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Autor: | Editorial:



¿Qué hombre existe en nuestra sociedad?
En este final de época y comienzo de otra emerge de la sociedad un nuevo rostro de hombre y mujer. En nuestra breve descripción de los rasgos del hombre y mujer actual confluyen los rasgos de la sociedad y cultura. Nunca el ser humano es un mero producto del ambiente pero sí llevan la marca de su tiempo.

En una sociedad dividida, el hombre sigue en búsqueda de sí mismo

Los analistas convergen en que la sociedad está rota en dos dinamismos: a) la ciencia y la técnica que mueven las prácticas sociales; b) los elementos del encuentro interpersonal y comunitario, lugar donde las personas encuentran el sentido de sus vidas. La vida del hombre transcurre entre la tecnoeconomía y el sentido, entre vivir funcionalmente la vida y el dar orientación y significado a las tareas.

Parece ser como si el hombre metido de lleno en lo funcional y eficaz, en lo productivo y rentable, no llega a ver otras dimensiones de su vida e historia. De ahí que esté siempre en búsqueda de algo más, el sentido de su vida. Pero todo apunta a que el hombre actual es funcionalista y objetivista en la percepción de su realidad y la realidad que le rodea.

Vale lo instrumental, lo funcional, lo constatable y lo empírico. El hombre está atrapado en valores que podríamos llamar materialistas. El consumo desaforado es un síntoma.

Desde lo religioso podríamos encontrar en este hombre actual una escasa sensibilidad para los símbolos, se le escapa todo el mundo de la evocación y la analogía. Ve los objetos, pero no ve en profundidad, se queda en la superficialidad. Por eso, la mayoría de las veces se desencanta de la realidad y la vida, pues, llega un punto en que no ve nada más.

Por otro lado, ante el vacío que provoca el no profundizar, no ir más allá de las cosas, se escapa en un mundo de idolatrías y supersticiones. Y toda esta otra realidad no da sentido, sino que tapa baches y engaña el ojo, más que el ojo.

Sigue a pesar de todo su picoteo por diversas experiencias escindido entre lo funcional que se acomoda a lo que hay en el mundo de las relaciones visibles y la sed de sentido.

El problema del sentido no lo tiene integrado. Pesa más en su vida lo tecnoeconómico con la sensación de vacío.

Un hombre entre el pluralismo y el localismo

Existe en nuestro mundo pluralidad de culturas y tradiciones que dan al hombre muchas cosmovisiones y estilos de vida. Esto descoloca y da inseguridad, pues, no sabe de dónde agarrarse.

Ante esta pluralidad el hombre ya no encuentra la objetividad y la verdad. Muchas cosas y ¿cuál o qué es lo verdadero?.

Los analistas dicen que el hombre actual es más reflexivo, pero a costa de una zozobra mental ante la verdad. Por eso llega a relativizar todo; justamente aquí la posmodernidad hunde sus raíces. El camino del pluralismo que lleva a la reflexión consciente de nuestra condición, desemboca en el relativismo; aquí nuevamente, nos encontramos con el problema del hombre que es "el sentido".

El hombre de hoy el mundo pluralista está abierto a otras culturas y cosmovisiones de la vida, pero se abre solamente a un mero conocimiento. Esto hace que el hombre no se implique en nada.

Igualmente que se siente en un mundo plural el hombre es consciente de su provincianismo, está en un lugar, ocupa un lugar en el mundo. Dado que el sentirse parte de un mundo global le lleva a no tener raíces y quedar en el anonimato, buscar donde afincarse, buscar el calor del hogar tiene de seguridad. Pero esto conlleva un problema, la fiebre comunitarista.

Desde lo religioso el hombre vive un momento fundamentalista; se busca y quiere seguridad. Necesita orientación y principios firmes, claros y verdaderos. El hombre de hoy está el medio de grupos y doctrinas fundamentalistas.

Además, esto ha provocado que la seguridad que dan ciertos grupos le lleve fanatizarse. Esto es un elemento negativo.

Un hombre que ha perdido la memoria

El hombre de la sociedad pluralista y relativista, ¿es consciente de que vive en tradiciones?. No. También ha llegado a relativizar las tradiciones, sus tradiciones. Éstas, han perdido su autoridad moral, por tanto, dejan de ser modelos de vida y sentido. Eso era antes.

El hombre actual se ha destradicionalizado. Ha perdido la memoria histórica, se dice que tiene amnesia cultural, pero no por desconocimiento, sino porque ya no las necesita. A su vez, si las conoce las tiene como algo del pasado, sin capacidad de orientación actualizadora.

La tradición ya no tiene fuerza orientadora. Y esto tiene consecuencias muy serias, pues, la socialización se hace más difícil. Perder las raíces de la vida implica volver a explicar y razonar todo. Los procesos de crecimiento se hacen más lentos; la asimilación de las verdades cuesta más. Para avanzar, será necesario un mayor acompañamiento y paciencia de parte de los educadores.

Desde lo religioso decimos que la presentación de la fe a los hombres de hoy, no se deberá hacer como una tradición del pasado, como algo caduco y sin fuerza, sino como una interpelación a su vida y respuesta a los grandes interrogantes de la existencia.

Un hombre que vive de sensaciones a flor de piel

La sociedad de hoy es una sociedad de sensaciones. No tanto de vivencias. A esto han contribuido de manera preferente, los medios de comunicación social.

Parece no haber tiempo para pensar; o peor, parece ser malo pensar. Se ha dejado de lado la reflexión y ahora, es todo cuestión de sentir, placer, experimentar. Predomina lo estético. Esto hace que todo se vuelva trivial, banal, superficial.

¿Acaso se ha perdido la razón de vivir?. ¿O la razón de vivir es el goce llano de sensaciones, de lo fácil, lo inmediato, lo gratificante?.

Un hombre globalizado por los mass-media y consumista

La globalización se ha polarizado desde lo económico y el mercantilismo. Pero también la globalización es cultural, favorecido por los mass-media.

El hombre, parte de este sistema económico globalizador, ya no es persona, es objeto. Todo es, tanto en cuanto, se ha parte del mercado. ¿Qué es el hombre, hoy?. ¿Tiene identidad?. Los medios de comunicación social a través del efecto distancia a uniformado culturas, estilos de vida, etcétera.

Esto ha hecho que el hombre sea objeto de consumo. No importa la persona. Es un sistema, que desde el mercado y lo económico, deshumaniza. ¿Cabe la esperanza para el hombre de hoy?. Es difícil. El hombre, su persona, está resquebrajado.

Un hombre incapaz de trascender y trascenderse

Lo inmediato, lo presente, son garras que incapacitan al hombre en su trascendencia. Por lo que decíamos en el apartado anterior, el hombre es incapaz de dar el salto hacia "algo más" y desprenderse de las seguridades inmediatas, materiales.

Carece de todo, no ve el pasado, no reflexiona el presente; el futuro se le complica, no le interesa.

El aspecto consumista de su vida impide la trascendencia. De esta manera se limita más de lo que ya es.

Cree en lo que ve y da seguridad y la dimensión de apertura al misterio se trunca. La fe y el misterio no se ve ni se palpa; se empobrece.

Desde lo religioso habrá que ofrecer una alternativa de pensar y reflexionar; parar para replantearse la vida.

Un hombre individualista y subjetivista

El hombre luego de haberse sentido atado a la tradición, la autoridad, las costumbres heredadas, a sentido en la necesidad de replegarse y encerrarse en sí mismo. El hombre de la modernidad y, más todavía, de la posmodernidad, avanza hoy por los caminos de la libertad individual; es la exaltación de lo que se denomina “laissez-faire”. Se quiere poner fin a los tabúes desencadenando este proceso de libertad individual.

La libertad individual, quizá, haya sido promovida por el deseo consciente de dignidad como persona humana. El nombre de esta dignidad tal vez se haya llegado a una libertad individualista.

Desde lo religioso descubrimos como la fe -heredada del pasado, tradición- es obstáculo para libertad. Hoy, el hombre elige creer o no creer, llegando incluso a creer a su modo y manera. La fe (institución religiosa que determinaba las creencias y el modo de creer), es elegida o no por el hombre. Hoy se da un proceso de desinstitucionalización de los patrones tradicionales religiosos. La desvinculación del hombre de la institución es cada vez más notoria.

Junto al individualismo el hombre es cada vez más subjetivista. Se habla desde el “yo”; es un “yo” que crece y se expande cada vez más. Son "mis ideas", "mis gustos", etcétera. Esto da lugar a en cerrarse cada vez más, a aislarse de los demás.

La condición verdadera de autonomía del hombre pero siempre en relación con los demás, se ha confundido con el individualismo subjetivista. La fe tendrá que tocar la subjetividad del hombre actual y compartir las en experiencia personal haciendo descubrir la dimensión relacional de la vida y el valor de compartir la vida y la fe.

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