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El Vassula-centrismo de los mensajes
(2d) En este ámbito, la vidente ocupa un puesto central. En una Iglesia débil o, de cualquier modo debilitada, casi a la deriva, con un Papa desorientado, aislado, neutralizado e incapaz de gobernar, los mensajes contraponen una Vassula Rydén fuerte y protagonista.
1. Le son conferidos poderes extraordinarios: «Cada acción será cumplida por Mí a través de ella. Hablaré a través de ella, y actuaré a través de ella» (10-11-87); «Cuando yo expongo tu alma al Purgatorio, muchas almas se curan. Yo te he enseñado a amarme, tu amor por Mí las sana. Utilizo tu amor como remedio para sanarlas. Sánalas, Vassula, sánalas. Tu llevas Mi Cruz Conmigo» (10-2-87).
2. Es investida de una misión también extraordinaria y única, de importancia vital para la Iglesia y para el mundo; viene promovida al rango de los apóstoles, casi heredando su sucesión: «Pescadora de hombres, extiende Mi red de Paz y de Amor dondequiera en el mundo. [ ] Cuando Yo estaba sobre la tierra, he enseñado a un pequeño grupo de hombres a convertirse en pescadores de hombres. Los he dejado en el mundo para que difundieran Mi Palabra a toda la humanidad. Yo, el Señor Jesús, te instruiré y te mostraré como este trabajo ha sido llevado a cabo» (26-4-87). Ella es también sacerdotisa: «Sacerdote mío, porque tu eres Mi sacerdote, tu caminarás conmigo, Yo no te abandonaré jamás» (17-3-87).
3. Tanto su actitud como sus palabras consolidan una cierta posición de superioridad frente a la Iglesia y a las autoridades eclesiales: «Mi Vassula, evidentemente, tú no perteneces a ellos, tú me perteneces a Mí. Yo soy tu Creador y tu Padre Santo, tú dependes de Mi Autoridad. [ ] Dile a Mi Santa Sede que soy Yo que te envío a ellos. Escúchame, si te preguntan a cual comunidad tú perteneces, tú les dirás que me perteneces a Mí y que estás bajo Mi Autoridad» (27-10-87). Además: «¡Álzate, hija Mía! La Iglesia necesita de ti» (29-3-88) (es la Iglesia la que necesita de ella y no lo contrario). Y todavía: «Vassula, embellece a Mi Iglesia. [ ] Camina Conmigo. Ecclesia revivirá y en la Casa de tu Padre tú los reunirás y los bendecirás» (3-3-88). Ella es la conciencia profética de las Iglesias de las cuales denuncia los horrores y los errores, hasta es el eje alrededor del cual se llevará a cabo la unificación de las Iglesias (sobretodo de las Iglesias católica y greco-ortodoxa): «Vassula, ¿Por amor a Mí unirás a Mi Iglesia?» (3-7-87).
Y ¿Cuál es el signo de credibilidad, cuál sello de garantía ofrece Jesús para autenticar la misión de su mensajera? Nada más y nada menos que la mensajera misma: «Vassula, muchos Me pedirán una señal que pruebe que este mensaje viene de Mí, pero la señal que daré serás tú» (30-1-87); «Todo aquello que les daré a ellos serás tú misma, Niña mía» (1-9-87).
No queda más que atenerse a ello. Pero es verdaderamente insuficiente para que ella se pueda permitir interpelar a sus adversarios a la manera de Jesucristo.
4. Aún más sintomática de esta posición de superioridad es la reciente carta (agosto 2007), escrita en respuesta a la del Cardenal Levada en la cual, entre otras cosas, Vassula Rydén pregunta astutamente como se pueda disuadir a los fieles de participar de grupos de oración, algo (dice ella) «francamente contrario a la voluntad de Dios». En realidad, es obvio que el cardenal Levada no tiene nada en contra de la oración en si misma, sino que se refiere a la participación a los «grupos de oración organizados por la misma señora Rydén», en los cuales los escritos de la seudo-vidente son el punto de referencia constante.
Pero la parte más interesante es la siguiente: «En la nueva conclusión de la carta del Cardenal Levada, él rechaza con ella el estudio y el diálogo que el entonces Cardenal Ratzinger (ahora Papa), y el Cardenal Bertone (ahora Secretario de Estado) han tenido conmigo durante un período de dos años y medio, durante los cuales muchos inspectores, teólogos, obispos y cardenales, fueron llamados a dar su opinión final y que, como todos saben, fue positiva. [ ] Entonces, queridos amigos, los dejo a ustedes decidir: pueden seguir el resultado positivo después del diálogo que tuve con el entonces Cardenal Ratzinger que les dio la libertad de continuar a leer TLIG [sigla en inglés de la Verdadera Vida en Dios] y de evangelizar con amor por amor, reconduciendo el pueblo de Dios a su Iglesia y a la unión al interior de la Iglesia, o Uds. pueden seguir las disposiciones de la carta firmada del Cardenal Levada que no dice ni sí ni no y, en la mejor de las hipótesis, crea confusión».
Esta carta de Vassula denota una vez más una profunda ignorancia del funcionamiento de la Iglesia, como si el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe pudiera haber escrito aquello que ha escrito sin el consentimiento del Sumo Pontífice; da la impresión de volver atrás doce años, cuando muchos dudaron que la Notificación publicada en el Osservatore Romano con todos los sellos de la oficialidad pudiera haber sido escrita sin el consentimiento del Prefecto de entonces, el cardenal Ratzinger. En el fondo se trata de hacer creer que las personas a la cabeza de la Iglesia están divididas: el Papa, el Secretario de Estado, el Prefecto de la Congregación y los obispos parecen ir cada uno por su lado.
La respuesta de Vassula Rydén, que no tiene nada que ver con la precipitación y la impulsividad ya que ella sucede algunos meses después de la carta del Cardenal Levada, es de una innegable gravedad y traiciona el espíritu que se esconde detrás del fenómeno. Apelando a su propia autoridad y ascendiente, pone a sus adeptos al pie del muro, o a seguir las disposiciones precedentes que ella juzga arbitrariamente como una suerte de medio-reconocimiento, o seguir la carta del Cardenal Levada «que no dice ni sí ni no» (pero que en realidad dice no, precisamos nosotros). Actuando en este modo, la vidente ha comprometido seria o definitivamente sus relaciones con la Congregación la cual, en la Iglesia católica, goza de una autoridad superior a aquella de cualquier vidente o carismático.
1. Le son conferidos poderes extraordinarios: «Cada acción será cumplida por Mí a través de ella. Hablaré a través de ella, y actuaré a través de ella» (10-11-87); «Cuando yo expongo tu alma al Purgatorio, muchas almas se curan. Yo te he enseñado a amarme, tu amor por Mí las sana. Utilizo tu amor como remedio para sanarlas. Sánalas, Vassula, sánalas. Tu llevas Mi Cruz Conmigo» (10-2-87).
2. Es investida de una misión también extraordinaria y única, de importancia vital para la Iglesia y para el mundo; viene promovida al rango de los apóstoles, casi heredando su sucesión: «Pescadora de hombres, extiende Mi red de Paz y de Amor dondequiera en el mundo. [ ] Cuando Yo estaba sobre la tierra, he enseñado a un pequeño grupo de hombres a convertirse en pescadores de hombres. Los he dejado en el mundo para que difundieran Mi Palabra a toda la humanidad. Yo, el Señor Jesús, te instruiré y te mostraré como este trabajo ha sido llevado a cabo» (26-4-87). Ella es también sacerdotisa: «Sacerdote mío, porque tu eres Mi sacerdote, tu caminarás conmigo, Yo no te abandonaré jamás» (17-3-87).
3. Tanto su actitud como sus palabras consolidan una cierta posición de superioridad frente a la Iglesia y a las autoridades eclesiales: «Mi Vassula, evidentemente, tú no perteneces a ellos, tú me perteneces a Mí. Yo soy tu Creador y tu Padre Santo, tú dependes de Mi Autoridad. [ ] Dile a Mi Santa Sede que soy Yo que te envío a ellos. Escúchame, si te preguntan a cual comunidad tú perteneces, tú les dirás que me perteneces a Mí y que estás bajo Mi Autoridad» (27-10-87). Además: «¡Álzate, hija Mía! La Iglesia necesita de ti» (29-3-88) (es la Iglesia la que necesita de ella y no lo contrario). Y todavía: «Vassula, embellece a Mi Iglesia. [ ] Camina Conmigo. Ecclesia revivirá y en la Casa de tu Padre tú los reunirás y los bendecirás» (3-3-88). Ella es la conciencia profética de las Iglesias de las cuales denuncia los horrores y los errores, hasta es el eje alrededor del cual se llevará a cabo la unificación de las Iglesias (sobretodo de las Iglesias católica y greco-ortodoxa): «Vassula, ¿Por amor a Mí unirás a Mi Iglesia?» (3-7-87).
Y ¿Cuál es el signo de credibilidad, cuál sello de garantía ofrece Jesús para autenticar la misión de su mensajera? Nada más y nada menos que la mensajera misma: «Vassula, muchos Me pedirán una señal que pruebe que este mensaje viene de Mí, pero la señal que daré serás tú» (30-1-87); «Todo aquello que les daré a ellos serás tú misma, Niña mía» (1-9-87).
No queda más que atenerse a ello. Pero es verdaderamente insuficiente para que ella se pueda permitir interpelar a sus adversarios a la manera de Jesucristo.
4. Aún más sintomática de esta posición de superioridad es la reciente carta (agosto 2007), escrita en respuesta a la del Cardenal Levada en la cual, entre otras cosas, Vassula Rydén pregunta astutamente como se pueda disuadir a los fieles de participar de grupos de oración, algo (dice ella) «francamente contrario a la voluntad de Dios». En realidad, es obvio que el cardenal Levada no tiene nada en contra de la oración en si misma, sino que se refiere a la participación a los «grupos de oración organizados por la misma señora Rydén», en los cuales los escritos de la seudo-vidente son el punto de referencia constante.
Pero la parte más interesante es la siguiente: «En la nueva conclusión de la carta del Cardenal Levada, él rechaza con ella el estudio y el diálogo que el entonces Cardenal Ratzinger (ahora Papa), y el Cardenal Bertone (ahora Secretario de Estado) han tenido conmigo durante un período de dos años y medio, durante los cuales muchos inspectores, teólogos, obispos y cardenales, fueron llamados a dar su opinión final y que, como todos saben, fue positiva. [ ] Entonces, queridos amigos, los dejo a ustedes decidir: pueden seguir el resultado positivo después del diálogo que tuve con el entonces Cardenal Ratzinger que les dio la libertad de continuar a leer TLIG [sigla en inglés de la Verdadera Vida en Dios] y de evangelizar con amor por amor, reconduciendo el pueblo de Dios a su Iglesia y a la unión al interior de la Iglesia, o Uds. pueden seguir las disposiciones de la carta firmada del Cardenal Levada que no dice ni sí ni no y, en la mejor de las hipótesis, crea confusión».
Esta carta de Vassula denota una vez más una profunda ignorancia del funcionamiento de la Iglesia, como si el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe pudiera haber escrito aquello que ha escrito sin el consentimiento del Sumo Pontífice; da la impresión de volver atrás doce años, cuando muchos dudaron que la Notificación publicada en el Osservatore Romano con todos los sellos de la oficialidad pudiera haber sido escrita sin el consentimiento del Prefecto de entonces, el cardenal Ratzinger. En el fondo se trata de hacer creer que las personas a la cabeza de la Iglesia están divididas: el Papa, el Secretario de Estado, el Prefecto de la Congregación y los obispos parecen ir cada uno por su lado.
La respuesta de Vassula Rydén, que no tiene nada que ver con la precipitación y la impulsividad ya que ella sucede algunos meses después de la carta del Cardenal Levada, es de una innegable gravedad y traiciona el espíritu que se esconde detrás del fenómeno. Apelando a su propia autoridad y ascendiente, pone a sus adeptos al pie del muro, o a seguir las disposiciones precedentes que ella juzga arbitrariamente como una suerte de medio-reconocimiento, o seguir la carta del Cardenal Levada «que no dice ni sí ni no» (pero que en realidad dice no, precisamos nosotros). Actuando en este modo, la vidente ha comprometido seria o definitivamente sus relaciones con la Congregación la cual, en la Iglesia católica, goza de una autoridad superior a aquella de cualquier vidente o carismático.


