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Ejemplos de Bilocación Mística


SAN JOSÉ DE CUPERTINO (1603-1663) asistió a la muerte de su madre en su pueblo natal sin abandonar el convento de Asís donde residía. Estando ella a punto de expirar, gritó con gran dolor: ¡Oh fray José, hijo mío, ya no te veré más! Al instante, apareció una gran luz que iluminó la habitación y la moribunda, viendo a su hijo, gritó llena de júbilo: ¡Oh fray José, hijo mío! Al mismo tiempo, el bienaventurado se encontraba en Asís, y lo encontró el padre Superior llorando, mientras se encaminaba a la iglesia a orar. Al preguntarle por qué lloraba, su respuesta fue: Mi madre acaba de morir. La carta, que llegó muy pronto, confirmó la noticia, pero también se supo que algunos lo vieron asistiendo a su madre moribunda. Todos estos hechos constan en el proceso para su beatificación.

SOR ANA DE LOS ÁNGELES Y MONTEAGUDO (1606-1686), religiosa dominica de Arequipa (Perú), iba frecuentemente a ayudar a los indios de las alturas de Arequipa en sus dificultades. Sor Juana de Santo Domingo, en su testimonio jurado, que consta en las Actas de su proceso de beatificación, relató que, en una oportunidad, un indio llamado Pedro había perdido sus ovejas y, estando en Arequipa, le refirió este hecho a Sor Ana, quien le indicó el lugar donde estaban.

Pasados varios años, estando en el campo, muy alejado de la ciudad, Domingo, otro indígena, amigo de Pedro, le refirió que su rebaño se había perdido y que estaba muy angustiado por ello. Pedro, pensando en Sor Ana, pero no acordándose de su nombre, le dijo a su amigo Domingo: “Llama a una monja santa de Arequipa, que ella te ayudará”. Sin más información, Domingo invocó a la monja santa de Arequipa, pidiéndole ayuda. Más tardó él en formular su invocación que en encontrar a sus espaldas a una religiosa que le dijo: “Ven acá, hijo. Aquí tengo reunida a tu grey. No falta ninguna”.

Entre asombrado y admirado de poder tener a todo su rebaño junto, se detuvo un instante mirándolo y, cuando se dio la vuelta para agradecer a la monja, ésta ya no estaba, había desaparecido sin el menor ruido... Pasado cierto tiempo, Domingo tuvo la oportunidad de trasladarse a Arequipa y contó este suceso extraordinario que él había vivido. Deseoso de agradecer personalmente a la monja que le había ayudado, encaminó sus pasos al Monasterio de santa Catalina de Siena. Allí, igualmente, refirió el hecho... La Superiora del monasterio decidió que las monjas pasaran en grupo ante Domingo. Este, al ver a lo lejos a Sor Ana de los Ángeles y Monteagudo, comenzó a gritar: “Ésta es. Ésta es, porque tiene la misma cara”. Es de notar que, en todo el proceso de reconocimiento de la identidad de la monja, que había ayudado a Domingo, estuvo presente Sor Juana de santo Domingo, quien así lo refirió después de la muerte de Sor Ana .

La sobrina carnal de SAN MARTÍN DE PORRAS (+1639) refiere el siguiente caso: Estando esta testigo en compañía de su madre en una chácara (chacra o terreno), que hoy es de don Gabriel de Castilla..., estaba también Agustín Galán de la Magdalena, marido de la madre de esta testigo y mi padrastro, y sobre cosas sucedidas entre marido y mujer, un día tuvieron un disgusto, de que resultó que aquel día se quedaron sin comer, porque no se atendió a hacer la comida; y estando aparejando las mulas para venirse a esta ciudad, como a horas de la una del día, más o menos, se apareció en la dicha chácara el dicho venerable hermano fray Martín de Porras, que venía a pie con un bordón en la mano y su sombrero echado a las espaldas..., y venía cargado con una canasta y en ella traía unas empanadas, roscas de pan regalado, frutas y vino; y entró en la casa donde estaban, diciendo que venía a comer con ellos y que ya sabía lo que había sucedido, de lo que todos quedaron admirados de ver cosa tan rara, mayormente cuando no se le había dado parte de dicho disgusto ni de cosa alguna, porque aún no hubo tiempo para ello. Y habiendo hecho las amistades entre marido y mujer, comieron lo que había llevado el dicho venerable hermano fray Martín de Porras y se volvieron a quedar todos como estaban en la dicha chácara con el dicho venerable hermano. El cual, luego de anochecer, se fue a dormir a un cerro que estaba junto a la dicha chácara y luego por la mañana volvió a ella. Y contando mi madre lo sucedido a un religioso de dicha Orden, llamado fray Fernando Aragonés, éste le dijo que no podía ser que hubiese ido a la dicha chácara el dicho hermano fray Martín de Porras, porque no había faltado de su compañía un instante. Había estado en el dicho convento sin salir de él y que lo sabía, porque era su compañero de enfermería. Y no dándole crédito el dicho fray Fernando a lo que decía mi madre se lo volvió a referir a su marido de que se había quedado admirado de este caso y quedándose suspenso .

Según fray Antonio José de Pastrana, fray Martín estuvo, por casos que se averiguaron, en Bayona de Francia en un hospital, que hay en dicha ciudad, y dispuso y fundó otro en Berbería para los cristianos cautivos, y estuvo en el Japón consolando a los nuevamente convertidos . Esto mismo afirmó en los procesos de beatificación el testigo fray Jacome de Acuña.

SANTA TERESA DE JESÚS (1515-1582) tuvo muchas bilocaciones en vida y muchas apariciones después de muerta. Veamos algunas de sus bilocaciones tal como se narran en las Actas de los Procesos de beatificación y canonización, publicados por el padre Silverio de Santa Teresa.

Dice Sor Ana de san Agustín: Estando esta testigo de sacristana en Malagón y estando un día durmiendo en su cama, la despertó la Madre Teresa de Jesús y le dijo: “Vete y pon luz delante del Santísimo Sacramento”. Y esta testigo se levantó y fue al coro a encender la lámpara, y encendida, vio allí a la dicha Madre Teresa de Jesús y se admiró, porque no estaba allí en dicho convento, sino en Ávila, a muchas leguas de allí, de Malagón; y esta testigo presumió que por su poca devoción la Madre Teresa le hacía este favor para moverla a devoción; y cuando esta testigo quiso hablar, no vio ninguna cosa y desapareció .

La misma Sor Ana de san Agustín afirma: Esta testigo supo de cierta monja de esta casa que estando una noche en oración y estando la dicha Madre Teresa ausente de esta villa más de treinta leguas, se le apareció, porque la dicha monja había pensado la mudase de aquella casa a otra casa donde estaría mejor; le dijo la dicha Madre Teresa que tuviera cuenta con la casa donde estaba. Y que habrá tres años, poco más o menos, que tornó a desear esta monja que la sacasen de aquella misma casa y que se la tornó a aparecer la dicha madre Teresa de nuevo, cuando estaba ya muerta, estando en Maitines, y reprendióla por este deseo y, no obstante esto, todavía la dicha monja trataba de que la mudasen de allí. Y de allí, al poco tiempo, se le tornó a aparecer, reprendiéndola por desobediente .

El padre Enrique Enríquez dice en su testimonio en los Procesos: He sabido del padre Gaspar de Salazar de la Compañía de Jesús, el cual sabe muchas cosas de la dicha Madre Teresa de Jesús, que estando a muchas leguas de distancia de donde él estaba en su aposento cerrado, se le apareció antes que muriese la dicha Teresa de Jesús y le dio ciertos avisos y amonestaciones, y que este testigo le preguntó después a la dicha Madre, la cual con una humilde modestia mostró haber sido así por particular orden de Dios Nuestro Señor para ciertos efectos saludables .

Sor Ana de Jesús Lobera dice en los Procesos: La Madre Teresa de Jesús no sólo ha dado avisos en espíritu después de muerta sino también estando viva... Así, en esta casa de Salamanca, hace unos veinte años, estando ella fundando en Segovia, teníamos aquí a la hermana Isabel de los Ángeles, con gran enfermedad desde hacía ocho meses, que daba compasión verla. El día de san Bernabé (11 de junio de 1574) por la mañana, estaba fatigadísima cuando nos fuimos a misa; y cuando vinimos la hallamos con extraordinaria alegría... Después que se fueron las otras Madres, yo, que había sido su maestra, quédeme sola con ella y le dije: “¿Qué tienes que estás tan cierta de que hoy vas a salir de este destierro?” Ella me afirmó que, durante la misa, había estado nuestra Madre Teresa de Jesús con ella bendiciéndola y regalándola, diciendo: “Hija mía, no sea boba ni esté con esos temores, sino muy confiada en lo que hizo por ella su Esposo, que es grande la gloria que Dios le tiene preparada y crea que hoy la gozará”; y así me afirmaba y parecía que tenía el alma con mucha paz y en esa serenidad pasó el día hasta la noche, que nos fuimos a Maitines, dejando con ella dos o tres de nosotras; y al punto que en el coro queríamos tomar la disciplina, pues era viernes..., cesamos y fuimos todas juntas a la enfermería y, poniéndola el crucifijo y la vela en la mano, comenzamos a bendecir el nombre de Jesús y a decir el Credo con ella y, en acabando la postrera palabra del Credo, expiró; y luego comenzó a cubrirse el cuerpo de tan gran hermosura y resplandor que se vio claro ser cosa sobrenatural y celestial. Y esto no sólo lo vimos todas las religiosas, sino también cuantas personas de otras Órdenes y seglares vinieron a su entierro... El mismo día que la enferma dijo que había visto a nuestra Madre, escribimos a Segovia donde ella estaba, diciendo a la Priora y Subpriora de allí se lo dijesen para ver si podían entender cómo había sido, y se lo contaron diciendo: “Madre, no en balde aquella mañana, después de haber comulgado vuestra Reverencia llegamos dos veces a darle recado y no nos respondió, pues estaba como muerta a la misma hora que escriben de Salamanca que estuvo allí”.

Ellas nos escribieron, diciendo que se había reído y dicho: “Váyanse de ahí, qué cosas inventan”; y que con esto habían visto que era cierto. Y nosotras vimos que lo era en una carta que había escrito la Madre a la Priora de acá (Salamanca) antes que se lo dijesen, y en ella le avisaba de dos cosas que era imposible saberlas no habiéndolas visto. Y diciéndome a mí la Madre Priora ¿cómo es posible saber esto nuestra Madre? Dije: “Claro está que vería toda la casa el día que estuvo aquí con la hermana Isabel de los Ángeles”... Yo le pregunté a la Madre Teresa, cuando envió por mí para llevarme a ser Priora al convento de Beas..., y con el amor que me tenía, me respondió claramente que así había sido .

En el proceso de canonización de SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO se lee: El 21 de setiembre de 1774, estando el venerable siervo de Dios en Arienzo cayó en una especie de desvanecimiento. Sentado en su sillón, permaneció cerca de dos días en dulce y profundo sueño. Uno de sus criados quiso despertarle, pero su vicario general don Juan Nicolás de Rubino ordenó que le dejaran reposar, aunque sin perderlo de vista. Despertándose por fin y llamando un poco con su campanilla, acudieron en seguida sus servidores. Viéndoles grandemente asombrados, les preguntó:

- ¿Qué es lo que pasa?
- Hace dos días que no ha hablado ni comido ni dado señal de vida.
- Vosotros me creíais dormido, pero no sabéis que he ido a asistir al Papa que acaba de morir.

Poco después, llegaba la noticia del fallecimiento de Clemente XIV, ocurrida el 22 de setiembre a la una de la tarde, es decir, en el momento preciso en que el siervo de Dios había agitado la campanilla.

El santo, en efecto, fue visto en ambos sitios a la vez por multitud de testigos, de cuya seriedad no es lícito dudar .

Quizás una de las santas más extraordinarias por su don de bilocación ha sido la BEATA ANA CATALINA EMMERICK (1774-1824). Ella visitó prácticamente todo el mundo. Entre otros países, ella habla de España, Irlanda, Inglaterra, Francia, Rusia, Noruega, Paquistán, India, Persia, Egipto, Etiopía, Abisinia, Vietnam..., y, por supuesto, su país Alemania. Ella dice:

Mi guía y yo avanzábamos como en vuelo. Durante el camino yo tenía algo que hacer en diversos lugares y dar órdenes sobre diversos asuntos. Así una vez tuve que llevar un paquete oculto y entregarlo. Lo llevé encubierto bajo mis vestidos. A menudo, entre inquietudes y peligros tenía que llevar cartas y superar graves obstáculos, exhortar a personas que rezaban, despertar a los que dormían, curar y vendar a otros que estaban en peligro .

Muchas veces, me veo conducida en espíritu por mi guía a lugares donde se ven patentes las necesidades de los hombres. Unas veces me veo en cárceles, otras junto a moribundos o al lado de enfermos, de los pobres, de las familias que están entre querellas y pecados .

Una vez, vi una taberna donde disputaban varios hombres. Rogué a Dios de corazón que se aplacaran estos hombres y vi, en efecto, que se avinieron al punto y recobraron la paz. Después vi de repente a un hombre triste y miserable que se arrastraba por un camino y no tenía qué comer ni sabía dónde iba a pasar la noche. Me moví a compasión al verle y pedí por él. Entonces, apareció un caballero que le preguntó adónde iba y de dónde era. El caminante contestó y nombró las ciudades de cuyo nombre no me acuerdo. El caballero le dio algunas monedas y continuó su camino. Eran como cuatro duros en muchas piezas. El caminante no acertaba a explicarse la razón de por qué le había dado tan considerable suma... Después me condujo mi guía a un lugar donde había unos veinte enfermos .

Parecéme cosa por demás admirable que casi todas las noches haya de hacer tan largos viajes y tenga tantas cosas que hacer .

En una oportunidad, vi caerse peligrosamente en la nieve a un infeliz hombre hambriento, que no podía levantarse y que estaba buscando algo para sustentar a sus hijos. Yo le alcancé en aquel apuro salvación y sustento .

¡Cuánto bien hizo Ana Catalina a través del mundo! Su ángel custodio la guiaba y ella cumplía su misión de hacer el bien a todos sin distinción en diferentes países.

Otro santo conocido por su don de bilocación fue san JUAN BOSCO (1815-1888). Veamos algún ejemplo:

El día 15 de julio de 1862, estando san Juan Bosco en San Ignazio sopra Lanzo, a 40 km de Turín, asistió en el momento de su muerte al joven Bernardo Casalegno en Chieri, como el mismo Don Bosco se lo manifestó a los jóvenes del Oratorio y lo escribió Don Bonetti . El 20 de julio del mismo año, estando también en san Ignazio sopra Lanzo, visitó el Oratorio de Turín (a 40 km) sin moverse de su lugar. Así lo cuenta en una carta del 21 de julio diciendo que había visto a los jóvenes David, Tinelli y Panico salir por la mañana del domingo sin asistir a las ceremonias sagradas y haber ido a bañarse. Al salir del baño, Don Bosco les dio unas palmadas en la espalda, aunque ellos no vieron quién era, pero lo contaron esto a Don Bonetti y a Don Alasonatti.

El 14 de octubre de 1878, estando físicamente en Turín, visitó en St. Rambert d´Albon, en Francia, a la señora Adele Clement y a su esposo, quedándose al almuerzo con ellos y asegurándoles la curación de su hijo ciego, sordo y mudo, como ocurrió de inmediato .

Otro caso. Era la noche antes de la fiesta de san Francisco de Sales de 1886, cuando el sacerdote Juan Branda, director de aquella casa (Sarriá-Barcelona) sintió que lo llamaban. Se despertó y oyó clara y distinta la voz de Don Bosco... Por la mañana, recordó la voz que había oído, pero no se preocupó. En la noche del 5 al 6 de febrero, siente que lo llaman en lo mejor del sueño: Era también la voz de Don Bosco. Ya despierto, vio la habitación iluminada como en pleno día y además delineado en las cortinas corridas de su cama el perfil de un sacerdote que le pareció realmente Don Bosco... Don Branda se levantó, le tomó la mano y se la besó. Don Bosco le dijo: “Tu casa va bastante bien, estoy satisfecho de todo lo que haces, pero...”

Y entonces se dibujaron allí delante las caras de cuatro asilados del Instituto. Señalando al primero, Don Bosco le dijo que convenía que observase mejor conducta; de los otros intimó la expulsión. Le dijo: “Obra enérgicamente, quítalos de en medio cuanto antes sin consideración alguna”. Al pronunciar estas palabras, su cara se mostraba descompuesta por el enojo. Después de esto, a una señal suya, dice Don Branda, salimos los dos de la habitación, abriéndole yo la puerta y siguiéndole. Visitamos los dos dormitorios... Durante el trayecto, las escaleras y los dormitorios se llenaron de luz como si fuera de día. Don Bosco andaba con paso franco y algo más acelerado de lo ordinario hasta que desapareció.

Entonces, cesaron las luces y Don Branda se acercó a tientas a la puerta, se fue a su mesa, trató de encender la luz, dirigió la mirada alrededor y se vio solo; miró el reloj y faltaban dos horas para levantarse. ¿Qué hacer? Levantada la Comunidad, bajó a la capilla y presa de fuerte emoción celebró la santa misa. Lo turbaba el pensamiento de tener que despedir, sobre todo, a uno de los ya indicados; no sabía cómo hacerlo ni con qué razones convencerle de su mal proceder. Dejó pasar aquel día sin decir nada y otros más, hasta que recibió una carta de Don Rua, el cual le decía que Don Bosco, paseando por los pórticos, les había contado que había hecho una visita a Don Branda, mientras dormía, pero que se diese por advertido de cumplir las órdenes recibidas.

Al día siguiente, Don Branda fue a celebrar la misa a casa de Doña Dorotea de Chopitea, la madre de los salesianos de Barcelona. Al comenzar la misa e inclinarse a besar el altar, oyó resonar de manera misteriosa y apremiante la voz: “Si no haces lo que te ha ordenado Don Bosco, ésta será la última misa que celebres”. De vuelta a casa, se interrogó separadamente a los indicados y se encontró ser exacto, hasta en sus más pequeños detalles particulares, lo que había dicho Don Bosco; y ¡cosa singular! Los culpables adoptaron la misma actitud en que Don Branda los había visto la noche de la visita .

La VENERABLE EDVIGE CARBONI (+1952), gran mística italiana, tuvo frecuentemente bilocaciones. Sus hermanas Paolina y Vitalia cuentan que una tarde de 1945 estaban rezando y Edvige cayó en éxtasis. Ella les contó que había ido a China, a una prisión donde estaba un obispo pasionista, Monseñor O´Gara, que estaba siendo torturado por hombres y mujeres. Ella se les presentó y les recriminó por estar torturándolo, pero ellos quisieron pegarle también a ella, diciendo que era una bruja, por haber entrado estando las puertas cerradas. La misma Edvige escribió el relato en una carta a su confesor, padre Ignacio, y esa carta todavía se conserva.

El padre Ignacio no sabía que en China había un obispo pasionista y llamó al General de los pasionistas, quien le confirmó que, ciertamente, existía en China un obispo pasionista: Monseñor Gutberto O´Gara .

Por dos veces, como ella misma contó, fue llevada la sierva de Dios a la cárcel, donde estaba encerrado el cardenal Monseñor Mindzenty, en Praga, y conversó con él .

Otro gran santo, famoso por sus bilocaciones, fue el P. PÍO DE PIETRELCINA (1887-1968).

En noviembre de 1917, durante la I guerra mundial, el ejército italiano sufrió una gran derrota en Caporetto. Como consecuencia del desastre, fue depuesto de su cargo el general Luis Cardona, comandante en jefe del ejército italiano, y sustituido por el general Armando Díez. Las críticas acerbas que se hacían del general derrotado y, sobre todo, el hecho mismo de la derrota, le sumieron en una depresión nerviosa tal que decidió acabar con su vida... En el momento trágico en que el general tenía desenfundada la pistola para consumar el suicidio, aparece frente a él, de forma inexplicable, un religioso vestido de hábito capuchino.

Pudo percibir en aquel momento, como recordará después, un fuerte perfume de violetas o rosas. Tenía el fraile las manos teñidas de sangre y le dijo con energía: “¡Nada de matarse! ¡No debes cometer semejante locura!”. El general se quedó atónito, estremecido. Como por ensalmo, cambió su estado de ánimo, se sintió otro hombre y obedeció humildemente.

Más tarde, en 1920, partió el general de incógnito a San Giovanni Rotondo sin comunicar a nadie su personalidad ni el objeto de su visita. ¡Cuál no sería su extrañeza cuando, sin llegar todavía a la portería del convento, oye que le llaman por su nombre y que le dicen que el padre Pío lo esperaba!

Al ver al padre Pío, lo reconoció inmediatamente. El padre Pío le dijo: “¡Mi general, qué mal lo pasamos aquella noche!, ¿no es verdad?”.

Otro caso fue comprobado por aviadores de diferentes nacionalidades y religiones: ingleses, americanos, polacos... Cada vez que pasaban sobre el Monte Gárgano, con el encargo de llevar a cabo sus terribles bombardeos, se les aparecía en el cielo un fraile, como un fantasma, que extendía sus brazos y sus manos, y les prohibía severamente lanzar bombas sobre los pueblos y ciudades del Gárgano. Foggia y otras ciudades de la Puglia sufrieron asoladores bombardeos; en cambio, sobre la comarca del Gárgano no cayó bomba alguna. Naturalmente, los aviadores comentaban entre sí tan maravillosos fenómenos sin podérselo explicar satisfactoriamente.

Cuando terminó la guerra, oían hablar del padre Pío como de un ser extraordinario que hacía cosas maravillosas; y había quienes no querían volver a su tierra sin haber visto personalmente al fraile estigmatizado; muchos de ellos subieron hasta san Giovanni Rotondo a comprobar cuanto se decía del famoso fraile y pudieron comprobar, con absoluta certeza y con inmensa admiración, que el fraile aquel, que se les había aparecido, era el mismísimo padre Pío, a quien tenían delante en persona.

Veamos otro caso, bien documentado, ocurrido en julio de 1957. Estaba hospitalizado en la clínica San Severo de Foggia el padre capuchino Plácido de San Marco in Lamis en estado gravísimo con cirrosis hepática. La habitación del enfermo estaba bien cerrada, era medianoche y el enfermo estaba plenamente despierto. En aquel momento de la noche, se presenta ante él el padre Pío y sonriendo y levantando la mano estigmatizada le dice: ¡Padre Plácido! ¡Puedes estar tranquilo que de ésta no morirás! Y luego siguieron hablando de otras cosas.

El capellán del hospital, padre Alberto, capuchino, tuvo conocimiento de esta visita por el mismo enfermo y, al trasladarse por aquellos días a san Giovanni Rotondo, se encontró con el padre Pío, y le preguntó sin más preámbulos: ¿De manera que has estado en san Severo, visitando al padre Plácido y no te has dignado visitarme a mí, que soy el Superior?

- Cállate, cállate. Es verdad que he estado en San Severo. No debes decir nada a nadie.

Otro caso de bilocación ocurrió en la muerte de Monseñor Fernando Damiani, Vicario General de la diócesis de Salto, en Uruguay. Monseñor Fernando le había hecho prometer al padre Pío, en una visita que le hizo en San Giovanni Rotondo en 1937, que lo visitaría en la hora de su muerte... Pues bien, el 11 de setiembre de 1941, estando en Salto, se puso gravísimo. Monseñor Barbieri, capuchino, arzobispo de Montevideo, estaba a su lado cuando vio la silueta de un fraile capuchino, a quien no conocía... Ocho años más tarde, el 13 de abril de 1949, visitó al padre Pío en san Giovanni Rotondo y reconoció inmediatamente al fraile, cuya silueta había visto en Uruguay en la muerte de Monseñor Damiani .

La señora de Devoto, de Génova, estaba seriamente enferma y con amenaza de que le amputaran una pierna. Una de sus hijas rezaba en un cuarto vecino, pidiendo que se evitara esa operación e invocando la ayuda del Padre Pío. De pronto, éste apareció en el umbral de la puerta. El deseo de obtener una gracia para su madre, obnubilaba a tal punto la mente de la joven, que ella ni se preguntó cómo podía estar el Padre en Génova, estando en San Giovanni, a varios cientos de kilómetros, ni se le ocurrió dudar de lo real de su presencia. Arrojándose a sus pies, le suplicó: ¡Oh Padre, salve a mi mamá! El santo la miró y le dijo simplemente: Espere nueve días. Ella iba a pedir una explicación, pero, al levantar la vista de nuevo, sólo vio la puerta cerrada.

A la mañana siguiente, pidió a los médicos que aplazaran la intervención quirúrgica, y ni las advertencias ni los consejos ni las súplicas de sus parientes, ni el mismo estado de la paciente, que se agravaba por momentos, lograron disuadirla. Al décimo día, cuando los cirujanos examinaron a la enferma, cuál no sería su estupefacción al comprobar que la herida de la pierna estaba completamente cicatrizada y la señora estaba en vías de restablecimiento. Unas semanas más tarde, toda la familia se dirigió a San Giovanni para agradecer al Padre la merced que les había alcanzado.

La señora Concepción Bellarmini, de San Vito Luciano, sufrió un envenenamiento de la sangre, seguido de una bronconeumonía. La infección le provocó una ictericia terrible, y los médicos la desahuciaron. Una pariente le aconsejó que confiase su situación al Padre Pío, a quién ella no conocía. Así lo hizo, y, de pronto, se le apareció a plena luz un fraile estigmatizado que le sonrió y la bendijo sin tocarla. La enferma le preguntó si su venida era señal de que había logrado la conversión de sus hijos o su próxima curación. El capuchino afirmó: El domingo por la mañana usted estará curada, y luego se desvaneció dejando una estela de perfume.

Ya al día siguiente, la piel de la enferma fue tomando un color normal y cedía la fiebre, y pocos días después, la señora pudo levantarse. Acompañada de su hermano, fue a San Giovanni Rotondo para verificar la identidad de su fraile. Cuando divisó al Padre Pío en la iglesia, se dirigió a su hermano y le dijo al oído: Es él, no hay duda de que es él.

La Señora Ercilia Magurno, mujer de mucha fe, había velado durante meses junto al lecho de su marido, sumamente grave de angina de pecho. Cierta noche, invadió la habitación un penetrante perfume de flores, pero el enfermo seguía empeorando por momentos. Con dos días de intervalo, la señora envió dos telegramas al Padre Pío para implorar su intercesión, pues su marido estaba ya en coma. El 27 de febrero, el enfermo pareció dormirse con sueño profundo y sereno. A la mañana siguiente, al despertar, dijo a su mujer: Estoy curado. Me siento perfectamente. El Padre Pío acaba de dejarme. Por favor, abre la puerta y tómame la temperatura. No tenía ni rastros de fiebre. El Padre Pío vino acompañado por otro fraile, explicó el hombre, me examinó el corazón y me dijo: Mañana se le habrá ido la fiebre y dentro de cuatro días podrá levantarse. Luego miró los remedios que le daban, leyó las recetas y se quedó largo rato junto a él. Como para confirmar este milagro, una fuerte fragancia de violetas flotaba todavía en la habitación. Cinco meses después, ambos esposos se dirigían a san Giovanni, y el ex-enfermo reconocía a su salvador. El Padre Pío se le acercó, le puso la mano en el hombro y con tono amistoso le dijo: ¡Cómo te ha hecho sufrir ese corazón! .

NATUZZA EVOLO es una gran mística italiana, que vive en Paravati, cerca de Mileto (Catanzaro), Italia. Es una humilde y buena mujer, madre de familia con cinco hijos. Tiene dones extraordinarios como éxtasis, estigmas y también el don de bilocación. Este don de bilocación se manifiesta de diferentes maneras. Una veces, la ven en el lugar donde está en bilocación, otras veces sólo sienten su presencia por un fuerte perfume de flores. En ocasiones, manifiesta su presencia a través de ruidos o diciendo palabras que son oídas sin que la vean. También puede llevarse objetos o traerlos del lugar de bilocación. Siempre es llevada o transportada como ella dice, por su ángel de la guarda y, frecuentemente, es acompañada también por algunos difuntos, familiares de quienes va a visitar. Ella no escoge los lugares ni busca la bilocación, que le viene espontáneamente, y es llevada para cumplir alguna misión de consuelo y ayuda. Sobre sus dones y bilocaciones hay cinco libros escritos por Valerio Marinelli.

El padre jesuita Giovanni Martinetti ha estudiado durante tres años los fenómenos místicos de Natuzza y dice: Las bilocaciones de Natuzza tienen siempre una finalidad concreta de ayuda o reafirmación de la fe cristiana. Sus bilocaciones han sido por miles. Yo he recogido testimonios de más de cien de esas bilocaciones en tres años de investigación. En sus bilocaciones, Natuzza es guiada por difuntos y ángeles que la acompañan al lugar donde debe ir y le sugieren lo que debe hacer... Es interesante las explicaciones que la misma Natuzza me ha dado para explicar este fenómeno de la bilocación. Me ha dicho:

“La bilocación no viene nunca de mi espontánea voluntad. Se me presentan los ángeles o difuntos y me acompañan a los lugares donde es necesaria mi presencia. Yo veo perfectamente todo el ambiente y puedo hablar y ser oída por las personas presentes, puedo abrir y cerrar puertas y producir algunas acciones. Yo me encuentro inmersa en el ambiente, no es como si lo viera por televisión. Estoy en el lugar solamente el tiempo necesario para cumplir mi misión y siempre soy consciente de que mi cuerpo físico está en Paravati o donde me encontraba antes de la bilocación. Esto puede sucederme de día o de noche, incluso cuando estoy hablando con alguien o haciendo alguna cosa. Muchas veces, no sé dónde voy. El viaje es instantáneo, independientemente de la distancia. Cuando voy a una casa, me encuentro directamente en su habitación o en una habitación contigua de donde está la persona que debo ver. Abro la puerta y después la cierro. Algunas veces, puedo transportar objetos al ir o venir. Y nunca me siento cansada o mal después de la bilocación” .

Los difuntos, que se le aparecen y la acompañan en sus bilocaciones para visitar a sus familiares, tienen el mismo aspecto que tenían durante la vida y van con los vestidos que usaban en vida. Ella dice que los difuntos están interesados en la vida de sus familiares y los visitan en sus casas, aunque no se les puede ver, porque el Señor no lo permite. En algunos casos, los difuntos le dan mensajes para su familia.

Cuando la gente la visita y le pregunta sobre la suerte de sus familiares difuntos, ella puede responder, preguntándole a su ángel custodio, a quien ve constantemente. También ve a los ángeles custodios de las demás personas, que están a la derecha, mientras que en los sacerdotes están a la izquierda, por respeto a su dignidad.

Los difuntos le dicen que ellos no pueden rezar por ellos mismos ni por otros difuntos, pero sí rezan por sus familiares vivos. Normalmente, lo que piden a sus familiares es resignación y que no se desesperen; también que recen por ellos para conseguir pronto la plena felicidad del cielo. Veamos algunos ejemplos de bilocación.

La señora María Naccari dice: En 1976, mientras dormía, sentía que me tiraban de las mantas por dos veces. Me desperté, pensando que sería mi hijo que dormía en la habitación contigua. Entonces, vi junto a mi cama a mi tío difunto, al cual no recordaba nunca en mis oraciones. Me sentí feliz de verlo y no sentí miedo. Me pregunté cómo podía verlo, si estaba todo oscuro y la ventana estaba cerrada. Mirando a la ventana, vi que allí estaba Natuzza con el rostro bellísimo y radiante. Me dormí feliz. Cuando le pregunté a Natuzza, si había sido ella, me respondió: “Sí, hija, he sido yo” .

El señor Salvatore Gerani dice: Un domingo, a las 7,30 a.m., me fui al cementerio de Tropea para visitar las tumbas de mis familiares difuntos y rezar por ellos. De pronto, sentí un ruido a unos 50 ó 100 metros de distancia. Me volví, pero no vi a nadie. Después de algunos minutos, sentí lo mismo, a la misma distancia. Después sentí otros rumores como pasos cerca de mí. No tuve miedo, pero seguí mi camino, porque debía ir rápido para llegar a misa. Cuando le conté a Natuzza lo que me había pasado, ella me dijo que ella y sus familiares difuntos me habían seguido .

La señora Carmelina Fratini dice: Una noche de marzo de 1971, mientras estaba dando de mamar a mi hija sentí que se abría la puerta de mi habitación. Y vi entrar una señora con camisa blanca y con trenzas en la cabeza. Se acercó a la cuna, se quedó mirando un momento y, después, se fue como había entrado. Yo pensé que era mi tía difunta, que había venido, porque estaba contenta del nacimiento de mi hija. Después me dormí y, a la mañana siguiente, conté todo a mi madre y me vino el deseo de ir a ver a Natuzza para pedirle su opinión. Apenas la vi, ella me dijo: “Pero, ¿cómo das de mamar a tu hija de ese modo? ¿Quieres que te dé a ti y a ella una broncopulmonía?”. Yo no le había dicho nada. Y ciertamente, yo le daba de mamar a mi hija sin cubrirla. Entonces, entendí que había sido Natuzza .

Dice la misma testigo: En 1986 me encontraba en el hospital de Crotone en la sección de maternidad, porque tenía problemas con mi embarazo y sufría mucho. De pronto, un día vi a Natuzza con una corona de espinas sobre la cabeza y el rosario en la mano. Ella me hizo señas de estar callada y no decir nada, y yo cerré los ojos y me quedé dormida. Mi esposo y el médico sintieron un fuerte perfume de flores. Cuando fui a Paravati a verla, me dijo que había ido con algunas almas del purgatorio para rezar por mí, porque tenía necesidad .

El abogado Francesco Cosentino, da su testimonio: En nuestra casa de Verona hay un reloj antiguo, recuerdo de la familia, que muchas veces intentamos hacer funcionar sin éxito. Un día, mientras estaba solo en casa, pues mi esposa estaba fuera de la ciudad, el reloj sonó de improviso con tres campanadas. Eran las 3 de la tarde. En la noche, a las 10 p.m., mientras estaba a la mesa con mis hijos, de nuevo sonó el reloj con 10 campanadas. Este hecho no había ocurrido antes ni se ha verificado después. Cuando fui a ver a Natuzza y le pedí explicación, ella me dijo: “Estaban tristes por estar solos y quise hacerles compañía y darles una señal de mi presencia” .

La señora Ana María Odoardi da el siguiente testimonio: En noviembre de 1993, mi esposo tuvo un infarto y estaba muy grave. Pedimos oraciones a Natuzza. Yo le pedí al Señor la salud de mi esposo, pero pensé que quizás Él quería llevárselo y pensando en esto acepté resignadamente su voluntad, pidiéndole por su salvación. Pero, mientras pensaba en estas cosas, oí claramente una voz exterior que me decía: “No te preocupes, desde este momento, todo cambiará”. Mi marido se recuperó muy bien y hoy sigue vivo. En la Cuaresma de 1994, fui a ver a Natuzza y le pregunté, si aquella voz era la suya, y me dijo que sí .

Podíamos continuar escribiendo testimonios de bilocación, pero creo que son suficientes, lo importante es saber que son hechos reales y que Dios concede esta gracia para hacer el bien a los demás.

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