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Presentación

Ya desde la "presentación" del libro, a cargo del actual arzobispo de México, cardenal Norberto Rivera, se percibe el clima de polémica. Fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México, por recelo ante la narración del indio Juan Diego, lo hizo seguir ocultamente por gentes de su confianza, que al perderlo de vista, dedujeron que el indio se escondía de ellos arteramente y que "nomás le contaba mentiras, que nada más inventaba lo que venía a decirle o que sólo soñaba o imaginaba lo que decía" (Nican Mopohua, v.85). Casi cinco siglos después, "se siguen emitiendo juicios aún más negativos sobre ese indio, Juan Diego Cuauhtlatoatzin, es decir, no sólo que "soñaba o imaginaba", sino que él mismo no fue sino un sueño y una imaginación" (Presentación, p.IX). Por ello, ahora el último sucesor de Zumárraga agradece "a gente de su absoluta confianza los informes que le presentan en este libro" (p.X).

La polémica está servida. ¿Quiénes son las partes del debate? Por un lado, los que niegan la historicidad del hecho guadalupano y, con él, de Juan Diego; o los que, admitiendo el evento guadalupano, afirman que, por lo menos en la actual fase de la investigación histórica, no hay documentación plenamente convincente de la existencia histórica del indio Juan Diego, interlocutor de la Virgen y a quien la Señora habría confiado la misión de pedir al obispo que le levantara una ermita en la colina del Tepeyac. Y por otro, los que afirman la existencia histórica de Juan Diego, como son los tres autores de este libro, junto con la inmensa mayoría de los historiadores de México y del extranjero. Veámoslo más en particular.

El tema guadalupano ha sido objeto de apasionados debates históricos desde que a finales del siglo XVIII, un académico español, Juan Bautista Muñoz , seguido por dos mexicanos, el pintoresco dominico fray Servando Teresa de Mier y, a finales del siglo XIX, el erudito Joaquín García Icazbalceta , pusieron en duda desde posiciones y por motivos muy diversos, la historicidad del hecho guadalupano.

En los años 90 y con motivo de la beatificación de Juan Diego, hecha por Juan Pablo II, el 6 de mayo de 1990, se volvió a avivar la polémica, encabezada, esta vez, por el exabad de la Basílica de Guadalupe, Mons. Guillermo Schulemburg Prado, que en una entrevista concedida a Javier Sicilia y a Ricardo Newman, editores de la revista Ixtus , niega la historicidad de las apariciones de la Virgen de Guadalupe. A la pregunta que le hacen los autores: "¿Qué pasó entonces con Juan Diego?", responde simple y llanamente: "Es un símbolo, no una realidad". La entrevista fue reproducida seis meses después por la revista italiana 30 Giorni, y por la revista mexicana ¡Siempre!, con gran resonancia en todos los medios de comunicación. Todo el pueblo mexicano, medularmente guadalupano, siguió la polémica con consternación cercana al escándalo.

Cuando se preparaba el año jubilar de la redención, empezaron a correr rumores fundados de que era muy deseable y no imposible que el Papa Juan Pablo II canonizara a Juan Diego en una celebración jubilar del Año 2000. Alarmado ante los rumores, el batallero Mons. Schulemburg, en ese momento de 80 años de edad, escribió una carta al cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado del Vaticano, con copia a los arzobispos Tarsicio Bertone, s.d.b., Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y José Saraiva Martins, c.m.f., Pro prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, alertándolo sobre la gravísima perplejidad que acarrearía a la fe los fieles si se llegara a la canonización de Juan Diego. He aquí sus palabras: "Si se diera la famosa canonización, conociendo perfectamente la seria y grave problemática histórica, ¿cuál debe ser nuestro asentimiento de fe? Repetimos: ¿puede resolverse por el camino de la fe lo que no se ha podido resolver por el camino de la historia? Cuál es la credibilidad y seriedad de la Iglesia en un caso semejante? ¿Basta la jerarquía de las personas que están insistiendo en la canonización, sin que conste la historicidad del personaje y de los acontecimientos legendariamente atribuidos a dicho personaje?" .Firman la carta, además de Guillermo Schulemburg, Carlos Warnholtz, arcipreste de Guadalupe y Esteban Martínez, bibliotecario de la biblioteca Boturini.

Vengamos ya a la discusión de las dudas y objeciones sobre el evento guadalupano y sobre la existencia de Juan Diego, así como al análisis de las fuentes históricas que los autores de esta obra presentan como razonada respuesta.
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