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Autor: | Editorial:



Tres poemas para el Misterio


I. Expectación

A San José le duelen los pies. Demasiado, demasiado camino para estos dos pobres judíos que caminan. María... bueno, María no dice nada. María es un temblor. María es una sonrisa. María es una expectación. María es un pasmo. María es María.
De allá para acá.

-¿Más gente? ¡No hay sitio, estoy harto de decir que no hay más sitio!

Zas, puertas que se cierran. Se van cerrando todas las puertas. Se van cerrando los ojos del mundo que duerme, bobo él, desgraciado, como si la Aurora no les estuviese paseando las calles luminosamente...

¿Es de día? ¿Es de noche? A San José le duele más el pie derecho: es sobre el que carga el cuerpo cuando sierra.

¡Ay, qué olor a manzana, a fresa y a madrugada tiene el aliento rosa de la Señora! Herodes para arriba, Herodes para abajo. Señor, no hay organización ni nada. Mucho construir edificios suntuosos para
los escribas y los poncios y los ricachos. Y ni una mala posadita para estos peregrinos de Dios, que van por primera vez paseando el Santísimo por la calle. Ella, Custodia. Ella, árbol con Ruiseñor. Ella, sacerdotisa de mi Niño. Se ríen los imbéciles del mundo, rojas las mejillotas de tanto vino y tanto cordero. Un filántropo borracho va y abre la ventana y arroja un puñado grande de cheques.

-¡Hala, para los pobres!

Calladitos, calladitos, en la acera de la sombra -pero ¿es que hay sombra esta noche? María y José. Pálidos y con fatiga. ¿No hay dolor en María? Sí, hay el dolor de saber a mi Niño ignorado del mundo que va a contenerlo.

-¡Mi Niño, cómo te siento en el vientre!

El aire les acompaña. El aire les abre el camino de las hojas y de la sombra. La luna alfombra de misterio las callejas. Las estrellas se mueren de congoja y de gozo.

¡Lo que van a ver!

-Mi Niño, ¡cómo te siento en el alma!
Cantan los búhos del mundo. Canta el corazón de la Doncella.

-María, los obreros del mundo caminan como nosotros, con dolor y con hambre. Cuando Tú y yo pasemos y Él siga siendo, los pobres no tendrán más cobijo que la noche... -dice José.

Suena una radio lejana y los luminosos guiñan su rojo y su verde.

-Belén Oil Company...

-Jerusalem Limited...

-Trust Joyero Jericó...

Qué susto tiene la noche, con tanto Sol por las callejas.

-¡A ver, una Mulita y un Buey para el Nacimiento; a ver, el aliento de los que se hacen eunucos por el amor de mi Niño; a ver, la ternura del mundo para que se encienda con mi pena y mi alegría...!

Caminan despacio. María se cansa. José suspira. El mundo se duerme…


II. Última noticia

Belén, 24 (Urgente).-Esta noche, a las doce, en las ruinas del mundo, a la falsa luz de las estrellas y las lunas artificiales, ha nacido la Esperanza. Nadie sabe cómo. Una mujer llamada María abrió la puerta de los gritos humanos para que los obreros y los Consejeros de Administración entrasen en el Silencio de Dios. El llanto de los niños se ha cuajado de risa. El corazón, de los contribuyentes ha empezado a latir. Dos hombres que se odiaban se han dado la mano. ¡Aleluya! La sonrisa del Niño se ha hecho turrón y villancico su lágrima. Las autoridades han manifestado que no tienen nada que manifestar. ¡Aleluya! De ahora en adelante, los pobres serán ricos y más -millonarios del Amor de Dios-.

Interrogado un testigo ocular, ha declarado que su corazón muerto vive en la Alegría.

¡Aleluya! Ángeles sin espadas se hicieron árboles, a medianoche. Los aduaneros han confiscado numerosos contrabandos de ternura, y en las Comisarías vagabundos enloquecidos han gritado: «¡Aleluya!». El dólar ha bajado y el Amor ha subido en la Bolsa de Nueva York.

Según los rumores que corren con insistencia por la Ciudad, el Espacio y el Tiempo ya tienen razón de ser. El Alcalde, con el Ayuntamiento en pleno, presidió la inhumación de la Angustia, que fue encontrada muerta a las afueras de Belén, con el corazón traspasado de hosannas.

Después, en sesión plenaria, se adoptó el acuerdo de que el amanecer, en adelante, se llame Amor.

El Niño es guapísimo. ¡Aleluya! Madre lo tiene en su regazo como una Custodia.
¡Aleluya! En plena noche, cuando Madre sonrió, se hizo de día. Los astrónomos no se lo explican. Menos mal. ¡Aleluya!


III. Adoración

San José ha hecho de comadrona. Poca cosa, porque ha sido todo inesperado, delicado y sublime... María pensaba con gozo en el sufrimiento de traer al Niño, a su Niño, y nada... Un milagro.

-Como la zarza de Moisés, como la roca del desierto -dice bajito y admirado el carpintero.

Ella mira a las estrellas con reproche.

-¿Qué hacéis ahí todas mirando? ¿No veis que agobiáis a mi Niño, que no le dejáis sitio?

Y las estrellas, avergonzadas, corren como los muchachos cuando salen de la escuela.

Y el director del Observatorio de Monte Palomar anota asustado en sus cuartillas:

-¡Atención, astrónomos, la noche se ha tragado la Osa Mayor!

-¿Cómo se le coge, María? ¿Cómo se coge el clavel cuando amanece, cuando el rocío le pone mil soles en sus gotas?

Y José coge al Niño con manos temblonas.

Vaya callos que tiene José. Claro, tanta garlopa no es bueno. José coge al Niño como si fuera la sierra; la sierra, la escuadra o el martillo.

Y María se asusta:

-¡No, no! ¡Dámelo! ¡Tú no sabes!

José se malhumora un poquito, sólo un poquito:

-¡Vaya, le quieres para Ti sola! ¡También es mío!

Madre se asusta, le da como un temblor, como un escalofrío. Se le quema el corazón. Se le hace vieja, espantosa y amarga la vida, de repente:

-¿Tuyo? ¿Vuestro?

Anda, Señora, ¿no querías Dolor? Y ¿qué es esto que te abriga, te desfallece y te muere? ¿Qué es esta cosa amarguísima que te deja de hielo, cuando piensas que este Hijo portentoso no es para ti, que te lo vamos a robar todos y nos lo vamos a partir como botín de ladrones, y Tú te quedarás en isla lejana, rodeada del mar de tu ansioso deseo? Pero, Mujer, ¿no ves que así es más tuyo?

-Anda, José, cántale un villancico.

José no sabe villancicos, pero lo ha dicho María, lo quiere María. Ni una palabra más: a cantar se ha dicho. Y canta. ¡Bendito José, qué mal lo hace!

-¡A ver ése, que se calle! -muge una voz desde una ventana. ¡Vaya, pues, si los ángeles de la Scala del cielo se están muriendo de envidia! ¡Si Dios va y abre la ventana de una nube para escuchar este primer y eterno villancico del Amor! A María le parece precioso:

-Anda, canta otro antes de que vengan...
Porque van a venir: los mecánicos ofrecerán llaves inglesas, y los lecheros leche sin aguar ni nada, y los barrenderos sus escobas, y los caminantes un camino largo, lleno de esperanzas e incertidumbres, y las muchachitas jóvenes un medallón que pone «Julián te quiere», y hasta un rico va a venir; que sí, que eso dicen, que va a venir uno...

-A ver, un espejo.

A José se le escapa la risa.

Y alarga el brazo y coge la luna y se la pone delante y la luna no sirve de espejo porque la luna sólo es blanca, mientras que Madre es guapa, guapa y milagrosamente luminosa.

-¡Me miraré en la cara de mi Niño!

La cara de nuestro Niño sí que le vale. El viento le peina a Madre con un millón de suaves dedos. Y las estrellas se miran, ellas, en los ojos de la Madre guapa.



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