Autor: Benedicto XVI | Fuente: catholic.net Acerca del matrimonio a prueba
Su presupuesto es que el hombre puede hacer de sí lo que quiere
Acerca del matrimonio a prueba
Benedicto XVI l decía al respecto: “Las diferentes formas actuales
de disolución del matrimonio, como las uniones libres y el
«matrimonio a prueba», hasta el pseudo-matrimonio entre personas del mismo
sexo, son expresiones de una libertad anárquica que se presenta
erróneamente como auténtica liberación del hombre. Una pseudo-libertad así se
basa en una banalización del cuerpo, que inevitablemente incluye la
banalización del hombre.
Su presupuesto es que el hombre puede
hacer de sí lo que quiere: su cuerpo se convierte
de este modo en algo secundario, manipulable desde el punto
de vista humano, que se puede utilizar como se quiere.
El libertinaje, que se presenta como descubrimiento del cuerpo y
de su valor, es en realidad un dualismo que hace
despreciable el cuerpo, dejándolo por así decir fuera del auténtico
ser y dignidad de la persona (...).
Y continúa: “La gracia
de Cristo no se superpone desde fuera a la naturaleza
del hombre, no la violenta, sino que la libera y
la restaura, al elevarla más allá de sus propias fronteras.
Y así como la encarnación del Hijo de Dios revela
su verdadero significado en la cruz, así también el amor
humano auténtico es entrega de sí mismo, no puede existir
si evita la cruz.”. (...) “Ahora bien, ningún hombre y
ninguna mujer, por sí solos y sólo con sus propias
fuerzas, pueden dar adecuadamente a los hijos el amor y
el sentido de la vida. Para poder decir a alguien:
«tu vida es buena, aunque no conozca tu futuro», se
necesitan una autoridad y una credibilidad superiores, que el individuo
no puede darse por sí solo.
El cristiano reconoce la
acción de ese amor eterno e indestructible de Dios, que
asegura a la vida de cada uno de nosotros un
sentido permanente, aunque no conozcamos el futuro. Por este motivo,
la edificación de cada una de las familias cristianas se
enmarca en el contexto de la gran familia de la
Iglesia, que la apoya y la acompaña, y garantiza que
hay un sentido y que en su futuro se dará
el «sí» del Creador. Y recíprocamente la Iglesia es edificada
por las familias, «pequeñas Iglesias domésticas», como las ha llamado
el Concilio Vaticano II”. (Martes 7 de junio de 2005).
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