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Prólogo a la segunda edición
Teologías deicidas tiene un objeto doble.
1) El pensamiento de Juan Luis Segundo es el objeto próximo y material.
2) El contexto ideológico en que se inscribe y del que es representativo es el objeto formal y por eso el principal.
Su método es proceder desde el efecto a sus causas y desde el hecho a los principios.
El padre jesuita norteamericano Vincent Capuano, misionero en Argentina, percibió y expresó en estos términos el doble objeto de esta obra y la importancia subordinada del primero al segundo, en una reseña destinada a una revista norteamericana: El trabajo de Bojorge es interesante porque pone en su contexto amplio al pensamiento de Segundo y muestra su genealogía y que procede en su mayor parte de raíces europeas. [...] es útil especialmente para quienes se inician en el estudio de la teología, porque tomando como ejemplo a Juan Luis Segundo muestra a dónde conducen las diversas tendencias teológicas. Este libro podría ser especialmente útil para los estudiantes de teología norteamericanos, porque la tendencia general en las Academias teológicas norteamericanas es servir una mesa abundantísima de ideas teológicas pero sin ninguna clase de orientación acerca de en qué consiste una dieta saludable al consumirlas. Gracias, Padre Vincent Capuano. Ésa es también la tendencia de las Academias teológicas entre nosotros.
Han transcurrido apenas quince años desde la muerte de Juan Luis Segundo en el año 1996, y catorce años desde que escribí Teologías deicidas; once desde la primera edición en el año 2000; ocho desde que esa primera edición, de 1.500 ejemplares, se agotó en tres años, en 2003.
Entre tanto el pensamiento y las obras de Juan Luis Segundo han entrado en el cono de sombras de la historia. Por el contrario, el contexto ideológico que es el marco causal de ese pensamiento, no solamente sigue vigente sino que se exacerba y se desborda en forma paroxística. De ese contexto que como se ve existe independientemente de sus circunstanciales divulgadores, se ocupa principalmente Teologías deicidas. Esto no solamente justifica plenamente su reedición, sino que la hace de algún modo necesaria.
El entonces Padre General de la Compañía de Jesús Peter Hans Kolvenbach me había animado en carta de 1997 a la publicación de la obra. En esa carta para mi sorpresa, pero también para mi enseñanza, el P. General vinculó, espontánea y perspicazmente, el pensamiento de Juan Luis Segundo con el fenómeno más amplio de la acedia, de la que yo me había comenzado a ocupar en el libro En mi sed me dieron vinagre.
El P. General percibió que el fenómeno de la acedia teológica trascendía a Juan Luis Segundo y era el marco espiritual en el que se inscribía su pensamiento. «Sería oportuno me escribió que usted publicara su evaluación de la obra del P. Segundo, participando así en el diálogo teológico y contribuyendo a la formación de la mentalidad de los cristianos y, en particular, de los miembros de la Compañía. Sería quizás una aplicación particular de los análisis que hace en su obra En mi sed me dieron vinagre: la civilización de la acedia, que acabo de recibir».
El motivo de esta reedición no es otro que persistir en lograr los mismos cinco fines que le señaló el P. General P. H. Kolvenbach a la primera:
1) participar en el diálogo teológico,
2) la confrontación intelectual con el contexto ideológico todavía vigente,
3) la contribución a la formación de la mentalidad de los cristianos y, 4) en particular, de los miembros de la Compañía, y
5) la aplicación a casos particulares de la enseñanza sobre la civilización de la acedía.
Que esto se lleve a cabo a partir del ejemplo particular de la obra de Juan Luis Segundo es algo contingente.
El demonio de la acedia sigue activo en el mundo del pensamiento y la academia católicos. El contexto intelectual resultante, filosófico y teológico, es uno de sus efectos principales. A pesar de lo cual el demonio de la acedia sigue siendo un factor mayormente ignorado por los agentes de la evangelización y de la pastoral.
Sin embargo, Jesucristo envió a predicar con poder para expulsar demonios (Marcos 6,7.13). Por lo que el envío evangelizador debería ir infaltablemente acompañado con la colación del poder exorcístico que confiere el hecho de conocer el nombre de los demonios. Mientras se desconozca por ejemplo el nombre y la naturaleza espiritual acédica del mesianismo ideológico imperante, no habrá modo de dominarlo. Esa ignorancia explica cómo pudo y sigue pudiendo someter a tantos enviados sin ni siquiera ser sentido.
El examen adecuado de la ideología ha dicho el filósofo argentino Mario Enrique Sacchi con perspicacia de maestro y de profeta no suele ser debidamente enfocado en las obras de ciencia política, sino en aquellas otras que la estudian a la luz de la teología sagrada. En efecto, por más que a veces los ideólogos desprecien o ataquen a la religión y a la sagrada teología con saña inocultable, la ideología es producto de un pensamiento formalmente religioso [...] que de antemano contiene una posición determinada de la esencia y del fin último del ente humano y de sus relaciones con el primer principio de todas las cosas. Es por ello que, junto a su fobia antiteológica la ideología [...] conlleva un pensamiento religioso (El mesianismo ideológico, Ed. UCALP, La Plata 2010, p. 7).
Cuando estos demonios apenas comenzaban a vocear sus slogans ideológicos, Fiodor Dostoiewski percibió su naturaleza y los retrató en su obra Demonios (1871).
El P. Kolvenbach percibió también que detrás de ese pensamiento ideológico-religioso estaba activo el espíritu de la acedia, cuya naturaleza religioso-demoníaca enseñan la Sagrada Escritura y los Santos Padres, de los que el Padre Kolvenbach es gran conocedor.
Muchos lectores de Teologías deicidas que ni conocían a Juan Luis Segundo ni habían leído sus obras encontraron en las páginas de este libro, reflejado como en un espejo, el rostro perfectamente reconocible de la gnosis modernista y de su cortejo de errores, con el que ellos tienen que convivir. Los efectos permiten conocer las causas.
Ofrezco Teologías deicidas en segunda edición con algunas actualizaciones bibliográficas y el retoque de algunas notas a esos lectores que buscan la verdad en medio de las turbulencias ideológicas ambientales. Espero que les ayude a reconocer su verdadera entidad de religión anónima, de espíritu de acedia y de culto del príncipe de este mundo.
El Beato Juan Pablo II nos señaló el rumbo apostólico para este tiempo en la Tertio Millenio Adveniente: «Dos compromisos serán ineludibles especialmente durante el tercer año preparatorio: la confrontación con el secularismo y el diálogo con las grandes religiones» (n. 52).
Pueda Teologías deicidas seguir ayudando a quienes quieran confrontarse con el secularismo, que corroe las entrañas sobrenaturales del pueblo católico.
Montevideo, 1o de julio de 2011.
Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, a Quien consigno y consagro esta segunda edición de Teologías deicidas.
Horacio Bojorge S.J.
1) El pensamiento de Juan Luis Segundo es el objeto próximo y material.
2) El contexto ideológico en que se inscribe y del que es representativo es el objeto formal y por eso el principal.
Su método es proceder desde el efecto a sus causas y desde el hecho a los principios.
El padre jesuita norteamericano Vincent Capuano, misionero en Argentina, percibió y expresó en estos términos el doble objeto de esta obra y la importancia subordinada del primero al segundo, en una reseña destinada a una revista norteamericana: El trabajo de Bojorge es interesante porque pone en su contexto amplio al pensamiento de Segundo y muestra su genealogía y que procede en su mayor parte de raíces europeas. [...] es útil especialmente para quienes se inician en el estudio de la teología, porque tomando como ejemplo a Juan Luis Segundo muestra a dónde conducen las diversas tendencias teológicas. Este libro podría ser especialmente útil para los estudiantes de teología norteamericanos, porque la tendencia general en las Academias teológicas norteamericanas es servir una mesa abundantísima de ideas teológicas pero sin ninguna clase de orientación acerca de en qué consiste una dieta saludable al consumirlas. Gracias, Padre Vincent Capuano. Ésa es también la tendencia de las Academias teológicas entre nosotros.
Han transcurrido apenas quince años desde la muerte de Juan Luis Segundo en el año 1996, y catorce años desde que escribí Teologías deicidas; once desde la primera edición en el año 2000; ocho desde que esa primera edición, de 1.500 ejemplares, se agotó en tres años, en 2003.
Entre tanto el pensamiento y las obras de Juan Luis Segundo han entrado en el cono de sombras de la historia. Por el contrario, el contexto ideológico que es el marco causal de ese pensamiento, no solamente sigue vigente sino que se exacerba y se desborda en forma paroxística. De ese contexto que como se ve existe independientemente de sus circunstanciales divulgadores, se ocupa principalmente Teologías deicidas. Esto no solamente justifica plenamente su reedición, sino que la hace de algún modo necesaria.
El entonces Padre General de la Compañía de Jesús Peter Hans Kolvenbach me había animado en carta de 1997 a la publicación de la obra. En esa carta para mi sorpresa, pero también para mi enseñanza, el P. General vinculó, espontánea y perspicazmente, el pensamiento de Juan Luis Segundo con el fenómeno más amplio de la acedia, de la que yo me había comenzado a ocupar en el libro En mi sed me dieron vinagre.
El P. General percibió que el fenómeno de la acedia teológica trascendía a Juan Luis Segundo y era el marco espiritual en el que se inscribía su pensamiento. «Sería oportuno me escribió que usted publicara su evaluación de la obra del P. Segundo, participando así en el diálogo teológico y contribuyendo a la formación de la mentalidad de los cristianos y, en particular, de los miembros de la Compañía. Sería quizás una aplicación particular de los análisis que hace en su obra En mi sed me dieron vinagre: la civilización de la acedia, que acabo de recibir».
El motivo de esta reedición no es otro que persistir en lograr los mismos cinco fines que le señaló el P. General P. H. Kolvenbach a la primera:
1) participar en el diálogo teológico,
2) la confrontación intelectual con el contexto ideológico todavía vigente,
3) la contribución a la formación de la mentalidad de los cristianos y, 4) en particular, de los miembros de la Compañía, y
5) la aplicación a casos particulares de la enseñanza sobre la civilización de la acedía.
Que esto se lleve a cabo a partir del ejemplo particular de la obra de Juan Luis Segundo es algo contingente.
El demonio de la acedia sigue activo en el mundo del pensamiento y la academia católicos. El contexto intelectual resultante, filosófico y teológico, es uno de sus efectos principales. A pesar de lo cual el demonio de la acedia sigue siendo un factor mayormente ignorado por los agentes de la evangelización y de la pastoral.
Sin embargo, Jesucristo envió a predicar con poder para expulsar demonios (Marcos 6,7.13). Por lo que el envío evangelizador debería ir infaltablemente acompañado con la colación del poder exorcístico que confiere el hecho de conocer el nombre de los demonios. Mientras se desconozca por ejemplo el nombre y la naturaleza espiritual acédica del mesianismo ideológico imperante, no habrá modo de dominarlo. Esa ignorancia explica cómo pudo y sigue pudiendo someter a tantos enviados sin ni siquiera ser sentido.
El examen adecuado de la ideología ha dicho el filósofo argentino Mario Enrique Sacchi con perspicacia de maestro y de profeta no suele ser debidamente enfocado en las obras de ciencia política, sino en aquellas otras que la estudian a la luz de la teología sagrada. En efecto, por más que a veces los ideólogos desprecien o ataquen a la religión y a la sagrada teología con saña inocultable, la ideología es producto de un pensamiento formalmente religioso [...] que de antemano contiene una posición determinada de la esencia y del fin último del ente humano y de sus relaciones con el primer principio de todas las cosas. Es por ello que, junto a su fobia antiteológica la ideología [...] conlleva un pensamiento religioso (El mesianismo ideológico, Ed. UCALP, La Plata 2010, p. 7).
Cuando estos demonios apenas comenzaban a vocear sus slogans ideológicos, Fiodor Dostoiewski percibió su naturaleza y los retrató en su obra Demonios (1871).
El P. Kolvenbach percibió también que detrás de ese pensamiento ideológico-religioso estaba activo el espíritu de la acedia, cuya naturaleza religioso-demoníaca enseñan la Sagrada Escritura y los Santos Padres, de los que el Padre Kolvenbach es gran conocedor.
Muchos lectores de Teologías deicidas que ni conocían a Juan Luis Segundo ni habían leído sus obras encontraron en las páginas de este libro, reflejado como en un espejo, el rostro perfectamente reconocible de la gnosis modernista y de su cortejo de errores, con el que ellos tienen que convivir. Los efectos permiten conocer las causas.
Ofrezco Teologías deicidas en segunda edición con algunas actualizaciones bibliográficas y el retoque de algunas notas a esos lectores que buscan la verdad en medio de las turbulencias ideológicas ambientales. Espero que les ayude a reconocer su verdadera entidad de religión anónima, de espíritu de acedia y de culto del príncipe de este mundo.
El Beato Juan Pablo II nos señaló el rumbo apostólico para este tiempo en la Tertio Millenio Adveniente: «Dos compromisos serán ineludibles especialmente durante el tercer año preparatorio: la confrontación con el secularismo y el diálogo con las grandes religiones» (n. 52).
Pueda Teologías deicidas seguir ayudando a quienes quieran confrontarse con el secularismo, que corroe las entrañas sobrenaturales del pueblo católico.
Montevideo, 1o de julio de 2011.
Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, a Quien consigno y consagro esta segunda edición de Teologías deicidas.
Horacio Bojorge S.J.


