momentos pueden menos en el comercio que los países industrializados.

  6. No hay modelo de crecimiento económico o de comercio internacional sostenible a largo plazo si descuida la justicia social o margina grupos humanos o el desarrollo humano, incluso desde el punto de vista estrictamente económico.

Hacer que prevalezcan los intereses nacionales en las negociaciones comerciales es una actitud que no beneficia a la idea de una familia de naciones, que por su naturaleza es una comunidad basada en la confianza mutua, en el recíproco apoyo y en el sincero respeto: “En una auténtica familia, el fuerte no domina; por el contrario, a los miembros más débiles, a causa de su debilidad, se les da una mejor bienvenida y un mejor servicio”.

El documento concluye afirmando que las relaciones políticas y económicas entre las naciones y pueblos necesitan construirse sobre nuevas bases: “El propio interés y los esfuerzos por fortalecer las propias posiciones o el propio dominio deben ser dejados a un lado”. Esto equivale a decir que la actitud competitiva debe ser cambiada por una actitud de colaboración.


Los puntos de vista de Einstein

Los textos que citaré están tomados de un artículo “From Monthly Review, New York, May, 1949. [Re-printed in Ideas and Opinions by Albert Einstein]. Transcribed by Joseph Woodard. Transformed to HTML format April 9, 1996 by Fredrik Bendz”. En ese artículo Einstein planteaba sus puntos de vista sobre la crisis social de su tiempo; luego explicaba que el capitalismo es la causa del mal social; en seguida describía la esencia del capitalismo; y finalmente proponía una solución, cuya difícil implementación daba origen a dos últimas preguntas.

La crisis social de nuestro tiempo (1949) se refiere a las relaciones entre el individuo y la sociedad:

  • “El individuo se ha hecho más consciente que nunca de su dependencia de la sociedad. Pero su dependencia no es algo positivo, como un vínculo orgánico o como una fuerza protectora, sino más bien como una amenaza a sus derechos naturales, o incluso a su existencia económica”.

  • “Más aun, su posición en la sociedad es tal que sus impulsos egoístas son acentuados constantemente, mientras sus impulsos sociales, que son naturalmente más débiles, se deterioran progresivamente”.

  • “Inadvertidamente prisioneros de su propio egoísmo, los hombres se sienten inseguros, solos y privados de su natural y simple gozo de la vida. El hombre puede encontrar significado en la vida, corta y peligrosa como es, sólo entregándose a la sociedad”.

La causa del mal social:

  • “La anarquía económica de la sociedad capitalista, como existe hoy, es en mi opinión la real fuente del mal. Vemos ante nosotros una enorme comunidad de productores cuyos miembros pugnan incesantemente por privarse unos a otros de los frutos de su labor colectiva, no por la fuerza, sino por total y fiel conformidad con las reglas legalmente establecidas”.

  • “A este respecto es importante darse cuenta de que los medios de producción ―es decir, la entera capacidad productiva requerida para producir los bienes de consumo y los adicionales bienes de capital― pueden legalmente ser, y mayormente son, propiedad privada de los individuos”.

Einstein aclara que, por simplicidad, aunque no sea lo usual, llamará trabajadores a todos los que no comparten la propiedad de los medios de producción. También importa aclarar que él habla de socialismo en un sentido que no es comunista.

La esencia del capitalismo:

  • “El propietario de los medios de producción está en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que pasan a ser propiedad del capitalista”.

  • “El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que el trabajador produce y lo que se le paga, ambas cosas medidas en términos de valor real. En tanto el contrato de trabajo es “libre”, lo que el trabajador recibe no está determinado por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por los requerimientos de fuerza de trabajo del capitalista, en relación al número de trabajadores que compiten por empleos. Es importante entender que aun en teoría el pago del trabajador no está determinado por el valor de su producto”.

  • “El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte por la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y la creciente división del trabajo impulsa la formación de mayores unidades de producción a expensas de las menores”.

  • “El resultado de estos desarrollos es una oligarquía de capital privado, cuyo enorme poder no puede ser efectivamente comprobado ni por una sociedad política democráticamente organizada. Esto es verdad dado que los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por partidos políticos, ampliamente financiados o también influenciados por capitalistas privados, quienes, para todos los propósitos prácticos, separan el electorado de la legislatura”.

  • “La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de las secciones no privilegiadas de la población. Es más, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directa o indirectamente, las principales fuentes de información (prensa, radio, educación). Así, pues, es extremadamente difícil, y en la mayor parte de los casos imposible, que el ciudadano individual llegue a conclusiones objetivas y haga un uso inteligente de sus derechos políticos”.

La situación que prevalece en una economía basada en la propiedad privada del capital se caracteriza, por tanto, en unos principios básicos:

  • “Primero, los medios de producción (capital) son poseídos privadamente, y los dueños disponen de ellos a su antojo”.

  • “Segundo, el contrato de trabajo es libre”.

Einstein aclara que no existe una sociedad capitalista pura, y que las luchas de los trabajadores han logrado mejoras en el “libre contrato de trabajo” para algunos de ellos; pero también señala que en general la economía actual (1949, y parece que la nuestra ―2003― igual) no difiere mucho del capitalismo puro:

  • “La producción se realiza con el fin del lucro, no del uso. Siempre existirá un ejército de desempleados. El trabajador siempre teme perder su empleo”.

  • “Los progresos tecnológicos provocan desempleo, en vez de aligerar la carga de todos”.

  • “El motivo del lucro, junto con la competencia entre capitalistas, es responsable de la inestabilidad en la acumulación y utilización del capital; lo que lleva a una enorme pérdida de trabajo y a “lisiar” a los trabajadores; en lo cual consiste el mayor mal del capitalismo”.

  • “Todo nuestro sistema educativo sufre de este mal. Una exagerada actitud competitiva es inculcada al estudiante, quien es entrenado para adorar el éxito adquisitivo como preparación de su carrera futura”.

Solución propuesta por Einstein:

  • “Estoy convencido de que sólo hay un camino para eliminar estos graves males, y es mediante el establecimiento de una economía social, acompañada de un sistema educativo que esté orientado hacia objetivos sociales”.

  • “En tal economía los medios de producción son poseídos por la sociedad misma y son utilizados de una manera planificada”.

  • “Una economía planificada, que ajusta la producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a realizar entre todos aquellos que pudieran trabajar y garantizaría un medio de vida a cada hombre, mujer y niño”.

  • “La educación del individuo, además de promover sus propias habilidades innatas, procuraría desarrollar en él un sentido de responsabilidad por sus congéneres, en lugar de la glorificación del poder y del éxito que se da en nuestra sociedad presente”.

Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo, ya que puede ir acompañada de una completa esclavitud del individuo. El logro del socialismo requiere la solución de algunos problemas socio políticos extremadamente difíciles.

Y así llegamos a las dos preguntas finales de Einstein:

  • “¿Cómo es posible, en vista de la remota centralización del poder político y económico, prevenir que la burocracia se haga prepotente y arrogante?”

  • “¿Cómo pueden los derechos de los individuos ser protegidos y a la vez asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?”


Observaciones finales mías

Mis observaciones serán muy breves, pues los escritos anteriores hacen que el tema caiga, por así decir, por su propio peso. La clave del problema social está principalmente en la realización del amor, en la elección del altruismo o del egoísmo. El capitalismo ―competitivo en busca del propio beneficio― es un sistema económico egoísta; por eso ha sido condenado por la Iglesia, lo mismo que el comunismo. Los extremos se tocan: tanto el capitalismo como el comunismo coinciden en el egoísmo, ya sea de los acaparadores, ya sea de las burocracias prepotentes. De ahí la dificultad de las preguntas finales de Einstein.

De ahí también la dificultad de que las propuestas de la Santa Sede sean aceptadas por los gobiernos de las naciones. La solución está en la civilización del amor, en la urgencia de educarnos en la libertad para entregarnos amorosamente, como dice el Papa y, por lo mismo, está también en la familia. La familia no es sólo la célula de la sociedad, sino también el modelo de amor para la sociedad. En este mundo egoísta ―capitalista o comunista― sólo hay dos sociedades que se resisten por sí mismas al egoísmo: la familia auténtica, basada en el matrimonio uno e indisoluble, y esa Gran Familia que es la Iglesia.

Todo lo cual se comprueba en el gran duelo hecho a las tres mil víctimas del 11 de septiembre ―muy merecido por cierto― y por el concierto mundial de lucha contra el terrorismo. De otra parte, si cada día mueren de hambre unas 24 mil personas, en los dos años que nos separan del ataque a las Torres Gemelas han muerto de hambre más de 17 millones de personas, principalmente niños. Y morían más de 8 millones en cada año anterior; y seguirán muriendo más de 8 millones en cada año futuro. ¿Y quién hace duelo por ellos? No hay ningún concierto mundial efectivo para luchar contra el hambre. Más bien, lo han venido frenando.

¿Por qué no se lucha contra el hambre, también cueste lo que cueste? Porque son otros los que se mueren. Porque a nosotros no nos duele. Porque falta amor. Y mientras falte amor, seguirán persistiendo todos los males sociales.



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