Autor: | Editorial:
Hijo de María. Hombre puro. Hombre sincero
HIJO DE MARIA
Si eres verdadero hijo de Dios, serás también verdadero hijo de María. Eres hijo en el Hijo y, por tanto, María te acepta como Madre. Así te la entregó Jesús desde la cruz, cuando te dijo: Ahí tienes a tu Madre (Jn 19,27).
María es tu Madre y siempre vela por ti. Ella es como aquella madre que un día de invierno, en que el oleaje de las olas del mar era especialmente turbulento, estaba esperando a sus hijos a la orilla del mar. Pero llegó la noche y no habían regresado a casa y ella temió por su vida, el mar parecía estar cada vez más agresivo, con vientos huracanados, ante los cuales una pobre barquita no podía hacer nada. Ella, angustiada, rezaba con algunas mujeres del lugar. Los hijos en alta mar, desesperados, remaban con todas sus fuerzas, pero, al llegar la noche, estaban totalmente desorientados y no sabían a dónde dirigirse, porque no había faro en aquel lugar... A medianoche, de pronto, escucharon unos cantos a la Virgen María... y hacia allí se dirigieron, pudiendo así salvar su vida. ¿Qué había sucedido? Que aquella buena madre, al darlos por perdidos, lo mejor que se le ocurrió fue cantar a María para que ella, como Madre, los cuidara y protegiera, y aquellas canciones a María fueron la luz en la noche para aquellos perdidos y desorientados marineros.
María es para ti y tus hermanos la estrella del mar, la luz en la noche, la alegría de los tristes, el refugio de los pecadores, la madre que siempre nos espera para llevarnos a Dios. ¡Cuánto la amaban los primeros cristianos, no sólo los apóstoles y quienes tuvieron la suerte de conocerla personalmente, sino también aquellos cristianos del siglo II, que oyeron hablar de ella con tanto amor! Ellos, en las catacumbas de Sta. Priscila, dejaron la imagen de María llena de estrellas con el niño Jesús entre sus brazos. Allí se recogían para orar en medio de las persecuciones y allí la pintaron para mirarla e imitarla y manifestarle todo su amor de hijos ¿y tú? Aunque seas pecador ella te ama e intercede por ti ante su Hijo Jesús, que, por hacerla feliz, no le niega nada. Ella es la omnipotencia suplicante, que todo lo obtiene con su intercesión.
Piensa en la historia de Coriolano, el famoso patricio romano que por su orgullo fue condenado a destierro, el año 491 a.C. Entonces, él lleno de venganza organizó a los volscos, enemigos de los romanos, y los lanzó contra Roma. Ya estaban a las puertas de la ciudad, cuando los romanos, llenos de temor ante el avance irresistible de Coriolano, enviaron como mensajeros de paz a sus antiguos amigos patricios para aplacarlo, pero no les quiso recibir. Después enviaron una comisión especial, compuesta de sacerdotes, y tampoco fueron recibidos. Por fin, como último recurso, los romanos le pidieron a su propia madre que fuera a interceder por la ciudad. Y ella consiguió lo que nadie había podido ni hubiera podido conseguir de aquel pagano lleno de odio contra su pueblo. Así es María, intercede por ti ante su hijo y te salva de las terribles consecuencias de tus pecados. Ella es el ideal de la mujer, ella nos ha traído a Jesús y con Él la alegría y la paz del mundo. Junto a Jesús siempre debes buscar a María.
El famoso filósofo americano Emerson, narra un suceso que le ocurrió un cálido día de verano. Subió cansado a un autobús y se recostó en su asiento. Otros pasajeros también estaban cansados, aburridos y sin muchas ganas de conversar. A medio camino, subió una mujer joven con su niño. Un niño hermoso, como todos los niños. De pronto, cambió totalmente, como por encanto, el ambiente del autobús. La madre lo sostenía con tanto amor y le hablaba con tanto cariño... y aquel niño se reía y hacía preguntas inocentes y le mostraba tanto cariño a su madre, que todos los pasajeros fijaron su atención en ellos y se sonreían con las ocurrencias del niño y de aquella madre que tanto se querían.
Pues bien, hacía muchos millares de años que el autobús de la tierra seguía su marcha por el Universo con millones y millones de pasajeros, la mayor parte aburridos, cansados, tristes, sin esperanza. Pero hace dos mil años, de pronto, subió a nuestro autobús de la tierra una mujer joven, llamada María, con su hijo en brazos. El niño era bello y sonriente y apenas ocupó su sitio en un rincón del mundo, en la cueva de Belén, el alma de los pasajeros se sintió emocionada y cobró nuevas fuerzas y esperanzas. La ternura de aquel niño y de aquella madre conmovieron el mundo y, desde entonces, su historia nunca ha dejado de contarse. Pero hay algo más hermoso y es que ellos, aunque no los veamos, siguen viajando con nosotros en el mismo autobús, y siguen estando realmente presentes con nosotros en la Eucaristía. ¿Por qué no permites que sean parte de tu familia y parte de tu vida? ¿Por qué no les permites entrar en tu corazón y decirles que los amas?
En cierta ocasión, una señora protestante se acercó al gran obispo húngaro Tihamer Toth y le dijo: No soy católica; pero, desde hace diez años, vengo a esta Iglesia a escuchar sus homilías y ahora quiero hacerme católica.
- Y dígame ¿qué es lo que más le ha llevado a tomar esta decisión?
- En primer lugar y, sobre todo, la presencia de Jesús en la Eucaristía. Yo quiero tener a Jesús todo entero y recibirlo en la comunión. También me ha atraído la confesión, porque mi alma necesita recibir el perdón de Dios, según la promesa de Jesús: Al que perdonen los pecados, le serán perdonados.
Pero hay otro punto para mí muy importante, es el amor de María. Veo que los católicos la aman como una madre. Y yo quiero también amarla y honrarla como a una verdadera madre mía.
Sí, María te lleva a Jesús, no te roba el amor de Jesús. María es el camino seguro para encontrar a Cristo (EA 11). Ella te inspira pureza, cariño, ternura, amor y confianza como buena madre. ¡Cuántas bendiciones ha recibido la humanidad a través del amor de María! ¡A cuántos ha salvado Dios por medio de ella! ¡Cuántos milagros realizados por su intercesión en Lourdes y Fátima! ¡Cuánta bondad ha inspirado siempre a todos los que con devoción han recitado el Ave María! ¡Cuántos soldados habrán muerto con el Ave María en sus labios! ¡Cuántas madres la invocan para pedir por sus hijos ausentes o alejados!
Desde que en Belén aquella madre bendita dio a luz a Jesús, la dignidad materna se enalteció. Cuántas veces diría Jesús con amor infinito a María: MADRE. Desde entonces, es santo para todo hijo bien nacido el nombre de Madre. Por eso, en estos tiempos en que vivimos, donde la lujuria impera por todas partes, donde el sexo parece que es dueño de la vida de los hombres... En este mundo en que muchas mujeres ya no valoran la virginidad, necesitamos verdaderas madres que no maten a sus hijos por el aborto. Necesitamos mujeres que sepan velar sin cansarse ante la cuna de su hijito enfermo, que sepan enseñarles a rezar. Madres, cuyas sonrisas y amor inunden de alegría su familia y su hogar. Felizmente, todavía hay mujeres que tienen la mirada limpia y el corazón lleno de pureza. Y, sin embargo, todavía algunos no comprenden la bendición enorme que ha sido para el mundo la existencia de María, la más digna de las madres, la mujer más pura, que nos inspira amor y ternura. Por esto, decía el Papa Pío XII, en la encíclica sobre la sagrada virginidad, que un medio excelente para conservar y sostener la castidad es tener una sólida y ardiente devoción a María. Ella es la toda pura. Y Dios le dice: Toda hermosa eres, amada mía, y no hay mancha en Ti (Cant 4,7). El escritor español José María Pemán nos habla de la alegría y la gracia de sus ojos azules... como un perfume que pudiera verse. Otro poeta diría que
Dios hizo de María un gran misterio
de amor, de pureza y de ternura
y al perfumar con ella nuestra historia
dejó en el mundo una sonrisa suya.
Vete a Jesús por medio de María y, si su mirada se posa sobre ti, se apaciguarán las tempestades de tus pasiones; y tus pensamientos impuros huirán de su luz como el gusano huye de la luz del sol. María te inspirará ideales de pureza y santidad. Con ella tu alma se verá atraída hacia las alturas de una vida pura y con ella te será más fácil vencer las tentaciones.
HOMBRE PURO
En este mundo, lleno de impureza y de erotismo salvaje, en que parece que todo vale y que todo está permitido, tú debes ser un rebelde contra toda la basura que se te ofrece en revistas, películas, videos o conversaciones. Tú debes ser puro de pies a cabeza, como corresponde a un verdadero hijo de Dios. Un hijo de Dios, puro y limpio en pensamientos, palabras y acciones, que no se deja vencer por el ambiente y rechaza todas las insinuaciones pecaminosas que le hacen los falsos amigos.
¿Recuerdas la historia de Hércules, el gran héroe de las leyendas griegas? Puedes leerla en el tercer libro de las Memorias de Jenofonte. Allí se nos cuenta que un día, cuando era jovencito, se le presentaron dos mujeres. Una de ellas le dijo: Sígueme y te llevaré por un camino agradable y, mientras vivas, no tendrás sino placeres. Yo conozco el camino del placer sin el dolor. Al preguntarle cuál era su nombre, ella respondió: Mis amigos me llaman felicidad, mis enemigos, vicio. La segunda mujer le dijo: No le creas, no existe la felicidad sin trabajo y sin esfuerzo. Si me sigues, tendrás dolores, trabajos y sacrificios, pero serás feliz.
El vicio respondió: Ya ves lo que ella te ofrece, yo en cambio te llevaré fácilmente a la felicidad sin tanto sacrificio. Mentira, dijo la virtud ¿Qué felicidad puedes dar tú? Comes antes de tener hambre y bebes antes de tener sed. Empujas a tus seguidores al amor antes de la edad determinada por la naturaleza. Les acostumbras a divertirse por la noche y a dormir durante el día... Los dioses te arrojan de su compañía y los hombres de bien te desprecian... Por eso, los que me siguen sólo comen, cuando tienen hambre y beben solamente, cuando tienen sed. Así el pan y el vino tienen un gusto agradable. El sueño les es más dulce, porque no sacrifican ninguno de sus deberes y, cuando les llega el último momento, no caen en el olvido, sino que su recuerdo les sobrevive.
¿A quién seguirás tú? ¿Al vicio o a la virtud? Las tentaciones y los malos amigos te piden, gritando, que te alejes del camino de la pureza, que no seas niño, que no hagas caso de la religión, que el placer sexual siempre es bueno, porque es de Dios, etc. No escuches estas falsedades, controla tus instintos y pasiones, conserva tu corazón puro y tu alma limpia. Únicamente a ese precio podrás llegar a ser un hombre digno y honesto. Pero ¡Desgraciado de ti, si escuchas la voz del vicio y lo sigues y no lloras a tiempo sobre las ruinas de tu alma muerta o ensuciada por la inmoralidad!
¿Conoces lo que le pasó a Leonardo da Vinci? Un día quiso tener un buen modelo para el Cristo de su Última Cena y fue recorriendo las calles de la ciudad. Por fin, encontró a un joven hermoso, cantando en el coro de una Iglesia y lo llevó a su estudio para pintarlo como figura de Cristo. El joven se llamaba Pietro Bandinelli. Dos años más tarde, quería encontrar un modelo para Judas y se fue por las calles de mala fama de Milán para encontrarlo. Al fin, descubrió a un joven cuyos rasgos revelaban maldad y corrupción. Cuando el artista quiso empezar a pintarlo, el joven se echó a llorar amargamente y reconoció que era el mismo Cristo que había pintado en la Última Cena, era el mismo Pietro Bandinelli.
Piensa a dónde puede llevar la inmoralidad y el descontrol de una vida desordenada. No te creas tú inmune al contagio y aléjate del mal. ¿Has oído alguna vez hablar de Pandora, esa mujer de la mitología griega, que era hermosísima y que trajo como dote al matrimonio una caja de oro? Cuando su marido la abrió, aparecieron todos los males, enfermedades y calamidades que han contaminado desde entonces el mundo entero. Sí, a veces, los placeres prohibidos se nos presentan en cajas doradas, en discotecas muy bien iluminadas o en mujeres de la calle que nos seducen con su belleza... Pero, si te acercas a ellas, te fabricas tu propia ruina. Quizás digas: lo haré una sola vez para probar ¿Estás seguro de que no lo harás nunca más? Sin vida pura, tu alma perecerá y con ella perecerá también la sinceridad, la honestidad y tu misma dignidad personal. Piénsalo bien antes de dar un paso en falso.
Si los cementerios hablaran, quedaríamos aterrados del número de hombres y mujeres víctimas del vicio impuro. No solamente el SIDA, también otras enfermedades y excesos que llevan a la tumba. Quiero recordar en este momento a aquella mujer que se casó con tanta ilusión, que amaba tanto a su esposo, y a los pocos días se contagió de sífilis... O aquella otra que fue contagiada de sida y ella se lo pasó a su niña, de la que estaba embarazada... Y ¡cuántos casos así! Vidas perdidas o marcadas definitivamente por un momento de placer impuro.
¡Cuántos jóvenes irresponsables que hasta la misma víspera de su matrimonio, en la fiesta de despedida de solteros, se atreven a manchar su alma y su cuerpo con cualquier prostituta que le presentan sus queridos amigos. ¿Es que ya no hay honor y dignidad entre nosotros? ¿Es que la pureza ya no tiene ningún valor? ¿Es que está de moda tener relaciones prematrimoniales? He conocido bastantes casos de jóvenes con sida que ya han muerto, casi todos ellos por excesos y desórdenes impuros. Al final, muchos de ellos se arrepintieron y se acercaron a Dios, pero su vida había quedado truncada para siempre. Nunca me olvidaré de aquel joven de treinta años, que sólo había tenido relaciones sexuales una sola vez con una prostituta y había quedado contagiado del sida. Tuvo que dejar a su novia, dejó de estudiar, ya no le interesaba nada, su vida para él estaba perdida. Y todo ¿por qué? Por un momento de placer.
En un billete de 100 dólares estaba escrito: Por ti he vendido mi alma. ¿Qué querría decir exactamente el que lo escribió? ¿Quizás había entregado su inocencia y su virginidad por un placer sexual? ¿Nuestra alma no vale más de 100 dólares? No creas a aquellos que dicen: La castidad produce cáncer, vacúnate. Ningún hombre serio, ningún científico ha podido hasta ahora demostrar que la pureza produce enfermedades; en cambio, hay miles de libros, que hablan de los estragos de la inmoralidad. Ningún médico se atreverá a hablar de las enfermedades producidas por la castidad. Hay muchos miles de hombres y mujeres, consagrados o no, que pueden certificarlo con sus propias vidas.
Lamentablemente, hay muchos pueblos que han desaparecido por la inmoralidad, pero ninguno por sus buenas costumbres. El famoso escritor romano Silvano escribió sobre la losa sepulcral del Imperio romano: La única causa de nuestra caída fue la inmoralidad. Si lo crees, toma nota. Si no lo crees, ten cuidado, no caigas en la trampa. Cuídate del ambiente erótico que te rodea. No veas todo lo que echan en televisión, controla lo que ves o lees... No digas que quieres saberlo todo y probarlo todo ¿Qué dirías de aquel que va a una farmacia y compra un poco de todas las medicinas para probar que tal le sientan? Probablemente, se va a intoxicar o envenenar y, después, ¿de qué le habrá servido tanta experiencia? Cuídate de las fiestas en que hay excesos de licor, evita a toda costa los bailes deshonestos. Huye de las discotecas, donde abundan estos bailes y donde el ruido intenso nubla el alma y va hundiéndola en el pozo sin fondo de las pasiones. Igualmente, cuídate de los videos y revistas pornográficos. Y haz lo que esté de tu parte para que otros sigan tu camino y eviten su propia ruina espiritual.
Cuando veas a una mujer, ve en ella la imagen de tu propia madre o hermana y no te permitas con ella lo que considerarías indigno que lo hicieran con tu hermana. Procede siempre con nobleza y respeto. Porque el primer efecto de un verdadero amor es inspirar un gran respeto. Si eres hombre de honor, sólo debes pensar en la mujer que será tu esposa. Por eso, evita jugar con los sentimientos ajenos y no llegues a la intimidad ni siquiera con tu novia. Debes saber esperar hasta que vuestro amor esté maduro para poder querer tener hijos. Comprométete ante Dios y tu conciencia como ya lo están haciendo muchos jóvenes actuales, cansados de tanta pornografía. Di: Quiero ser puro hasta el matrimonio. Puros hasta el altar, fieles hasta la tumba. Algunos antiguos romanos decían: Malo mori quam foedari (prefiero morir antes que mancharme). No seas de los que han perdido el control y son un poco más animales cada día. Tú ¿quieres ser animal o ángel de luz? Decía el poeta alemán Scheffer: Es mucho ser ángel, pero es más todavía ser hombre en la tierra y no ensuciarse con el barro. Cuídate del contagio que te rodea.
Hay un libro antiguo, que relata los acontecimientos provocados por la peste que devastó Italia en 1374. Dice así: Por todas partes se veían caras lívidas, en las casas donde antes resonaba la alegría, reinaba un silencio de muerte. Sólo se oía el rodar de las carretas fúnebres, yendo de casa en casa para recoger las víctimas de cada día. Hasta en el mismo cementerio el contagio hirió muchas veces al sacerdote y a los sepultureros... Los hombres, temerosos del contagio, no querían vivir unos con otros y evitaban encontrarse... Hubo calles en que no quedó vivo ni un solo hombre para contestar, cuando el coche fúnebre se paraba a la puerta y el cochero preguntaba, si había difuntos en aquella casa... Los tribunales se cerraron, nadie se preocupaba de la ley.
Eso ocurre hoy día a nivel espiritual. La peste de la inmoralidad sexual domina nuestras calles y ciudades. Pero vivimos alegremente, porque no vemos la ruina de nuestras almas. Y esta peste de la indecencia en el vestir, de la impureza de las costumbres, se mete hasta nuestras propias habitaciones a través de la televisión y hace perder la inocencia a los niños y hace caer por millares a los jóvenes y a no tan jóvenes. ¿Cuántos hombres caerán diariamente muertos en los cines, en las discotecas o ante la televisión? ¡Cuántos muertos, que caminan por la calle, que tienen nombre de vivos, pero están muertos! (Cf Ap 3,1). Y ¡cuántos abortos y cuántas infidelidades y cuántos divorcios y cuántos sufrimientos provocados por esta oleada de sexualidad brutal y descontrolada!
Si tuvieras que ir a un hospital y te dijeran que para entrar a visitar a un familiar debes cuidarte para evitar el contagio, ¿no lo harías? ¿Por qué no te cuidas del contagio de la inmoralidad que te rodea? Sí, es posible ser puro en estos tiempos y debes ser rebelde contra este mundo de impureza que te rodea y rechazar todo lo que pueda ensuciar tu alma. Hay millones de hombres en el mundo que lo hacen y muchos no son cristianos. Cuida tu vista. Si no tienes ojos puros, tu alma estará impura. Acude a María para que te ayude en tu lucha diaria por tu castidad. Y, si ya has caído y no puedes ofrecer a la que será tu esposa un cuerpo casto, procura a partir de ahora luchar con denuedo y defender tu pureza contra todos los agresores que te rodean. Guárdate limpio y puro para Dios y para la mujer que un día será tu esposa. Y pide constantemente a Dios la gracia de la pureza, porque sin Él no podrás hacer nada.
Decía Guy de Larigaudie: La pureza es una aventura imposible y ridícula, si no la vemos más que como algo negativo. Pero es posible, bella y enriquecedora, si se apoya sobre algo positivo: el amor de Dios, un amor vivo, total, el único capaz de saciar la inmensa ansia de amor que llena nuestro corazón de hombres... De Tahití a Hollywood, sobre las playas de coral o en el puente de los transatlánticos, he bailado con las mujeres más hermosas del mundo. No he querido recoger ninguna de esas flores que se me ofrecían o cuya conquista me hubiera apasionado. De nada servían los motivos humanos, ya que ninguno me hubiera convencido. Solamente, lo hice por amor de Dios, sólo por Él me mantuve indiferente... Ellas no podían entender cómo, aun en medio de la música del baile mi corazón dentro de mí cadenciara una oración y que esa oración fuese más fuerte que su encanto y su atractivo... En una ocasión tuve que huir de una mujer que se me ofrecía. Debía ser mestiza: hombros espléndidos, labios macizos, ojos inmensos. Era bella, salvajemente bella. No tenía que hacer más que una cosa. No la hice. Monté a caballo y partí a toda velocidad. Creo que en el día del juicio, si no tengo otra cosa positiva, podré ofrecer a Dios, como una gavilla, todos esos abrazos que, por su amor, no he querido dar. Para algunos quizás les pueda parecer imposible pasar toda la vida sin tener cerca la dulzura de una presencia femenina. Se consigue, esforzándose en reemplazar la necesidad del amor humano por un amor profundo a Dios. Teniendo siempre a Dios por compañero. Sin Él nada sería posible.
Larigaudie, un gran aventurero que supo mantenerse fiel a sus principios cristianos y pudo mantener su pureza hasta la muerte, es un ejemplo para todos. Pero él reconoce que sin la gracia de Dios es imposible. Por eso, afirma que la comunión diaria era para él cada mañana el baño de agua que vigorizaba sus músculos y el alimento sustancial para reemprender el camino de la vida. Y escribe en su libro: Buscando a Dios:
Dios mío, haz que nuestras hermanas las jóvenes sean armoniosas de cuerpo, sonrientes, y se vistan con gusto. Haz que sean sanas y de alma transparente. Que sean la pureza y la gracia de nuestras vidas rudas. Que sean sencillas, maternales, sin complicaciones. Haz que nada malo se deslice entre nosotros. Que seamos unos para otros fuente de riqueza interior. Danos la virtud de la pureza para respetarnos mutuamente y vivir siempre con tu alegría en nuestro corazón. Decía Tagore que la castidad es un tesoro engendrado por la abundancia del amor.
Si eres joven, piensa en aquella que será tu esposa y la madre de tus hijos, pide al Señor por ella y dile:
Señor, ya sueño con esa mujer que llegará a ser mi esposa.
Pensando en ella me siento más fuerte para superar la tentación.
Si ella es pura, yo no tengo derecho a ser impuro.
Señor, ¿cómo es ella? ¿Qué hace? ¿Dónde está?
Guárdame puro para ella y guárdala a ella para mí.
Quiero ofrecerle lo mejor de mí mismo:
un cuerpo sano y una mente limpia y una alma pura.
Quiero merecerla, trabajando, estudiando y cumpliendo mi deber.
Ya la quiero sin conocerla y me siento menos solo, porque sé que
está en alguna parte.
Gracias, Señor, por su vida y por haber creado mi corazón para ella
y el suyo para mí. Que estemos siempre unidos en tu amor y que con
nuestros hijos podamos agradecerte y alabarte por toda la eternidad. Amen.
HOMBRE SINCERO
Si amas de verdad a Dios, debes ser sincero con Él y con los demás. La mentira es el engaño. ¿Te gusta que te engañen a ti? No quieras para los demás lo que no quieras para ti (Tob 4,15). Muchos mienten, porque son cobardes para enfrentar la realidad de sus errores; o por envidia para hacer creer que son mejores que los otros; o para sacar ventajas o para jactarse de cosas que no tienen (una bicicleta, un coche, etc.). También se puede mentir por decir las cosas a medias. Decía S. Agustín que las verdades a medias son mentiras enteras. Otros mienten, porque no son sinceros consigo mismos para seguir su conciencia y cumplir las leyes establecidas, por ejemplo, las normas de tráfico; simplemente, porque no los ven o no los pueden castigar.
Pero ¿qué dice nuestro Padre Dios? El Señor aborrece los labios mentirosos y le agradan los que actúan con sinceridad (Prov 12,22). Si mientes, irás perdiendo tu dignidad y desobedecerás a tu Padre, que te dice: No mentirás ni dirás falso testimonio contra tu prójimo (Ex 20,16). Por eso, no seas de los que colocan la mentira en lugar de la verdad (Rom 1,25). Jesús te dice: Di SI, cuando es SI, y No, cuando es NO, lo que pasa de ahí, procede del Maligno (Mat 5,37). Si todos mintieran, la vida social sería imposible ¿Cómo podríamos saber ni siquiera quiénes son nuestros padres? Nadie se atrevería a comer lo preparado por otro por temor a ser envenenado ni ponerse en manos de un médico, que podría matarlo. Por eso, la mentira es contraria a la paz y a la convivencia pacífica.
La mentira siempre menoscaba tu dignidad y es señal de debilidad y cobardía. Además, las mentiras son muy prolíficas, pues hay que seguir mintiendo para justificar la primera mentira. Sin embargo, tarde o temprano, se darán cuenta que eres mentiroso y desconfiarán de ti. Hay un refrán que dice: En vano se esconde el burro detrás de la puerta, se le ve la oreja. La mentira aparecerá tarde o temprano. No mientas. Debes ser hombre de palabra, un hombre de honor que respeta lo que dice. Debes ser un verdadero hijo de la luz, es decir de la verdad. Vive como hijo de la luz, pues el fruto de la luz es la bondad, justicia y verdad (Ef 5,8). Pero hay muchos que dicen mentiras llamadas piadosas, que no tienen nada de piadosas, porque se dicen para quedar bien y a la larga crean desconfianza. A menudo se dicen las cosas a espaldas del interesado, porque no somos capaces de decirlas de frente y con caridad. Preferimos criticar por lo bajo a aconsejar en privado. Sin embargo, corregir al que yerra es una obra de misericordia.
Otras veces, se prometen cosas que no se pretenden cumplir. ¡Cuánta mentira existe en el mundo por querer aparentar lo que no somos! ¡Cuánta mentira se vierte en los periódicos, revistas y programas de televisión! A veces, simplemente por halagar a los poderosos, por apoyar un partido político o por ventajas económicas. ¡Cuántas veces se dicen noticias ofensivas contra personas o instituciones sin estar debidamente comprobadas! Cuánto daño se hace frecuentemente al honor de las personas y de las familias por la irresponsabilidad de los medios de comunicación social, que se creen con derecho a informar hasta la vida privada de las personas públicas. Además, con la propaganda masiva se pueden promocionar actitudes y formas de comportamiento contrarias a la moral y a la salud como el tabaco o los anticonceptivos, incluso abortivos. Por esto, la verdad debe ser la norma de todas las relaciones sociales. Sin embargo, algunos tienen como norma lo que dijo alguien hace mucho tiempo: Miente, miente que algo queda. De tanto como se repiten las mentiras, se termina por creerlas.
Recuerdo que Bernard Nathanson, el gran abortista norteamericano, convertido al catolicismo y que había practicado cinco mil abortos por sus propias manos, dice en uno de sus libros: En 1968 organizamos el movimiento proabortista en USA, cuando solamente el 1% era partidario del aborto. Las tácticas que empleamos y que se han empleado en otros países fueron dos grandes mentiras. Primero, falsear las estadísticas. Decíamos en 1968 que se practicaban en USA un millón de abortos, cuando sabíamos que no sobrepasaban los 10,000. Decíamos que las muertes por abortos clandestinos eran diez mil, cuando sabíamos que sólo eran doscientas. Esta táctica del engaño, si se repite mucho, acaba por ser aceptada como verdad. La segunda mentira fue tomar a la Iglesia Católica, o mejor a sus obispos y cardenales, como los culpables de que no se aprobara el aborto. Acusarlos de que se metían en política, cuando hablaban contra el aborto, y decir que eran reacccionarios. A los católicos, que no aceptaban el aborto, se les decía que estaban embrujados por la jerarquía, y a los que lo aceptaban, se les decía que eran modernos... Poniendo la etiqueta de católica a la campaña antiabortista, logramos que muchos protestantes y católicos modernos siguieran nuestras filas.
Campañas de esta naturaleza las hacen también algunos gobiernos para imponer sus ideas. Y ¿qué es, al fin de cuentas, toda la propaganda comercial, sino un querer imponer la necesidad de una moda o de ciertos artículos para que todos se sientan jóvenes y modernos? ¿Hasta cuándo vamos a vivir de ideas ajenas y no vamos a poder pensar por nosotros mismos? Procura ser siempre fiel a los compromisos adquiridos. No trates de aparentar lo que no eres. Sé sincero y fiel y nunca traiciones la confianza que los demás han puesto en ti. A veces, ciertamente, las tentaciones nos hacen tambalear en nuestra fidelidad a Dios y a los demás. Por eso, es tan importante que los casados y los religiosos y todos sin excepción, le pidan a Dios todos los días la gracia de la FIDELIDAD.
Hace unos años apareció en primera plana de muchos periódicos la noticia de la fidelidad de un perro pastor alemán belga, propiedad de una familia de españoles, que al haber éstos regresado a España, lo habían dejado abandonado. Un día lo encontraron a la puerta de su nueva casa en Gijón, al Norte de España. ¿Cómo el perro había viajado 2,000 Kms desde Monz, en Bélgica, hasta Gijón? ¿Cómo había sido capaz de encontrarlos y llegar hasta su misma casa? ¿Por qué fue capaz de hacerlo? La única respuesta posible es por amor y fidelidad a sus dueños.
Ojalá que también tú seas fiel a Dios y seas capaz de dar tu vida antes de ofenderle gravemente, o antes de renegar de tu fe o antes de traicionar tus compromisos serios adquiridos en la vida. El Señor te dice: Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida(Ap 2,10).
Si eres verdadero hijo de Dios, serás también verdadero hijo de María. Eres hijo en el Hijo y, por tanto, María te acepta como Madre. Así te la entregó Jesús desde la cruz, cuando te dijo: Ahí tienes a tu Madre (Jn 19,27).
María es tu Madre y siempre vela por ti. Ella es como aquella madre que un día de invierno, en que el oleaje de las olas del mar era especialmente turbulento, estaba esperando a sus hijos a la orilla del mar. Pero llegó la noche y no habían regresado a casa y ella temió por su vida, el mar parecía estar cada vez más agresivo, con vientos huracanados, ante los cuales una pobre barquita no podía hacer nada. Ella, angustiada, rezaba con algunas mujeres del lugar. Los hijos en alta mar, desesperados, remaban con todas sus fuerzas, pero, al llegar la noche, estaban totalmente desorientados y no sabían a dónde dirigirse, porque no había faro en aquel lugar... A medianoche, de pronto, escucharon unos cantos a la Virgen María... y hacia allí se dirigieron, pudiendo así salvar su vida. ¿Qué había sucedido? Que aquella buena madre, al darlos por perdidos, lo mejor que se le ocurrió fue cantar a María para que ella, como Madre, los cuidara y protegiera, y aquellas canciones a María fueron la luz en la noche para aquellos perdidos y desorientados marineros.
María es para ti y tus hermanos la estrella del mar, la luz en la noche, la alegría de los tristes, el refugio de los pecadores, la madre que siempre nos espera para llevarnos a Dios. ¡Cuánto la amaban los primeros cristianos, no sólo los apóstoles y quienes tuvieron la suerte de conocerla personalmente, sino también aquellos cristianos del siglo II, que oyeron hablar de ella con tanto amor! Ellos, en las catacumbas de Sta. Priscila, dejaron la imagen de María llena de estrellas con el niño Jesús entre sus brazos. Allí se recogían para orar en medio de las persecuciones y allí la pintaron para mirarla e imitarla y manifestarle todo su amor de hijos ¿y tú? Aunque seas pecador ella te ama e intercede por ti ante su Hijo Jesús, que, por hacerla feliz, no le niega nada. Ella es la omnipotencia suplicante, que todo lo obtiene con su intercesión.
Piensa en la historia de Coriolano, el famoso patricio romano que por su orgullo fue condenado a destierro, el año 491 a.C. Entonces, él lleno de venganza organizó a los volscos, enemigos de los romanos, y los lanzó contra Roma. Ya estaban a las puertas de la ciudad, cuando los romanos, llenos de temor ante el avance irresistible de Coriolano, enviaron como mensajeros de paz a sus antiguos amigos patricios para aplacarlo, pero no les quiso recibir. Después enviaron una comisión especial, compuesta de sacerdotes, y tampoco fueron recibidos. Por fin, como último recurso, los romanos le pidieron a su propia madre que fuera a interceder por la ciudad. Y ella consiguió lo que nadie había podido ni hubiera podido conseguir de aquel pagano lleno de odio contra su pueblo. Así es María, intercede por ti ante su hijo y te salva de las terribles consecuencias de tus pecados. Ella es el ideal de la mujer, ella nos ha traído a Jesús y con Él la alegría y la paz del mundo. Junto a Jesús siempre debes buscar a María.
El famoso filósofo americano Emerson, narra un suceso que le ocurrió un cálido día de verano. Subió cansado a un autobús y se recostó en su asiento. Otros pasajeros también estaban cansados, aburridos y sin muchas ganas de conversar. A medio camino, subió una mujer joven con su niño. Un niño hermoso, como todos los niños. De pronto, cambió totalmente, como por encanto, el ambiente del autobús. La madre lo sostenía con tanto amor y le hablaba con tanto cariño... y aquel niño se reía y hacía preguntas inocentes y le mostraba tanto cariño a su madre, que todos los pasajeros fijaron su atención en ellos y se sonreían con las ocurrencias del niño y de aquella madre que tanto se querían.
Pues bien, hacía muchos millares de años que el autobús de la tierra seguía su marcha por el Universo con millones y millones de pasajeros, la mayor parte aburridos, cansados, tristes, sin esperanza. Pero hace dos mil años, de pronto, subió a nuestro autobús de la tierra una mujer joven, llamada María, con su hijo en brazos. El niño era bello y sonriente y apenas ocupó su sitio en un rincón del mundo, en la cueva de Belén, el alma de los pasajeros se sintió emocionada y cobró nuevas fuerzas y esperanzas. La ternura de aquel niño y de aquella madre conmovieron el mundo y, desde entonces, su historia nunca ha dejado de contarse. Pero hay algo más hermoso y es que ellos, aunque no los veamos, siguen viajando con nosotros en el mismo autobús, y siguen estando realmente presentes con nosotros en la Eucaristía. ¿Por qué no permites que sean parte de tu familia y parte de tu vida? ¿Por qué no les permites entrar en tu corazón y decirles que los amas?
En cierta ocasión, una señora protestante se acercó al gran obispo húngaro Tihamer Toth y le dijo: No soy católica; pero, desde hace diez años, vengo a esta Iglesia a escuchar sus homilías y ahora quiero hacerme católica.
- Y dígame ¿qué es lo que más le ha llevado a tomar esta decisión?
- En primer lugar y, sobre todo, la presencia de Jesús en la Eucaristía. Yo quiero tener a Jesús todo entero y recibirlo en la comunión. También me ha atraído la confesión, porque mi alma necesita recibir el perdón de Dios, según la promesa de Jesús: Al que perdonen los pecados, le serán perdonados.
Pero hay otro punto para mí muy importante, es el amor de María. Veo que los católicos la aman como una madre. Y yo quiero también amarla y honrarla como a una verdadera madre mía.
Sí, María te lleva a Jesús, no te roba el amor de Jesús. María es el camino seguro para encontrar a Cristo (EA 11). Ella te inspira pureza, cariño, ternura, amor y confianza como buena madre. ¡Cuántas bendiciones ha recibido la humanidad a través del amor de María! ¡A cuántos ha salvado Dios por medio de ella! ¡Cuántos milagros realizados por su intercesión en Lourdes y Fátima! ¡Cuánta bondad ha inspirado siempre a todos los que con devoción han recitado el Ave María! ¡Cuántos soldados habrán muerto con el Ave María en sus labios! ¡Cuántas madres la invocan para pedir por sus hijos ausentes o alejados!
Desde que en Belén aquella madre bendita dio a luz a Jesús, la dignidad materna se enalteció. Cuántas veces diría Jesús con amor infinito a María: MADRE. Desde entonces, es santo para todo hijo bien nacido el nombre de Madre. Por eso, en estos tiempos en que vivimos, donde la lujuria impera por todas partes, donde el sexo parece que es dueño de la vida de los hombres... En este mundo en que muchas mujeres ya no valoran la virginidad, necesitamos verdaderas madres que no maten a sus hijos por el aborto. Necesitamos mujeres que sepan velar sin cansarse ante la cuna de su hijito enfermo, que sepan enseñarles a rezar. Madres, cuyas sonrisas y amor inunden de alegría su familia y su hogar. Felizmente, todavía hay mujeres que tienen la mirada limpia y el corazón lleno de pureza. Y, sin embargo, todavía algunos no comprenden la bendición enorme que ha sido para el mundo la existencia de María, la más digna de las madres, la mujer más pura, que nos inspira amor y ternura. Por esto, decía el Papa Pío XII, en la encíclica sobre la sagrada virginidad, que un medio excelente para conservar y sostener la castidad es tener una sólida y ardiente devoción a María. Ella es la toda pura. Y Dios le dice: Toda hermosa eres, amada mía, y no hay mancha en Ti (Cant 4,7). El escritor español José María Pemán nos habla de la alegría y la gracia de sus ojos azules... como un perfume que pudiera verse. Otro poeta diría que
Dios hizo de María un gran misterio
de amor, de pureza y de ternura
y al perfumar con ella nuestra historia
dejó en el mundo una sonrisa suya.
Vete a Jesús por medio de María y, si su mirada se posa sobre ti, se apaciguarán las tempestades de tus pasiones; y tus pensamientos impuros huirán de su luz como el gusano huye de la luz del sol. María te inspirará ideales de pureza y santidad. Con ella tu alma se verá atraída hacia las alturas de una vida pura y con ella te será más fácil vencer las tentaciones.
HOMBRE PURO
En este mundo, lleno de impureza y de erotismo salvaje, en que parece que todo vale y que todo está permitido, tú debes ser un rebelde contra toda la basura que se te ofrece en revistas, películas, videos o conversaciones. Tú debes ser puro de pies a cabeza, como corresponde a un verdadero hijo de Dios. Un hijo de Dios, puro y limpio en pensamientos, palabras y acciones, que no se deja vencer por el ambiente y rechaza todas las insinuaciones pecaminosas que le hacen los falsos amigos.
¿Recuerdas la historia de Hércules, el gran héroe de las leyendas griegas? Puedes leerla en el tercer libro de las Memorias de Jenofonte. Allí se nos cuenta que un día, cuando era jovencito, se le presentaron dos mujeres. Una de ellas le dijo: Sígueme y te llevaré por un camino agradable y, mientras vivas, no tendrás sino placeres. Yo conozco el camino del placer sin el dolor. Al preguntarle cuál era su nombre, ella respondió: Mis amigos me llaman felicidad, mis enemigos, vicio. La segunda mujer le dijo: No le creas, no existe la felicidad sin trabajo y sin esfuerzo. Si me sigues, tendrás dolores, trabajos y sacrificios, pero serás feliz.
El vicio respondió: Ya ves lo que ella te ofrece, yo en cambio te llevaré fácilmente a la felicidad sin tanto sacrificio. Mentira, dijo la virtud ¿Qué felicidad puedes dar tú? Comes antes de tener hambre y bebes antes de tener sed. Empujas a tus seguidores al amor antes de la edad determinada por la naturaleza. Les acostumbras a divertirse por la noche y a dormir durante el día... Los dioses te arrojan de su compañía y los hombres de bien te desprecian... Por eso, los que me siguen sólo comen, cuando tienen hambre y beben solamente, cuando tienen sed. Así el pan y el vino tienen un gusto agradable. El sueño les es más dulce, porque no sacrifican ninguno de sus deberes y, cuando les llega el último momento, no caen en el olvido, sino que su recuerdo les sobrevive.
¿A quién seguirás tú? ¿Al vicio o a la virtud? Las tentaciones y los malos amigos te piden, gritando, que te alejes del camino de la pureza, que no seas niño, que no hagas caso de la religión, que el placer sexual siempre es bueno, porque es de Dios, etc. No escuches estas falsedades, controla tus instintos y pasiones, conserva tu corazón puro y tu alma limpia. Únicamente a ese precio podrás llegar a ser un hombre digno y honesto. Pero ¡Desgraciado de ti, si escuchas la voz del vicio y lo sigues y no lloras a tiempo sobre las ruinas de tu alma muerta o ensuciada por la inmoralidad!
¿Conoces lo que le pasó a Leonardo da Vinci? Un día quiso tener un buen modelo para el Cristo de su Última Cena y fue recorriendo las calles de la ciudad. Por fin, encontró a un joven hermoso, cantando en el coro de una Iglesia y lo llevó a su estudio para pintarlo como figura de Cristo. El joven se llamaba Pietro Bandinelli. Dos años más tarde, quería encontrar un modelo para Judas y se fue por las calles de mala fama de Milán para encontrarlo. Al fin, descubrió a un joven cuyos rasgos revelaban maldad y corrupción. Cuando el artista quiso empezar a pintarlo, el joven se echó a llorar amargamente y reconoció que era el mismo Cristo que había pintado en la Última Cena, era el mismo Pietro Bandinelli.
Piensa a dónde puede llevar la inmoralidad y el descontrol de una vida desordenada. No te creas tú inmune al contagio y aléjate del mal. ¿Has oído alguna vez hablar de Pandora, esa mujer de la mitología griega, que era hermosísima y que trajo como dote al matrimonio una caja de oro? Cuando su marido la abrió, aparecieron todos los males, enfermedades y calamidades que han contaminado desde entonces el mundo entero. Sí, a veces, los placeres prohibidos se nos presentan en cajas doradas, en discotecas muy bien iluminadas o en mujeres de la calle que nos seducen con su belleza... Pero, si te acercas a ellas, te fabricas tu propia ruina. Quizás digas: lo haré una sola vez para probar ¿Estás seguro de que no lo harás nunca más? Sin vida pura, tu alma perecerá y con ella perecerá también la sinceridad, la honestidad y tu misma dignidad personal. Piénsalo bien antes de dar un paso en falso.
Si los cementerios hablaran, quedaríamos aterrados del número de hombres y mujeres víctimas del vicio impuro. No solamente el SIDA, también otras enfermedades y excesos que llevan a la tumba. Quiero recordar en este momento a aquella mujer que se casó con tanta ilusión, que amaba tanto a su esposo, y a los pocos días se contagió de sífilis... O aquella otra que fue contagiada de sida y ella se lo pasó a su niña, de la que estaba embarazada... Y ¡cuántos casos así! Vidas perdidas o marcadas definitivamente por un momento de placer impuro.
¡Cuántos jóvenes irresponsables que hasta la misma víspera de su matrimonio, en la fiesta de despedida de solteros, se atreven a manchar su alma y su cuerpo con cualquier prostituta que le presentan sus queridos amigos. ¿Es que ya no hay honor y dignidad entre nosotros? ¿Es que la pureza ya no tiene ningún valor? ¿Es que está de moda tener relaciones prematrimoniales? He conocido bastantes casos de jóvenes con sida que ya han muerto, casi todos ellos por excesos y desórdenes impuros. Al final, muchos de ellos se arrepintieron y se acercaron a Dios, pero su vida había quedado truncada para siempre. Nunca me olvidaré de aquel joven de treinta años, que sólo había tenido relaciones sexuales una sola vez con una prostituta y había quedado contagiado del sida. Tuvo que dejar a su novia, dejó de estudiar, ya no le interesaba nada, su vida para él estaba perdida. Y todo ¿por qué? Por un momento de placer.
En un billete de 100 dólares estaba escrito: Por ti he vendido mi alma. ¿Qué querría decir exactamente el que lo escribió? ¿Quizás había entregado su inocencia y su virginidad por un placer sexual? ¿Nuestra alma no vale más de 100 dólares? No creas a aquellos que dicen: La castidad produce cáncer, vacúnate. Ningún hombre serio, ningún científico ha podido hasta ahora demostrar que la pureza produce enfermedades; en cambio, hay miles de libros, que hablan de los estragos de la inmoralidad. Ningún médico se atreverá a hablar de las enfermedades producidas por la castidad. Hay muchos miles de hombres y mujeres, consagrados o no, que pueden certificarlo con sus propias vidas.
Lamentablemente, hay muchos pueblos que han desaparecido por la inmoralidad, pero ninguno por sus buenas costumbres. El famoso escritor romano Silvano escribió sobre la losa sepulcral del Imperio romano: La única causa de nuestra caída fue la inmoralidad. Si lo crees, toma nota. Si no lo crees, ten cuidado, no caigas en la trampa. Cuídate del ambiente erótico que te rodea. No veas todo lo que echan en televisión, controla lo que ves o lees... No digas que quieres saberlo todo y probarlo todo ¿Qué dirías de aquel que va a una farmacia y compra un poco de todas las medicinas para probar que tal le sientan? Probablemente, se va a intoxicar o envenenar y, después, ¿de qué le habrá servido tanta experiencia? Cuídate de las fiestas en que hay excesos de licor, evita a toda costa los bailes deshonestos. Huye de las discotecas, donde abundan estos bailes y donde el ruido intenso nubla el alma y va hundiéndola en el pozo sin fondo de las pasiones. Igualmente, cuídate de los videos y revistas pornográficos. Y haz lo que esté de tu parte para que otros sigan tu camino y eviten su propia ruina espiritual.
Cuando veas a una mujer, ve en ella la imagen de tu propia madre o hermana y no te permitas con ella lo que considerarías indigno que lo hicieran con tu hermana. Procede siempre con nobleza y respeto. Porque el primer efecto de un verdadero amor es inspirar un gran respeto. Si eres hombre de honor, sólo debes pensar en la mujer que será tu esposa. Por eso, evita jugar con los sentimientos ajenos y no llegues a la intimidad ni siquiera con tu novia. Debes saber esperar hasta que vuestro amor esté maduro para poder querer tener hijos. Comprométete ante Dios y tu conciencia como ya lo están haciendo muchos jóvenes actuales, cansados de tanta pornografía. Di: Quiero ser puro hasta el matrimonio. Puros hasta el altar, fieles hasta la tumba. Algunos antiguos romanos decían: Malo mori quam foedari (prefiero morir antes que mancharme). No seas de los que han perdido el control y son un poco más animales cada día. Tú ¿quieres ser animal o ángel de luz? Decía el poeta alemán Scheffer: Es mucho ser ángel, pero es más todavía ser hombre en la tierra y no ensuciarse con el barro. Cuídate del contagio que te rodea.
Hay un libro antiguo, que relata los acontecimientos provocados por la peste que devastó Italia en 1374. Dice así: Por todas partes se veían caras lívidas, en las casas donde antes resonaba la alegría, reinaba un silencio de muerte. Sólo se oía el rodar de las carretas fúnebres, yendo de casa en casa para recoger las víctimas de cada día. Hasta en el mismo cementerio el contagio hirió muchas veces al sacerdote y a los sepultureros... Los hombres, temerosos del contagio, no querían vivir unos con otros y evitaban encontrarse... Hubo calles en que no quedó vivo ni un solo hombre para contestar, cuando el coche fúnebre se paraba a la puerta y el cochero preguntaba, si había difuntos en aquella casa... Los tribunales se cerraron, nadie se preocupaba de la ley.
Eso ocurre hoy día a nivel espiritual. La peste de la inmoralidad sexual domina nuestras calles y ciudades. Pero vivimos alegremente, porque no vemos la ruina de nuestras almas. Y esta peste de la indecencia en el vestir, de la impureza de las costumbres, se mete hasta nuestras propias habitaciones a través de la televisión y hace perder la inocencia a los niños y hace caer por millares a los jóvenes y a no tan jóvenes. ¿Cuántos hombres caerán diariamente muertos en los cines, en las discotecas o ante la televisión? ¡Cuántos muertos, que caminan por la calle, que tienen nombre de vivos, pero están muertos! (Cf Ap 3,1). Y ¡cuántos abortos y cuántas infidelidades y cuántos divorcios y cuántos sufrimientos provocados por esta oleada de sexualidad brutal y descontrolada!
Si tuvieras que ir a un hospital y te dijeran que para entrar a visitar a un familiar debes cuidarte para evitar el contagio, ¿no lo harías? ¿Por qué no te cuidas del contagio de la inmoralidad que te rodea? Sí, es posible ser puro en estos tiempos y debes ser rebelde contra este mundo de impureza que te rodea y rechazar todo lo que pueda ensuciar tu alma. Hay millones de hombres en el mundo que lo hacen y muchos no son cristianos. Cuida tu vista. Si no tienes ojos puros, tu alma estará impura. Acude a María para que te ayude en tu lucha diaria por tu castidad. Y, si ya has caído y no puedes ofrecer a la que será tu esposa un cuerpo casto, procura a partir de ahora luchar con denuedo y defender tu pureza contra todos los agresores que te rodean. Guárdate limpio y puro para Dios y para la mujer que un día será tu esposa. Y pide constantemente a Dios la gracia de la pureza, porque sin Él no podrás hacer nada.
Decía Guy de Larigaudie: La pureza es una aventura imposible y ridícula, si no la vemos más que como algo negativo. Pero es posible, bella y enriquecedora, si se apoya sobre algo positivo: el amor de Dios, un amor vivo, total, el único capaz de saciar la inmensa ansia de amor que llena nuestro corazón de hombres... De Tahití a Hollywood, sobre las playas de coral o en el puente de los transatlánticos, he bailado con las mujeres más hermosas del mundo. No he querido recoger ninguna de esas flores que se me ofrecían o cuya conquista me hubiera apasionado. De nada servían los motivos humanos, ya que ninguno me hubiera convencido. Solamente, lo hice por amor de Dios, sólo por Él me mantuve indiferente... Ellas no podían entender cómo, aun en medio de la música del baile mi corazón dentro de mí cadenciara una oración y que esa oración fuese más fuerte que su encanto y su atractivo... En una ocasión tuve que huir de una mujer que se me ofrecía. Debía ser mestiza: hombros espléndidos, labios macizos, ojos inmensos. Era bella, salvajemente bella. No tenía que hacer más que una cosa. No la hice. Monté a caballo y partí a toda velocidad. Creo que en el día del juicio, si no tengo otra cosa positiva, podré ofrecer a Dios, como una gavilla, todos esos abrazos que, por su amor, no he querido dar. Para algunos quizás les pueda parecer imposible pasar toda la vida sin tener cerca la dulzura de una presencia femenina. Se consigue, esforzándose en reemplazar la necesidad del amor humano por un amor profundo a Dios. Teniendo siempre a Dios por compañero. Sin Él nada sería posible.
Larigaudie, un gran aventurero que supo mantenerse fiel a sus principios cristianos y pudo mantener su pureza hasta la muerte, es un ejemplo para todos. Pero él reconoce que sin la gracia de Dios es imposible. Por eso, afirma que la comunión diaria era para él cada mañana el baño de agua que vigorizaba sus músculos y el alimento sustancial para reemprender el camino de la vida. Y escribe en su libro: Buscando a Dios:
Dios mío, haz que nuestras hermanas las jóvenes sean armoniosas de cuerpo, sonrientes, y se vistan con gusto. Haz que sean sanas y de alma transparente. Que sean la pureza y la gracia de nuestras vidas rudas. Que sean sencillas, maternales, sin complicaciones. Haz que nada malo se deslice entre nosotros. Que seamos unos para otros fuente de riqueza interior. Danos la virtud de la pureza para respetarnos mutuamente y vivir siempre con tu alegría en nuestro corazón. Decía Tagore que la castidad es un tesoro engendrado por la abundancia del amor.
Si eres joven, piensa en aquella que será tu esposa y la madre de tus hijos, pide al Señor por ella y dile:
Señor, ya sueño con esa mujer que llegará a ser mi esposa.
Pensando en ella me siento más fuerte para superar la tentación.
Si ella es pura, yo no tengo derecho a ser impuro.
Señor, ¿cómo es ella? ¿Qué hace? ¿Dónde está?
Guárdame puro para ella y guárdala a ella para mí.
Quiero ofrecerle lo mejor de mí mismo:
un cuerpo sano y una mente limpia y una alma pura.
Quiero merecerla, trabajando, estudiando y cumpliendo mi deber.
Ya la quiero sin conocerla y me siento menos solo, porque sé que
está en alguna parte.
Gracias, Señor, por su vida y por haber creado mi corazón para ella
y el suyo para mí. Que estemos siempre unidos en tu amor y que con
nuestros hijos podamos agradecerte y alabarte por toda la eternidad. Amen.
HOMBRE SINCERO
Si amas de verdad a Dios, debes ser sincero con Él y con los demás. La mentira es el engaño. ¿Te gusta que te engañen a ti? No quieras para los demás lo que no quieras para ti (Tob 4,15). Muchos mienten, porque son cobardes para enfrentar la realidad de sus errores; o por envidia para hacer creer que son mejores que los otros; o para sacar ventajas o para jactarse de cosas que no tienen (una bicicleta, un coche, etc.). También se puede mentir por decir las cosas a medias. Decía S. Agustín que las verdades a medias son mentiras enteras. Otros mienten, porque no son sinceros consigo mismos para seguir su conciencia y cumplir las leyes establecidas, por ejemplo, las normas de tráfico; simplemente, porque no los ven o no los pueden castigar.
Pero ¿qué dice nuestro Padre Dios? El Señor aborrece los labios mentirosos y le agradan los que actúan con sinceridad (Prov 12,22). Si mientes, irás perdiendo tu dignidad y desobedecerás a tu Padre, que te dice: No mentirás ni dirás falso testimonio contra tu prójimo (Ex 20,16). Por eso, no seas de los que colocan la mentira en lugar de la verdad (Rom 1,25). Jesús te dice: Di SI, cuando es SI, y No, cuando es NO, lo que pasa de ahí, procede del Maligno (Mat 5,37). Si todos mintieran, la vida social sería imposible ¿Cómo podríamos saber ni siquiera quiénes son nuestros padres? Nadie se atrevería a comer lo preparado por otro por temor a ser envenenado ni ponerse en manos de un médico, que podría matarlo. Por eso, la mentira es contraria a la paz y a la convivencia pacífica.
La mentira siempre menoscaba tu dignidad y es señal de debilidad y cobardía. Además, las mentiras son muy prolíficas, pues hay que seguir mintiendo para justificar la primera mentira. Sin embargo, tarde o temprano, se darán cuenta que eres mentiroso y desconfiarán de ti. Hay un refrán que dice: En vano se esconde el burro detrás de la puerta, se le ve la oreja. La mentira aparecerá tarde o temprano. No mientas. Debes ser hombre de palabra, un hombre de honor que respeta lo que dice. Debes ser un verdadero hijo de la luz, es decir de la verdad. Vive como hijo de la luz, pues el fruto de la luz es la bondad, justicia y verdad (Ef 5,8). Pero hay muchos que dicen mentiras llamadas piadosas, que no tienen nada de piadosas, porque se dicen para quedar bien y a la larga crean desconfianza. A menudo se dicen las cosas a espaldas del interesado, porque no somos capaces de decirlas de frente y con caridad. Preferimos criticar por lo bajo a aconsejar en privado. Sin embargo, corregir al que yerra es una obra de misericordia.
Otras veces, se prometen cosas que no se pretenden cumplir. ¡Cuánta mentira existe en el mundo por querer aparentar lo que no somos! ¡Cuánta mentira se vierte en los periódicos, revistas y programas de televisión! A veces, simplemente por halagar a los poderosos, por apoyar un partido político o por ventajas económicas. ¡Cuántas veces se dicen noticias ofensivas contra personas o instituciones sin estar debidamente comprobadas! Cuánto daño se hace frecuentemente al honor de las personas y de las familias por la irresponsabilidad de los medios de comunicación social, que se creen con derecho a informar hasta la vida privada de las personas públicas. Además, con la propaganda masiva se pueden promocionar actitudes y formas de comportamiento contrarias a la moral y a la salud como el tabaco o los anticonceptivos, incluso abortivos. Por esto, la verdad debe ser la norma de todas las relaciones sociales. Sin embargo, algunos tienen como norma lo que dijo alguien hace mucho tiempo: Miente, miente que algo queda. De tanto como se repiten las mentiras, se termina por creerlas.
Recuerdo que Bernard Nathanson, el gran abortista norteamericano, convertido al catolicismo y que había practicado cinco mil abortos por sus propias manos, dice en uno de sus libros: En 1968 organizamos el movimiento proabortista en USA, cuando solamente el 1% era partidario del aborto. Las tácticas que empleamos y que se han empleado en otros países fueron dos grandes mentiras. Primero, falsear las estadísticas. Decíamos en 1968 que se practicaban en USA un millón de abortos, cuando sabíamos que no sobrepasaban los 10,000. Decíamos que las muertes por abortos clandestinos eran diez mil, cuando sabíamos que sólo eran doscientas. Esta táctica del engaño, si se repite mucho, acaba por ser aceptada como verdad. La segunda mentira fue tomar a la Iglesia Católica, o mejor a sus obispos y cardenales, como los culpables de que no se aprobara el aborto. Acusarlos de que se metían en política, cuando hablaban contra el aborto, y decir que eran reacccionarios. A los católicos, que no aceptaban el aborto, se les decía que estaban embrujados por la jerarquía, y a los que lo aceptaban, se les decía que eran modernos... Poniendo la etiqueta de católica a la campaña antiabortista, logramos que muchos protestantes y católicos modernos siguieran nuestras filas.
Campañas de esta naturaleza las hacen también algunos gobiernos para imponer sus ideas. Y ¿qué es, al fin de cuentas, toda la propaganda comercial, sino un querer imponer la necesidad de una moda o de ciertos artículos para que todos se sientan jóvenes y modernos? ¿Hasta cuándo vamos a vivir de ideas ajenas y no vamos a poder pensar por nosotros mismos? Procura ser siempre fiel a los compromisos adquiridos. No trates de aparentar lo que no eres. Sé sincero y fiel y nunca traiciones la confianza que los demás han puesto en ti. A veces, ciertamente, las tentaciones nos hacen tambalear en nuestra fidelidad a Dios y a los demás. Por eso, es tan importante que los casados y los religiosos y todos sin excepción, le pidan a Dios todos los días la gracia de la FIDELIDAD.
Hace unos años apareció en primera plana de muchos periódicos la noticia de la fidelidad de un perro pastor alemán belga, propiedad de una familia de españoles, que al haber éstos regresado a España, lo habían dejado abandonado. Un día lo encontraron a la puerta de su nueva casa en Gijón, al Norte de España. ¿Cómo el perro había viajado 2,000 Kms desde Monz, en Bélgica, hasta Gijón? ¿Cómo había sido capaz de encontrarlos y llegar hasta su misma casa? ¿Por qué fue capaz de hacerlo? La única respuesta posible es por amor y fidelidad a sus dueños.
Ojalá que también tú seas fiel a Dios y seas capaz de dar tu vida antes de ofenderle gravemente, o antes de renegar de tu fe o antes de traicionar tus compromisos serios adquiridos en la vida. El Señor te dice: Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida(Ap 2,10).


