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Sagrada Escritura
1.1 Algunas cosas sobre la Biblia.
El nombre.
La Palabra Biblia viene del griego, Biblos, ciudad donde se hacían los papiros en Grecia para la escritura. Significa los libros, y es una pequeña biblioteca, compuesta, para el cristiano católico, por 46 libros del Antiguo Testamento, y 27 libros del Nuevo. Algunas ediciones traen 47 libros en el AT, porque separan el capítulo 6 de Baruc, secretario del profeta Jeremías, y lo colocan como carta de Jeremías.
Los libros bíblicos comenzaron a escribirse alrededor del siglo X a.C., en la corte del Rey Salomón, donde había lugar para el ocio (el otium griego), la lectura y la escritura. En la corte del hijo del Rey David comienza, por lo tanto, también la actividad literaria.
Los lugares principales de los hechos bíblicos, son principalmente la Antigua Mesopotamia, hoy compuesta por Siria, Irak e Irán, la actual Israel, la Península Arábiga y Egipto, para los hechos del Antiguo Testamento.
Para los hechos del Nuevo Testamento, se agregan los territorios conquistados por el griego Alejandro Magno, y en tiempos de Jesús ocupados por el Imperio Romano, que abarcan prácticamente la actual Europa, el norte de África y las Islas Británicas.
En el imperio, por lo tanto, se hablaba la lengua griega, impuesta por Alejandro, que en 10 años, entre el 333 y el 323 a.C., realizó sus conquistas, comenzando cuando sólo tenía 23 años. Existía el griego culto y el griego popular. Éste último se utilizaba cotidianamente en el imperio, y su nombre era koiné.
Cánones de la Biblia.
Los judíos tenían dos cánones o conjunto de libros del AT:
Un canon corto, el de Palestina, escrito en hebreo, con 39 libros.
Un canon largo, el de Alejandría, escrito en griego, con 46 libros. Éste era utilizado por los judíos que vivían diseminados por el Imperio, fuera de Israel, y que ya no hablaban el hebreo.
Los siete libros que se agregan al canon corto se llaman deuterocanónicos (nuevos en el canon), y son: Judit, Tobías, I y II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc. Y algunos trozos de Daniel y Esther. La versión griega se llama también de los Setenta, porque se le atribuye a 70 sabios que la tradujeron al griego alrededor del siglo II a.C.. Los cristianos utilizaron enseguida esta traducción, ya que, extendidos por todo el imperio, hablaban la koiné. Y el NT cita esta versión griega.
Para diferenciarse de los cristianos, los judíos, recién en el siglo II dC, adoptaron el canon corto de 39 libros.
Los hermanos separados de occidente, inspirados por Martín Lutero, también se remitieron, desde el s. XVI, al canon corto de Palestina, agregando a él los 27 libros del NT, por lo que su versión de la Biblia es de 66 libros, traducida por los egregios biblistas Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, versión que, con leves modificaciones, conservan hasta el día de hoy. Se caracteriza porque no tiene introducciones ni notas, pero sí abundantes concordancias bíblicas.
En ausencia de Biblia católica, éstos fieles pueden, con toda tranquilidad, usar esta versión, ya que no traiciona los textos originales. Lo único es que no van a contar con los 7 libros Deuterocanónicos.
En el siglo IV, en el Imperio ya no se hablaba más el griego clásico ni el popular. La lengua era el latín. Latín culto en las cortes, latín popular en el pueblo. La Iglesia adopta el latín popular como su lengua, hasta el día de hoy. El Papa Dámaso, por lo tanto, en el s. IV, pide a San Jerónimo, el más grande lingüista y hebraísta de su tiempo, y el más grande biblista de todos los tiempos, que traduzca la Biblia al Latín. Compone entonces el tercer canon, llamado la Vulgata, por traducir los libros del hebreo original al latín vulgar (que hablaba el vulgo) de su tiempo.
La Iglesia continúa manteniendo la pronunciación del latín vulgar en la edición típica de sus documentos y en el Canto Gregoriano, sencillo y simple, que vino a reemplazar las pomposas Misas de los clásicos (Mozart, Bach, Beethoven), que colocaban la atención de la gente en su magnificencia más que en el misterio que se celebraba.
Las Biblias católicas son fácilmente reconocibles por sus notas e introducciones. Además poseen el nombre del Censor eclesiástico que revisó la traducción con elNihil Obstat, y el Imprimatur del Obispo que autoriza su publicación.
La más adecuada actualmente a la idiosincrasia y comprensión argentina, es El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia, traducida por los biblistas platenses Levoratti y Trusso, y revisada por el exégeta porteño Luis H. Rivas, profesor actual de Biblia en la UCA.
Es la usada en los nuevos leccionarios litúrgicos para la Misa.
1.2 Otras cuestiones bíblicas .
Ediciones ecuménicas.
Siguiendo el pedido del Concilio Vaticano II en el documento Dei Verbum (sobre la Palabra de Dios), hay ediciones ecuménicas de la Biblia, realizadas por exégetas católicos y evangélicos. La edición más común es La Biblia de Estudio. Dios habla hoy, editada por las Sociedades Bíblica Unidas, y que es vista con agrado por el Consejo Mundial de Iglesias Evangélicas y por la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM).
La versión conjunta del Nuevo Testamento se llama Dios llega al hombre.
La Biblia de estudio tiene abundantes notas, introducciones, mapas, cuadros, textos paralelos y concordancias. Viene con o sin los libros deuterocanónicos.
Complementos de ayuda bíblica.
Hay libros con los textos del día y pequeños o grandes comentarios exegéticos y/o espirituales. Los más conocidos en Argentina son los de los p. Rivas y Gergolet, para los días domingos, fiestas y solemnidades. También hay comentarios feriales, para todos los días del año.
Recordemos que la Iglesia católica, igual que la evangélica metodista, divide la lectura bíblica en los Ciclos Dominical y Ferial o diario.
A su vez. El ciclo dominical se divide en 3: Años A, B y C. En tres años, los domingos, se leen las partes más significativas de la Biblia.
El leccionario feria o cotidiano, va de lunes a sábado, y se divide en par e impar: En dos años, se leen, en los días de semana, las partes más significativas de la Biblia.
En las librerías cristianas, hay mapas y Atlas geográficos e históricos que son de gran ayuda para el estudio bíblico.
También existen Sinopsis de los tres primeros evangelios, ya que pueden leerse en columnas paralelas los textos que concuerdan entre sí por poseer fuentes comunes (sin-opsis: del latín, ver de un vistazo, de un solo golpe de vista).
Libros apócrifos.
Son libros del tiempo y estilo bíblicos, pero que no entraron en el canon, en la lista de libros inspirados.
Son importantes por su valor histórico y literario, y algunos hechos de la tradición cristiana se refieren a ellos.
Los más significativos del NT son los Evangelios a los Ebionitas, el de los Egipcios, el de los Hebreos, el de Tomás, el de Pedro, el Protoevangelio de Santiago y los Hechos de Pilato.
Como Apocalipsis apócrifos, tenemos los de Adán y Eva, el de Enoc, el de Moisés, el de Esdras.
Nombres:
Como vemos, tanto en los apócrifos como en los inspirados, se utilizaba la PSEUDONIMIA:
Colocar un seudónimo, un nombre de alguien conocido e importante al libro, para darle mayor fuerza y trascendencia.
Era un procedimiento muy utilizado en esos tiempos, y no denotaba falta de honestidad, como sería en la actualidad.
Concordancias, textos paralelos, notas, introducciones.
Las concordancias son textos que concuerdan entre sí.
Un texto más claro aclara otro más oscuro que se relaciona de alguna manera con él, y que puede estar en el mismo o en otro texto bíblico, ya sea del Antiguo o del Nuevo Testamento.
Los textos paralelos son idénticos por poseer la misma fuente y transmitirlas de la misma manera.
Las notas a pie de página aclaran los textos, pero no son inspiradas como el texto bíblico.
Tampoco son inspirados los títulos y subtítulos, ni las introducciones, concordancias y textos paralelos.
Todo esto ha sido colocado por los exegetas (especialistas de la Biblia) para facilitar su estudio y comprensión.
Lo mismo se puede decir de los capítulos y versículos, que fueron colocados recién en el siglo XVI, para facilitar la búsqueda y estudio de los textos, ya que habían sido escritos de corrido, sin títulos, subtítulos, capítulos ni versículos. Sólo el nombre bajo el cual figuraba el libro.
Tampoco, estas notas, son del Magisterio de la Iglesia, aunque deben estar de acuerdo con él para ser aprobados.
Divisiones.
La Biblia se divide en dos grandes bloques:
El Antiguo y el Nuevo Testamento.
Éstos, a su vez, en 4 partes cada uno: El AT contiene el Pentateuco, los libros históricos, los proféticos (4 mayores y 12 menores) y los sapienciales.
El NT contiene los Evangelios, los Hechos, las Cartas y el Apocalipsis.
Esperemos que algunos de estos elementos nos ayuden a acercarnos al libro más leído en la historia de la humanidad, y del que se conservan los manuscritos más cercanos al original.
1.3 Sobre la ascendencia davídica de Jesús, los pobres de Yahvéh y los Esenios
El Mesías debía descender de la tribu de Judá, uno de los doce hijos de Jacob o Israel.
David era descendiente de esta tribu, por lo que en la época de Jesús se esperaba como Mesías a un descendiente de David.
José era descendiente de David, y por lo tanto el que le comunica a Jesús la ascendencia mesiánica, ya que a través del padre se comunicaba el linaje.
Con referencia a los "Anawin": En hebreo esta palabra quiera decir los "pobres de Yahvéh", los que esperan todo de Dios y sólo en Él, aún poniendo todo lo posible de su parte.
Es también llamado el "resto fiel", o el "pequeño resto", que iba a recibir al Mesías Salvador.
Entre estos pobres del Señor, descollaba María, quien despojada de sí, lo esperaba todo de Dios y a Él estaba entregada.
Por eso concibe al Mesías primero en su mente y corazón por la fe, y luego en su cuerpo virginal, asintiendo al mensaje del Ángel.
Por último, los Esenios eran una comunidad monástica judía muy observante y santa, dedicada a la lectura de las Escrituras y a la oración en el desierto, y esperaban la llegada del Mesías. Se estima que en esta comunidad, cercana al Mar Muerto, haya podido estar Juan el Bautista, el primo de Jesús, que lo anunció, preparó su venida y lo bautizó.
(Acordarse de lo que dice Jesús del camino angosto y de la puerta estrecha en el Evangelio).
El nombre.
La Palabra Biblia viene del griego, Biblos, ciudad donde se hacían los papiros en Grecia para la escritura. Significa los libros, y es una pequeña biblioteca, compuesta, para el cristiano católico, por 46 libros del Antiguo Testamento, y 27 libros del Nuevo. Algunas ediciones traen 47 libros en el AT, porque separan el capítulo 6 de Baruc, secretario del profeta Jeremías, y lo colocan como carta de Jeremías.
Los libros bíblicos comenzaron a escribirse alrededor del siglo X a.C., en la corte del Rey Salomón, donde había lugar para el ocio (el otium griego), la lectura y la escritura. En la corte del hijo del Rey David comienza, por lo tanto, también la actividad literaria.
Los lugares principales de los hechos bíblicos, son principalmente la Antigua Mesopotamia, hoy compuesta por Siria, Irak e Irán, la actual Israel, la Península Arábiga y Egipto, para los hechos del Antiguo Testamento.
Para los hechos del Nuevo Testamento, se agregan los territorios conquistados por el griego Alejandro Magno, y en tiempos de Jesús ocupados por el Imperio Romano, que abarcan prácticamente la actual Europa, el norte de África y las Islas Británicas.
En el imperio, por lo tanto, se hablaba la lengua griega, impuesta por Alejandro, que en 10 años, entre el 333 y el 323 a.C., realizó sus conquistas, comenzando cuando sólo tenía 23 años. Existía el griego culto y el griego popular. Éste último se utilizaba cotidianamente en el imperio, y su nombre era koiné.
Cánones de la Biblia.
Los judíos tenían dos cánones o conjunto de libros del AT:
Un canon corto, el de Palestina, escrito en hebreo, con 39 libros.
Un canon largo, el de Alejandría, escrito en griego, con 46 libros. Éste era utilizado por los judíos que vivían diseminados por el Imperio, fuera de Israel, y que ya no hablaban el hebreo.
Los siete libros que se agregan al canon corto se llaman deuterocanónicos (nuevos en el canon), y son: Judit, Tobías, I y II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc. Y algunos trozos de Daniel y Esther. La versión griega se llama también de los Setenta, porque se le atribuye a 70 sabios que la tradujeron al griego alrededor del siglo II a.C.. Los cristianos utilizaron enseguida esta traducción, ya que, extendidos por todo el imperio, hablaban la koiné. Y el NT cita esta versión griega.
Para diferenciarse de los cristianos, los judíos, recién en el siglo II dC, adoptaron el canon corto de 39 libros.
Los hermanos separados de occidente, inspirados por Martín Lutero, también se remitieron, desde el s. XVI, al canon corto de Palestina, agregando a él los 27 libros del NT, por lo que su versión de la Biblia es de 66 libros, traducida por los egregios biblistas Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, versión que, con leves modificaciones, conservan hasta el día de hoy. Se caracteriza porque no tiene introducciones ni notas, pero sí abundantes concordancias bíblicas.
En ausencia de Biblia católica, éstos fieles pueden, con toda tranquilidad, usar esta versión, ya que no traiciona los textos originales. Lo único es que no van a contar con los 7 libros Deuterocanónicos.
En el siglo IV, en el Imperio ya no se hablaba más el griego clásico ni el popular. La lengua era el latín. Latín culto en las cortes, latín popular en el pueblo. La Iglesia adopta el latín popular como su lengua, hasta el día de hoy. El Papa Dámaso, por lo tanto, en el s. IV, pide a San Jerónimo, el más grande lingüista y hebraísta de su tiempo, y el más grande biblista de todos los tiempos, que traduzca la Biblia al Latín. Compone entonces el tercer canon, llamado la Vulgata, por traducir los libros del hebreo original al latín vulgar (que hablaba el vulgo) de su tiempo.
La Iglesia continúa manteniendo la pronunciación del latín vulgar en la edición típica de sus documentos y en el Canto Gregoriano, sencillo y simple, que vino a reemplazar las pomposas Misas de los clásicos (Mozart, Bach, Beethoven), que colocaban la atención de la gente en su magnificencia más que en el misterio que se celebraba.
Las Biblias católicas son fácilmente reconocibles por sus notas e introducciones. Además poseen el nombre del Censor eclesiástico que revisó la traducción con elNihil Obstat, y el Imprimatur del Obispo que autoriza su publicación.
La más adecuada actualmente a la idiosincrasia y comprensión argentina, es El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia, traducida por los biblistas platenses Levoratti y Trusso, y revisada por el exégeta porteño Luis H. Rivas, profesor actual de Biblia en la UCA.
Es la usada en los nuevos leccionarios litúrgicos para la Misa.
1.2 Otras cuestiones bíblicas .
Ediciones ecuménicas.
Siguiendo el pedido del Concilio Vaticano II en el documento Dei Verbum (sobre la Palabra de Dios), hay ediciones ecuménicas de la Biblia, realizadas por exégetas católicos y evangélicos. La edición más común es La Biblia de Estudio. Dios habla hoy, editada por las Sociedades Bíblica Unidas, y que es vista con agrado por el Consejo Mundial de Iglesias Evangélicas y por la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM).
La versión conjunta del Nuevo Testamento se llama Dios llega al hombre.
La Biblia de estudio tiene abundantes notas, introducciones, mapas, cuadros, textos paralelos y concordancias. Viene con o sin los libros deuterocanónicos.
Complementos de ayuda bíblica.
Hay libros con los textos del día y pequeños o grandes comentarios exegéticos y/o espirituales. Los más conocidos en Argentina son los de los p. Rivas y Gergolet, para los días domingos, fiestas y solemnidades. También hay comentarios feriales, para todos los días del año.
Recordemos que la Iglesia católica, igual que la evangélica metodista, divide la lectura bíblica en los Ciclos Dominical y Ferial o diario.
A su vez. El ciclo dominical se divide en 3: Años A, B y C. En tres años, los domingos, se leen las partes más significativas de la Biblia.
El leccionario feria o cotidiano, va de lunes a sábado, y se divide en par e impar: En dos años, se leen, en los días de semana, las partes más significativas de la Biblia.
En las librerías cristianas, hay mapas y Atlas geográficos e históricos que son de gran ayuda para el estudio bíblico.
También existen Sinopsis de los tres primeros evangelios, ya que pueden leerse en columnas paralelas los textos que concuerdan entre sí por poseer fuentes comunes (sin-opsis: del latín, ver de un vistazo, de un solo golpe de vista).
Libros apócrifos.
Son libros del tiempo y estilo bíblicos, pero que no entraron en el canon, en la lista de libros inspirados.
Son importantes por su valor histórico y literario, y algunos hechos de la tradición cristiana se refieren a ellos.
Los más significativos del NT son los Evangelios a los Ebionitas, el de los Egipcios, el de los Hebreos, el de Tomás, el de Pedro, el Protoevangelio de Santiago y los Hechos de Pilato.
Como Apocalipsis apócrifos, tenemos los de Adán y Eva, el de Enoc, el de Moisés, el de Esdras.
Nombres:
Como vemos, tanto en los apócrifos como en los inspirados, se utilizaba la PSEUDONIMIA:
Colocar un seudónimo, un nombre de alguien conocido e importante al libro, para darle mayor fuerza y trascendencia.
Era un procedimiento muy utilizado en esos tiempos, y no denotaba falta de honestidad, como sería en la actualidad.
Concordancias, textos paralelos, notas, introducciones.
Las concordancias son textos que concuerdan entre sí.
Un texto más claro aclara otro más oscuro que se relaciona de alguna manera con él, y que puede estar en el mismo o en otro texto bíblico, ya sea del Antiguo o del Nuevo Testamento.
Los textos paralelos son idénticos por poseer la misma fuente y transmitirlas de la misma manera.
Las notas a pie de página aclaran los textos, pero no son inspiradas como el texto bíblico.
Tampoco son inspirados los títulos y subtítulos, ni las introducciones, concordancias y textos paralelos.
Todo esto ha sido colocado por los exegetas (especialistas de la Biblia) para facilitar su estudio y comprensión.
Lo mismo se puede decir de los capítulos y versículos, que fueron colocados recién en el siglo XVI, para facilitar la búsqueda y estudio de los textos, ya que habían sido escritos de corrido, sin títulos, subtítulos, capítulos ni versículos. Sólo el nombre bajo el cual figuraba el libro.
Tampoco, estas notas, son del Magisterio de la Iglesia, aunque deben estar de acuerdo con él para ser aprobados.
Divisiones.
La Biblia se divide en dos grandes bloques:
El Antiguo y el Nuevo Testamento.
Éstos, a su vez, en 4 partes cada uno: El AT contiene el Pentateuco, los libros históricos, los proféticos (4 mayores y 12 menores) y los sapienciales.
El NT contiene los Evangelios, los Hechos, las Cartas y el Apocalipsis.
Esperemos que algunos de estos elementos nos ayuden a acercarnos al libro más leído en la historia de la humanidad, y del que se conservan los manuscritos más cercanos al original.
1.3 Sobre la ascendencia davídica de Jesús, los pobres de Yahvéh y los Esenios
El Mesías debía descender de la tribu de Judá, uno de los doce hijos de Jacob o Israel.
David era descendiente de esta tribu, por lo que en la época de Jesús se esperaba como Mesías a un descendiente de David.
José era descendiente de David, y por lo tanto el que le comunica a Jesús la ascendencia mesiánica, ya que a través del padre se comunicaba el linaje.
Con referencia a los "Anawin": En hebreo esta palabra quiera decir los "pobres de Yahvéh", los que esperan todo de Dios y sólo en Él, aún poniendo todo lo posible de su parte.
Es también llamado el "resto fiel", o el "pequeño resto", que iba a recibir al Mesías Salvador.
Entre estos pobres del Señor, descollaba María, quien despojada de sí, lo esperaba todo de Dios y a Él estaba entregada.
Por eso concibe al Mesías primero en su mente y corazón por la fe, y luego en su cuerpo virginal, asintiendo al mensaje del Ángel.
Por último, los Esenios eran una comunidad monástica judía muy observante y santa, dedicada a la lectura de las Escrituras y a la oración en el desierto, y esperaban la llegada del Mesías. Se estima que en esta comunidad, cercana al Mar Muerto, haya podido estar Juan el Bautista, el primo de Jesús, que lo anunció, preparó su venida y lo bautizó.
(Acordarse de lo que dice Jesús del camino angosto y de la puerta estrecha en el Evangelio).


