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Autor: | Editorial:



X, Y, Z en el portal


Y vinieron tres Señores al Portal, pero no desde Oriente, que eso se lo han inventado los ingleses, tan cucos, para poder llamarse el Occidente. No, los Tres Señores vinieron uno de allá, otro de acá, otro de acullá.

El primer Señor, que llamaremos X, o sea, Don Melchor García, era gordito y rubio y traía una cartera con perras gordas y caramelos. Y fue y dijo:

-Mira, Pequeño, un momento sólo, que he dejado el despacho solo y la fábrica sola.

Vengo a decirte que yo también estoy solo, sin ellos, ya sabes, los del «mono» y el manguito. No me puedo parar, porque tengo mucho trabajo y además he dejado el coche fuera. Pero a ver si Tú, que eres tan Niño y tan otro, remedias esta soledad mía, con chimenea estilo Imperio, esta soledad con Cadillac, esta soledad que no me rompen ni la prisa, ni el trabajo, ni siquiera, ya ves, el talonario de cheques.

Y el Niño le sonrió, porque le dio pena.

El segundo Señor, que llamaremos Y, o sea, Don Gaspar Moreno, era renegrido y flaco, como con bilis o qué sé yo, y traía una cartera con estilográficas, y un juego de lápices de colores y 365 cuartillas en blanco. Y fue y dijo:

-Traigo prisa, Niñito, porque tengo que ir a la tertulia, y luego a la imprenta, y luego al editor, y luego al periódico. Pero mira, que no sé qué pasa que las palabras que escribo nacen ya muertas y no me acuerdo cómo se escribe tu O, y me estoy secando como en helada, y el corazón no me hace tic-tac como un reloj, sino tá-tá-tá como máquina de escribir con cinta roja. A ver si me enseñas cómo es tu O, abriendo tus ojos redonditos.

Y el Niño le sonrió porque le dio lástima.

El tercer Señor, que llamaremos Z, era regulín regulán, más bien gris y cano, con párpados de fatiga y un ojo abierto en la frente y otro detrás, en la nuca, para enterarse de todo, sólo que era miopísimo y no se enteraba de nada. Traía una cartera llena de pactos de amistad y no agresión, y de tratados comerciales y de decretos y de minutas. Y fue y dijo Don Balthasar Brown:
-¡Hello, Boy! No me puedo parar, con tanta guerra como tengo que arreglar y tantos Derechos del Hombre que planear. Pero no sé qué pasa, que la gente es muy liosa, y algo violenta; la gente dice que quiere paz, y hemos buscado la paz en los archivos, y en los libros, y en los despachos, y debajo de la cama, pero nada, no encontramos la Paz.
Y el Niño le sonrió porque le dio compasión.

X, Y, Z, se fueron corriendo a integrarse en la difícil ecuación del mundo. Madre sonríe a José, que tiene cara de preocupado, con eso de tener la guerra tan cerca, en el Sinaí. Y los labios del Niño se mueven, como si dialogase con Alguien que estuviera en las estrellas. Tal vez para pedir por X, Y, Z, que tienen tanta prisa que han pasado sedientos junto al más luminoso Regatillo del mundo y no han sabido cómo apagar su sed.



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