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V. Responsabilidades actuales de la Escuela Católica
64. Considerado en su debida perspectiva, el problema de la Escuela Católica consiste, sobre todo en precisar su misión y hallar las condiciones que le permitan realizarla. Esto se lleva a cabo mediante una búsqueda lúcida y creativa, con ánimo perseverante y solidario, y cumpliendo las condiciones concretas sin dejarse impresionar ni por el peso de las dificultades internas y externas, ni por la persistencia de slogans ya superados (25) que, en último análisis, tienden a la supresión de la Escuela Católica. (26) Ceder a eso sería autolesionarse; anhelar, en forma más o menos radical, una presencia no institucional de la Iglesia en el campo escolar revela una visión quimérica y peligrosa de la misma. (27)

65. En siglos pasados, al precio de grandes sacrificios, las instituciones escolares, inspiradas por la doctrina de la Iglesia, se esforzaron por llevarla a cabo, dotando a la humanidad de escuelas que respondieran a las necesidades de épocas y lugares. La Escuela Católica, consciente de su responsabilidad de continuar este servicio, reconoce también sus propias limitaciones. Pues hoy como en el pasado, algunas instituciones escolares que se dicen católicas, parece que no responden plenamente al proyecto educativo que debería distinguirlas y, por lo tanto, no cumplen con las funciones que la Iglesia y la sociedad tendrían derecho a esperar de ellas. Sin pretender hacer un examen completo de los factores que pueden explicar las dificultades en las que se encuentra la Escuela Católica, se trata aquí solamente de mencionar algunas, con el fin de provocar una reflexión que anime a una valiente reforma.

66. Lo que falta muchas veces a los católicos que trabajan en la escuela, en el fondo es, quizás, una clara conciencia de la «identidad» de la Escuela Católica misma y la audacia para asumir todas las consecuencias que se derivan de su «diferencia» respecto de otras escuelas. Por tanto se debe reconocer que su tarea se presenta como más ardua y compleja, sobre todo hoy, cuando el cristianismo debe ser encarnado en formas nuevas de vida por las transformaciones que tienen lugar en la Iglesia y en la sociedad, particularmente a causa del pluralismo y de la tendencia creciente a marginar el mensaje cristiano.

67. La fidelidad al proyecto educativo de la Escuela Católica requiere también, por este motivo, una continua autocrítica y un constante retorno a los principios y a los motivos inspiradores. No es que se vaya a deducir de ellos una respuesta automática a los problemas de hoy, sino una orientación que permita resolverlos en diálogo con los nuevos avances de la pedagogía y en colaboración con cuantos, sin distinción de confesión, honradamente trabajan por el verdadero progreso del hombre. Tal colaboración debe establecerse prioritariamente con las escuelas de otras comunidades cristianas con el fin de promover también en este campo, la unidad de los cristianos. Pero debe extenderse también a las escuelas estatales. Tales colaboraciones, iniciadas mediante contactos entre educadores, encuentros e investigaciones en común, podrán extenderse a los mismos alumnos y a sus familias.

68. Para concluir, es oportuno recordar lo que se ha dicho (28) acerca de las graves dificultades jurídicas y económicas que dificultan, en diversos países, la actividad de la Escuela Católica. Las cuales le impiden particularmente extender su servicio a los jóvenes de cualquier otro nivel socio-económico y la fuerzan a presentarse, erróneamente, como escuela de ricos.


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Notas

25. #25 PAULO VI, Alocución al IX Congreso de la O.I.E.C., en «L´Osservatore Romano», 9 de junio de 1974. [Regresar]

26. #26 Cf. supra 18, 20, 23. [Regresar]

27. #27 PAULO VI, Alocución al IX Congreso de la O.I.E.C., en «L´Osservatore Romano», 9 de junio de 1974. [Regresar]

28. #28 Cf. supra 58. [Regresar]
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