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Prólogo el universo teocéntrico

Dice San Agustín: “Interroga la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar, interroga la belleza del aire que se dilata y se difunde, interroga la belleza del cielo... interroga todas esas realidades. Todas te responden: Ve, nosotras somos bellas.

Estas bellezas, sujetas a cambio ¿Quién las ha hecho sino la Belleza Suprema, no sujeta a cambio?” (Catecismo de la Iglesia Católica o Cat I Cat 32).

“Todas las creaturas poseen una cierta semejanza a Dios”, dice el Catecismo (Cat I Cat 41). Sobre este tema trata este libro, en la búsqueda de la “Causa ejemplar” que predice la metafísica clásica.

La escritura, la tradición, las enseñanzas de la Iglesia (El Magisterio), la teología católica que estudia a Dios y la “Oikonomía”, [que los padres de la Iglesia distinguen de la teología porque esta última palabra designa el estudio de la vida íntima de Dios-Trinidad, y la primera estudia las obras del Dios Trinidad por las que se revela y comunica su vida. (Cfr Cat I Cat 236)]. Ambas ciencias tienen un mismo tema, complementario, que en Dios Uno-Trino se resuelve. Luego, hay manera de correlacionarlas, precisamente en la consideración del Dogma Trinitario.
El libro da por hecho que el lector conoce al menos superficialmente el Misterio Trinitario. Aún así, se hará un breve resumen para recordar algunos de los principales atributos de este gran misterio.

Este es un libro de OIKONOMÍA y trata sobre LA OBRA DE DIOS, la parte que cambia, que está en vía, que evoluciona, gobernada por las leyes que emanan de un PLAN PROVIDENCIAL, de un plan concebido por el Amor, el Entendimiento, la Paternidad o Principio Trinitario: Esta OBRA DE DIOS, que busca la semejanza, necesariamente se perfecciona según va adquiriendo semejanza con Dios, hasta fundirse con Él por la Redención, al venir Dios mismo a formar parte de lo que se mueve en el tiempo que Él creó.

El Dios-Hombre cierra la pinza entre la Teología y la Oikonomía, entre el Creador y la creatura, entre la Obra, la Escritura y el Magisterio, entre la causa primera (Dios) y la causa última (Manifestar Su Gloria). Es la Creación ejemplo del Creador. ¿Qué mas puede esperarse de un Dios omnipotente, omnipresente, omnicoherente, amante de Él, de Su Hijo (Su Semejanza perfecta, Su Verbo, Dios de Dios, Luz de Luz, Imagen de Dios, resplandor de Su Gloria, impronta de su esencia. Cat I Cat 241). Infinito en Amor, Amor por el que comienza cualquier acto del Dios que es Amor? (Cfr. Cat I Cat 221), Amor que apropiamos al Espíritu Santo, de quien se dice ”El Amor infinito entre el Principio Trinitario (Padre) y Su Semejanza Perfecta (Hijo.)”


Resumen del Misterio Trinitario.

Algunos aspectos fundamentales del Misterio Trinitario según el Catecismo de la Iglesia Católica.

“El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida Cristiana. Sólo Dios puede dárnoslo a conocer revelándose como Padre, Hijo y Espíritu Santo (Cat I Cat 261)

La fe católica es esta: Que veneremos a un Dios en la Trinidad y la Trinidad en la unidad, no confundiendo a las Personas ni separando las substancias: una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo, pero del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, una es la divinidad, igual la gloria, coeterna la majestad. (Cat I Cat 260).

Toda la obra divina es común a las tres Personas Divinas. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, no son tres principios de creaturas, sino un solo principio. (Cat I Cat 260)

“El último fin de toda la economía divina es la unidad perfecta de la Bienaventurada Trinidad.” (Cat I Cat 260)


En numerosas instancias de este escrito, se usará lo que llamaré el ”modo gráfico” para explicar algunas similitudes entre el Creador y la creación, usando para esto uno o varios triángulos. Uno de estos polígonos, -que marcaremos como la Trinidad, o sea Dios- significa la acción conjunta del Padre (quien manda), del Hijo (obedece al Padre) y el Espíritu Santo (quien obedece al Padre y al Hijo conjuntamente). Luego, el triángulo que se usará para identificar a la creación indica que la Paternidad, la Semejanza y el Amor operan siempre en conjunto y en dirección que va del Amor (principio de todas las obras de Dios) hacia la manifestación de su Semejanza y Su Gloria (fin de todas las obras de Dios). Es decir, “Toda la obra divina es común a las tres Personas Divinas” (Cat I Cat260) pues “El último fin de toda la economía divina es la unidad perfecta de la Bienaventurada Trinidad.” (Cat I Cat 260)

Se usará siempre una flecha punteada para indicar la vía de la creación en el tiempo.




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