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Cursillos de verano
1.- Durante cincuenta años he ido a Santander a hacer cursillos de verano.
Empecé antes de ser sacerdote.
Como iba a ser destinado al apostolado obrero, hacía los veranos cursillos de sociología organizados por FOMENTO SOCIAL de Madrid.
Después los cursillos fueron de Pastoral y de Sagrada Escritura, pero yo seguía yendo todos los veranos a Santander. Eran estudios complementarios.
Al principio iba en tren.
A partir de 1958 iba en moto de Cádiz a Santander.
Después ya iba en coche.
2.- Recién ordenado de sacerdote, haciendo el cursillo de verano en la Universidad de Comillas en Santander, un día pidieron un voluntario para ir a confesar el día de la Asunción a un pueblo, en el corazón de los Picos de Europa.
Yo me ofrecí.
Me fui en bicicleta desde Comillas hasta Potes, y de allí andando, monte arriba, por un camino forestal.
Se me hizo de noche mientras subía.
De repente me acordé de que por allí andaba Juanín, el «maqui». Podía estar escondido en alguna de las cabañas que había junto al camino.
Al oír mis pasos, que retumbaban en el silencio de la noche, podía pensar utilizar mi sotana para disfrazarse y escapar de la Guardia Civil.
Tenía fama de haber asesinado a muchos.
Creo que nunca en mi vida he tenido más miedo.
Empece a rezar con toda mi alma pidiendo a Dios su protección, pues el bien de las almas era lo que me había llevado allí.
Llegué al pueblo a las doce de la noche.
3.- Sobre el poder de la oración tengo muchas anécdotas.
Voy a contar dos.
Un ateo diría que fueron casualidades.
Yo creo que fue PROVIDENCIA de Dios respondiendo a mi oración.
En uno de mis viajes tuve una avería en el MINI y me quedé en una cuneta.
Era una carretera secundaria y de noche.
Dejé los faros encendidos, para que se me viera, y me puse delante haciendo con la mano la señal de «autostop».
Pero nadie paraba.
Yo lo comprendía: de noche y en una carretera solitaria, la gente tiene miedo de que sea una trampa.
Al cabo de dos horas paró un señor que iba solo.
Me recogió y me llevó a Toledo en busca de una grúa.
Al identificarme, me dijo:
- Pues yo no sé cómo he parado, pues mi intención es no recoger a nadie. Y menos en esta carretera solitaria, y las doce de la noche.
- Es que yo se lo estaba pidiendo a Dios con toda mi alma.
Otra «casualidad» que yo considero PROVIDENCIA de Dios fue así:
Viajaba yo de Madrid a Los Ángeles con escala en Miami.
En Miami tenía que pasar la aduana y coger otro avión Miami-Los Ángeles.
En el plan de vuelo tenía tiempo suficiente para la conexión.
Pero sobre el Atlántico tuvimos mal tiempo y llegamos a Miami con mucho retraso.
Al llegar a Miami faltaba sólo un cuarto de hora para que saliera el avión Miami-Los Ángeles.
Tenía que pasar la aduana donde se formó una larga cola.
Seguro que perdía el otro avión.
Y si lo perdía, no llegaría a Los Ángeles a la hora que me esperaban. Al llegar en otro vuelo, en el aeropuerto, me iba a encontrar solo, a medianoche y sin saber a dónde dirigirme.
Empecé a pedirle a Dios, con toda mi alma, que me ayudara a no perder mi avión.
De repente veo a un empleado que llevaba la insignia de IBERIA.
Me dirijo a él y le expongo mi problema.
- No se preocupe. Venga conmigo.
Me saltó la cola de la aduana y pude coger mi avión.
Otro diría que mi encuentro con el empleado de IBERIA fue casualidad.
Pero yo digo que PROVIDENCIA de Dios.
Dios me lo puso delante para que me ayudara, pues se lo estaba pidiendo con toda mi alma.
4.- El vuelo Madrid.-Los Ángeles dura muchas horas.
En cada vuelo me leo un libro.
En uno de mis viajes a Los Ángeles me leí el libro de Enrique Rojas titulado EL HOMBRE «LIGHT».
Saqué un montón de ideas, las ordené, y al llegar a Los Ángeles tuve una conferencia en el CONVENTIONS CENTER que titulé EL HOMBRE DESCAFEINADO.
Esta conferencia la tengo grabada en vídeo. Presento el vacío de valores que hoy predomina.
Nos hemos acostumbrado a los sucedáneos: tabaco sin nicotina, cerveza sin alcohol, café descafeinado, sabor a naranja, etc. No es naranja, es química. Pero sabe a naranja. Vale.
Nos contentamos con las apariencias. No importa que sea verdad o mentira.
Esta ausencia de valores lleva consigo la ausencia de ideales.
Por eso a muchos les parece una tontería dar la vida por la Patria o por la Fe.
Sin embargo, a los que dan la vida por la Patria se les llama héroes; y a los que la dan por la Fe, mártires.
Son dos títulos que honran a los que se han hecho dignos de ellos.
5.- Un verano, durante el cursillo de Comillas, dos sacerdotes me pidieron que los llevara en mi coche a San Sebastián de Garabandal, donde, al parecer, la Virgen se aparecía a unas niñas.
Como entonces el obispo había prohibido que fueran allí sacerdotes, para evitar malas interpretaciones, nos quitamos la sotana y fuimos vestidos de seglar.
Al llegar fuimos a ver a un señor conocido de uno de los sacerdotes. Como yo iba de taxista no me presentó. Yo asistía callado a la conversación.
De repente dije algo. No recuerdo qué fue.
El señor se me queda mirando y me dice:
-Vd. es el P. Loring.
Había sido discípulo mío en el colegio de Portaceli de Sevilla. Yo le había enseñado Física y Matemáticas.
Pero habían pasado treinta años y ninguno de los dos nos habíamos reconocido.
Pero por lo visto la voz no cambia.
Doy gracias a Dios por tener una voz potente, pues es mi instrumento de apostolado .
6.- Pasados muchos años volví a San Sebastián de Garabandal para hacer un vídeo que recogiera testimonios de testigos.
Me enteré de que habían muerto varios, y pensé que sería bueno dejar grabados los testimonios de los testigos presenciales de los hechos para el estudio que la Iglesia haga de estos acontecimientos.
Subí al pueblo y me instalé en casa de una señora amiga.
Corrí la voz de que quien quisiera decir algo que viniera allí.
Grabé once horas, pero el vídeo lo he reducido a una hora dejando lo mejor de los mejores, pues muchos se repetían y otros se enrollaban.
Todos empezaban dando su nombre y el número de su Documento Nacional de Identidad.
Puede ser interesante contar aquí tres testimonios.
Las niñas videntes recogían en una bandeja las alianzas de los matrimonios que deseaban las besara la Virgen.
Después ponían en el dedo el anillo a cada persona, sin salir del éxtasis.
Una señora recibe su anillo, y el señor que está a su lado le dice:
-Mire si es el suyo.
- Las niñas no se equivocan.
Miró la grabación y efectivamente era el suyo.
Siendo los anillos todos casi iguales, esto tiene difícil explicación natural.
Esto lo contó la señora protagonista.
En otra ocasión, mientras estaba poniendo el anillo a un señor en la mano derecha, la niña mira al cielo y dice:
-¿No?
-Bueno.
Al salir del éxtasis le preguntaron por qué dijo aquello.
- Porque la Virgen me dijo que ese señor era catalán y los catalanes llevan el anillo en la izquierda.
Esto es inconcebible que lo sepa una pastorcita analfabeta que no ha salido de su pueblo escondido en los Picos de Europa.
Por cierto, que mi amigo Guillermo van Vroenhoven me dijo que también en Holanda los matrimonios católicos llevan el anillo en la izquierda, para diferenciarse de los protestantes.
Otro caso notable que lo contó la protagonista:
Cuando la niña deposita el anillo en el dedo de un vecino del pueblo, éste le dice:
- Te equivocaste, porque yo no lo llevo nunca puesto.
Y sale su mujer diciendo:
- Cógelo que yo lo he puesto en la bandeja.
7.- Yo he sido siempre muy deportista.
Tengo en mi casa una copa de un campeonato de fútbol.
También gané un campeonato de frontón a pala y otro de tenis.
Ya desde niño me encantaba la bicicleta.
Siendo muy pequeño tenía una bicicleta grande en la que no llegaba a los pedales sentado en el sillín.
Me gustaba tanto la bicicleta que recuerdo que en una ocasión pregunté:
-¿En el cielo hay bicicletas?
Yo no concebía ser feliz en el cielo si no tenía una bicicleta.
Más tarde comprendí que la felicidad del cielo está en amar y no en montar en bicicleta.
Pero mi deporte favorito ha sido siempre la natación.
He llegado a nadar a «crawl» tres kilómetros sin descansar.
Naturalmente, después de un entrenamiento.
En mis cursillos de verano en Santander todos los días me nadaba de un tirón las dos playas del Sardinero.
Entraba en el agua en EL CHIQUI y salía en EL RHIN.
Siempre me gustaba estar preparado por si tenía que ayudar a uno que se estuviera ahogando.
Para eso aprendí técnicas de salvamento.
8.- Mi afición deportiva ha culminado aprendiendo a hacer rappel a mis setenta y tres años.
La razón es la siguiente.
En Cádiz tengo un piso en la última planta de un alto edificio.
Está a sesenta metros del suelo.
La escalera de los bomberos no llega hasta ahí.
En caso de incendio tendría que saltar por la ventana, y la única manera de llegar vivo al suelo es deslizándome por la pared haciendo rappel.
Por eso he aprendido rappel.
No es fácil que tenga que hacerlo. Pero nunca se sabe.
Me gusta estar preparado por si se presenta la ocasión.
9.- Todos los veranos asistía también a la SEMANA TEOLÓGICA que organizaba en Toledo el Cardenal DON MARCELO GONZÁLEZ.
Con D. Marcelo, a quien tanto debe la Iglesia española, me ha unido una sincera amistad.
Él asistió a una de mis conferencias sobre la SÁBANA SANTA, y todos los años cuando nos encontrábamos en la Semana Teológica de Toledo me trataba con enorme cariño.
D. Marcelo ha sabido unir una gran altura intelectual con un fino sentido del humor.
Al término de la Semana siempre se organizaba una velada de despedida. En ella cada uno ofrecía sus habilidades.
Un año me pidieron que contara «mi chiste».
Yo no soy chistoso. Sólo tengo un chiste. Y lo llevo escrito porque es muy largo.
Cuando lo conté vi a D. Marcelo reírse con tantas ganas que lo voy a contar aquí.
Un matrimonio quería pasar las vacaciones en Inglaterra.
Primero fueron a ver la casa.
Les gustó mucho, y se volvieron a España.
Pero al llegar aquí cayeron en la cuenta de que no habían visto el cuarto de baño.
Entonces escriben al dueño preguntándole por el W.C., según la costumbre española.
Pero en Inglaterra no se usa esta expresión.
El inglés no entiende lo del W.C., y cree que significa WHITE CHURCH, es decir, la Iglesia Blanca.
Y contesta:
- El lugar por el que preguntan está un poco retirado.
Pero casi todo el mundo va andando.
Si hay prisa se pude coger el tranvía.
Algunos se llevan la comida y pasan allí todo el día.
El sitio es cómodo, pues los asientos están forrados de terciopelo.
Al entrar, a cada uno se le da un papel.
Cuando se acaban los papeles se usa el de la persona de al lado.
Al salir, se recogen los papeles para que sirvan toda la temporada.
Hay fotógrafos especializados que sacan fotografías durante la ceremonia.
Estas fotos se publican en la prensa local para dar a conocer la calidad del servicio.
Suyo afectísimo...


