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Autor: | Editorial:



El segundo imperio

El segundo imperio, que se contruye sobre el primero

Luego Dios hizo al hombre, el principio espiritual que es el alma (cfr. Cat I Cat 363) adicionado al principio de Luz que es el cuerpo con vida, según el segundo capítulo del Génesis. Para ello usó lo creado antes que el hombre –y según veremos es una pauta en toda la creación- Al Imperio de la Luz (cfr Cat I Cat 362) sumó el Creador el Imperio del Alma. Como el alma no puede ser observada con los ojos, microscopios o telescopios, etc., pues no pertenece al Imperio de la Luz, y por eso puede estar simultáneamente donde hay materia o vida. No interacciona y no ocupa el mismo espacio, pues están ambos Imperios en distintas dimensiones. Lo que procede de la Luz, está en cuatro dimensiones bien conocidas que son:

1- Tiempo.
2- Alto.
3- Ancho.
4- Largo.

Son las dimensiones que se crean al expanderse la Luz en el cosmos. El alma se manifiesta en otras dimensiones: conciencia, felicidad superior, libertad, inteligencia superior, ética (conocer el mal y el bien), estética (Conocer la belleza), conciencia de otros hombres, conciencia de Dios. Impera aquí el alma. Lo que se deriva sólo del Imperio de la Luz no tiene risa o acto libre, ni adora a Dios o a ídolo alguno.

El alma, como todo lo creado, se da siempre en el tiempo, por eso puede cambiar. Y aunque está en el espacio, pues “estᔠen los hombres, no tiene peso o medida en las cuatro dimensiones de lo que existe en el Imperio de la Luz. Es una nueva y diferente forma de creación, que resulta complementaria al cuerpo en donde se infunde, una a una, como uno a uno hizo Dios a los fotones de la primera explosión de Luz.

Como en toda Obra de Dios, el alma implica una Semejanza (Cfr Cat I Cat 364), aunque se dice que tiene mayor perfección el alma que el cuerpo, pues es “imagen de Dios” según el Génesis (Cfr Cat I Cat 364).

El alma y el cuerpo siempre están unidos en vida y a esa unión la llamamos persona (El hombre tiene Imagen y Semejanza). Cuando se le acaba el tiempo al cuerpo humano, que es del Reino Animal (la muerte), el alma sigue su curso en la eternidad, pues deja de estar sujeta al cuerpo de Luz en el tiempo.

Entonces cuerpo y alma se separan. El cuerpo vuelve a integrarse a los causes inferiores (materia, energía, vegetales y animales del Imperio de la luz, pues es comido por gusanos, atacado por bacterias, etc.) y el alma con sus dimensiones como la consciencia y su inteligencia, se convierte en ser subsistente y sujeto a ser feliz o lo contrario.

Todos los hombres pertenecen al Imperio del Alma. Por ello se parecen a Dios, en que son conscientes, inteligentes y pueden vivir en atemporalidad. Dice el Catecismo de la Iglesia Católica “Con la apertura a la verdad y a la belleza, con el sentido del Bien Moral, con la libertad y la voz de su consciencia, el hombre se interroga sobre la existencia de Dios” (Cat I Cat 33)

La “semilla de eternidad que lleva en sí al ser irreductible a la sola materia, su alma no puede tener su origen más que en Dios”, como toda la creación. Esta cita nos remite a la consistencia de calificar el alma por su manifestación de principios déicos, éticos, estéticos, en un entorno de inteligencia libre y de consciencia cada vez más fina. Ver Gráfico 4:




el Imperio del Alma, al igual que en el imperio de la luz, se distinguen dos Cauces de creación. Que son las creaturas que tienen:
1) Libertad y ley de la conciencia y
2) Los que encima de lo anterior tienen Ley de Dios Revelada y además la obedecen con fidelidad. Tienen Verdad.

Todos los hombres tienen conciencia de sí.
Además de esta conciencia de un grado mínimo, los hay que además tienen conciencia de otros, de los demás. Los que creen en “varios dioses”, los politeístas, no son conscientes de Dios, sólo usan esta figura para “explicar” el cosmos (dios sol, dios fuego, dios del vino, etc.) Los que son conscientes de Dios se conocen por el monoteísmo y tienen Revelación de Verdad y Ley Escrita, emanada del Creador mismo. Es el caso de los Judíos, los Cristianos y los Mahometanos, quienes reciben herencia del Antiguo testamento como elemento de construcción de su libro sagrado, el Corán.
En el Cauce de la Libertad se dan dos Reinos: el de los Conscientes de Sí y el de los Conscientes de Otros, que en seguida se explicarán ampliamente.

En el Cauce de la Verdad, en donde Dios da Ley Escrita, se dan también dos Reinos, en función de esa Ley: el Reino de los Conscientes de Dios y el de los que son fieles, radicalmente, el Reino de los Obedientes a Dios, conceptos que también se explicarán ampliamente.



Los “científicos” que sólo creen en lo que ven, dirán que esto es falso. Los pobres, que están ciegos a la fe, no podrán entenderlo.

Ténganles caridad, pues es peor estar ciego a la fe que ciego a la luz.Con el tiempo, evolucionarán.

Los conscientes de sí son hombres muy primitivos.

No pueden hacer civilización y fácilmente caen en hábitos muy dañinos para el grupo de humanos, como la antropofagia. Los conscientes de sí son hombres que pueden complementar sus acciones, son hacedores de civilización. En las primeras miles de décadas de humanidad dominaron los primeros. Luego la consciencia y la técnica evolucionaron a los hacedores de civilización, Dios da Revelación. Un grupo de hombres, los judíos, guarda celosamente las Escrituras que contienen esta Revelación, como las membranas protegen los cromosomas primeros. Muchos otros se enteran de la Revelación, pero no la guardan celosamente y se pierde parcialmente. Es el caso de los seguidores de Mahoma y muchos otros.






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