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| La integralidad de la sexualidad |
Así pues, la sexualidad es un todo, un conjunto
de expresiones integrales que se complementan entre sí, por tanto,
la sexualidad no se limita a la genitalidad, abarca un
espectro mucho más amplio. Este es el sentido del presente
artículo.
Intimidad y sexualidad
Intimidad es la capacidad de superar el aislamiento
no solo del cuerpo, sino también de las ideas, creencias,
emociones y necesidades, así como establecer un vínculo de confianza
y pertenencia con la otra persona. Es una vinculación de
la personalidad, en lo emocional y lo espiritual.
La intimidad en
la pareja es una manifestación muy completa del afecto. En
las miradas cómplices entre un hombre y una mujer ya
se puede apreciar la afectividad cargada de erotismo; la búsqueda
de una relación exclusiva y comprometida, la cual es la
antesala para un lazo no solo físico, sino también de
amistad erótica, de comprensión mutua y de unión emocional. El
sexo es una oportunidad maravillosa para desarrollar intimidad. Es una
dimensión en la cual pueden expresarse añoranza, mimos, urgencia, pasión
y ternura.
No obstante, aunque la desnudez, el deseo y el
placer así como los tabúes que frecuentemente los acompañan- son
parte cotidiana en la vida de muchas parejas, la triste
realidad es que para muchos de ellos no existe una
intimidad profunda. Es triste que una intimidad sana y enriquecedora
se quede en añoranzas en la vida de muchas parejas,
rara vez concretándose como una realidad.
La satisfacción sexual es un
elemento que muchas personas desean y que genera importantes expectativas
y fuertes temores. Otras veces, también significa un forzado silencio
y mucha vergüenza. Algunas personas, en su relación de pareja,
se limitan a sí mismas, pensando que no son merecedoras
de placer a menos que tengan cuerpos perfectos, o pensando
que ambos deben vivir las etapas del encuentro sexual en
forma simultánea, telepática y alcanzando la totalidad del orgasmo en
todas las ocasiones.
Si bien una vida sexual satisfactoria es importante
y valiosa, no debe ser el centro absoluto de la
vida de la persona. El placer sexual es una dimensión
del matrimonio importante y que puede durar muchos años, siempre
y cuando se construya sobre los fundamentos del compromiso, el
amor, el compañerismo y, en algunos casos, inclusive el sentido
del humor. La sexualidad no se limita a la genitalidad:
abarca un espectro mucho más amplio de caricias, besos, compañía
agradable y palabras de afecto. La intimidad, la honestidad y
la confidencia sobreviven las marcas de la piel, los cambios
que los años naturalmente traerán sobre el cuerpo y los
períodos en los que sea más difícil alcanzar los más
altos potenciales de placer físico.
Aunque la relación sexual no siempre
satisfaga todos los deseos físicos, el encuentro, las caricias y
la confianza recíproca brindan placer emocional y fortalecen la intimidad.
La
sexualidad que no puede ser genitalidad
Hablar sobre sexualidad es hablar
sobre vida, sobre metas, sobre ilusiones y proyecto vital. Hablar
sobre sexualidad es identificar cómo se relaciona la persona consigo
misma y con los demás, en particular con el sexo
opuesto. ¿Se caracterizan estas relaciones por el aprecio, la consideración,
el respeto? Hoy en día se apuesta cada vez menos
por una sexualidad sana. Se deja de lado la posibilidad
integral de comunicación con nuestros semejantes.
La sexualidad no se limita
a las relaciones sentimentales: implica las relaciones familiares, de amistad
y de compañerismo. Cuando la persona no está comprometida en
una relación de matrimonio, es importante que pueda explotar su
vida afectiva por medio de vínculos genuinos de amistad y
una convicción profunda del valor de su cuerpo y del
cuerpo de los demás. Esta convicción es muy importante para
vivir, con integridad, las etapas de la vida en las
que la sexualidad no se manifiesta por medio de relaciones
sexuales genitales. No por eso deben descuidarse las relaciones humanas:
¡todos necesitamos sentirnos apreciados y capaces de apreciar a nuestros
semejantes! Es por esto que, en su dimensión afectiva, es
fundamental desarrollar la ternura como medio de intercambiar cariño.
Muchas manifestaciones
de la ternura se caracterizan por la renuncia o postergación
de la gratificación física personal. La ternura ayuda al hombre
y a la mujer a mantener el intercambio afectivo, por
medio de detalles, gestos de cariño, como tiempos de soledad
apacible, apreciación del arte, practicar deportes juntos y cultivar amistades
significativas, aún en períodos en los que las relaciones sexuales
no son totalmente satisfactorias, o simplemente no pueden darse.
En ambas
dimensiones, tanto en la sensualidad como en la ternura, las
personas necesitan administrar sus impulsos y necesidades con equilibrio y
autodominio aún cuando la presión emocional sea fuerte, tomando en
cuenta los valores humanos más centrales. Esto no es sencillo.
Sin embargo, la convicción profunda de que las relaciones sexuales
ameritan una entrega enmarcada en un contexto de convicciones, ternura
y compromiso, puede hacer más llevadera la decisión de postergar
la gratificación física personal.
Para que la sexualidad pueda desarrollarse en
forma integral, es necesario que involucre la vida interior del
hombre y de la mujer. La intimidad entendida como la
sensibilidad ante los procesos de la pareja, la seguridad de
la aceptación del otro y, por ende, el fortalecimiento de
la autoestima, puede bien existir aún en relaciones platónicas, como
la amistad y la fraternidad. Aunque es cierto que cobra
una fuerza especial en la relación de pareja donde la
unión de los cuerpos es un ingrediente importantísimo en la
comunión (“común unión”) del hombre y la mujer, todas las
personas, tanto las que son sexualmente activas como las que
no, necesitan procurar su desarrollo humano y afectivo pleno, en
un marco de respeto, de dignidad y de estima propia.
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