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Autor: | Editorial:



Evangelizar
EVANGELIZAR

Para que todos los hombres lleguen a ser cristianos y se cumpla así la voluntad de Dios, es preciso que todos los cristianos sean misioneros y sientan la necesidad de evangelizar, aunque sólo sea a través de sus oraciones y sufrimientos, ofrecidos generosamente al Señor. Recordemos que la Iglesia ha nombrado patrona de las misiones a santa Teresita del niño Jesús, una religiosa contemplativa, que sin salir de su convento, salvó tantas almas que la Iglesia la ha nombrado patrona de las Misiones.

Dios nos urge a predicar, empezando por los que están cerca de nosotros. En el mundo actual hay muchísimos que se dicen cristianos por estar bautizados, pero no son practicantes, y apenas son creyentes; a ellos también hay que evangelizar y ayudar para que vivan plenamente su fe. Sin embargo, no olvidemos que hay millones de hombres que ni siquiera son bautizados y no creen en el mensaje de Jesús. A ellos hay que evangelizar como Cristo nos pide:

- Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura (Mc 16, 15).
- Cristo no me envió a bautizar sino a evangelizar (1 Co 1, 17).
- Si evangelizo, no es para mí motivo de gloria, sino que se me impone como necesidad. ¡Ay de mí si no evangelizara! (1 Co 9, 16).
- ¿Cómo creerán sin haber oído de Él? Y ¿cómo oirán si nadie les predica? Y ¿cómo predicarán si no son enviados? (Rom 10, 14).
- Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al pleno conocimiento de la verdad (1 Tim 2, 4).
- No te avergüences jamás de dar testimonio de Nuestro Señor, antes bien lleva con fortaleza los trabajos por la causa del Evangelio (2 Tim 1, 7-8).
- Predica la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, vitupera, exhorta con toda longanimidad y doctrina (2 Tim 4, 1).

Creo que son suficientes estos textos para entender el mandato de Jesús. Pero no sólo debemos evangelizar individualmente, sino también en grupo, en familia, y dar testimonio de nuestra fe sin avergonzarnos de ella. Dice Jesús: el que se avergüence de mí y de mis palabras, yo también me avergonzaré de él delante de mi Padre celestial (Mt 10, 33).

Los bautizados están obligados a confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios por medio de la Iglesia, y de participar en la actividad apostólica y misionera del Pueblo de Dios (Cat 1270). Dios quiere la salvación de todos por el conocimiento de la verdad. La salvación se encuentra en la verdad. Los que obedecen a la moción del Espíritu de la verdad, están ya en el camino de la salvación, pero la Iglesia, a quien esta verdad le ha sido confiada, debe ir al encuentro de los que la buscan para ofrecérsela. Porque cree en el designio universal de salvación, la Iglesia debe ser misionera (Cat 851).

Todos los hijos de la Iglesia han de tener viva conciencia de su responsabilidad para con el mundo, fomentar en sí mismos el espíritu verdaderamente católico y consagrar sus energías a la obra de la evangelización. Sepan todos, sin embargo, que la primera y principal obligación en pro de la difusión de la fe es vivir profundamente la vida cristiana. Pues su fervor en el servicio de Dios y su caridad para con los demás aportarán nuevo aliento espiritual a toda la Iglesia, la cual aparecerá como el estandarte levantado entre las naciones, luz del mundo y sal de la tierra (Vaticano II, Ad gentes n. 36).

En esta tarea de evangelización es importante usar los medios modernos de comunicación social como el internet, la televisión, la radio... (Decreto Intermirifica n. 3). En resumen, todos debemos ser misioneros y predicadores de la Palabra de Dios, compartiendo nuestra fe con los demás, porque como dijo Jesús: La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad al dueño de la mies, que envíe obreros a su mies (Mt 9, 37-38).

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