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Autor: | Editorial:



La Vida Espiritual
El primer paso para la vida espiritual es el pleno deseo por obtenerla, es el toque de la gracia al corazón, que nos impulsa hacia Dios 2.

Todos estamos llamados al encuentro con Dios, el Señor en muchos instantes de nuestras vidas se nos revela invitándonos a seguirle, a vivir en su amistad, en su amor.

Nuestra vida espiritual va hacia un fin último primario: LA GLORIA DE DIOS.
“Así ha de lucir vuestra luz ante los hombres, para que viendo vuestras obras, glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (Mateo V, 16).

La Vida espiritual es el sentido y plenitud de nuestra existencia, sin embargo debo aclarar que la espiritualidad no es ajena al orden natural humano establecido por Dios (Dios es un Dios de orden), es decir que aveces creemos que la “Vida espiritual” es alejarnos de lo humano, de nuestro prójimo, de nuestra familia, dejando a un lado la misión a la que verdaderamente estamos llamados.

Alguna vez estaba dando una charla sobre “vida en la Iglesia” y de repente se suscitó una discusión entre una pareja de esposos uno de los cuales aludía que su esposa abandonaba su hogar pasando la mayor parte de su tiempo en la Iglesia, dejando a un lado momentos importantes que serían de gran beneficio para el bienestar familiar.
La esposa en función de apología religiosa dejó entrever su impaciente necesidad de estar en la Iglesia para así ayudar a muchas otras personas.

El esposo responde con desconcierto que su amada señora vivía única y exclusivamente para las actividades de la Iglesia y que por eso él mismo estaba casi dispuesto a no seguir con el catolicismo y su fe.

Al preguntarme sobre esta situación creí conveniente claro esta (con mucho amor y prudencia) alentar a la señora a entender que la vida religiosa debe también tener un orden fundamental humano. Vivir en el espíritu no significa dejar los quehaceres del hogar o del trabajo, tampoco significa que debo pasar todo el día en la parroquia.
Han existido casos de señoras o señores que abandonan sus hogares en gran tiempo por estar en las parroquias, los grupos, etc, logrando así degradar familias, matrimonios, etc.

La vida espiritual debe tener un ORDEN.
De nada nos sirve participar todo el día de las actividades parroquiales, cuando en nuestros hogares también tenemos grandes compromisos con nuestras familias. Con esto no quiero decir que nos apartemos de las actividades parroquiales, al contrario, que participemos de la vida parroquial y espiritual pero que ordenadamente cumplamos con la misión que Dios nos encomendó también con nuestras familias. (La Caridad empieza por casa dice San Pablo.).


1. La vida espiritual exige amor

San Pablo nos dice que por más dones que tengamos, sanemos enfermos, resucitemos muertos, hagamos milagros, sino tenemos AMOR, no estaríamos viviendo plenamente la Espiritualidad en Cristo.

Hay casos en los que personas comúnmente denominadas “Convertidas”, creen tener el poder y la autoridad para juzgar a los demás sintiéndose mayormente favorecidas (sin negar claro está, que al convertirnos, al aceptar a Jesús nos revestimos de todos su poder y majestad, de su infinita presencia y todo su amor), frente a aquellas que aún no han deseado o no han permitido que Dios entre en sus corazones.

Dichas personas “convertidas” olvidan que también ellas estuvieron lejos del amor de Jesús y que el hecho maravilloso de la conversión no debe significar que podemos a toda costa menospreciar al que aún vive en pecado, al contrario, debemos orar constante e intensamente por él (ella) y ayudarle a encontrar el camino. (Somos Luz y Sal de la Tierra).

Otro tipo de cristianos pasan por alto la caridad y la mansedumbre.
Personas que se divierten menospreciando las demás denominaciones cristianas, (no significa aceptar…pero sí Respetar), algunas de ellas con ciertos conocimientos bíblicos defendiendo y posicionando más que a Jesús, la Santa doctrina de la Iglesia un “ego de superioridad intelectual”.
“El cristiano no discute-VIVE”.


2. La vida espiritual exige obras

Hablar de obras a veces tiende a entenderse en forma peyorativa. Muchos son los conflictos que se han tenido desde la antigüedad cuando de obras se trata.
Algunas denominaciones acuden al “diezmo” o “primicia” a veces en forma (exagerada) otras justifican la “fe en obras” o “las obras en fe” sin darle sentido a ambas (tal vez sin lograr la imposibilidad de contradicción entre una y la otra).

Alguna vez, estando de visita donde algunos familiares que por cierto no profesan la Fe Católica, me invitaron a acercarme a lo que ellos llaman una “célula” de oración en la casa.

Efectivamente y atendiendo a la caridad acepte gustoso dicha invitación y más cuando se trataba de oración.

La persona que guiaba la “célula” inició su predicación analizando el tema del Amor y la Caridad, luego de varios minutos de charla y comentarios bíblicos, se dispuso según el orden del momento a realizar la oración.

Nos invitan a cerrar nuestros ojos y dejarnos tocar por la fuerza del espíritu de Dios momento de mucha importancia (claro está) en la “célula”.

Cuando se inició la oración la mayor parte de ella estuvo enfocada hacia el bienestar económico de la familia y recordándole a Dios su infinito poder para dar toda clase de bienes.

Prosiguiendo el momento de oración esta persona que guiaba la “célula” entró con mucha más fuerza a orar por el “diezmo” que por “invitación” debía compartir la familia a dicha “denominación religiosa”, oración tras oración, súplica tras súplica no tuvo más connotación que: “un mejor carro”, “una mejor casa”, “un mejor trabajo”.

Ya un tanto cansado con tan pocos recursos de oración frente a tantas realidades que podrían ser expuestas a través de dicha comunicación con el Señor Jesús, le solicité a quien dirigía que me permitiera también orar, sin ninguna objeción me fue concedida la palabra. Le supliqué al Señor Jesús que más que carros, casas y becas (necesarias por cierto pero que no son el fin último de nuestra humanidad), nos diera el don del Amor, de la tolerancia, la sencillez, le suplique que nos ayudara a ser mejores padres, mejores, amigos, mejores cristianos.

Terminé diciendo gracias señor por tantas bendiciones que nos das.

Las obras no necesariamente son en DINERO.
Aunque si lo tienes y lo puedes dar a auténticas necesidades de la comunidad, de las personas, de la Iglesia, bien lo puedes hacer y pide que no pongan tu nombre en paredes, mármoles, placas o cosas por el estilo, (que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha).

Hay también obras maravillosas que podemos realizar como por ejemplo:


- La Visita a los enfermos.
- La Vista a los presos
- Compartir el alimento
- Compartir con los mendigos, los desplazados, los indigentes, las familias que viven en estado de vulnerabilidad, a veces más que ropa, un abrazo puede más.
- Dar no de lo que nos sobra sino de lo que tenemos.
- Compartir con nuestros propios familiares.


Existen situaciones en que nos alejamos de nuestros propios familiares, de nuestros padres, nuestros hijos, nuestros abuelos, nuestros hermanos.

Muchas veces, nuestros familiares padecen grandes necesidades y preferimos servir a otras personas pasando por alto que tenemos un deber de familia.

Servicio comunitario

Existen otra serie de obras que harían mejor nuestra posición espiritual.
Servir a la comunidad frente a los diferentes problemas que le aquejan. En el barrio, la vecindad, el conjunto, la vereda, el caserío, etc.

Servicio a la Iglesia

Ya diría anteriormente la urgente necesidad de laicos (ordenados en tiempo y acción) capaces de servir a Dios y a la Iglesia en este proceso de la nueva evangelización, a través de la participación en las diferentes actividades parroquiales, la catequesis, las misiones, y todo lo que configure en propuestas de gestión en la transmisión del amor de Dios con nuestro trabajo.


3. Buscar al Señor de los dones no los dones del Señor

San Pablo nos dice “Aspirad a los dones espiritules” y también nos dice que los “dones son para ponerlos al servicio de la comunidad” (1 Cor. 12).

Aquí San Pablo hace referencia a las maravillas de Dios a través de los dones o carismas del Espíritu Santo que edifican a la Iglesia.

Sin embargo se pueden encontrar comunidades donde la experiencia espiritual se denomina”Carismas”, “carismas” y más “carismas. (A veces la experiencia espiritual no se vuelve: ¿cuánto amas a Jesús?, sino ¿Qué carismas tienes?.

Asistimos a “x” grupo de oración por que el señor o la señora “x” están llenos de carismas, pero cuanto dichos cristianos no llegan al grupo por diferentes circunstancias las personas pierden el ánimo y sentido del encuentro y crecimiento en el espíritu Cuidado con caer en la tan famosa “idolatría”.
¿Seguimos a Jesús o los Carismas de Jesús?

Claro está que el SEGUIR PLENAMENTE A JESUS está lleno (por añadidura y para el crecimiento personal y de la comunidad de carismas y dones) sin embargo hay que saber plenamente que seguimos a JESUS, que la gloria es para JESUS y no para las personas.
Dios no quiere, misioneros, catequistas, evangelizadores (SHOW), es decir que trabajen y actúen A SU ESTILO. Dios quiere mensajeros, catequistas, misioneros que con sus propias vidas, el ejemplo y todas sus acciones muestren el ESTILO DE CRISTO.


4. ¿Un Dios de pañuelo o de cajero automático?

Hablar del PAÑUELO o del CAJERO es hablar de un “instrumento de servicios” que utilizamos única y exclusivamente cuando estamos necesitados.

Nos acercamos a Dios cuando tenemos problemas, dificultades y nos urge el auxilio de la infinita misericordia de Dios. Se nos olvida que Dios es PADRE, no un “Pañuelo” o un Cajero automático a donde llegamos si por alguna circunstancia se nos acaba el “efectivo”.

Nuestra relación con Dios debe ser viva y enamorada es más que UTILIZACION Y FAVORES, es más que asistir a grandes romerías simplemente por el cumplimiento “tradicional” de un acto religioso. Es vivir dicho acto religioso plenamente en el amor de Dios.
Hay personas que asisten a la misa pero no COMULGAN, no reciben el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor.

La vida espiritual ese eso: ORDEN, la libertad espiritual no puede convertirse en “Libertinaje espiritual” creyendo que por el hecho de elevar unas plegarias o hacer algunos actos de Fe, ya estamos plenamente en el amor de Dios. (Hasta los sicarios rezan para que les vaya bien en sus tristes actos), la pregunta es: ¿verdaderamente el señor escucha esas Oraciones?. Yo creo que no.

Vivir en el espíritu además de ser entonces una respuesta seria y comprometida debe ser ACCION.

Cuando le preguntamos a un “hermano separado” o de otra confesión religiosa, qué era antes de pertenecer a dicha corriente o doctrina, el “hermano” responde: Era Católico. Luego sele hacen algunas preguntas de orden doctrinal, de Fe, de Iglesia, de tradición, etc., y efectivamente el “hermano” no las logra responder. Cosas como:
“Sabes qué significa ser católico”, dime las virtudes teologales, qué es el sagrario, cuáles son los misterios luminosos del rosario propuestos por el Santo Padre, etc. Seguimos entonces dándonos cuenta que nuestro “hermano” no sabe mayor cosa sobre nuestra Fe, pero en cambio en el momento que se une a una “denominación religiosa”, allí entra a conocer, a preguntar, a profundizar, cambia su forma de pensar, de actuar y hasta de vestir. Ya los pantalones deportivos los cambian por un vestido de paño y corbata, las revistas de farándula las cambia por citas bíblicas y resaltadores para libro, el alcohol por la oración y así otras muchas cosas más.

Lo dicho; el “hermano” no se preocupó por crecer plenamente en la vida de la Iglesia instituida por Jesucristo: La Iglesia Católica.

Este es el común denominador de todos aquellos individuos que salen de los brazos maternales de la Iglesia para unirse a una denominación que les reciba con cantos, alabanzas y muchas frases como: “el Señor le bendiga hermano”.

Es por esto y por otras cosas más que a ti y a mí nos urge FORMARNOS eficazmente en la Vida de la Iglesia. El hombre o mujer que aprehende la esencia, realidad, divinidad y humanidad de la Iglesia JAMAS se aparta de ella.


5. ¿Confiamos verdaderamente en Dios?

Un cristiano que viva eficazmente el amor de Dios evita colocar su Fe en fetiches, aguas con colorantes, plantas, herraduras, y toda clase de armazones materiales dándoles el poder que solo Dios posee.
Sin llegar a atentar con las tradiciones y la cultura que de hecho han enmarcado nuestra historia es bueno recordar que los 31 de diciembre o también denominados fines de año, no necesitamos bañarnos con "“aguas de champaña", ni dar la vuelta a la manzana con las maletas, ni mucho menos colocarnos los pantaloncillos de color amarillo para recibir bienestar y prosperidad en el siguiente año. Podríamos cambiar esto por un abrazo de amistad, el perdón entre familiares, las manos unidas bendiciendo y glorificando a Dios por la oportunidad de un nuevo año suplicando su misericordia y Amor para todas nuestras vidas.

Alguna vez un Joven en una de mis clase de Filosofía me preguntó que qué tan efectivo era colocarse la ropa interior de COLOR AZUL frente a las necesidades de acceder a buenos resultados académicos en los diferentes exámenes, hecha esta reflexión por parte del estudiante puesto que por curiosidad se dedicó a leer un libro de “metafísica” pero no de la buena y epistemológicamente estructurada sino de la “sensibilista” que aprovecha de la ingenuidad y ausencia de conocimiento de las personas para “meter sus artimañas” faltas de lógica y veracidad.

Le respondí al joven estudiante que por más que se pusiera todo en “prendas azules”,“rojas”“amarillas “ y hasta “pepiadas”, no lograría buenos resultados académicos sin estudio consciente y constante dedicación.

La vivencia espiritual equivale a un proceso coherente de vida en pensamiento y acciones.

La confianza la colocamos plenamente en Dios y nuestra fuerza espiritual está sumergida en la Oración, la vivencia de los sacramentos, las buenas obras y la responsabilidad humana junto con toso sus valores éticos, morales y sociales.


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  1. Manso Ramón, Pbro. El Divino maestrro su pedagogía y su doctrina. Ed. Luis Gili, Barcelona 1952.regresar




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