Menu




Autor: | Editorial:



Primera Parte: El Amor


En esta primera parte, vamos a reflexionar sobre la necesidad que todos tenemos de amar para poder dar sentido a nuestra vida. El amor es de Dios y proviene de Dios. Sin él, nadie puede ser feliz. Por eso, si queremos ser felices, debemos amar sin condiciones ni fronteras. Esto ha sido lo que han hecho precisamente todas las almas santas. A muchas de ellas Dios les ha concedido el don de bilocación para que puedan estar en lugares lejanos y poder así amar, ayudar y consolar a tantas personas necesitadas de consuelo y ayuda espiritual.


AMAR

En este siglo XXI, en que la humanidad ha adelantado tanto en el campo de la ciencia y ha hecho descubrimientos realmente maravillosos, hay millones de hombres que todavía no han descubierto que el amor es lo único que da sentido a su vida. Son demasiados los hombres de nuestro tiempo que viven sin amar a nadie de verdad y que sólo buscan su propio placer. Por eso, se ven tantos divorcios y tantas infidelidades en los matrimonios. Hay muchos que sólo se casan o se juntan por interés personal. Necesitan al otro para su felicidad personal y, cuando no la consiguen o la pueden conseguir más y mejor en otra parte, se van sin pensarlo dos veces.

Ciertamente, el actuar de muchos contemporáneos es sólo el del yo, yo, yo, yo. Y ese egoísmo brutal los encierra en sí mismos y los hace morir en vida sin tener nunca alegría y paz interior. Buscan frenéticamente el placer y, cada vez, necesitan placeres más excitantes, cayendo así en muchos excesos, encerrados profundamente en la cárcel de su propio egoísmo. El mundo actual está enfermo de egoísmo. Le falta amor. Pero muchos no lo entienden, pues se han alejado de Dios y no quieren saber nada de Él, creyéndose hombres modernos. No se dan cuenta de que ellos mismos se han cavado su propia tumba de infelicidad y que nunca podrán ser felices sin Dios y sin amor.

Ya san Agustín lo decía por propia experiencia en la primera página del libro de las Confesiones: Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está insatisfecho hasta que descanse en Ti. ¿Necesitamos más explicaciones? ¿Necesitamos más pruebas para creer en el amor de Dios? Que cada uno se mire dentro de sí mismo y, al encontrar sólo vacío y oscuridad, se dé cuenta de que va por el camino errado y que necesita abrir su alma y su corazón a la luz del amor. Sólo así su vida entera podrá respirar el aire fresco de la alegría, que da el amar sin barreras y sin excepción, a todos los hombres.
Sí, porque el amor debe ser universal. No podemos amar solamente a nuestros seres queridos, pues estaríamos formando un círculo cerrado que, al final, nos asfixiaría y no nos dejaría vivir. Si amamos a Dios, debemos amar también a todos los hijos de Dios, que son todos los hombres, sin distinción de raza, religión, lengua, color o limitaciones personales.

Y ¿qué es amar? Amar es comprender y no rebajar al otro ni ridiculizarlo con palabras o acciones. Es tenerle paciencia y ser tolerante con sus opiniones. Es aceptarlo tal como es y respetarlo en sus derechos fundamentales. ¡Qué importante es saber escuchar y dialogar sin acudir a insultos o a la ira descontrolada! Amar es perdonar siempre, pues el que devuelve odio por odio nunca disfrutará de la verdadera felicidad. El odio nos embrutece y nos envenena la vida por dentro. Sólo amando podremos sentirnos libres y hacer del enemigo un amigo. Como nos dice Dios mismo en su palabra: No te dejes vencer por el odio; más bien, vence al mal a fuerza de bien (Rom 12, 21).

También amar es respetar al otro y ayudarle a crecer como persona, pues el que impide crecer a la persona amada, por temor o por celos, es que no sabe amar o tiene miedo al verdadero amor, que da confianza y libertad a la persona amada. También amar es sufrir por quien se ama. Precisamente, el termómetro que mide nuestra capacidad de amar es la capacidad de sufrir por quien decimos que amamos. Lamentablemente, hay muchos que confunden amor con sexo, como si fueran dos cosas inseparables. Y creen que, sin sexo, no podrán encontrar la felicidad. Pero el que ama sólo por interés personal o por atracción física, pronto se dará cuenta de que necesita cambiar de amor, pues para él las personas son solamente objetos de placer o instrumentos que necesita para ser feliz. Es muy triste ver hombres que van por la vida tratando de ser el centro del mundo, preocupados solamente en ver en qué medida se pueden aprovechar de los demás para sus necesidades o negocios... Son los eternos egoístas que nunca serán felices.

El amor no es un objeto descartable, cuando ya el otro no me sirve. Las personas no son desechables ni se miden por su utilidad. Amar no es un juego ni un pasatiempo. Hay que tomar al otro en serio. Amar de verdad es olvidarse de uno mismo y arriesgarse por hacer felices a los demás. Amar de verdad es darse uno mismo sin condiciones. Es buscar la felicidad de los otros y sentirse feliz de hacer felices a los demás. Éste es el punto clave de la felicidad. Hasta que no entendamos que para ser felices necesitamos darnos y buscar en todo y en cada momento la felicidad de los demás, no podremos ser felices.

Sí, así de fácil se encuentra la felicidad, en cuanto es posible en este mundo; no hace falta ir a buscarla a lejanas tierras o a la cima de las más altas montañas. No, la felicidad está al alcance de la mano. Basta sólo ver a los otros como personas y no como objetos; sentir que son nuestros hermanos, hijos del mismo Padre Dios, y buscar siempre amarlos y hacerlos felices. La clave de la felicidad está en tratar siempre de hacer felices a los que nos rodean. Jesús nos lo dijo con claridad en el Evangelio: Haz a los demás lo que quieres que te hagan a ti (Mt 7, 12). Y dice que en esto consiste toda la Ley y los profetas; es decir, toda la religión cristiana se resume en algo tan sencillo como en buscar la felicidad del otro, tratando de darle lo que me gustaría que me den a mí.

Si a mí me agrada que me digan siempre la verdad, que me traten bien, con amabilidad y delicadeza; si me agrada que me respeten y me escuchen, que me comprendan y perdonen mis errores, que no me hagan nunca daño a propósito..., pues eso mismo debo hacer a los demás. Así de sencillo. Esto, dicho de otra manera, es decir: No quieras para los demás lo que no quieras para ti (Tob 4, 15). Si no quieres que te mientan, que te roben, que te insulten, que te hagan daño, que te desprecien, que te marginen ni te engañen..., pues no lo hagas tú tampoco a los demás.

En resumen, amar es comprender, ayudar, perdonar, decir siempre la verdad. Amar es sonreír al otro para hacerlo feliz, es agradecer el bien que nos hace, es servir sin buscar recompensa, es compartir, es alegrarse de su felicidad y acompañarlo en sus desgracias. Amar es también llevarlo siempre en el corazón y presentarlo en nuestras oraciones diarias ante Dios. El amor es algo tan grande, es algo tan sagrado, que debemos tratarlo siempre con sumo cuidado y delicadeza, pues es un regalo de Dios. Recuerda que en la tarde de la vida, te examinarán del amor, como dice san Juan de la Cruz. Sí, en la tarde de la vida, sólo quedará el amor. Y, de acuerdo a tu capacidad de amar, así serás más o menos feliz por toda la eternidad. Por consiguiente, vale la pena que vivas amando y ames sin fronteras para conseguir la felicidad en la medida de lo posible aquí en esta tierra y después por toda la eternidad.
Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!