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Ciencia del ente o metafísica. ARISTÓTELES, Metafísica IV, 1005a18-1006a32
Lea ARISTÓTELES, Metafísica IV, 1005a18-1006a32: la ciencia del ente o metafísica debe estudiar los primeros principios y, en primer lugar, el de no-contradicción. Asimismo, Metafísica XI, 5, 1061b34-1062b11: se defiende el principio por vía de confutación. O también PLATÓN, Teeteto 160E-163A, 169D-171C: se practica el argumento ad hominem.

El argumento ad hominen es en el que se ataca a la persona para desacreditar sus palabras.

A la luz del principio de no-contradicción, explique en qué consiste la honestidad moral. A este propósito, puede comentar PLATÓN, Critón 46B-48B, donde Sócrates muestra con sus obras y palabras que un hombre no debe vivir en contradicción con los principios que rigen su vida.
Criton: 43a-46a

SÓCR.-¿Cómo aquí, a estas horas, Critón? ¿No es aún muy pronto?
CRIT.-Muy pronto, desde luego.
SÓCR.-¿Qué hora, aproximadamente?
CRIT.-La del alba.
SÓCR.-Me sorprende que haya querido hacerte caso el guardián de la prisión.
CRIT.-Amigo mío es ya, Sócrates, por mi mucho ir y venir aquí,aparte de que algún provechillo ha sacado también de mí.
SÓCR.-¿Acabas de llegar o hace ya tiempo?
CRIT.-Hace un buen rato.
SÓCR.-Y ¿por qué no me has despertado en seguida, sino que te estás ahí sentado en silencio?
CRIT.-Por Zeus, Sócrates, tampoco a mí me gustaría tener que aguantar tan largo insomnio en medio de un pesar tan grande. Pero cierto es que llevo un largo espacio admirado de ver cuán apaciblemente duermes. Y de intención no te despertaba, para que pases el tiempo en la mayor tranquilidad. Verdaderamente, muchas veces ya, durante toda tu vida, envidié tu carácter, pero mucho más aún en la desgracia ahora presente, al considerer con cuánta serenidad y mansedumbre la sobrellevas.
SÓCR.-En verdad, Critón, que sería importuno, a mis años, irritarme porque hay que acabar ya.
CRIT.-También otros de tu misma edad se ven cogidos en tribulaciones como ésta, Sócrates, pero en nada les impiden los años de afligirse por su suerte.
SÓCR.-Así es. Pero ¿por qué has venido tan pronto?
CRIT.-Porque traigo una noticia, Sócrates, terrible, no para ti, a lo que ve, pero sí terrible y dura para mí y para tus amigos todos; por mi parte, no creo que pudiera recibir otra más dura.
SÓCR.-¿Qué es ello? ¿Ha Ilegado tal vez de Delos la nave, a cuya llegada preciso es que yo muera?.
CRIT.-No, no es que haya llegado; pero probablemente estará aquí hoy, según las nuevas que traen algunos que vienen de Sunio y la han dejado allí. Según éstos, no hay duda de que llegará hoy, y en consecuencia fuerza será, Sócrates, que mañana acabe tu vida.
SÓCR.-Pues si así agrada a los dioses, Critón, así sea en buena hora. Pero no creo que llegue hoy.
CRIT.-¿De dónde esa seguridad?
SÓCR.-Te lo voy a decir. Según parece, yo debo morir al día, siguiente de aquel en que llegue la nave, ¿no es así?
CRIT.-Así dicen los que son árbltros en estas cosas.
SÓCR.-Pues por eso es por lo que no creo que llegue hoy la nave, sino mañana. Me fundo en un sueño que he tenido esta noche, hace un momento. Y sin duda que has sido muy oportuno al no despertarme.
CRIT.-¿Y qué sueño ha sido ése?
SÓCR.-Parecíame que una mujer hermosa y de noble aspecto, vestida de blanco, se acercaba a mí, y llamándome por mi nombre me decía: Sócrates, al tercer día llegarás a la fértil Ftía.
CRIT.-Extraño sueño, Sócrates.
SÓCR.-Y muy significativo, al menos para mí, Critón.
CRIT.-Sí, tal vez demasiado, en verdad. Pero, vamos,Sócrates,desconcertante amigo, por favor: hazme caso y sálvate. que para mí, si murieres, no es uns, sola desgracia, pues aparte de verme privado de un amigo cual jamás hallaré otro semejante, además de eso, muchos de los que no nos conocen bien a ti y a mí, creerán que pudiendo yo salvarte, si hubiera querido gastar dinero, lo he descuidado. Y ¿puede haber fama más vergonzosa que ésta de parecer estimar en más el dinero que a los amigos? Porque la mayoría no creerá que tú mismo te negaste a salir de aquí, a pesar de nuestros ruegos.
SÓCR.-Y ¿qué se nos da a nosotros, buen Critón, de esa opinión de la mayoría. Pues los más inteligentes, de quienes razonablemente más hemos de cuidarnos, creerán que estas cosas sucedieron tal como realmente hayan sucedido.
CRIT.-Pero tú mejor que nadie sabes, Sócrates, que también hay que cuidarse de la opinión del vulgo. Pues precisamente en estas cosas que ahora suceden, se hace claro que capaz es el vulgo de llevar a cabo no sólo los males más pequeños, sino aun los mayores, contra aquel que haya incurrido en su cólera.
SÓCR.-¡Ojalá, Critón, fuera el vulgo capaz de hacer los males mayores, para que fuera también capaz de los más grandes bienes! Eso sería magnífico. Pero, en realidad, ni de una ni de otra cosa es capaz. Pues no hay en él poder de hacer a otro ni cuerdo ni insensato, sino que en todo procede a impulsos del azar.
CRIT.-Sea como tú dices. Pero..., vamos a ver, Sócrates, y dime. ¿Tal vez temes por mi y por los demás amigos, que, si tú sales de aquí, vayan a perjudicarnos los sicofantas por haberte sacado, y que nos veamos por eso obligados a perder toda nuestra fortuna o buena parte de ella, o a sufrir cualquier otra cosa a más de éstas? Pues, si tal temes, o desecha esa idea: que justo es, sin duda, que corramos este riesgo por salvarte, y aun otro mayor si forzoso fuere. Hazme caso, pues, y no obres de otro modo.
SÓCR.-Todo eso temo, Critón, y otras muchas cosas.
CRIT.-Pues no tengas esos temores..., porque, en realidad, hay quienes por no mucho dinero están dispuestos a salvarte y a sacarte de aquí. Además, ¿no ves que estos sicofantas también son muy baratos y no haría falta mucho dinero para ellos? Yo creo que te bastaria con lo mío; pero, si en tu solicitud por mí, no te parece bien que me lo gaste, aquí tienes a estos extranjeros, dispuestos a dar lo que haga falta: uno incluso, Simias, el tebano, ha traído, él sólo, dinero suficiente para este asunto; dispuesto está tamhién Cebes y otros muchos; de manera que, te lo repito, por tales temores, no desistas de salvarte. Ni, como decías ante el tribunal,sea para ti dificultad el saber cómo has de vivir al salir de aqui, pues adondequiera que vayas te recibirán bien; y si quieres ir a Tesalia, allí tengo amigos que te honrarán en mucho y te darán seguro asilo, de modo que no habrá nadie en Tesalia que te haga daño. Además, Sócrates, me parece que intentas una acción que ni siquiera es justa: entregarte cuando puedes salvarte, y apresurarte a hacer contra ti mismo cosas tales, que sólo tus enemigos procurarían,... y procuraron, en efecto, deseosos de perderte. Creo, además, que traicionas a tus hijos, pues pudiendo criarlos y educarlos, los dejas en abandono; de modo que, en lo que de ti depende, eso se hará sabe Dios como, y su suerte será, claro es, la que suele estar reservada a los huérfanos en las orfandades. Pues menester es o no dar vida a los hijos o cargar con todas las penalidades que acarrean su crianza y educación; mas tú, a mi parecer, has elegido lo más fácil. Sin embargo, se ha de elegir como lo haría el hombre honrado y valeroso, sobre todo cuando uno dice y repite que se ocupa durante toda la vida en el ejercicio de la virtud. Yo, verdaderamente, me avergüenzo por ti y por nosotros, tus amigos, de que pueda parecer que todo este asunto tuyo ha sido llevado con una cierta cobardía por nuestra parte: tu comparecencia ante el tribunal; cómo, habiéndose podido evitar, tuvo lugar; el curso mismo del proceso; y, para remate, este final verdaderamente ridículo. Parecer pudiera que -puesto que ni tí a ti mismo, ni nosotros te salvamos- es que hemos rehuído este asunto simplemente por falta de valor, por cobardía, siendo como es cosa fácil y hacedera, si hubiera en nosotros algún interés por pequeño que fuese. Cuida, pues, Sócrates, de que no venga esto a parar en daño y deshonra tuya y nuestra. Así pues, reflexiona; aunque ya no es tiempo de reflexionar, sino de decidir; y sólo una decisión es posible, pues en la próxima noche de estar hecho todo esto; si esperamos algo más, ya no será posible hacer nada. Vamos, pues, Sócrates, hazme caso sin vacilar y en manera alguna obres de otro modo.
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