Autor: | Editorial:
Mensaje Final
Tu vida es bella, es una hermosa aventura, un reto, un desafío. Nunca te canses de vivir ni te desanimes por más problemas que tengas. Hay momentos difíciles, pero tu Padre Dios, siempre está a tu lado para ayudarte. No tengas miedo, pídele ayuda y no te detengas. Sigue siempre adelante. No te acostumbres a cualquier cosa, tienes que luchar, tienes que esforzarte, tienes que superar el desánimo y el malhumor con la confianza puesta en Dios y tu esfuerzo personal. No desperdicies tus energías en vicios y placeres, no malgastes tu vida en dudosas diversiones. Vive en plenitud cada momento, vive con profundidad y responsabilidad.
No te lamentes por cualquier cosa, haz algo para iluminar el mundo y la vida de los demás. No te importe, si te lo agradecen o no. Tú haz el bien, sin mirar a quien. Al salir a la calle cada mañana, ponte la mejor de tus sonrisas y sonríe a todo el mundo. Procura que hoy alguien sea mejor y más feliz por haberte encontrado. Que hoy escribas la mejor página del diario de tu vida. Y que, aun en medio de las más crueles traiciones o enfermedades, puedas levantar tu corazón a Dios y decirle: Te amo. De esta manera, tu vida adquirirá un nuevo sentido y seguirás creciendo en amor y santidad y tu vida será una bendición para el mundo.
Sonríe a la vida, no pidas limosnas de amor y comprensión a cuantos te rodean, porque no todos pueden aceptarte como eres ni comprenderte. No te importe lo que digan o no digan los demás de ti. Tú sigue tu camino. No pienses tanto en recibir como en dar; porque, al final, tendrás tanto como hayas dado. Construye cada día tu futuro, paso a paso, sin detenerte. Llena de amor cada instante de tu vida. Nunca te des por satisfecho, aspira siempre a más. No seas como el agua del río, un día alegre y cantarina, que, cansada del largo camino, se queda estancada y muere podrida. Nunca te detengas, sigue adelante, porque mientras hay vida, hay un mundo nuevo por construir. Pon cada día tu granito de arena en la construcción de un mundo mejor, más humano, más cristiano y más feliz.
Delante de ti hay un camino infinito por recorrer, el camino de Dios, el camino del amor. Dios te ha dado la vida para que tengas la oportunidad de crecer cada día más en su amor. Él te espera al final del camino. Y te dice: Hijo mío (Prov 23,26). Yo te llamé por tu nombre y tú me perteneces... Yo soy tu Dios... Eres precioso a mis ojos y yo te aprecio y TE AMO MUCHO...No tengas miedo, porque yo siempre estoy contigo (Is 43,1-4). ¿Qué le responderás? Si lo amas de verdad, te sentirás seguro y serás feliz. Como diría el poeta Amado Nervo:
Si amas a Dios, en ninguna parte has de sentirte extranjero,
porque Él estará en todas las regiones, en lo más dulce de todos los paisajes,
en el límite indeciso de todos los horizontes.
Si amas a Dios, en ninguna parte estarás triste, porque,
a pesar de la diaria tragedia, Él llena de júbilo el Universo.
Si amas a Dios, no tendrás miedo a nada ni a nadie,
porque nada puedes perder y todas las fuerzas del Cosmos
serían impotentes para quitarte tu heredad.
Si amas a Dios, ya tienes alta ocupación para todos los instantes,
porque no habrá acto que no ejecutes en su Nombre,
ni el más humilde ni el más elevado.
Si amas a Dios, ya no querrás investigar los enigmas,
porque le llevas a Él, que es la clave y resolución de todos.
Si amas a Dios, ya no podrás establecer con angustia una diferencia
entre la vida y la muerte, porque en Él estás
y Él permanece incólume a través de todos los cambios.
Ciertamente que, si amas a Dios, si te dejas amar por Él, si crees en su amor por ti, tu vida será diferente y te sentirás tranquilo entre sus brazos divinos. Dios es Amor, su Nombre es Amor. Tu Padre Dios te sigue esperando cada día. Pon rumbo a las estrellas. Jesús te acompaña, no temas. Y buen viaje: hasta siempre, hasta la eternidad. ¡Que seas un hombre de verdad! ¡Que seas santo! ¡Que seas un verdadero hijo del Amor! ¡Que seas un maravilloso hijo de Dios!
No te lamentes por cualquier cosa, haz algo para iluminar el mundo y la vida de los demás. No te importe, si te lo agradecen o no. Tú haz el bien, sin mirar a quien. Al salir a la calle cada mañana, ponte la mejor de tus sonrisas y sonríe a todo el mundo. Procura que hoy alguien sea mejor y más feliz por haberte encontrado. Que hoy escribas la mejor página del diario de tu vida. Y que, aun en medio de las más crueles traiciones o enfermedades, puedas levantar tu corazón a Dios y decirle: Te amo. De esta manera, tu vida adquirirá un nuevo sentido y seguirás creciendo en amor y santidad y tu vida será una bendición para el mundo.
Sonríe a la vida, no pidas limosnas de amor y comprensión a cuantos te rodean, porque no todos pueden aceptarte como eres ni comprenderte. No te importe lo que digan o no digan los demás de ti. Tú sigue tu camino. No pienses tanto en recibir como en dar; porque, al final, tendrás tanto como hayas dado. Construye cada día tu futuro, paso a paso, sin detenerte. Llena de amor cada instante de tu vida. Nunca te des por satisfecho, aspira siempre a más. No seas como el agua del río, un día alegre y cantarina, que, cansada del largo camino, se queda estancada y muere podrida. Nunca te detengas, sigue adelante, porque mientras hay vida, hay un mundo nuevo por construir. Pon cada día tu granito de arena en la construcción de un mundo mejor, más humano, más cristiano y más feliz.
Delante de ti hay un camino infinito por recorrer, el camino de Dios, el camino del amor. Dios te ha dado la vida para que tengas la oportunidad de crecer cada día más en su amor. Él te espera al final del camino. Y te dice: Hijo mío (Prov 23,26). Yo te llamé por tu nombre y tú me perteneces... Yo soy tu Dios... Eres precioso a mis ojos y yo te aprecio y TE AMO MUCHO...No tengas miedo, porque yo siempre estoy contigo (Is 43,1-4). ¿Qué le responderás? Si lo amas de verdad, te sentirás seguro y serás feliz. Como diría el poeta Amado Nervo:
Si amas a Dios, en ninguna parte has de sentirte extranjero,
porque Él estará en todas las regiones, en lo más dulce de todos los paisajes,
en el límite indeciso de todos los horizontes.
Si amas a Dios, en ninguna parte estarás triste, porque,
a pesar de la diaria tragedia, Él llena de júbilo el Universo.
Si amas a Dios, no tendrás miedo a nada ni a nadie,
porque nada puedes perder y todas las fuerzas del Cosmos
serían impotentes para quitarte tu heredad.
Si amas a Dios, ya tienes alta ocupación para todos los instantes,
porque no habrá acto que no ejecutes en su Nombre,
ni el más humilde ni el más elevado.
Si amas a Dios, ya no querrás investigar los enigmas,
porque le llevas a Él, que es la clave y resolución de todos.
Si amas a Dios, ya no podrás establecer con angustia una diferencia
entre la vida y la muerte, porque en Él estás
y Él permanece incólume a través de todos los cambios.
Ciertamente que, si amas a Dios, si te dejas amar por Él, si crees en su amor por ti, tu vida será diferente y te sentirás tranquilo entre sus brazos divinos. Dios es Amor, su Nombre es Amor. Tu Padre Dios te sigue esperando cada día. Pon rumbo a las estrellas. Jesús te acompaña, no temas. Y buen viaje: hasta siempre, hasta la eternidad. ¡Que seas un hombre de verdad! ¡Que seas santo! ¡Que seas un verdadero hijo del Amor! ¡Que seas un maravilloso hijo de Dios!


