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Autor: Carmen Marcuello, María Elósegui | Fuente: bioeticaweb Sexo. género, identidad sexual y sus patologías
El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española divide los sexos en dos: varón y mujer ó macho y hembra. El término género se refiere a la lingüística y se aprecian tres géneros: masculino, femenino y neutro
Sexo. género, identidad sexual y sus patologías
El término género proveniente del campo de la literatura se
aplicó a partir de los años sesenta a la psicología
y a la antropología. Mientras el primero es biológico, el
segundo es una construcción cultural correspondiente a los roles ó
estereotipos que en cada sociedad se asignan a los sexos.
Se ha mostrado una palabra muy adecuada para discernir entre
los aspectos biológicos, es decir "lo dado", y los factores
culturales, es decir "lo construido". Así desde la psicología se
ha dicho: "El estudio del género, muestra su origen y
desarrollo en el terreno de lo histórico y lo social,
aunque presenta innegables solapamientos e interacción con la variable sexo
a lo largo de su desarrollo..." Mientras que "Al analizar
el sexo en sus múltiples vertientes se constata su enraizamiento
en lo biológico, aunque su desarrollo se enmarca en lo
social" (16) Desde un análisis científico se observa que muchas
argumentaciones carecen de rigor ya que se confunden continuamente los
planos biológicos y culturales. Primero se colocan perspectivas que debieran
estar situadas en el plano biológico como algo cultural; en
este sentido se dice que la heterosexualidad y la reproducción
son una construcción social biologizada.
En la actualidad se presentan cuatro
posibles modelos de las relaciones entre sexo y género que
en este trabajo vamos a analizar, no sin antes definir
algunos términos para evitar la falta de rigor y la
confusión de los planos biológico y cultural, tan frecuente cuando
no se recurre a estudios interdisciplinares.
El sexo, la identidad sexual,
está determinada biológicamente de forma muy clara como luego veremos,
de manera que podríamos decir que constituye "lo dado", lo
no elegible. Sin embargo la orientación sexual y la conducta
sexual (heterosexualidad, bisexualidad, homosexualidad, ...), aún cuando tienen una base
biológica, son configuradas por otros factores como la educación, los
estereotipos, los factores culturales y el propio comportamiento elegido, puesto
que hay un margen muy amplio de libertad en el
modo en que cada sujeto conduce su sexualidad. Respecto al
comportamiento sexuado, a los diferentes "modos" de actuación masculina y
femenina en actividades intelectuales, en el mundo laboral, en el
espacio social, etc., hay que decir que su enraizamiento biológico
es escaso y aunque recientes trabajos indican diferencias estructurales y
dimorfismos cerebrales varón/mujer, los roles sociales son más bien resultado
de procesos histórico-culturales.
Las anomalías en la determinación biológica del sexo,
también llamada diferenciación sexual, suelen ocurrir en etapa muy precoz
del desarrollo embrionario y dan lugar a patologías llamadas genéricamente
Intersexos. Respecto al sexo psicológico, es decir la conciencia ó
percepción de pertenecer a un determinado sexo, ocurre a los
2,5-3 años y suele coincidir con el sexo anatómico; su
patología más severa la representan los Transexuales: sujetos con sexo
psicológico de varón y sexo cromosómico, gonadal y fenotípico de
mujer ó al revés. En cuanto a la orientación sexual,
se entiende como tal la preferencia sexual que se establece
en la adolescencia coincidiendo con la época en que se
completa el desarrollo cerebral: preferencia heterosexual (98%) u homosexual (2%).
Modelos
de sexo y género. La relación varón-mujer
Modelo 1: Identidad sexo-género
-
Diferencia sin igualdad
- Diferencia como inferioridad y subordinación
- Dependencia de
la mujer con respecto al hombre
El primer modelo, que consideramos
ya como falso y superado, es el que afirmaba que
a cada sexo le correspondía por necesidades biológicas unas funciones
sociales, invariables a lo largo de la historia. A esto
se añadía la justificación biológica y cultural de la subordinación
de la mujer al hombre. Resumiendo con otras palabras; primero,
la biología determinaría los roles sociales, y segundo a cada
sexo le corresponde un rol intransferible.
Desde la Biología se explicaba
la diferenciación sexual femenina por defecto, es decir una mujer
aparecía en ausencia de los factores que normalmente daban lugar
al desarrollo de un feto varón. Hoy conocemos mejor las
instrucciones para el desarrollo embrionario que resumimos a continuación.
Normalmente es
la presencia de un cromosoma Y lo que hace que
un embrión se desarrolle como individuo de sexo masculino. Para
que el cromosoma Y pueda realizar su función ha de
estar completo y poder así expresar las instrucciones que le
corresponde portar en su estructura.
En los últimos años se ha
identificado el gen llamado SRY en la región 1 del
brazo corto del cromosoma Y, que tiene información para la
síntesis de un factor determinante del testículo, el TDF. Este
factor hace que en la séptima semana de gestación se
inicie el proceso de masculinización del embrión humano activando en
cascada los genes que causan la transformación de las gónadas
embrionarias indiferenciadas en testículos fetales. Una vez que éstos se
han formado, comienzan a segregar la hormona testosterona, que dirige
el desarrollo del tracto urogenital y los genitales masculinos al
transformar las estructuras embrionarias conocidas como conductos de Wolf y
las prominencias labioescrotales. Además, las células de Sertoli de ese
testículo embrionario producen la hormona antimulleriana, que destruye las estructuras
embrionarias denominadas conductos de Müller a partir de los cuales
se generarían órganos femeninos, tales como el útero, la vagina
y las trompas de Falopio, si del cromosoma Y no
emanaran las instrucciones de retroceso.
¿Quiere esto decir que la diferenciación
de las glándulas femeninas no está determinada genéticamente? Durante bastante
tiempo se pensó que así era; que la diferenciación del
cigoto hacia el tipo femenino era la forma espontánea, mientras
que el desarrollo masculino vendría a ser como una corrección
de éste, debida a las instrucciones escritas en los genes
del cromosoma Y, sin embargo, datos recientes han permitido saber
que la diferenciación femenina no es una diferenciación por defecto,
sino que existe una vía embriogenética para el desarrollo del
ovario, paralela a la vía comentada para el desarrollo de
los testículos. En 1994 se ha descrito la existencia de
una región del cromosoma X ODF, que favorece el desarrollo
del ovario e inhibe el desarrollo del testículo. Esta zona
contendría los genes de la feminidad, designado como Od o
DSS. Una vez formado el ovario en el embrión femenino,
éste comienza a sintetizar y segregar estrógenos que dirigen la
diferenciación del conducto de Müller y de las prominencias labioescrotales
hacia los órganos sexuales femeninos.
Existen por tanto dos vías perfectamente
diferenciadas en el desarrollo sexual normal del embrión masculino o
femenino. Y de forma similar a lo que ocurre si
accidentalmente se altera el número de los cromosomas de este
par 23, también se presentarán anomalías con características clínicas variadas,
si el cigoto hereda los cromosomas X o Y sin
los genes que controlan este proceso, o con más de
una copia de ellos (Ana Carmen Marcuello y Natalia López
Moratalia).
Como consecuencia de su erróneo planteamiento, este primer modelo consideraba
que la mujer dependía del hombre. Este esquema estuvo presente
en la legislación española, como es bien sabido, hasta su
abolición en la reciente Constitución de 1978. En esta perspectiva
se exageraba, si cabe expresarle así, la diferencia entre los
dos sexos, para a continuación entender la diferencia como inferioridad
de la mujer con respecto al varón.
Las diferencias sexuales determinaban
en este caso los papeles culturales, hasta el punto de
que se consideraba que las funciones que ambos desarrollaban en
la sociedad no eran intercambiables sino que estaban irremediablemente unidas
a la genética y a la biología.
Ese planteamiento, no sostenible
científicamente, se agravaba por el hecho de que las funciones
diferenciadas atribuidas a uno y otro sexo no recibían la
misma valoración social. Al varón se le asignaban las funciones
que determinaban el curso de la sociedad, era así el
que ostentaba el poder en el ámbito público. Al hombre
le correspondía dentro de lo público, la política, la economía,
la producción, el trabajo remunerado; a la mujer, que se
desenvolvía en el ámbito privado, se le asignaban las tareas
relacionadas con la reproducción, crianza y educación de los hijos
y la economía doméstica, infravaloradas socialmente.
En resumen, la dependencia de
la mujer con respecto al varón iba unida a otros
dos presupuestos; exaltación de las diferencias, negando la igualdad y
la identidad entre sexo biológico y las funciones sociales, hoy
denominadas funciones de género.
Este modelo se considera hoy a nivel
teórico y jurídico como falso y superado, aunque persiste en
la práctica social; "A lo largo de este siglo, desde
varios frentes, se ha comenzado a poner en tela de
juicio esta necesaria ligazón entre sexo y género. Estudios antropológicos,
sociológicos y psicológicos han puesto de manifiesto que estatus, estereotipos,
roles, e incluso la misma masculinidad y feminidad, se comprenden
mejor desde una realidad de género, que goza de mecanismos
propios e independientes, que desde la determinación/destino del sexo biológico"
(17).
El siguiente texto expresa de un modo sintético y preciso
el rechazo del modelo I: "En la actualidad estamos asistiendo
a una reconceptualización de estos constructos, con el consiguiente cambio
denominativo: donde antes se hablaba de estatus, roles, estereotipos sexuales
parece más acertado expresarse en términos de estatus, roles y
estereotipos de género, dado que son fundamentalmente las sociedades las
que determinan el puesto, el papel o la creencia que
se deben corresponder con el sujeto humano en función de
su sexo biológico. Donde mejor puede verse reflejado este importante
cambio es en los estudios recientes sobre la masculinidad y
feminidad. Los dos primeros tercios del siglo XX han estado
dominados por la idea de que la masculinidad y la
feminidad eran los dos polos opuestos de un único continuo,
que se correspondía, y por tanto, correlacionaban muy alto con
los sexos opuestos. Aquéllos eran el correlato psicológico natural de
la realidad dimórfica puesta de manifiesto en la biología"(6).
Esta crítica
es compartida por muchos autores entre los que cabe destacar
al profesor Ballesteros; "Es, por consiguiente, necesario luchar contra todo
tipo de discriminación sexista, cuyo origen sería el dualismo entendido
como si el varón fuese res cogitans, y la mujer
tan sólo res extensa. Hoy se sabe que el género
no procede directamente del sexo".
Modelo 2: Independencia entre sexo y
género
Equiparación asimilacionista
- Independencia entre sexo y género
- Igualdad sin diferencia
-
Asimilacionismo
Se parte de la separación entre lo biológico y lo
cultural y de la idea de que no hay nada
dado.
Una vez que hemos rechazado el modelo que identifica sexo
con género, caben establecer tres modelos alternativos; dos que niegan
la relación entre sexo y género (modelo 2 y 3)
y otro que considera que sí hay cierta relación (modelo
4).
Como contraste con el modelo 1, algunos autores establecen dos
nuevos modelos, en los que se afirma que lo cultural
no tiene absolutamente ninguna base en lo biológico. Así desvinculan
totalmente el género del sexo, de manera que se acaba
diciendo que la masculinidad y la feminidad constituyen dos conceptos
independientes que apenas correlacionan con el sexo biológico.
Esto se defiende
desde dos perspectivas diferentes, por una parte desde cierto feminismo
y por otra desde el análisis de la homosexualidad.
El segundo
modelo surge a raíz de las reivindicaciones de los primeros
movimientos feministas de los sesenta. Reclamaban la independencia de la
mujer con respecto al varón, entendiendo ahora su situación como
la de igualdad sin diferencia. Ser iguales significaba ocupar los
lugares que en el mundo público sólo habían pertenecido a
los hombres, es decir suplantarles adoptando sus maneras, imitando los
modos masculinos (como se apreciaba incluso en la moda unisex).
Se produce así una paradoja; la mujer imita al hombre,
queriendo a su vez liberarse de lo femenino. Con ese
fin huye del mundo privado porque considera que este es
la causa de su esclavitud. Pone las esperanzas de su
liberación en su incorporación al mundo laboral, al mercado de
trabajo.
Intenta además hacer oír su voz en la sociedad, una
voz anteriormente sumergida y oculta (18). Esto se trasluce en
varios logros, especialmente en la legislación. Se alcanza, después de
un prolongado periodo de reivindicaciones, la igualdad formal en el
ámbito jurídico (13).
Junto a esta indudable ventaja va entreviéndose un
inconveniente. Como se ha dicho, se había establecido una contraposición
entre mundo público y mundo privado, como si fueran algo
incompatible; la presencia de la mujer en una de estas
esferas exigía la renuncia a estar presente en el otro
ámbito.
Así, ese primer feminismo planteó la incorporación de la mujer
a la esfera pública en términos de liberación del ámbito
privado. En concreto la mujer se debía liberar de su
maternidad, ese era el precio exigido, había que liberarse de
la biología, lo cual significaba o equivalía a liberarse de
la maternidad. Este objetivo perseguía una doble finalidad; la posibilidad
de ser competentes en el mundo profesional; y la liberación
de la subordinación implícita en las relaciones con los varones,
por tanto había que liberarse también de los hombres. Por
eso, parte de estas reivindicaciones se plantean contra los varones,
ellos son el enemigo. De manera que se tiende a
crear ámbitos de mujeres separados de los varones (26,27,28,33).
La igualdad
se entiende en términos de una equiparación varón-mujer en términos
asimilacionistas. La mujer puede identificarse con el varón porque se
considera que no existe nada previamente dado en su identidad,
no hay ninguna diferencia entre varón y mujer, ni siquiera
biológica. Se defiende una identidad en las funciones sociales, todas
son absolutamente intercambiables, porque hombre y mujer son idénticos. La
consecuencia es que la legislación no debe hacer ninguna distinción
basada en la diferencia sexual, ya que se parte de
que ésta no existe (32). La igualdad significa en este
caso homogeneidad. El resultado es que en realidad las mujeres
no alcanzaron su identidad sino que se asimilaron a un
modelo masculino, que era inicialmente su blanco de críticas, cayendo
en un círculo vicioso.
El segundo modelo, reclama la perfecta identidad
entre los géneros masculino-femenino, es decir como propuso el primer
feminismo radical, la absoluta igualdad entre varón y mujer, sin
ninguna diferencia. Propone para acabar con la desigualdad de sexos
la erradicación de las diferencias incluso a nivel biológico. Para
estas feministas, la guerra entre los sexos es una guerra
en contra de la naturaleza, y aunque reconocen que la
familia está arraigada en realidades biológicas como el hecho de
que sólo la mujer puede quedar embarazada, piensan sin embargo
que aún así la mujer puede lograr su liberación. Esto
lo haría a través de: 1) la absoluta revolución sexual
de clases, no sólo a través de la eliminación del
privilegio masculino, sino también eliminando la distinción misma del sexo;
2) el absoluto control de la reproducción de la mujer,
incluyendo el aborto a petición y 3) la total liberación
sexual, que incluye el derecho absoluto del individuo a tener
relaciones sexuales con otros individuos sin importar la edad, el
número de personas, el estado civil o las relaciones familiares
(incesto) o el género (25).
En lo referente al comportamiento sexual,
aparece la moda "bisexual", se incrementa la homosexualidad que se
presenta como un modo de vida "idílico" y se intenta
buscar una base científica a la afirmación de que heterosexualidad
y homosexualidad son aspectos igualmente normales de la naturaleza humana,
que obedecen a mecanismos intrínsecos de las primeras fases del
desarrollo. Conviene pues detenerse en resumir que es lo que
en realidad conocemos sobre las posibles bases biológicas de la
homosexualidad, precisando antes que se trata de una preferencia sexual
y no de una alteración de la identidad sexual (sería
más bien éste, el caso de los transexuales) porque la
mayoría de los individuos gays ó lesbianas se identifican fuertemente
con su sexo anatómico definido. Respecto a si la preferencia
homosexual es patológica es un asunto que estaba fuera de
duda para Freud quien consideraba la heterosexualidad como la condición
adulta normal y la homosexualidad como un estado patológico de
desarrollo interrumpido causado primordialmente por factores educativo-familiares (carácter absorbente de
la madre, la hostilidad, debilidad o ausencia del padre, celos
infantiles u otros factores) (5). Posteriormente desde la psicopatología se
ha definido la homosexualidad como "un estado persistente, postadolescente, en
que el objeto sexual es una persona del mismo sexo
y al que acompaña una aversión o repugnancia en diversos
grados, a mantener relaciones con miembros de otro sexo" (Cavanagh).
Muy recientemente el psicólogo holandés Gerard van den Aardweg ofrece
en su libro "Homosexualidad y esperanza" una reflexión sobre las
causas y soluciones a este problema con la experiencia de
la atención directa de 250 pacientes de este tipo a
lo largo de 20 años: "El estilo de vida homosexual
-dice en el texto mencionado- se presenta de modo tendencioso
e idílico, algo que se debe entender como simple propaganda,
pues cuando se escuchan las historias de los homosexuales se
ve claro que en ese género de vida no se
encuentra la felicidad. Agitación en los contactos, soledad, celos, depresiones
neuróticas, y , proporcionalmente, un elevado número de suicidios (por
no mencionar las enfermedades venéreas y otras enfermedades somáticas) representan
la otra cara de la moneda, que los medios de
comunicación no muestran" (1). Es conocida la vivencia de la
homosexualidad como sufrimiento (Guide) y el hecho de que la
conducta homosexual supone una menor relación personal y una mayor
dependencia del sexo dada la tendencia a obtener una gratificación
sexual inmediata: la consecuencia es que el número de compañeros
sexuales se multiplica y que el intento de presentar a
una pareja homosexual como el equivalente a un matrimonio feliz
no pasa de ser una pretensión sencillamente imposible. El sociólogo
alemán Dannecker, que se autodefine homosexual, declaró explícitamente que "la
fiel amistad homosexual es un mito".
Vayamos pues a los datos
biológicos: Tres laboratorios - Garski, Swaab y Le Vay -
han buscado núcleos con dimorfismo sexual en el hipotálamo humano.
Los trabajos de Le Vay son los más conocidos y
en ellos muestra que existe un conjunto celular NIH3 (tercer
núcleo intersticial del hipotálamo) que triplica en los varones el
tamaño que presenta en las mujeres; en los homosexuales, el
NIH3 era por término medio del mismo tamaño que en
las mujeres. Algunos autores tratan de explicar éste y otros
dimorfismos cerebrales en base a la hipótesis que centraba la
orientación sexual en el papel de las hormonas en época
prenatal: unos altos niveles prenatales de andrógenos durante esa época
decisiva producirían heterosexualidad en los varones y homosexualidad en las
mujeres, y a la inversa, bajos niveles fetales de andrógenos
provocarían homosexualidad en los varones y heterosexualidad en las mujeres
(si esto fuera exactamente así, el número de homosexuales sería
mucho mayor del que realmente existe ...).
Hay que matizar que
el trabajo de Le Vay y posteriormente el de Gorsky
mostrando que la comisura anterior -fascículo de fibras que cruza
la línea media del cerebro conectando los dos hemisferios cerebrales-
es pequeña en los varones heterosexuales, grande en las mujeres
y de tamaño similar a las mujeres en los varones
homosexuales, fueron realizadas sobre cerebros de pacientes homosexuales fallecidos de
SIDA lo que obliga a comprobaciones ulteriores todavía inexistentes. Con
todo, la observación más importante a estos trabajos la efectuó
el propio Le Vay: "Para muchas personas, el descubrimiento de
una diferencia en la estructura cerebral de los hombres homo
y heterosexuales es equivalente a demostrar que los homosexuales "nacen
así". Una y otra vez se han referido a mí
como la persona que «ha demostrado que la homosexualidad es
genética» o algo parecido. No es así. Mis observaciones solo
se realizaron en adultos que habían sido sexualmente activos durante
un periodo considerable de tiempo. No es posible, simplemente sobre
la base de mis observaciones, saber si las diferencias estructurales
estaban presentes al nacer e influyeron después en la homosexualidad
o heterosexualidad de los hombres, o si surgieron en la
vida adulta, quizá como consecuencia de la conducta sexual de
esos hombres" (23,24).
Así las cosas algunos investigadores han acudido a
la genética en su búsqueda de un vínculo biológico para
la orientación sexual. De esos trabajos solo el de Bailey
y el de Pillard incluían hermanos biológicos no gemelos y
hermanos adoptados (sin parentesco biológico), además de gemelos idénticos y
dicigóticos. La investigación de tales autores produjo resultados paradójicos. Unas
estadísticas apoyan la hipótesis genótica, mientras que otras la refutan.
Los gemelos monocigóticos presentaban la mayor probabilidad de ser homosexuales
los dos; al 52 % frente al 22 % de
los gemelos dicigóticos, les unía la homosexualidad. Este resultado respaldaría
la interpretación genética, ya que los gemelos idénticos comparten toda
la dotación hereditaria, mientras que los gemelos dicigoticos comparten solo
la mitad. Los hermanos no gemelos de homosexuales comparten la
misma proporción de genes que los gemelos dicigóticos; sin embargo
solo el 9% de ellos tendían también a la homosexualidad.
La hipótesis genética predice que la proporción sería la misma.
Además observaron que la incidencia de homosexualidad en los hermanos
adoptados de los homosexuales (11%) era mucho mayor que la
calculada recientemente para la población general; de hecho era igual
al porcentaje registrado entre hermanos biológicos no gemelos Este estudio
pone en tela de juicio la hipótesis genética simple y
presta un sólido respaldo a la hipótesis que atribuye al
entorno un peso significativo en la inclinación sexual de los
individuos. Además no se han estudiado gemelos idénticos criados por
separado (35).
Con todo, el principal hallazgo de estos estudios de
heredabilidad quizá resida en el hecho siguiente: pese a compartir
los mismos genes y haber vivido un ambiente perinatal lo
mas parecido posible, aproximadamente la mitad de los gemelos idénticos
mostraban una orientación sexual distinta. El dato viene a subrayar
cuan poco sabemos acerca de los orígenes de la inclinación
sexual.
Homosexualidad
- La Ciencia desconoce si hay o no causas genéticas.
-
El homosexual se identifica con su sexo anatómico.
- Elige para
realizar su sexualidad personas del mismo sexo.
- Le Vay desconoce
si el tamaño del hipotálamo en algunos homosexuales es genético
A)
Hipótesis de que la causa fuera genética.
B) Hipótesis contraria. La
conducta homosexual terminaría modificando el hipotálamo.
Modelo 3. Independencia sexo y
género. La transexualidad y el andrógino
El tercer modelo, siguiendo dentro
de una independencia de sexo y género, consiste en dividir
el género en cuatro especies: masculino, femenino, andrógino e indiferenciado.
De esta forma la masculinidad y la feminidad no aparecen
en modo alguno como los derivados naturales de la dicotomía
sexual biológica. Esto hace que con independencia del sexo, los
individuos puedan vivirse y manifestarse como andróginos, masculinos, femeninos o
indiferenciados, sin que de ello haya de inferirse a priori
indicios de disfuncionalidad. Sí parece acorde con la realidad hablar
de tareas andróginas o indiferenciadas, que puedan ser desarrolladas indistintamente
por el hombre o por la mujer, sin embargo no
se puede afirmar que existan identidades sexuales andróginas o neutras,
ya que la persona es inseparable de su cuerpo y
por tanto, es un ser sexuado.
Se utiliza aquí un pseudo-argumento
en el que se pasa indebidamente del terreno biológico al
cultural: La existencia de transexuales y hermafroditas mostraría que no
hay solamente dos sexos. Pero esta es una conclusión precipitada
que obliga a detenernos en este punto. Los transexuales son
individuos que creen realmente pertenecer al sexo opuesto del que
indican sus genitales, se trata de una clara patología referente
al sexo psicológico que crea una severa disfunción que en
no pocos casos conduce al suicidio.
Tercer modelo. Transexualidad.
Los estados intersexuales
o hermafroditismo. No existe un tercer sexo.
Hermafroditismo verdadero y pseudohermafroditismo
-
Causas psíquicas.
- Problemas graves de identidad sexual
Respecto a los hermafroditas,
no se trata en modo alguno de un tercer sexo.
Los estados intersexuales se definen por la existencia de contradicción
de uno o más de los criterios morfológicos que definen
el sexo (estructura cromosómica, gónadas, genitales internos y externos, caracteres
sexuales secundarios); es decir, existe en estos individuos una patología
en alguno de los puntos de la cadena biológica que
conduce a la diferenciación sexual (19).
- Causas biológicas (fisiológicas).
- en
la intersexualidad no hay problemas de identidad sexual. Claramente definida
como masculina o como femenina. No es ambivalente.
Distinguimos las siguientes
formas de intersexualidad:
1.Disgenesia gonadal. S. de Turner : Describiremos solo
dos de los cuadros más representativos: La disgenesia gonadal mixta
y el S. de Turner. Los individuos con disgenesia gonadal
mixta se presentan como mujeres con diferentes grados de virilización.
El cariotipo más frecuente es un mosaico 45XY/45XO. Los genitales
externos presentan una vagina inmadura y una hipertrofia de clítoris.
Presentan una gónada rudimentaria en un lado y en el
otro un testículo que puede ser rudimentario e intraabdominal; suele
existir trompa y hemiutero unilateral así como un cordón ovárico.
Clínicamente presentan amenorrea, retraso, telarquia y esterilidad y son posibles
las complicaciones propias del S. de Turner en general. Respecto
al pronóstico, en un 25% se presentan tumores gonadales (ginoblastoma)
lo que hace aconsejable la exéresis gonadal tras la pubertad.
En cuanto al tratamiento, estas pacientes tienen mejores posibilidades de
desenvolverse en el sexo femenino que suele ser el sexo
asignado y por ello la terapia hormonal se dirigirá a
apoyar el sexo femenino normalmente asumido y si es preciso
cirugía plástica del pene si la virilización es importante.
El S.
de Turner puede presentar una forma clínica asociada a la
hipertrofia de clítoris. El cuadro clásico de Turner reúne los
siguientes caracteres: Mujeres con infantilismo sexual, talla baja y gónada
femenina rudimentaria independientemente del cariotipo del que existen mas de
20 tipos distintos (el más frecuente es 45XO). Generalmente presentan
anomalías asociadas cardiacas, óseas y urológicas, además de otras complicaciones
no siempre presentes (Hipertensión idiopática, sordera y/o ceguera congénita, estrabismo,
nistagmus, pterigion colli, etc.). Hay descritas muchas variantes, incluyendo un
cuadro descrito por Milet en 1967 caracterizado por talla baja,
infantilismo sexual y gónada rudimentaria, con ausencia de malformaciones somáticas
e inteligencia normal pero con frecuentes anomalías tiroideas.
Su pronóstico depende
de las malformaciones asociadas, e invariablemente incluye esterilidad; hay riesgo
de desarrollo de gonadoblastoma en presencia de cromosoma Y (raro),
por lo que en esos casos se efectúa la exéresis
de la gónada. El tratamiento es fundamentalmente la hormonoterapia de
sustitución en sentido femenino, que es el sexo asignado y
asumido. Si existe hipertrofia de clítoris manifiesta se recurrirá a
la cirugía (poco frecuente).
2. Hermafroditismo masculino: También llamado pseudohermafroditismo masculino
y masculinización incompleta con gónadas y estructura cromosómica masculina.
Hay dos
grupos fundamentales:
a) Pseudohermafroditismo por fallo de regresión de los conductos
de Müller. En este caso el sexo cromosómico y gonadal
es masculino y los genitales externos son igualmente masculinos (aunque
con frecuencia existe criptorquidia) por lo que su sexo asignado
y asumido suele ser masculino. Son sus genitales internos los
discordantes: poseen trompas y útero más ó menos desarrollados.
. En
este caso el sexo cromosómico y gonadal es masculino y
los genitales externos son igualmente masculinos (aunque con frecuencia existe
criptorquidia) por lo que su sexo asignado y asumido suele
ser masculino. Son sus genitales internos los discordantes: poseen trompas
y útero más ó menos desarrollados.
Claramente el tratamiento reforzará su
sexo masculino.
b) Pseudohermafroditismo por defecto de la virilización debido a
dos causas fundamentales:
- Por defecto de la síntesis de los
andróginos.
Son individuos con sexo gonadal y genético masculino (XY) que
muestran defectos de la virilización y que puede oscilar desde
un hipospadias a una feminización casi total. En la pubertad
pueden adoptar un aspecto típicamente masculino, femenino ó ambiguo. Se
han descrito 5 tipos de trastornos por defecto de las
principales enzimas que intervienen en la biosíntesis esteroidea. El tratamiento
de estos cuadros en lo referente a la esfera genital
(dejando aparte el tratamiento general con frecuente corticoterapia, etc.) incluirá
la terapia hormonal sustitutivo, en principio con Testosterona, aunque hay
que atender al sexo asumido, por lo que habrá que
particularizar cada caso y recurrir a la cirugía plástica si
es precisa. Estos sujetos lógicamente tienen mejores posibilidades de desenvolverse
en el sexo masculino.
- Por resistencia a los andróginos:
a) S.
de feminización testicular completa también llamado S. de Morris. Están
alterados los receptores androgénicos y por tanto son individuos con
sexo gonadal, cromosómico y genitales internos masculinos, y que en
cambio presentan genitales externos y caracteres sexuales secundarios (fenotipo) típicamente
femeninos. El sexo asignado y en el que son educados
es por tanto el femenino. Por otra parte existe riesgo
de desarrollar una neoplasia gonadal por lo que está indicada
una exéresis de los testículos intraabdominales tras la pubertad, cuando
se ha completado el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios
femeninos. Habrá que informarles de la imposibilidad de tener la
regla y de tener hijos y en general mantener su
orientación en sentido femenino; respecto a informarles de su condición
cromosómica y gonadal solo en casos muy seleccionados será prudente
hacerlo (aquí el cambio a sexo varón, siendo obligada la
castración y habida cuenta del no desarrollo de genitales externos
masculinos coloca al sujeto en una situación vivencial poco recomendable).
b)
S. de feminización testicular incompleta (a: por anomalía del receptor
citosólico de los andróginos por ej. el S. de Reifenstein;
y b: por déficit aislado de 5-alfa reductasa). Pueden presentarse
con aspecto masculino, femenino o ambiguo con signos de virilización
en la pubertad. Generalmente el fenotipo prepuberal es femenino (siendo
por tanto asignado al nacer el sexo femenino), con maduración
puberal en sentido masculino. Su cariotipo es XY, gonadas y
genitales internos masculinos completos. Aquí se plantea dentro del tratamiento
la cuestión del cambio de sexo al llegar la pubertad,
pues en ese momento el nivel androgénico de estos varones
es suficiente como para producir una clara virilización a pesar
de la anomalía enzimática o de receptores hormonales. Hay que
tener en cuenta que para poder ejercer su acción en
el adulto, la testosterona debe ser convertida en dihidrotestosterona por
acción de la 5-alfa reductasa; pero en el embrión las
cosas no son así: la testosterona por sí misma puede
estimular el desarrollo de los genitales internos y también ejercer
su eventual acción sobre las estructuras cerebrales contribuyendo así posteriormente
al establecimiento del sexo psicológico. Si esto es así puede
suponerse que la biología trabajará a favor del cambio a
sexo masculino y eso explicaría la sorprendente buena adaptación de
los sujetos a los que se ha explicado su situación
y propuesto la corrección del error en la asignación del
sexo. Sin embargo estamos muy lejos de poder generalizar en
estos casos y debemos atender siempre al sexo asumido, a
la psicología del sujeto, a su nivel educativo, cultural, etc.
3.
Hermafroditismo femenino (con o sin hiperplasia adrenal: Son individuos con
gónadas y sexo genético femenino, que muestran un grado más
o menos intenso de virilización. Se presentan como mujeres con
signos de virilización neonatal y plantean a veces el diagnóstico
diferencial con casos de hermafroditismo verdadero. Son siempre XX, con
genitales internos y gónada femenina normal, pero con genitales externos
con fusión de pliegues labioescrotales e hipertrofia de clítoris variable.
El tratamiento se dirigirá en lo referente a la esfera
genital a potenciar el sexo asumido que suele ser siempre
el femenino con corrección plástica de genitales externos según el
grado de afectación.
4. Hermafroditismo verdadero: Son individuos que poseen a
la vez tejido ovárico y testicular. Las 2/3 partes tienen
sexo cromosómico XX y 1/3 es XY, aunque hay autores
que afirman que el mosaico es la forma más frecuente.
La mayoría de los hermafroditas verdaderos tienen genitales externos de
aspecto masculino y han sido inscritos y educados como varones;
pero también pueden presentarse como mujeres con cuerpo musculado y
mamas bien desarrolladas. En cuanto a los genitales internos pueden
coexistir un útero bien desarrollado o rudimentario y una trompa,
con estructuras procedentes del conducto de Wolff (próstata, vesícula seminal,
epidídimo ... El tratamiento será la extirpación de la gónada
antagónica (si es un ovotestes extirpación) y terapia de apoyo
al sexo asignado y asumido (Cirugía plástica y hormonoterapia) (10,11).
En
resumen, aún a riesgo de ser en exceso esquemáticos, podemos
decir que en los Intersexos no se produce un problema
de identidad sexual: cada sujeto tiene un sexo asumido varón
o mujer que para él no ofrece dudas; no hay
un problema psicológico y no tienen en absoluto la percepción
de pertenecer a un tercer sexo o de ser andróginos
(ni siquiera en el hermafroditismo verdadero). Y en cuanto a
la corrección de un error de asignación de sexo al
llegar la pubertad, hay que tener en cuenta siempre el
sexo psicológico procurando la corrección en el sentido en que
ese sujeto tenga mejores posibilidades de desarrollarse, después es importante
considerar la posibilidad de relaciones sexuales satisfactorias y en tercer
lugar intentar salvaguardar la fertilidad si es posible.
Modelo 4. Relación
entre sexo y género, pero no identidad. Interdependencia-corresponsabilidad
En el cuarto
modelo se considera que la perspectiva de género es adecuada
para describir los aspectos culturales que rodean a la construcción
de las funciones del hombre y la mujer en el
contexto social. Si los sexos son necesariamente varón o mujer,
las funciones atribuidas culturalmente a cada sexo pueden ser en
algunos aspectos intercambiables. El género en alguna de sus dimensiones
se fundamenta en el sexo biológico, pero otras muchas de
las funciones o del reparto de las tareas consideradas en
una época u otra propio de lo femenino o de
lo masculino son algo absolutamente aleatorio y que no tienen
ninguna base biológica. Dependen en este caso de los estereotipos
formados por el grupo social, por las costumbres o por
la educación.
-Relación sexo-género pero no identidad
-Igualdad y diferencia
-Interdependencia: corresponsabilidad
Este cuarto
modelo propugna la interdependencia entre los distintos sexos; una igualdad
en la diferencia. Reivindica que los dos sexos deben estar
simultáneamente presentes en el mundo de lo privado y de
lo público. A la vez que reclama más presencia de
la mujer en la vida pública, considera igualmente necesaria una
mayor presencia del varón en los asuntos domésticos, y en
el mundo de la educación de los hijos. También el
varón tiene derecho a asumir unas tareas antes reservadas a
las mujeres. Esta revolución social necesita un respaldo jurídico porque
implica una revolución copernicana en las estructuras sociales. El principio
de igualdad desde esta perspectiva requiere analizar en conjunto la
relación entre los sexos. Es más añade una nota muy
positiva porque se dirige a que exista una interrelación de
tareas en los dos ámbitos; paternidad-maternidad de la mano en
el ámbito privado, y cooperación creativa hombre-mujer en el mercado
laboral. Como veremos esto tendrá sus consecuencias a nivel legislativo.
En el II plan de Acción positiva del Gobierno Vasco
se afirma "La participación laboral de las mujeres y la
participación doméstica de los hombres, es decir, el reparto de
responsabilidades sociales y económicas en la población adulta, es un
requisito básico para el progreso" (Emakunde).
En esta mutua cooperación hay
que distinguir en ambos ámbitos funciones intercambiables, es decir que
pueden ser realizadas indistintamente por personas de ambos sexos, y
que dependen sólo del aprendizaje, frente a otras funciones o
roles que están conectadas a una diferenciación biológica y que
no son transferibles al otro sexo.
Si los sexos son necesariamente
varón o mujer, las funciones atribuidas culturalmente a cada sexo
pueden ser en algunos aspectos intercambiables. Aunque el género en
alguna de sus dimensiones se fundamenta en el sexo biológico
(8,9), otras muchas de las funciones o del reparto de
las tareas consideradas en una época u otra propio de
lo femenino o de lo masculino son algo absolutamente aleatorio
e intercambiable y que no tienen ninguna base biológica. Dependen
en este caso de los estereotipos formados por el grupo
social, por las costumbres o por la educación (20, 21).
Por
otra parte, según este modelo, como se acaba de indicar
no todo es absolutamente cultural. Si este modelo reconoce la
no identidad entre sexo y género (contra el modelo 1),
añade también como necesario el reconocimiento de que no todos
los estereotipos sociales atribuidos a los dos sexos son siempre
indiferentes sino que algunos de ellos tienen una mayor raigambre
o base biológica, de manera que no son una mera
construcción cultural cambiable, sino que están inexorablemente unidos a la
diferenciación sexual; así no es lo mismo ser padre que
madre a la hora de educar a los hijos. Los
dos papeles son insustituibles, complementarios y no intercambiables. Por tanto,
tan perjudicial sería la desaparición de la figura de la
madre, como la carencia de la figura del padre (7,34).
Ventajas
e implicaciones de la adopción del modelo 4
El cuarto modelo
establece las relaciones varón-mujer defendiendo la igualdad en todos los
roles históricos y culturales, y asumiendo alguna diferencia en lo
biológico. De hecho es constatable que los primeros reclamos de
igualdad por parte de las feministas de la primera generación
han sido substituidos por el reclamo de la diferencia en
las voces de las feministas de la segunda generación.
Si bien
es cierto que la mujer tiene las mismas capacidades que
el hombre y que su desarrollo es una cuestión educacional,
también lo es que, aunque el sexo no determine la
conducta, sí condiciona las funciones que cada individuo sexuado juega
en la sociedad.
Desde la propia biología se está demostrando que
la mujer y el hombre nacen con ciertas condiciones innatas
y con capacidad para desarrollar todas las funciones complementarias a
través del aprendizaje. Podríamos decir que si el sexo biológico
es claramente uno y determinado, cada sexo debe aprender parte
de las cualidades del otro para desarrollar una personalidad más
completa y en definitiva más equilibrada. De ahí esa afirmación
famosa de que el ideal cultural es el andrógino (3,4).
Es decir, en los roles sociales cada sexo debe esforzarse
por desarrollar las funciones tanto de un hemisferio del cerebro
como del otro, aunque nazca con uno de ellos más
desarrollado, como lo afirmaba recientemente Doreen Kimura en un artículo
titulado "Cerebro de varón y cerebro de mujer. Las variaciones
cognitivas de uno a otro sexo reflejan diferentes influencias hormonales
sobre el desarrollo del cerebro. Comprender estas diferencias y sus
causas ayudará a penetrar en la organización del cerebro" (22).
De
ahí que últimamente se hayan escrito libros dirigidos a empresarios
en los que se les exhorta a utilizar y desarrollar
las funciones atribuidas al hemisferio derecho, que es el que
la mujer tiene más desarrollado. ¿Por qué?, porque para ser
un buen empresario hay que desarrollar la imaginación, la creación
y la intuición. "Somos una sociedad de cerebro izquierdo y
hemos suprimido los poderes imaginativos del cerebro derecho. Pero se
puede volver a despertar dichos poderes con unos sencillos ejercicios
basados en el entendimiento de los respectivos papeles de esos
dos lados del cerebro" (2). Y añade "En la cultura
occidental, por lo general, se le da una valoración alta
a las funciones del cerebro izquierdo, mientras que tienden a
descuidarse las características del derecho" (2).
Y al contrario, la mujer,
además de aportar al mundo laboral esas cualidades, debe autoeducarse
para ser más racional y más reflexiva.
El reivindicar una mayor
presencia de la mujer en el mundo laboral va de
la mano de la reivindicación de una mayor presencia del
hombre en las tareas domésticas. Por ahora, se ha conseguido
bastante de lo primero y poco de lo último. Como
afirma el profesor Ballesteros: "Se trata de reivindicar la primacía
de los valores que han sido hasta ahora considerados como
femeninos, pero que son en definitiva valores humanos ya que
a ambos sexos compete atender al anímus y al anima,
como la no violencia, al igual que como la atención
a los más indigentes y menesterosos, a los más pobres,
ya que ambas cuestiones están íntimamente entrelazadas" (4).
De hecho, la
tendencia actual en algunas empresas europeas es la de crear
equipos de trabajo en el que se cuente a todos
los niveles, incluidos los más altos en la empresa, con
un número de mujeres proporcionados al número de varones, simplemente
porque así se posee una visión más completa de las
estrategias a seguir, lo que hace más eficaz la gestión
empresarial. Más todavía si se tiene en cuenta que la
mitad de la población del mundo son mujeres (30,31).
Todo lo
dicho no impide insistir en que el modelo cultural anterior
ha intentado perpetuar la subordinación y la independencia de la
mujer al hombre.
El cuarto modelo asume que muchos de los
papeles familiares y sociales atribuidos a la mujer y al
varón a lo largo de la historia son absolutamente convencionales
y en muchos casos han sido negativos para la mujer.
Ciertamente ha existido y existe todavía en muchísimos ámbitos un
control del hombre sobre la mujer en el espacio social
y en el ámbito familiar.
En este sentido como afirma el
documento de Pekín es indudable que la incorporación de la
mujer al mercado laboral es un avance. Esto no implica
que la mujer desatienda las tareas domésticas. Indica simplemente que
deben ser compartidas con el varón. De manera que los
problemas de como hacer frente a la armonización entre familia
y trabajo no son exclusivos de la mujer sino que
son problemas que el hombre debe hacer suyos. Este problema
se presenta así como un reto para lograr la compatibilidad,
pero no como una contraposición entre trabajo y familia. Debemos
ajustar la sociedad a este nuevo fenómeno. Algunos, en general
varones, culpan a la mujer de desatención de los hijos
y abogan por una vuelta de la mujer al espacio
doméstico, volviendo al modelo uno, con ciertos tintes de neoconservadurismo.
En
este sentido este modelo propone otro tipo de soluciones en
la línea de la complementariedad de lo masculino y lo
femenino, tanto en el ámbito privado como en el ámbito
público, laboral y político. Lo familiar es tanto del hombre
como de la mujer y lo mismo lo laboral. Del
mismo modo, que no hay maternidad sin paternidad. No es
justo, ni se puede justificar biológicamente, que el cuidado de
los hijos recaiga unilateralmente sobre la mujer.
Es cierto que el
cambio brusco que ha supuesto la incorporación de la mujer
al trabajo se ha hecho en muchos casos a costa
de la maternidad, es decir con un descenso en la
tasa de nacimientos. La razón es que el mercado de
trabajo ha estado construido con una mentalidad masculina, que delegaba
sus obligaciones familiares en el cónyuge femenino.
Según el cuarto modelo,
la solución para superar esta antinomia, entre reproducción-inserción en el
mercado laboral, no está en que la mujer vuelva a
casa. Además de que no resulta una solución acorde con
la realidad porque las mujeres que están cada vez más
capacitadas no están dispuestas a ello. La solución está en
una readaptación de la sociedad, del mercado laboral y de
la legislación a este cambio cultural y sociológico; muy positivo,
por cierto, en muchos aspectos para la mujer.
Esa readaptación a
este cambio cultural supone un reciclaje y el abandono de
esquemas tan sólo masculinos. Para empezar en una sociedad en
la que priman los valores de eficiencia, utilitarismo e individualismo
hay que insertar otros valores, como el de que la
maternidad no es una responsabilidad sólo de la mujer sino
también del hombre, y el de que la renovación generacional
y el traer hijos al mundo es un valor social
(reproducción) al que debemos hacer frente todos solidariamente, y no
sólo el empresario al que le supone la baja de
maternidad un plus de un 15% del salario del trabajador.
La
sociedad debe readaptarse y reconocer las consecuencias de esta nueva
asignación de papeles del hombre y la mujer, en lo
que tienen de positivo y de cultural y no añorar
un pasado en parte perdido.
En este sentido la teoría del
género sirve para decir hasta dónde alcanza el determinante biológico,
del cual no es deseable liberarse, y donde empieza lo
cultural, que sí es cambiable.
El error de las propuestas del
feminismo radical es pensar que la igualdad supone la liberación
de la mujer, una liberación sexual entendida como liberación de
lo biológico. Esto no deja de ser una ingenuidad, ya
que dicho un tanto burdamente, hay que vivir con los
cromosomas. La ruptura con lo biológico no libera a la
mujer, ni al varón, es un mal camino que conduce
a lo patológico. Lo mismo ocurre en el varón cuando
no contribuye en su propia vida o en la de
la mujer a esa armonía entre lo dado y lo
adquirido, en esas zonas en las que debe haber una
continuidad en ambas funciones.
Por otra parte esas opciones drásticas, hechas
en abstracto, sobre si la mujer debería seguir sólo trabajando
en el hogar, resultan ya un tanto anacrónicas. Esto dependerá
de las circunstancias personales, de las distintas posibilidades, del acuerdo
entre marido y mujer sobre cómo repartir las cargas familiares.
En muchos momentos no dependerá de que la mujer sea
capaz o no de asumirlas, ya que están capacitados los
dos, sino de la conveniencia de una decisión que debe
tomarse entre dos personas, asegurando que el cuidado de los
hijos no sufra, no sólo por la excesiva dedicación de
la mujer a un trabajo fuera de la casa, sino
también por la dedicación del mismo marido. En algunos casos
habrá que optar, o dependerá de los distintos ciclos de
la vida, en otros será una cuestión de preferencias, otras
personas serán capaces de asumir ambas tareas sin menoscabo de
ninguna de ellas. En todo ello no existen reglas generales
ni soluciones maximalistas. No es correcto plantear ambas cosas como
incompatibles de un modo global.
Como ya se ha señalado, la
cultura moderna se basa en valores masculinos, como el de
eficacia, utilidad, racionalidad; la incorporación de la mujer a ámbitos
de la sociedad en los que hasta ahora ha estado
ausente como la política, puestos de dirección etc, contribuirá a
aportar a la sociedad valores femeninos equilibrando lo cuantitativo, con
lo cualitativo; la competencia con la compasión; la eficiencia con
el servicio; la eficacia con la misericordia y un largo
etcétera.
Si los varones son educados para dar importancia a esas
cualidades, como está ocurriendo en el mundo empresarial, entonces también
se remunerará económicamente esos servicios equiparándolos a otros que poseen
un mayor nivel de productividad inmediata. Por ejemplo en el
sector servicios, en la educación, salud, atención a la tercera
edad etc., trabajos dirigidos directamente al cuidado de las personas,
para los que la mujer ha mostrado siempre unas cualidades
especiales. La revolución para la igualdad de la mujer no
tiene que ver con el hecho de que elija más
carreras técnicas, como se ha enfocado en muchas políticas de
algunos países. Sí que debe tener acceso a todo ello,
pero debe elegir según sus gustos. Se trata más bien
de que esos otros trabajos, realizados en general por mujeres,
estén bien remunerados y no de seguir imprimiendo en la
sociedad la idea de que para ser más hay que
imitar al hombre.
Como contraste merece destacarse del documento de Pekín
la idea de que debe existir una política de acción
positiva para que la mujer tenga igualdad de oportunidades, para
llegar a los puestos en los que se toman las
decisiones sociales y políticas de un país, y difundir y
promover las contribuciones positivas de la mujer a la sociedad.
Se debe incrementar la participación de la mujer en la
vida política. La mujer se ha demostrado que es una
buena gestora de paz, que posee un talante conciliador y
mediador, que es respetuosa con la naturaleza y el medio
ambiente.
No hay que olvidarse que en Europa la situación de
la igualdad formal de la mujer está bastante lograda y
que la legislación comunitaria a este respecto es de las
más avanzadas (Durán) (12), sin embargo hay todavía muchísimos países
del mundo en los que la situación de la mujer
es absolutamente injusta y se da, como enumera el documento
de Pekín, una desigualdad en el acceso a la educación,
en materia de salud, además existe grandes dosis de violencia
contra las mujeres (también en Europa), desigualdad de acceso y
participación en la definición de estructuras de poder y en
la adopción de decisiones a todos los niveles, faltas de
mecanismos para promover el adelanto de la mujer, desconocimiento y
falta de compromiso activo respecto a los derechos humanos de
la mujer reconocidos nacional e internacionalmente, movilización insuficiente de los
medios de difusión para promover las contribuciones positivas de la
mujer a la sociedad y por último falta del reconocimiento
y del apoyo debidos a la contribución de la mujer
en la ordenación de los recursos naturales y la protección
del medio ambiente.
Este largo elenco de discriminaciones no tiene ningún
fundamento biológico sino una raíz cultural y es ahí donde
la perspectiva de género resulta especialmente apropiada.
La adaptación del cuarto
modelo se aprecia por tanto en estos tres aspectos:
- primero
a favor de la tesis de la corresponsabilidad, este criterio
nos llevará a juzgar entre equiparaciones correctas (lactancia, permisos) y
otras no justificadas porque no contribuyen a dicha corresponsabilidad (pensiones
de viudedad);
- segundo, en pro de la acción positiva, justificando
medidas diferenciales basadas en una diferencia previa biológica o social,
en este último caso transitorias, pero necesarias (plus de guardería,
plus de transporte nocturno);
- en tercer lugar, la cuestión de
la lucha contra las discriminaciones indirectas a través de los
criterios de clasificación de categorías profesionales asimilacionistas. En este sentido
se ha producido un gran avance desde la primera sentencia
de las trabajadoras del Hospital Marañón hasta las trabajadoras de
la fábrica Puig, con una situación no del todo clara
en la sentencia de las trabajadoras de la fábrica de
galletas Fontaneda.
Esta última cuestión, todavía requiere un ulterior desarrollo en
la cuestión laboral que llevaría a introducir en los convenios
colectivos nuevos criterios positivos que retribuyan salarialmente las cualidades que
la mujer aporta al trabajo, basadas en su diferencia (29).
Un
largo camino queda todavía por recorrer en el terreno también
del pensamiento sobre lo "masculino" y lo "femenino": ¿Qué hay
de insustituible en una mujer? ¿Qué es lo peculiar de
una varón como tal? ¿En qué funciones son ambos intercambiables?
¿Donde la complementariedad? ... Vamos a la búsqueda de un
modelo social todavía sin hacer, que se perfila idealmente como
andrógino en lo cultural sin perder -más bien reforzando- la
propia identidad, la propia condición de persona masculina / persona
femenina.
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Ana Carmen Marcuello. Médico ginecólogo.
Hospital Miguel Servet. Zaragoza.
María Elósegui. Profesora Titular de Filosofía del
Derecho. Facultad de Derecho. Universidad de Zaragoza
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