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| Oye, ¿Qué ha pasado Hoy? |
Niños de nueve o diez años. Era una clase como
todas las demás. Lo único especial aquel día fue que
uno de los chicos que se distinguía por su buen
comportamiento, en esta ocasión hizo una excepción. Distraído, travieso, y
“activo” durante toda la clase. Las reiteradas llamadas de atención
en tono amable no surtieron efecto. Las menos amables tampoco.
Él siguió con sus cosas. Y así, se acabaron los
cincuenta y cinco minutos de guerra; digo, de clase.
Me extrañó
un poco su comportamiento pues venía a contradecir una historia
ininterrumpida del alumno atento, que participa, que pregunta, que trabaja,
que hace los deberes, que sale bien en los exámenes,
que asimila todo..., un niño inteligente, alegre y entusiasta.
Me extrañó
tanto, que al final de la clase, mientras sus demás
compañeritos salían al patio para disfrutar de su anhelado recreo,
cuando yo también quería irme ya a mi recreo doblemente
anhelado, me acerqué al jovencito en cuestión y le pregunté:
-“Oye,
¿qué ha pasado hoy? ¿Por qué te has comportado así?”
El
niño, que mientras yo le preguntaba me miraba, me respondió
después de una breve pausa, retirando sus ojos, llevándoselos lejos:
-“Es
que -¡claro!- cuando tus papás están separados...”
No me dijo más.
Me
quedé frío.
Sí. Se llevó sus ojos muy lejos, a aquel
rincón donde él se encontraba solo con su sufrimiento, ahí
donde nadie podía acompañarle.
Por eso, cuando se dice por ahí
que el divorcio es una de las causas ganadas por
la sociedad postmoderna. Que las sociedades del progreso lo han
logrado implantar gracias a la fuerza de sus razonables argumentos
frente a culturas ancestrales, fanáticas, hipócritas y petrificadas... Que el
divorcio viene a romper esquemas de la edad de la
caverna... Que el divorcio es modernidad... Que es abrir horizontes
de libertad... Que es acabar con la dictadura del puritanismo...
Que es dejar de suspirar inútilmente por el imposible amor
fiel y para siempre...
¿Así se deberá explicar a los niños
que de pronto se ven en medio del desamor de
sus padres? “Oye, mira, no te preocupes por eso; al
contrario, deberías alegrarte porque tus padres están gozando de un
derecho conquistado por la sociedad postmoderna, tus padres están saliendo
de la edad de la caverna, felicítamelos de mi parte”...
Algunos, quizá, dirán que no es para tanto. Que se
están exagerando los sentimientos del niño, que lo que se
busca es demostrar la validez de una ideología ya caduca...
Yo
creo que hay que esforzarse por ver las cosas un
momento desde los pequeños zapatos de nuestro protagonista. Nada más.
Las ideologías pueden dejarse a un lado por ahora.
Hay que
pensarlo bien. No se puede decidir solo o sola, o
solos. Los niños necesitan a sus dos padres. A papá.
A mamá. Necesitan ver que sus padres se quieren pese
a las mil y una dificultades de todos los días.
Y el amor no se puede fingir, al menos ante
un niño. No hay que aumentar tan tempranamente su capacidad
de sufrir.
Si se pudiera viajar al corazón de los hijos,
y ver y sentir lo que ellos ven y sienten,
ahí en lo más profundo de su ser, en el
espíritu mismo de su espíritu...
Para un hijo, papá es siempre
papá.
Para un hijo, mamá es siempre mamá.
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Comentarios al autor aguerra@arcol.org
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