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Autor: | Editorial:



Amar es ayudar


Por supuesto que orar es muy importante, pero no puede quedar todo en buenos deseos. Tú puedes hacer muchos pequeños servicios a los que te rodean. Practica la caridad con todos. Sonríe a todos. Sirve sin pedir recompensa o agradecimientos. Ten siempre la idea fija de hacer felices a los que te rodean con pequeños detalles de amor: una flor, un regalo, una palabra amable, una sonrisa... ¡Hay tantas maneras de hacer felices a los demás! Precisamente, los santos, que han sido las personas que más han amado y orado, han sido las personas más felices del mundo. Muchos santos han fundado Congregaciones religiosas dedicadas al cuidado de los enfermos o de los más pobres, como la Madre Teresa de Calcuta. Otros se han dedicado a la gran tarea de la educación para iluminar la vida de tantos jóvenes desorientados. Otros se han dedicado a la evangelización en tierras lejanas para llevar a otros pueblos la luz del Evangelio. Y otros, que han vivido en la soledad y el silencio de la vida contemplativa, han ofrecido su vida, sus sufrimientos y todo su amor, por la salvación y el bienestar de los demás. Por eso, los religiosos contemplativos no son inútiles, aunque algunos así lo crean. Son las personas más eficaces y positivas, pues su vida no es una vida encerrada y egoísta, sino una vida abierta, universal, al servicio de todo el mundo, pues rezan por todos desde la soledad de su celda.
Es tan importante ayudar y orar por los demás que Dios les ha concedido a muchos santos el don de bilocación para hacer efectivo su deseo incontenible de ayudar sin fronteras y sin limitaciones a los que se encuentran lejos físicamente de ellos, pero muy cerca de su corazón.

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