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De los lugares sagrados
Título I De los lugares sagrados
C1205 Son lugares sagrados aquellos que se destinan al culto divino o a la sepultura de los fieles mediante la dedicación o bendición prescrita por los libros litúrgicos.
C1206 La dedicación de un lugar corresponde al Obispo diocesano y a aquellos que se le equiparan por el derecho; tales personas pueden encomendar a cualquier Obispo o, en casos excepcionales, a un presbítero el encargo de realizar esa dedicación en su territorio.
C1207 Los lugares sagrados son bendecidos por el Ordinario; sin embargo, la bendición de las iglesias se reserva al Obispo diocesano; pero ambos pueden delegar en un presbítero.
C1208 Se ha de levantar acta de la dedicación o bendición de una iglesia, y asimismo de la bendición de un cementerio; se guardará un ejemplar en la curia diocesana, y otro en el archivo de la iglesia.
C1209 La dedicación o bendición de un lugar, con tal de que no perjudique a nadie, se prueba suficientemente por un solo testigo libre de toda sospecha.
C1210 En un lugar sagrado sólo puede admitirse aquello que favorece el ejercicio y el fomento del culto, de la piedad y de la religión, y se prohíbe lo que no esté en consonancia con la santidad del lugar.
Sin embargo, el Ordinario puede permitir, en casos concretos, otros usos, siempre que no sean contrarios a la santidad del lugar.
C1211 Los lugares sagrados quedan violados cuando, con escándalo de los fieles, se cometen en ellos actos gravemente injuriosos que, a juicio del Ordinario del lugar, revisten tal gravedad y son tan contrarios a la santidad del lugar, que en ellos no se puede ejercer el culto hasta que se repare la injuria por el rito penitencial a tenor de los libros litúrgicos.
C1212 Los lugares sagrados pierden su dedicación o bendición si resultan destruidos en gran parte, o si son reducidos permanentemente a usos profanos por decreto del Ordinario o de hecho.
C1213 La autoridad eclesiástica ejerce libremente sus poderes y funciones en los lugares sagrados.
Capítulo I De las iglesias
C1214 Por iglesia se entiende un edificio sagrado destinado al culto divino, al que los fieles tienen derecho a entrar para la celebración, sobre todo pública, del culto divino.
C1215 P1 No puede edificarse una iglesia sin el consentimiento expreso del Obispo diocesano, dado por escrito.
P2 El Obispo diocesano no debe dar el consentimiento a no ser que, oído el consejo presbiteral y los rectores de las iglesias vecinas, juzgue que la nueva iglesia puede servir para el bien de las almas y que no faltarán los medios necesarios para edificarla y para sostener en ella el culto divino.
P3 También los institutos religiosos deben obtener licencia del Obispo diocesano antes de edificar una iglesia en un lugar fijo y determinado, aun cuando ya tuvieran su consentimiento para establecer una nueva casa en la diócesis o ciudad.
C1216 En la edificación y reparación de iglesias, teniendo en cuenta el consejo de los peritos, deben observarse los principios y normas de la liturgia y del arte sagrado.
C1217 P1 Concluida la construcción en la forma debida, la neuva iglesia debe dedicarse o al menos bendecirse cuanto antes, según las leyes litúrgicas.
P2 Dedíquense con rito solemne las iglesias, sobre todo las catedrales y parroquiales.
C1218 Cada iglesia ha de tener su propio título, que no puede cambiarse una vez hecha la dedicación.
C1219 En la iglesia legítimamente dedicada o bendecida pueden realizarse todos los actos del culto divino, sin perjuicio de los derechos parroquiales.
C1220 P1 Procuren todos aquellos a quienes corresponde, que en las iglesias haya la limpieza y pulcritud que convienen a la casa de Dios, y evítese en ellas cualquier cosa que no esté en consonancia con la santidad del lugar.
P2 Para proteger los bienes sagrdos y preciosos deben emplearse los cuidados ordinarios de conservación y las oportunas medidas de seguridad.
C1221 La entrada a la iglesia debe ser libre y gratuita durante el tiempo de las celebraciones sagradas.
C1222 P1 Si una iglesia no puede emplearse en modo alguno para el culto divino y no hay prosibilidad de repararla, puede ser reducida por el Obispo diocesano a un uso profano no sórdido.
P2 Cuando otras causas graves aconsejen que una iglesia deje de emplearse para el culto divino, el Obispo diocesano, oído el consejo presbiteral, puede reducirla a un uso profano no sórdido, con el consentimiento de quienes legítimamente mantengan derechos sobre ella, y con tal de que por eso no sufra ningún detrimento el bien de las almas.
Capítulo II De los oratorios y capillas privadas
C1223 Con el nombre de oratorio se designa un lugar destinado al culto divino con licencia del Ordinario, en beneficio de una comunidad o grupo de fieles que acuden allí, al cual también pueden tener acceso otros fieles, con el consentimiento del Superior competente.
C1224 P1 El Ordinario no debe conceder la licencia requerida para establecer un oratorio, antes de visitar personalmente o por medio de otros el lugar destinado a oratorio y de considerarlo dignamente instalado.
P2 Una vez concedida la licencia, el oratorio no puede destinarse a usos profanos sin autorización del mismo Ordinario.
C1225 En los oratorios legítimente constituidos pueden realizarse todas las celebraciones sagradas, a no ser las exceptuadas por el derecho, por prescripción del Ordinario del lugar o que lo impidan las normas litúrgicas.
C1226 Con el nombre de capilla privada se designa un lugar destinado al culto divino con licencia del Ordinario del lugar, en beneficio de una o varias personas físicas.
C1227 Los Obispos pueden tener una capilla privada, que goza de los mismos derechos que un oratorio.
C1228 Sin perjuicio de lo que prescribe el can. 1227, para celebrar la Misa u otras funciones sagradas en las demás capillas privadas se requiere licencia del Ordinario del lugar.
C1229 Conviene que los oratorios y las capillas privadas se bendigan según el rito prescrito en los libros litúrgicos; y deben reservarse exclusivamente para el culto divino y quedar libres de cualquier uso doméstico.
Capítulo III De los santuarios
C1230 Con el nombre de santuario se designa una iglesia u otro lugar sagrado al que, por un motivo peculiar de piedad, acuden en peregrinación numerosos fieles, con aprobación del Ordinario del lugar.
C1231 Se requiere la aprobación de la Conferencia Episcopal para que un santuario pueda llamarse nacional; y la aprobación de la Santa Sede, para que se le denomine internacional.
C1232 P1 Corresponde al Ordinario del lugar aprobar los estatutos de un santuario diocesano; a la Conferencia Episcopal, los de un santuario nacional; y sólo a la Santa Sede los de un santuario internacional.
P2 En los estatutos se ha de determinar sobre todo el fin, la autoridad del rector, y el dominio y administración de los bienes.
C1233 Se pueden conceder determinados privilegios a los santuarios cuando así lo aconsejen las circunstancias del lugar, la concurrencia de peregrinos y, sobre todo, el bien de los fieles.
C1234 P1 En los santuarios se debe proporcionar abundantemente a los fieles los medios de salvación, predicando con diligencia la palabra de Dios y fomentanto con esmero la vida litúrgica principalmente la celebración de la Eucaristía y de la penitencia, y practicando también otras formas aprobadas de piedad popular.
P2 En los antuarios o en lugares adyacente, sonsérvense visiblemente y custódiense con seguridad los exvotos de arte popular y de piedad.
Capítulo IV De los altares
C1235 P1 El altar, o mesa sobre la que se celebra el Sacrificio Eucarístico, se llama fijo si se construye formando una sola pieza con el suelo, de manera que no pueda moverse; y móvil, si puede trasladarse de lugar.
P2 Conviene que en todas las iglesias haya un altar fijo; y en los demás lugares destinados a celebraciones sagradas, el altar puede ser fijo o móvil.
C1236 P1 Según la práctica tradicional de la Iglesia, la mesa del altar fijo ha de ser la piedra, y además de un solo bloque de piedra natural; sin embargo, a juicio de la Conferencia Episcopal, puede emplearse otra manera digna y sólida; las colmnas o la base pueden ser de cualquier material.
P2 El altar móvil puede ser de cualquier materia sólida que esté en consonancia con el uso litúrgico.
C1237 P1 Se deben dedicar los altares fijos, y dedicar o bendecir los móviles, según los ritos litúrgicos.
P2 Debe observarse la antigua tradición de colocar bajo el altar fijo reliquias de Mártires o de otros Santos, según las normas litúrgicas.
C1238 P1 El altar pierde su dedicación o bendición conforme al can. 1212.
P2 Por la reducción de la iglesia u otro lugar sagrado a usos profanos, los altares fijos o móviles no pierden la dedicación o bendición.
C1239 P1 El altar, tanto fijo como móvil, se ha de reservar solamente al culto divino, excluido absolutamente cualquier uso profano.
P2 Ningún cadáver puede estar enterrado bajo el altar; en caso contrario, no es lícito celebrar en él la Misa.
Capítulo V De los cementerios
C1240 P1 Donde sea posible, la Iglesia debe tener cementerios propios, o al menos un espacio en los cementerios civiles bendecido debidamente, destinado a la sepultura de los fieles.
P2 Si esto no es posible, ha de bendecirse individualmente cada sepultura.
C1241 P1 Las parroquias y los institutos religiosos pueden tener cementerio propio.
P2 También otras personas jurídicas o familias pueden tener su propio cementerio o panteón que se bendecirá a juicio del Ordinario del lugar.
C1242 No deben enterrarse cadáveres en las iglesias, a no ser que se trate del Romano Pontífice o de sepultar en su propia iglesia a los Cardenales o a los Obispos diocesanos, incluso eméritos.
C1243 Deben establecerse por el derecho particular las normas oportunas sobre el funcionamiento de los cementerios, especialmente para proteger y resaltar su carácter sagrado.


