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LA REVOLUCIÓN FRANCESA. Cristo no, dios sí.
Es el paso lógico después del Cristo sin Iglesia de Lutero. En las ideas de la Ilustración y la Revolución francesa nace un evangelio sin Cristo un No creo en Cristo, pero sí creo en un dios.
Por supuesto, el dios (o los dioses) de la Ilustración y la Revolución francesa, no tienen nada que ver con el Dios Verdadero, Creador, Padre, Todopoderoso, que nos vino a revelar Jesucristo. Los dioses de las ideologías de la Revolución Francesa sí, aunque suene increíble, regresaron al politeísmo, como los cavernícolas son: la diosa Naturaleza, la diosa Razón, la diosa Libertad y las diosas Ideas.
El Naturalismo es el reino de la diosa-Naturaleza. Nos dice que el hombre es bueno por naturaleza (niega así el pecado original y sus consecuencias), que la naturaleza es suficiente para la felicidad. Nos habla de un orden puramente terrenal y niega el orden sobrenatural de las cosas.
El Racionalismo es el reino de la diosa-Razón. Es la cara intelectual del naturalismo afirma que la razón por sí misma puede explicar todo y no necesita de Dios.
El Liberalismo es el reino de la diosa-Libertad. El hombre debe liberarse de todo lo que pueda limitarlo, incluidas las creencias y los valores. Hablan de libertad de pensamiento, de expresión, de prensa, de opinión y de religión, aceptando así que no hay una única verdad.
El Idealismo es el reino de las diosas-Ideas. Aquí el hombre se sustituye por Dios. Afirma que las ideas son más importantes que el ser, las opiniones plurales están por encima de la verdad, las cosas son como cada quién las ve desde su propio punto de vista. Todo es relativo cada quien con sus ideas.
¿Se imaginan qué desastre? Reinando la naturaleza sin la gracia, la razón sin la fe, la libertad sin la autoridad y las ideas sin la Verdad. Un caos verdadero.
La Revolución francesa, en resumidas cuentas, llevó a los hombres a creer en un progreso indefinido hacia un mundo mejor basándose erróneamente en dos grandes mentiras: la bondad natural del hombre y la infalibilidad de la razón.
Vamos cualquiera que analice este par de ideas, no tardará nada en darse cuenta de su falsedad. ¿Quién no se ha equivocado en sus raciocinios? Todos lo hemos hecho alguna vez. La razón NO es infalible, nos puede llevar al error, a conclusiones falsas y engañosas.
Y cualquiera que haya visto a un niño que no ha sido educado por sus padres, se dará cuenta de que el hombre NO es bueno por naturaleza: el niño que no ha sido educado es, por naturaleza, egoísta, altanero, acaparador, gritón, demandante, déspota, destructor, irreverente, cree que el mundo gira a su alrededor.
¿Quiénes hicieron creer a los hombres estas ideas que están tan fuera de toda lógica elemental? Fueron dos personas, principalmente: Rousseau y Voltaire.
Rousseau influye en la cultura con un libro que se puso de moda entre los hombres cultos de aquella época, entre los que quieren sentirse los aristócratas del momento. El libro se llama Emilio, el hombre nuevo y trata de un personaje, Emilio, que logrando liberarse de sus prejuicios y valores, hace suya la voluntad de su pueblo. En Emilio, Rousseau afirma una y otra vez que el hombre es bueno por naturaleza, que todos los impulsos naturales son buenos, que no debe haber prejuicios, pues el mal proviene del orden social y no de los actos del hombre. Dice que la conciencia debe callarse cuando la ley ha hablado, poniendo así al pueblo por encima del hombre mismo. Si el hombre es bueno por naturaleza, entonces el pueblo es bueno por naturaleza y el sentir del pueblo es bueno por naturaleza. De ahí surge la revolución contra todo que pueda oponerse al sentir del pueblo, guiado por sus instintos naturales.
Voltaire es el otro personaje de nuestra historia. Es el maestro de la duda. Tenía fuertes vínculos con la masonería y una gran influencia en los Reyes. Voltaire no escribió nada o más bien, escribió mucho. Ningún libro como tal, en el que se resuman sus ideas, pero escribió muchas novelitas cortas, folletos, panfletos y afiches, muy fáciles de leer, en un lenguaje ameno y atractivo y los repartía a mansalva entre los ricos y los pobres, entre los incultos y los letrados. Sus panfletos, novelas y folletos tenían como único objetivo el desprestigio del cristianismo. Habla en ellos siempre burlándose de las cosas sagradas; de la Biblia, como un libro insulso y lleno de desgracias y falsedades; del Evangelio, como una serie de preceptos tiránicos e inhumanos; de la Iglesia y su jerarquía, como una organización en la que reina la corrupción y la locura; de los dogmas, como cadenas que limitan de la libertad. Todo sin fundamento alguno, pero su estilo era ameno y encantador y logró influir en la sociedad entera. Voltaire tenía un reto para sí mismo, pues en una ocasión se atrevió a decir: Jesucristo necesitó doce apóstoles para difundir el cristianismo. Yo demostraré que hace falta uno solo para acabar con él: Voltaire
En fin las ideas de Rousseau y Voltaire todavía revolotean por la sociedad actual, entre aquellos que se quieren llamar modernos.
Por supuesto, el dios (o los dioses) de la Ilustración y la Revolución francesa, no tienen nada que ver con el Dios Verdadero, Creador, Padre, Todopoderoso, que nos vino a revelar Jesucristo. Los dioses de las ideologías de la Revolución Francesa sí, aunque suene increíble, regresaron al politeísmo, como los cavernícolas son: la diosa Naturaleza, la diosa Razón, la diosa Libertad y las diosas Ideas.
El Naturalismo es el reino de la diosa-Naturaleza. Nos dice que el hombre es bueno por naturaleza (niega así el pecado original y sus consecuencias), que la naturaleza es suficiente para la felicidad. Nos habla de un orden puramente terrenal y niega el orden sobrenatural de las cosas.
El Racionalismo es el reino de la diosa-Razón. Es la cara intelectual del naturalismo afirma que la razón por sí misma puede explicar todo y no necesita de Dios.
El Liberalismo es el reino de la diosa-Libertad. El hombre debe liberarse de todo lo que pueda limitarlo, incluidas las creencias y los valores. Hablan de libertad de pensamiento, de expresión, de prensa, de opinión y de religión, aceptando así que no hay una única verdad.
El Idealismo es el reino de las diosas-Ideas. Aquí el hombre se sustituye por Dios. Afirma que las ideas son más importantes que el ser, las opiniones plurales están por encima de la verdad, las cosas son como cada quién las ve desde su propio punto de vista. Todo es relativo cada quien con sus ideas.
¿Se imaginan qué desastre? Reinando la naturaleza sin la gracia, la razón sin la fe, la libertad sin la autoridad y las ideas sin la Verdad. Un caos verdadero.
La Revolución francesa, en resumidas cuentas, llevó a los hombres a creer en un progreso indefinido hacia un mundo mejor basándose erróneamente en dos grandes mentiras: la bondad natural del hombre y la infalibilidad de la razón.
Vamos cualquiera que analice este par de ideas, no tardará nada en darse cuenta de su falsedad. ¿Quién no se ha equivocado en sus raciocinios? Todos lo hemos hecho alguna vez. La razón NO es infalible, nos puede llevar al error, a conclusiones falsas y engañosas.
Y cualquiera que haya visto a un niño que no ha sido educado por sus padres, se dará cuenta de que el hombre NO es bueno por naturaleza: el niño que no ha sido educado es, por naturaleza, egoísta, altanero, acaparador, gritón, demandante, déspota, destructor, irreverente, cree que el mundo gira a su alrededor.
¿Quiénes hicieron creer a los hombres estas ideas que están tan fuera de toda lógica elemental? Fueron dos personas, principalmente: Rousseau y Voltaire.
Rousseau influye en la cultura con un libro que se puso de moda entre los hombres cultos de aquella época, entre los que quieren sentirse los aristócratas del momento. El libro se llama Emilio, el hombre nuevo y trata de un personaje, Emilio, que logrando liberarse de sus prejuicios y valores, hace suya la voluntad de su pueblo. En Emilio, Rousseau afirma una y otra vez que el hombre es bueno por naturaleza, que todos los impulsos naturales son buenos, que no debe haber prejuicios, pues el mal proviene del orden social y no de los actos del hombre. Dice que la conciencia debe callarse cuando la ley ha hablado, poniendo así al pueblo por encima del hombre mismo. Si el hombre es bueno por naturaleza, entonces el pueblo es bueno por naturaleza y el sentir del pueblo es bueno por naturaleza. De ahí surge la revolución contra todo que pueda oponerse al sentir del pueblo, guiado por sus instintos naturales.
Voltaire es el otro personaje de nuestra historia. Es el maestro de la duda. Tenía fuertes vínculos con la masonería y una gran influencia en los Reyes. Voltaire no escribió nada o más bien, escribió mucho. Ningún libro como tal, en el que se resuman sus ideas, pero escribió muchas novelitas cortas, folletos, panfletos y afiches, muy fáciles de leer, en un lenguaje ameno y atractivo y los repartía a mansalva entre los ricos y los pobres, entre los incultos y los letrados. Sus panfletos, novelas y folletos tenían como único objetivo el desprestigio del cristianismo. Habla en ellos siempre burlándose de las cosas sagradas; de la Biblia, como un libro insulso y lleno de desgracias y falsedades; del Evangelio, como una serie de preceptos tiránicos e inhumanos; de la Iglesia y su jerarquía, como una organización en la que reina la corrupción y la locura; de los dogmas, como cadenas que limitan de la libertad. Todo sin fundamento alguno, pero su estilo era ameno y encantador y logró influir en la sociedad entera. Voltaire tenía un reto para sí mismo, pues en una ocasión se atrevió a decir: Jesucristo necesitó doce apóstoles para difundir el cristianismo. Yo demostraré que hace falta uno solo para acabar con él: Voltaire
En fin las ideas de Rousseau y Voltaire todavía revolotean por la sociedad actual, entre aquellos que se quieren llamar modernos.


