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Autor: Nelson Medina OP | Fuente: fraynelson.com De cuán necesario es este conocimiento
Artículos relacionados con el conocimiento de sí mismo, desde el punto de vista cristiano por Nelson Medina OP
De cuán necesario es este conocimiento
Comienza el camino
Hay tantas cosas admirables en el mundo que
nos rodea, ya se trate del firmamento, las tierras o
las aguas colosales del océano, que uno podría pasar la
vida entera en actitud de explorador, sin cansarse de encontrar
muchas y muy variadas maravillas.
De cuán necesario es este conocimiento
Además
de la Naturaleza, también la Historia humana tiene su propio
caudal de relatos fascinantes, momentos cruciales, idilios bellísimos o guerras
formidables; también a esta clase de conocimiento se le podría
dedicar muchísimo tiempo sin dejar nunca de encontrar preguntas pertinentes
y respuestas oportunas.
O podría uno emplear todos sus días en
la reflexión profunda de aquellos interrogantes que solemos incluir bajo
el título de"filosofía" discurriendo sobre el sentido de la vida,las
propiedades universales del ser, la estructura última del lenguaje humano
o la raíz de todos los valores.
En fin, si vamos
a las artes, los números, la literatura o el Derecho,
lo único que encontramos son avenidas y más avenidas inmensas
que conducen a nuevos caminos y sendas en los que
todo está por conocer. Para una mente abierta, este descubrimiento
produce vértigo: la vida es breve; toda vida humana es
breve, aunque sea sólo por comparación con los abismos insondables
de lo que se podría llegar a aprender.
Y sin embargo,
hay otra clase de aprendizaje que muy raramente se enseña
en las acultades universitarias o los bancos de la escuela.
Algo que parece que sólo la vida misma pudiera darnos,
y que solemos llamar "experiencia" o "sabiduría."
Puede uno preguntarse qué
hace este conocimiento distinto de los otros. Esta pregunta es
muy oportuna cuando uno ve que a menudo los consejos
de los mayores y experimentados suelen encontrar oídos sordos en
los corazones jóvenes e inexpertos. Cosa que es admirable porque incluso
las profundidades de la filosofía parece que se pudieran comunicar
con ayuda de palabras bien ordenadas mientras que esto que
llamamos "experiencia" no logra ser transmitido del mismo modo. Hay refranes
que hacen alusión a esto. Uno de ellos, de tono
pesimista pero muy gracioso, va así: Cuando un hombre dice:
"mi papá tenía razón," ya tiene un hijo que piensa:
"mi papá no sabe nada." Ahora bien, los papás suelen
tener una gran capacidad comunicativa con los hijos. ¿Qué hace,entonces,
que para estos temas que llamamos de "experiencia" no funcione
o se rompa la comunicación? Y aún más importante: ¿qué
sucede en la vida de alguien para que empiece a
reconocer el valor de la experiencia que otros intentaron compartirle
en vano muchas veces?
La respuesta es: el conocimiento de sí
mismo.
Sin este conocimiento no logramos comprender el contexto vital que
hace nacer eso que llamamos "experiencia," que a su vez
es como un requisito parala "sabiduría." La experiencia es un
saber que requiere de contexto, y el contexto que nos
lleva a ese saber es conocernos a nosotros mismos.
Se puede
decir que hay muchos conocimientos exteriores pero que este otro
es un conocimiento interior porque no se vuelca sobre las
cosas ni sobre las vidas de otros ni tampoco sobre
el perjuicio o beneficio inmediato de las acciones propias o
ajenas. Pero tampoco es un simple mirar hacia adentro, como
si uno tomara una cámara de video y en lugar
de enfocarla hacia la calle la enfocara hacia la sala
de la casa en que se encuentra. Es algo más
profundo que iremos descubriendo poco a poco. Por ahora digamos que
es más el acto de mirar cómo uno mira o
de valorar cómo uno valora.
Esta clase de conocimiento puede parecer
abstracto, difícil, borroso o inútil. Mi impresión es que efectivamente
tiene un poco de estas cuatro cosas y que aún
hay muchas otras críticas que se le pueden hacer. Y
sin embargo, atañe a cosas muy concretas, ayuda a simplificar
el corazón, trae una gran claridad y colma de sentido
la vida.
Muchos santos han hablado de este conocimiento y creo
que todos lo han practicado, de distintos modos. La razón
podría estar en aquello que dijo Santa Teresa de Jesús,
"la humildad es la verdad." Sin el conocimiento de sí
mismo, el cristiano está condenado a equivocarse en la valoración
de sí mismo y de sus actos. A veces considera
sus cualidades como insuperables y peca por soberbia; otras veces
estima que sus errores son del todo irreparables y se
hunde en la desesperación. Sin un conocimiento de su propio
ser rebota cruelmente entre estos extremos y se equivoca una
y otra vez en la causa de sus males. A
menudo culpa a otros de lo que es su propia
responsabilidad, aunque tampoco es extraño que se sobrecargue de acusaciones
y se inunde de amargura. Es apenas lógico reconocer que
un corazón sometido a este cruel tratamiento de ignorancia estará
demasiado miope para la obra de la gracia.
Así entendemos que
el conocimiento de sí mismo está ligado a la fe,
la religión y la espiritualidad. No es su único vinculo
importante. A lo largo de nuestras reflexiones y sugerencias nos
encontraremos a menudo visitando tierras de la psicología, la filosofía,
la historia y la literatura, entre otras disciplinas. Nuestro enfoque,
sin embargo, tiene como línea fundamental las enseñanzas de Santa
Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia, a
quien considero verdadera maestra en este arte magnífico y tan
necesario, del cual estoy persuadido que cambiará la vida de
muchas personas.
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