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Preguntas frecuentes | Familia y Vida
¿Puede una persona divorciada recibir el sacramento de la Eucaristía (Comunión)?


Primero hay que aclarar un punto, un pequeño error de concepto que es muy común entre los católicos de todo el mundo, el divorcio en sí no es un pecado. Una persona divorciada, y que luego vive su nueva "soltería" de forma casta, es decir sin tener intimidad sexual con otra persona, no comete pecado alguno, puede acercarse a confesarse y comulgar tantas veces cuantas su alma se lo pida, y mientras más se lo pida mejor.

El problema se inicia justamente cuando una persona divorciada inicia una nueva convivencia, de hecho o de derecho (es decir en unión libre o por matrimonio civil), es a partir de ahí cuando la persona divorciada no puede recibir la comunión, y tampoco la absolución de los pecados. ¿Por que?, pues porque al haber hecho una promesa ante Dios y haberse unido en matrimonio para toda la vida, toda unión sexual con una persona que no es su esposa va contra el Sexto Mandamiento, es decir esa persona comente el pecado mortal del adulterio.

Ahora bien, para poder cometer ese pecado se necesitan dos personas, y las dos partes actuantes en el hecho tienen, por justicia, la misma responsabilidad, es decir, si la nueva pareja de la persona divorciada no ha estado casada antes, tampoco podrá recibir los sacramentos de la Penitencia ni de la Eucaristía, mientras siga viviendo y consintiendo una vida marital que no ha sido bendecida ante el altar por Dios.

Para poder recibir el Sacramento de la Penitencia (o Confesión), la persona penitente debe expresar arrepentimiento y deseo real de no volver a pecar, pero en el caso de una pareja que convive es lógico pensar que es imposible el cumplir estos requisitos, por ello todo sacerdote fiel a la Iglesia no podrá conceder la absolución, pese a todos los factores humanos y sociales que en envuelvan el caso.

También debo indicarte que, ante cualquier duda que nuestra conciencia nos presente, siempre debemos acercarnos a confesar nuestros pecados, y que si hemos recibido la Eucaristía (Comunión) sin estar adecuadamente perdonados nuestros pecados mortales por el sacramento de la penitencia, hemos agregado el pecado de sacrilegio a nuestra lista de faltas.

La Iglesia es conciente de que esto ocasiona un gran dolor en muchos hijos de Dios, pero debe mantenerse fiel a las enseñanzas de Jesús, Dios y Hombre verdadero. Para los fieles que están inmersos en esta circunstancia siempre queda la poderosa herramienta de la oración personal, ofreciendo el dolor de no poder comulgar como expiación de los pecados propios y de la humanidad entera.

En Cristo y María Madre de la Iglesia.

Xavier Villalta
Catholic.net

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