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IV. Cómo dar una clase del programa.

•La clase se inicia poniéndose todos de pie.

• Se hace una oración cortita, que los niños puedan memorizar fácilmente, dependiendo de la edad de los mismos.

• Si los niños están inquietos, debe hacerse algún ejercicio de concentración con música y movimientos rítmicos que vayan en disminución hasta lograr el silencio. Si no es necesario, se puede pasar directamente al siguiente punto.

• La catequista expone a los alumnos el objetivo de la clase con sus propias palabras: "Hoy vamos a aprender…", "Hoy vamos a descubrir…", "Hoy les voy a platicar…", de tal manera que despierte la curiosidad y el interés del grupo.

• Es conveniente, antes de entrar al Desarrollo del tema, contarles a los alumnos una historia o anécdota referente al mismo, con la que el niño se sienta identificado. Con estas historias, el niño aprenderá que la religión no es algo abstracto, sino algo que se vive cada día, en cualquier situación, por más trivial que esta sea.

Con el fin de facilitar el trabajo de la catequista, cada lección contiene una anécdota sacada de nuestras propias experiencias. La catequista puede utilizarlas para su clase, o cambiarla por cualquier otra que le parezca apropiada, ya sea real o ficticia.

Lo importante es que se relate de una manera vivencial: "Les voy a platicar lo que un día les sucedió a unos amiguitos míos…", o bien: "¿Quieren que les cuente lo que hicieron mis hijos…?".

Como a los niños les gusta mucho manipular objetos y retienen mejor las ideas a través de figuras o dibujos, hemos diseñado una serie de figuras imantadas (incluidas en el paquete del catequista), que pueden servir de apoyo para la narración de las historias.

Hemos llamado Ana y Paco a los personajes principales, por ser nombres de fácil pronunciación para los niños pequeños, pero la catequista puede utilizarlas como a ella le convenga, para que los niños se sientan identificados con los personajes.

En el paquete de figuras, hay dos que corresponden a la imagen de Jesús. En una aparece feliz y en la otra triste. Esta debe ser la figura esencial en nuestras historias, aún cuando no aparezca como un personaje especificado en ellas.

La figura de Jesús siempre debe aparecer al margen de las historias estando feliz o triste, según sea el caso:

- Ana y Paco están haciendo algo bueno: Jesús aparece feliz.
- Ana y Paco se portan mal: Jesús está triste.

De esta manera los niños irán captando, poco a poco, que sus actos no son indiferentes a Dios, sino que afectan directamente al Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia.

Se puede hacer que los mismos niños participen en la decisión de cuál de las imágenes de Jesús debe aparecer en cada caso, logrando así el que vayan distinguiendo el bien y el mal y formar su conciencia al mismo tiempo.

El resto de las figuras son personajes o accesorios secundarios que la catequista puede utilizar para enriquecer sus narraciones.

• Una vez terminada la historia, que no debe durar más de cinco minutos, el catequista pasará a la parte central de la clase, que es la exposición del tema. Este viene ampliamente desarrollado en cada lección del manual para las edades que maneja el sistema;

Sin embargo, si el catequista desea profundizar en el tema, puede referirse a las citas del Catecismo de la Iglesia Católica que aparecen en cada lección.

El catequista deberá enriquecer su exposición con láminas, dibujos, canciones o cualquier otro material que le ayude, de acuerdo a su creatividad y teniendo siempre en cuenta la psicología del niño de esta edad.

•Al terminar el Desarrollo del tema o durante el mismo, la catequista explicará a los niños el trabajo que realizarán en sus cuadernos empezando por analizar, junto con los niños, el dibujo correspondiente. Por ejemplo: "En el dibujo vemos una familia: papá, mamá y hermanos. Miren qué felices están todos! Si se fijan bien, verán que la mamá está cargando con cariño a su bebé. Las mamás son muy cariñosas. Los hermanos no se estén peleando, se quieren mucho, etc."

•Una vez hecho el análisis del dibujo, el catequista repartirá los materiales necesarios para la realización de la actividad correspondiente.

Es muy importante recordar una vez más, que las actividades del cuaderno no tienen como objetivo hacer obras de arte ni desarrollar la motricidad fina del alumno, sino únicamente reforzar las ideas aprendidas.

El catequista, por tanto, no debe prestar mucha atención a la perfección de la técnica, sino a la expresión de los sentimientos del niño en el desarrollo de la actividad.

• La clase termina explicándoles a los niños la "tarea" que tendrán que cumplir con ayuda de sus papás durante la semana para que lleven a la práctica lo aprendido en clase. En ese momento se les entregará la hoja del libro de los papás que le corresponde. Este propósito se revisará al inicio de la siguiente clase.

•Se ponen todos de piepara dar gracias a Dios por lo aprendido en esa clase.
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