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x.- Wolff: El ser como posibilidad
El término ontología, referido como ciencia que no trata de este o aquel ser, sino del ser en general, a pesar de que fue usado por algunos pensadores del S. XVII, no adquiere su rango filosófico hasta la llegada de Christian Wolff. Este filósofo es consciente, de que con posterioridad a Descartes la filosofía ha caído en un gran descrédito, y tiene el decidido propósito de poner fin a esta continuada decadencia. Su objetivo se centra en proseguir y actualizar el pensamiento de los más importantes filósofos escolásticos, incluso con la pretensión de superar y mejorar sus definiciones y proposiciones. Influido principalmente por Suárez, al que considera como el mejor escolástico, intenta elaborar su concepción del ser, mediante la noción de posibilidad. Para Wolff, el concepto de ser debe aplicarse a todo lo que puede existir, a todo aquello que no es incompatible con la existencia, aunque sea como posibilidad. De forma clara dirá que lo que es posible es un ser: Quod possible est, ens est. Wolff considera que en el lenguaje corriente los términos de ser, algo, posible, son casi sinónimos y equivalentes, y el objeto de la metafísica es el intento de sacar a la luz sus implícitos significados. Si se comprende que algo es un ser porque existe, se comprenderá que si algo existe es porque puede existir. La posibilidad en la filosofía wolffiana se convierte en la raíz misma de la existencia, y por eso a los seres se les llamará posibles.

La causa fundamental de la posibilidad es la ausencia de contradicción intrínseca. Wolff no tendrá inconveniente en señalar a Suárez como su antecesor en esta esencialista formulación: Suárez que ha ponderado entre los escolásticos las realidades metafísicas con particular penetración, dice que la esencia de una cosa es el principio básico y más íntimo de todas las actividades y propiedades que convienen a una cosa. Para Suárez una esencia real es la que no contiene contradicción alguna en sí misma, y que no es meramente lo fabricado por el intelecto. La esencia es principio y fuente de todas las operaciones o efectos reales de una cosa(5). Wolff, filósofo honesto y laborioso donde los haya, siente predilección por los minuciosos razonamientos deductivos. En su análisis sobre la ausencia de contradicción en la esencia, establecerá que se pueden anexionar partes constitutivas a la noción de ser que sean sus partes constitutivas primeras, que son aquellas partes que no están determinadas por ningún elemento extraño a ese ser. Si algún elemento extraño a algún ser fuera determinante en relación a algunos de los elementos que entran en su constitución, entonces, este elemento no sería extraño al ser, pues sería también uno de sus elementos constitutivos. Si algunos elementos constitutivos de un ser se determinaran entre si, deberíamos retener sólo los elementos determinantes como partes constitutivas de ese ser.

A estos elementos primeros que constituyen la esencia misma de las propiedades del ser, Wolff los denominará con el término de esenciales (essentialis) del ser. La esencia es lo primero que se concibe del ser y, sin ella, el ser no puede ser. La esencia de triángulo equilátero está constituida por el número tres y por la igualdad de sus lados; altérese mínimamente cualquiera de esas condiciones y se desvanecerá la esencia de triángulo. Por tanto, la presencia de los esenciales es necesaria y suficiente para poder definir la esencia de una cosa, pues esos esenciales son los atributos fundamentales del ser. Como elementos primeros del ser, los esenciales son la entraña misma de la realidad, y en cuanto no contradictorios garantizan la realidad del ser como posibilidad: per essentialis ens possible est. Si la esencia del ser es idéntica a su posibilidad, quien conoce de una cosa su intrínseca posibilidad, conoce también su esencia. Wolff coincidirá básicamente en estos análisis con la corriente esencialista, en la que la noción de esencia es lo primero que concebimos del ser, y es el primer y más íntimo atributo de una cosa, pues la esencia, reuniendo a los demás atributos en sí misma, es como su raíz y fundamento. Respecto a los modos, constituyen las últimas configuraciones del ser que no son determinados por la esencia ni contradictorios con ella, y si los atributos siempre se dan con la esencia, no ocurre así con los modos, que vendrían a ser lo que en la filosofía aristotélica se denominaban como accidentes. Wolff considera que con su método analítico ha sido capaz de deducir a priori la noción de esencia que tenían Sto. Tomás y Suárez, y en una clara muestra de su desconocimiento de la metafísica tomista y de su fundamental principio del actus essendi, afirmará que estos dos filósofos pensaban lo mismo respecto a la naturaleza del ser.

Al enfrentarse con la existencia la considerará como el complemento de la posibilidad de la esencia. Un complemento que tendría cierto parecido con el accidente aviceniano, o en todo caso, se asemejaría más al modo existencial propio del escotismo, y ello debido, a que la existencia actual no se sigue de los esenciales del ser, pues no es un elemento constitutivo suyo, y si no puede ser ningún atributo, la existencia sólo puede ser un modo. De ahí que la existencia en el pensamiento de Wolff, sea extraña a su esencia y extraña al ser, con lo que la existencia queda excluida del ámbito de la ontología. Una ontología que es una metafísica sin teología natural, porque es una metafísica sin existencia. Una metafísica sesgada existencialmente, como la de Wolff, tendrá que ser sustituida por otro tipo de ciencias como la teología, la cosmología o la psicología, para ocuparse de los problemas relativos a la existencia.

La escisión de la ciencia del ser en ciencias distintas, de la que dará buena cuenta Kant, es un indicio de que la escolástica moderna ha perdido el sentido y la unidad de su mensaje. En las doctrinas filosóficas donde el ser se identifica con la pura posibilidad y, por tanto, el ser como tal es extraño a la existencia, la metafísica se encuentra con la imposibilidad de hallar una razón suficiente de la existencia actual. En este contexto especulativo, cualquier prueba de la existencia de Dios o de cualquier otra existencia actual es ontológica, en el sentido de que se indaga en una esencia existencialmente neutra, el complemento existencial de su posibilidad. La filosofía de Wolff es indudable que se puede calificar de ontológica, en la media que él mismo la ha definido como la ciencia del ser en qua posible.
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