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Autor: | Editorial:



Los sacramentos del segundo cosmos


Según las enseñanzas de la Iglesia, los Sacramentos son siete. Tres de ellos se dice que “imprimen carácter” y no pueden recibirse más de una vez. Estos son: el BAUTISMO, la CONFIRMACIÓN y el ORDEN SACERDOTAL. Estos tres son como escalones a la Gloria, producto de la efusión del Espíritu Santo (Cat I Cat 1119, 1121)

Estos niveles de acercamiento a Dios son determinantes. Por ejemplo, el Catecismo de la Iglesia Católica dice “El Santo bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu y la puerta de acceso a los otros sacramentos... por él llegamos a ser miembros de Cristo...”, ”se convierte en hijo de la luz y es luz él mismo” (Cat I Cat 1213,1216).

“El bautismo es el más bello y magnífico de los dones de Dios...” (1216) y digo yo: más importante que la diferencia entre un simio y un hombre (el alma), es la diferencia entre el no bautizado y el bautizado. Por esto es esta una nueva y más elevada forma de creación, aunque el Verbo de Dios que actúa como hacedor de este nuevo nivel de semejanza, es el mismo y único Verbo de Dios.

“La confirmación es necesaria para la plenitud de la gracia bautismal”, “esta plenitud del Espíritu debe de ser comunicada a todo el pueblo mesiánico...” (1287) y Cristo prometió varias veces esta “efusión del Espíritu Santo”, cosa que hizo en Pascua, en la Ascensión, y luego en Pentecostés. (Jn 14,15; Jn 15,26; Jn 16,7; Jn 29,22; Hechos 2-2) En los Hechos de los apóstoles ya consta que era común que los apóstoles “impusieran las manos” para comunicar del don del Espíritu Santo (Cat I Cat 1288).

“El Orden Sacerdotal... confiere el don del Espíritu Santo que permite ejercer un “poder sagrado”...es llamada “consacratio” porque es un “poner aparte”, y un “investir” por Cristo mismo...” (Cat I Cat 1536... 38)

Por eso, al clasificar a continuación esta parte de la creación, la “pondremos aparte”.
Otros Sacramentos, como el matrimonio y la unción de los enfermos, no imprimen carácter, por lo que no son verdaderos cauces de creación (o escalones definitivos) aunque son en verdad grandes. El sacramento de la comunión lo veremos aparte, pues “...la Eucaristía es la fuente y cumbre de la vida cristiana”. (Cat I Cat 1324) y el Sacramento consiste en unirse a esa cima de Dios en la creación, para que “Todos seamos uno, como tú Padre en mí y yo en ti, que ellos sean también uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”, “...Yo en ellos y tú en mí, para que sean consumados en la unidad” (Cfr Jn 17,20...24)

Los Sacramentos que imprimen carácter son tan importantes, que de hecho marcan los niveles de evolución de la creación de una manera más clara que lo que hacen los cilios y los flagelos. Satán y sus agremiados odiarán esta afirmación.


Posición relativa del imperio de los Sacramentos




El Imperio de los Sacramentos se divide en grupos reconocibles. Los bautizados son el grupo primero, donde los católicos, ortodoxos y protes-tantes se reconocen claramente. Todos ellos son verdaderos hijos de Dios por haber recibido la participación del “ser inmaculado” de Dios.
Esta participación del alma limpia, sin mancha, como semejanza el ser del tres veces Santo, es el sello de familia de los Hijos de Dios, y eso es justo lo que hace el bautismo.

Los tres Sacramentos, el Bautismo, la Confirmación y el Orden sacerdotal confieren, además de la gracia, un “carácter” sacramental o “sello” que por el cual el cristiano participa del sacerdocio de Cristo y forma parte de la Iglesia según estados y funciones diversas. Esta configuración con Cristo es indeleble” CIC 1121)

Los cauces que nos marca esta división en función de la presencia del Espíritu Santo, los bautizados tienen dos grandes caminos a seguir. O se confiesan asiduamente, pues ese magnífico Sacramento de la confesión regresa el alma al estado de limpieza cuando por el pecado se pierde esa característica de la “familia de Dios” (El “tres veces Santo”) o se vuelve a caer en el pecado. El bautismo nos da los rasgos de Dios, por la naturaleza divina que nos participa, la llamada “Gracia Santificante”, que estudiaremos más avanzado el texto. Con el Bautismo y la Gracia Santificante, recibimos los hábitos o virtudes llamadas “virtudes teologales” o sea la fe, la esperanza y la caridad.
Si por abusar de la libertad dejamos de tener cara de “Hijo de Dios“ y nos parecemos a hijos del opuesto a Dios, de Satán, la misericordia del Padre permite que regrese el hijo a ocupar la posición bajo Su manto de Paternidad, limpiándolo así de la “genética” del Maligno, por el Sacramento de la Confesión. Por eso los que se confiesan frecuentemente son diferentes. Luego, el cauce del “ser hijo” puede dividirse en “Ser hijo indigno por el pecado” (cara de chivo, les digo, pues no se parecen al Padre) y “ser hijo digno por la limpieza constante, producto de la confesión” y que se reconoce fácilmente por ese “olorcillo” a Cristo que despiden, que es la piedad y el gusto por las cosas de Dios. Estos son los dos primeros Reinos de la creación segunda. Este comportamiento que nos recuerda al actuar de Dios mismo y que se incrementa según el alma incide en mantener una intensa limpieza del alma se da por la acción de Dios mismo en el alma, por la Inhabitación, “...desde ahora somos llamados a ser habitados por la Santísima Trinidad” (CIC260) y se manifiesta por un fuerza que permite actuar a manera de cercanos colaboradores de Cristo, conocido como “dones del Espíritu Santo” que mueve los actos de los Santos, lejos del actuar esperado de un hombre sin esta intensa presencia de Dios. Así, reconocemos que las virtudes teologales (leyes como la Caridad). Jesús hace de la caridad un mandamiento nuevo, amando a los suyos hasta el final, manifiesta el Amor del Padre que ha recibido (CIC 1823) y los Dones del Espíritu Santo (leyes que rigen el actuar de los Santos) son verdaderos cauces de Creación. “La vida moral de los cristianos está sostenida por los Dones del Espíritu Santo. Estos son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los dones del Espíritu Santo CIC 1830. (Ver gráfico 11).



El siguiente Sacramento que imprime carácter será el parte-aguas entre los que son santos, y los que son santos-santos, doblemente distinguidos por la segunda efusión del Espíritu Santo de Dios que da la Confirmación, según lo enseña el Magisterio de la Iglesia.

“La confirmación, como el bautismo, del que es la plenitud, sólo se da una vez. La Confirmación, en efecto, imprime en el alma una marca espiritual indeleble, el“carácter”que es el signo de que Jesucristo ha marcado al cristiano con el sello de su Espíritu revistiéndolo de la fuerza para que sea su testigo”. (CIC 1304)
La presencia constante de Dios en este nivel de Santidad permite que se abra un nuevo cauce de creación. En este estado de avanzada evolución hacia la Gloria, se manifiesta también una clara diferencia entre los grupos. Más elevado es aquel que se acerca e inscribe al nivel supremo de Creación: la Eucaristía. Esto se logra acudiendo al Sacramento de la Comunión, que consiste en buscar y encontrar la identidad con Dios, según instruyó Dios mismo.
Al ser hecha su carne y alma, el espacio-tiempo que el Verbo le dio a esa persona, queda colocada en una “primera etapa” (1) bajo la influencia del Verbo. Si escucha la Palabra de Dios se acerca mucho más a la Semejanza de Dios(2). Si se bautiza, ya es marcado con la característica, el apellido de Dios, el “Tres Veces Santo”, el Inmaculado.

Todos aquellos que reciben el bautismo y cuidan de no perder la Gracia santificante, el “lazo de familia” que los une con Dios, son llamados Santos, sobre todo si cuidan el complemento del bautismo, que es la Confirmación. Después, cuando reciben la Comunión, se hacen ya parte de la Unión Eucarística y se vuelven aun más parecidos a Dios. San Juan nos recuerda las palabras de Cristo cuando nos transcribe “este es el pan que baja del cielo, para que quien de él coma, no muera... el que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él... así como el Padre que me envió posee la vida y yo vivo por el Padre, de la misma manera, quien me coma vivirá por mí.” (Jn 4,51ss)

El Orden Sacerdotal garantiza tres veces la acción del Espíritu Santo, pues junto con el Bautizo y la Confirmación es una efusión definitiva del Don de Dios. Como en el caso del bautizo y de la confirmación, esta participación en la misión de Cristo es concedida de una vez, para siempre. El sacramento del orden confiere también un “carácter espiritual indeleble” y no puede ser retirado ni ser conferido por un tiempo determinado. (CIC 1582)

El ordenado es con ello una representación del mismo Cristo. Con este Sacramento que imprime carácter termina un Imperio y comienza otro gran segmento de la creación trinitaria, otro gran continente de la creación.


El imperio de la Eucaristía

La Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana. Los que han sido elevados a la dignidad el sacerdocio real por el Bautismo y configurados más profundamente por la Confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en el Sacrificio mismo e Nuestro Señor”( CIC 1322)

Este Imperio es en donde se funde la creación con Dios mismo, pues el altar y el cáliz (Reino Mineral), el pan y el vino (cauce de la vida) el cuerpo de sacerdote y fieles (Reino animal), el alma de las personas, alma consciente y obediente a Dios, bautizados, confesados, generalmente confirmados, se entrega a la unión más perfecta que puede haber entre Dios y el hombre que camina en la tierra: la Eucaristía. Finalmente, por la celebración eucarística nos unimos ya a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna cuando Dios será todo en todos. (CIC 1326)

Para el hombre con vida y libertad, en gracia de Dios y habitado por Dios mismo, (pues esa inhabitación trinitaria se garantiza con la recepción de los Sacramentos), este alto nivel de evolución hacia la perfección por la semejanza al Dios Uno y Trino, es la comunión, recibida del tres veces señalado por Dios (Bautismo, Confirmación, Orden Sacerdotal), es camino para elevar a la creación hasta el más alto nivel.

La Eucaristía es un enorme regalo de Dios. Los caníbales malos comen a sus semejantes, para convertir la carne del ingerido en la propia carne del ingestor caníbal (aunque la comparación resulte un tanto repugnante). Dios bueno hace justo lo contrario; se da de comer Él para así hacernos parte de Su Cuerpo; nos lleva al acercamiento más estrecho que se da en la creación.

En la Eucaristía están los que reciben a Dios en Su Iglesia, en el Purgatorio o Iglesia Purgante (los que ya han sido salvados, pero que aún les quema una acción purificadora del Espíritu Santo para hacerlos dignos del “Tres veces Santo”). El tres veces ungido (El Sacerdote) da los Sacramentos en los nuevos templos de Jerusalén, que son las almas inhabitadas por la Trinidad Beatísima, la nueva acción de adoración de los Hijos de Dios dispersos por el mundo. Estos millones de templos trinitarios son los fieles que comulgan frecuentemente y viven en Gracia Santificante normalmente.

“... el culto que en el Espíritu Santo los hombres dan a Cristo y por Él al Padre”(CIC 1325), hace que hayan cientos de nuevos templos de Jerusalén en cada parroquia, en donde un representante de Dios, tres veces ungido, enlaza a los santos con Su Reino. La Santa Misa, el acto que se repite en la creación como replica del Sacrificio de Cristo, enmarca este enlace supremo que es como puerta por la que se camina desde donde Dios nos dejó la creación (el sexto día), hasta donde nos invita a colaborar con Él para llevarla a la Manifestación plena de Su Gloria.

El Verbo hizo la luz en el tiempo, primera creatura, luego hizo el alma en un cuerpo de luz, de donde resulta la persona humana, el hombre. luego los Sacramentos en el hombre y luego la Eucaristía en el hombre sacramentado, porque “por Él empezaron a existir todas las cosas y ninguna de las que existen empezó a ser sino por Él” (Juan 1,3) Ver Gráfico 13.

En coherencia con este orden divino, este plan providencial, el acto de recibir la Eucaristía es también un Sacramento, la llamada “Comunión” y acusa el marcado semblante trinitario que hemos visto en toda la creación. La Eucaristía es “fuente y culmen de toda la vida cristiana. Los demás Sacramentos, como también los ministerios eclesiales y las obras de apostolado están unidos a la eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua (CIC 1324)


Posición relativa del imperio de la Eucaristía



Así opera la Salvación: El Verbo, por su Encarnación y los méritos de su Sacrificio condigno (de la misma dignidad del ofendido por el pecado, pues Cristo es Dios), nos da Su Gracia, elevando la creación primera a la creación segunda, y de la Luz. Por el Alma, el Sacramento y la Eucaristía se manifiesta la Gloria de Dios dada por el Hijo.

Luego del Sacrificio del Hijo, Cristo mismo nos indica el camino. Baja a la morada de los muertos, como Salvador de los que muertos esperan, privados de la visión de Dios (Cfr Cat I Cat 633) para luego resucitar y subir glorioso a la derecha del Padre. Igual propongo que se clasifique este Imperio, en donde los tres veces ungidos enlazan los Sacramentos con la Eucaristía. Caben aquí los que están en la Iglesia Purgante, y los que están ya en la Iglesia triunfante, cuerpo Místico Glorioso de Cristo.



Esto es, a grandes rasgos, esta avanzada etapa del Plan Providencial, el camino a la Gloria, como lo sugiere el Catecismo de la Iglesia Católica.

Inseparable el representante de Cristo, el Sacrificio, el Sacramento, la Eucaristía en la misa, el Representante con el Orden Sacerdotal y la Iglesia. De ahí que pongamos este elevadísimo acto de creación ya cerca de la Gloria, y luego la Iglesia Purgante, pues el mismo Cristo sufrió primero el Sacrificio y luego bajó al Seno de Abraham a rescatar a los justos.
Actualmente esta figura es el Purgatorio, en donde el espíritu de Dios da la última pulida a los que no hicieron en vida el Sacrificio de tal manera que sean dignos de la visión de Dios.

En la Gloria debe de haber muchas diferencias, como las hay en toda la diversidad de la creación. Algunos llegaron ahí con pocos méritos y con poca identificación con el Creador. Estas almas tendrán presencia y felicidad menuda y discreta en los mas “bajos” niveles del cielo. (Imagínese el lector a las diminutas bacterias del reino vegetal), y otros que vivieron la Santidad y el Sacrificio intensamente y por ello son grandes en el Reino de la Gloria (Ahora compare el lector, a manera de ejemplo, aquella diminuta bacteria con los grandes árboles del Reino Vegetal, para ilustrar la diversidad que suele darse en un Reino de la creación, como es el Reino de la Gloria de los Redimidos).

Aunque la felicidad esencial en el cielo es la visión de Dios y todos la tendremos una vez ahí, la Revelación que Cristo enseña y dice que “en casa de mi Padre hay muchas moradas” nos sugiere la posibilidad de dicha diversidad. También los ángeles muestran diversos rangos, pues los hay más o menos elevados, desde ángeles, arcángeles y hasta serafines.



A la Cabeza de este Reino de Gloria, está por supuesto el que es Dios y Hombre verdadero y es Él quien mantiene unida y dirigida la creación hasta llevarla a la Visión de Dios en el cielo, al igual que el sacerdote mantiene unidos al Imperio de los Sacramentos con el de la Eucaristía por medio del Sacrificio de la Santa Misa, pues es en verdad representante de Dios en la tierra y vínculo para el camino a la Gloria. En este Reino del Dios Encarnado y Glorificado ya no cabe diversidad. Sólo es él cabeza de la creación llevada al Padre. Ver gràfico 14

Insistiré en hacer clasificaciones de los actos de Dios en la creación, pues adelante veremos como evoluciona lo creado asemejándose a Dios en características muy concretas y demostrables. De ahí que hagamos esta penúltima tabla de lo creado.

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