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| ¿Cómo reconstruir mi vida? |
¿Cómo reconstruir mi vida? La vida es entretenida y rica,
es fascinante, a pesar de esos momentos en que ocurre
lo que no deseamos, ella está en permanente cambio porque
tiene de todo, y eso nos estimula cuando llegan las
dificultades… pasarán. Apreciamos lo bueno de ella y sus maravillas,
en gran medida, cuando aprendemos a valorar y apreciar sus
permanentes aspectos positivos, los que en algunas ocasiones nos cuesta
reconocer. Y esto ocurre cuando logramos tener consciencia de lo
bueno que tenemos y de los aspectos que no deseamos
tener ni tenemos.
Todo está cambiando, todo está pasando; unas
situaciones que dependen de uno y otras de las que
dependemos. Cuando aprendemos a reconocer el valor y la fuerza
de las acciones que dependen de uno mismo y reconocemos
su poder para cambiar o afectar nuestro entorno, se inicia
el gran descubrimiento: Puedo alterar el sentido de muchas cosas
que ocurren a mi alrededor; puedo afectar la vida de
quienes me rodean según la forma en que yo viva;
puedo ayudar a muchas personas a cambiar lo que ven
como una limitación y sufrimiento, por algo con sentido y
más valioso. No se trata de que podamos hacer desaparecer
la causa del sufrimiento propio o ajeno, sino de que
podemos influir en sus vidas y lograr que dejen de
preocuparse tanto por lo que padecen y que comiencen a
fijarse en esos olvidados aspectos que alientan y dan esperanza,
que los hacen sentir nuevamente alguien valioso, y querido…
Si te
sientes afectado, triste o deprimido; con o sin razones para
ello, la fórmula para levantarte, luchar y vencer, está en
aprender a mirar a tu alrededor, a quienes te rodean
y con especial atención a sus necesidades para reconocer en
qué podrías ayudarles. Tienes que salir de ti mismo, y
si es posible, olvidarte de ti mismo; trata de hacer
tuyas las necesidades ajenas, tómalas y vivelas como si ellas
fueran tu responsabilidad, como si tú tuvieras la clave para
ayudar, curar y solucionar… y llévalo a la práctica.
Suena
a una locura o a una contradicción, ya que cuando
no somos capaces de solucionar nuestros propios problemas debemos intentar
solucionar los ajenos. A pesar de lo que nuestra mente
nos diga, en este momento descubrirás un gran milagro en
tu vida: En contra de lo que hemos aprendido y
contra toda lógica humana, lo pequeño y lo cotidiano o
lo insignificante de nuestras acciones por otra persona se pueden
convertir en gigantes y con un efecto que puede llegar
a transformarlo todo. Verás que muchas de esas grandes preocupaciones
que nos atormentan comienzan a perder importancia frente a otras
que sí tienen sentido, ya que tu verdadera vida está
formada de millones de detalles diarios y cotidianos, a los
que por ser tan pequeños no siempre les asignamos la
gran importancia que tienen. Ellos, los pequeños gestos y acciones
que hacemos en un momento de nuestra vida para mejorar
o ayudar en algo pequeño un aspecto en la vida
de quienes te rodean, son los más importantes para ellos
y para tí mismo. Y su efecto acumulativo con el
correr del tiempo (gracias a la constancia), las transforma muchas
veces en grandes acciones, tan grandes que sólo es posible
apreciarlas cuando en tu vida miras hacia atrás. Por eso,
no te preocupes ahora de ellas ni de su tamaño,
sino de mirar a tu alrededor; para reconocer a tiempo
dónde, cuándo y cómo puedes ayudar a cada persona de
esas con las que estás en contacto cotidiano (todas ellas
son importantes para ti).
Para reconstruir una vida pueden existir varios
caminos, pero uno es seguro y es el que acabo
de contarte. Es seguro pero no fácil, a Jesús lo
crucificaron por explicarnos y decirnos tan extremadamente claro “niégate a
tí mismo y sígueme”. Seguirlo significa hacer la voluntad de
su Padre, su voluntad es que seamos felices y el
“cómo ser más felices” se logra encontrándolo a Él, pero
¿dónde? En el prójimo… Esto significa, en tú prójimo. ¿Porqué?
Porque la felicidad verdadera sólo la encuentras por el camino
del amor, y al amor verdadero se le encuentra compartiéndo;
compartiendo felicidad, esto es dando amor.
¿Muy religioso? Hoy la
psiquiatría moderna está llegando después de muchas vueltas a la
misma conclusión, porque es natural. Pertenecemos a una naturaleza humana
que nos es común a todos. A veces en la
vida nos sentimos como perdidos, y quisiéramos saber quienes somos
y cómo somos de verdad, si somos queridos y apreciados
y cuánto,… todo esto lo puedes encontrar en quienes te
rodean, porque también en ellos puedes apreciar el reflejo de
ti mismo y el de tu verdadera personalidad. Pero no
preguntando sino actuando; dirigiendo tu vida y acciones hacia los
demás, hacia quienes te rodean y son importantes para ti
porque puedes participar en sus vidas. Participar en una vida
es compartir, y nuestro máximo deseo es compartir felicidad. La
felicidad no llega cuando la esperas pacientemente o resignado, la
felicidad llega cuando sales a buscarla, cuando sales a su
encuentro. Salir a su encuentro es salirse de uno mismo
para dirigirse hacia el otro buscando su felicidad antes que
la propia. Esto se llama darse, eso es amor de
verdad.
Si te pones a pensar en lo que has perdido,
en lo que no tienes hoy, en tus sufrimientos y
necesidades, el resultado será seguro: te ahogarás acosado por tus
propios pensamientos sin sentido; quizás sean sentimientos reales, pero sin
sentido. El sentido que le des a las cosas te
motiva y estimula, te hace esforzarte y en ello te
hace crecer y mejorar como persona; tú necesitas alegrías, satisfacciones
que te hagan sentirte mejor, bien y feliz. Aunque eso
ocurra por momentos, si esas acciones de momentos tienen un
sentido valioso para ti, ellas se acumulan. Por eso, un
momento puede parecer poco, pero es suficiente; porque la vida
está hecha de una suma de momentos, y todos necesitamos
momentos de alegría en nuestras vidas y podemos crearlos. La
felicidad es la máxima alegría, una forma de explicarla es
considerarla la alegría de sentirse realizado, y por eso no
es gratis, cobra su precio (como todo). Pero comparado con
sus duraderos beneficios su precio es insignificante; no lo dudes,
págalo, porque peocuparse por lo que le ocurre a los
demás antes que por lo que le ocurre a uno,
y luego llevarlo a la práctica ejecutando acciones concretas sin
esperar reconocimiento ni agradecimientos, como si sintieras que lo haces
únicamente por hacer felíz a otro, cuesta y te costará.
En
esas acciones estarás construyendo tu presente y tu futuro, estarás
cambiando al mundo que te rodea y mejorándolo, estarás viendo
los resultados: comprenderás mejor a quienes te rodean, por lo
tanto podrás comunicarte mejor; te sentirás útil a los demás,
con lo que te valorarás más; se te abrirán muchas
puertas -que hoy ves cerradas- hacia un mundo lleno de
oportunidades por delante para desarrollar una vida entretenida, real y
con un sentido claro y verdaderamente importante.
Comentarios al autor: earmstrong@usec.cl
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