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Autor: | Editorial:



Conclusión
Hemos llegado al final de estas reflexiones eucarísticas. Ojalá que, a partir de ahora, sientas un profundo amor a Jesús sacramentado. Que asistas a la misa cuantas veces te sea posible y allí te ofrezcas a Jesús y lo recibas en la comunión Que seas un verdadero amigo y apóstol de Jesús Eucaristía y lo visites todos los días. Que tu vida sea una misa. continua y que estés siempre, con tu mente y tu espíritu, en contacto con el sagrario más cercano. Así tu amor lo consolará de tantos olvidos, ofensas y sacrilegios, con que le ofenden en este sacramento.

Dale muchas gracias a Jesús por el gran regalo de tu fe católica y por su presencia real en este Sacramento Que, cuando te pregunte: ¿eres mi amigo?, ¿me amas?, puedas responderle como Pedro: “Señor; Tú lo sabes todo, Tu sabes que te quiero” (Jn 21,17) Sé un verdadero amigo de Jesús y que te sientas orgulloso de su amistad.

¡Oh hermanos! “Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis. Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron” (Lc 10,23-24; Mt 13,16-17). Dichosos vosotros que tenéis fe y tenéis a disposición la perla preciosa de Jesús Eucaristía. “Dichosos los invitados a la cena del Señor”.

Que Jesús, el Rey de Reyes y el amigo que nunca falla, bendiga a todos los que lean este libro y les aumente su fe y amor. Y que María los guíe, como la estrella de Belén, para que encuentren a Jesús en la Eucaristía y lo amen con todo su corazón.

Su hermano y amigo para siempre

Ángel Peña
Agustino Recoleto

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