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Autor: Germán Sánchez Griese | Fuente: Catholic.net Los nombres de la vida consagrada según Benedicto XVI
Las personas consagradas no anteponen nada al amor de Cristo. La persona consagrada es aquella que pertenece al Señor.
Los nombres de la vida consagrada según Benedicto XVI
Un nombre es un programa Las palabras, como signos, representan limitadamente
el pensamiento del hombre. Sin embargo logran presentar, significar y
calificar la realidad. Son las palabras instrumentos del pensamiento para
definir la realidad. Y gracias a la riqueza que las
palabras poseen, podemos abrirnos y enriquecernos con la realidad. Sucede
entonces que podemos expresar con distintas palabras una misma realidad,
un mismo concepto.
Éste ha sido quizás lo sucedido con el
término vida consagrada. Antes del Concilio era conocido este estilo
de vida como vida religiosa o vida de perfección.
Términos utilizados para señalar el tipo de vida de quienes
han elegido seguir más de cerca al Señor mediante los
vínculos sagrados de pobreza, castidad y obediencia 1 .
El concepto existe, son las palabras que de alguna manera
ayudan a expresar mejor su significado. Y como dicen Mondin:
“La lengua se convierte en la semilla de todo aquello
que tiene que ver con el desarrollo cultural de un
pueblo: de determinados signos lingüísticos se vale el lenguaje ordinario,
el filosófico, el poético, el científico, el religioso, etc. En
la lengua se encuentra prácticamente encerrada toda la vida de
un pueblo y ella es el símbolo principal y fundamental,
así como el instrumento primario de toda cultura” 2
. Las palabras son de alguna manera hijas de la
realidad y no pueden dejar de representar la cultura en
la cual se hayan inscritas.
En el Antiguo Testamento el nombre
que recibe una persona indica todo un programa de vida.
La historia de Abraham, que de Abrán pasa a ser
Abraham: “No te llamarás más Abrán, sino que tu nombre
será Abrahán, pues te he constituido padre de muchedumbre de
pueblos. Te haré fecundo sobremanera, te convertiré en pueblos, y
reyes saldrán de ti.” (Gen 17, 5 – 7 ).
O aquella de Noemí, la suegra de Rut, cuyo nombre
viene a significar una gran tristeza y amargura: “Las mujeres
exclamaban: <> Mas ella respondía <<¡No
me llaméis ya Noemí! Llamadme Mará, porque Sadday me ha
llenado de amargura. Colmada partí yo, vacía me devuelve Yahvé.
¿Por qué me llamáis aún Noemí, cuando Yahvé da testimonio
contra mí y Sadday me ha hecho desdichada?>>” (Rut 1,
19 – 21). Incluso el mismo nombre del Salvador es
todo un programa de vida: “Dará a luz un hijo
y le pondrás por nombre Jesús ,3 porque él
salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1, 21).
Todos estos episodios del Antiguo y del Nuevo Testamento nos
indican que el nombre significa algo más que un apelativo.
Es una forma de expresar la misión y la vocación
a la que Dios llama.
De la misma manera los nombres
que recibe la vida consagrada significan algo. No son meramente
términos retóricos para significar una misma realidad. Si bien se
refieren al mismo concepto, la forma de expresar el concepto,
la idea de vida consagrada significa un matiz diverso que
pretende recalcar o resaltar aspectos importantes de la realidad a
la que se alude o puntos de vista que se
quieren subrayar por motivos específicos.
El nombre de vida consagrada puede
también participar de esta hermenéutica, es decir, de esta forma
de lectura de un nombre. Si quien se refiere a
la vida consagrada bajo distintos nombres es el Santo Padre,
el representante de Cristo en la tierra, podemos entender la
forma en que la vida consagrada viene concebida en estos
tiempos. No es que cambie el sentido de la vida
consagrada, pero puede aportar una perspectiva nueva a la ya
difícil situación por la que está pasando la vida consagrada.
El
primer saludo El 24 de abril de 2005 Benedicto XVI en
la homilía de la misa inaugural de su ministerio petrino,
como el gusta llamar al servicio que presta a la
Iglesia como Sumo Pontífice, se ha dirigido a la vida
consagrada con palabras cargadas de una gran emotividad. “Os saludo
a vosotros, religiosos y religiosas, testigos de la presencia transfigurante
de Dios.” 4
Momento significativo en el que después de
uno de los más largos pontificados de la historia, el
de Juan Pablo II, toca a Benedicto XVI tomar el
timón de la barca de Pedro para guiarla por aguas
no del todo tranquilas. La vida consagrada como hemos bien
ya subrayado a lo largo de este libro, no pasa
por momentos difíciles y sufre también de las dudas, las
inseguridades y los apuros y aprietos por los que está
pasando la Iglesia. No en vano, Jospeh Ratzinger en sus
intervenciones al sínodo de la vida consagrada, clarificando la palabra
profecía como adjetivo que pretendía calificar toda la actividad de
la vida consagrada, parece traer a colación las dificultades que
experimenta la vida consagrada por permanecer fiel a su identidad.
Una identidad que en muchas ocasiones se dispersa en el
secularismo, la actividad de agitación política, el servicio social sin
una visión sobrenatural.
El primer saludo se presenta por tanto como
la ocasión ideal no de reprensión, sino de invitación a
ser lo que se tiene que ser, a tomar conciencia
del momento en el que se vive y a poner
la mirada en el ideal que se quiere alcanzar. Ideal
por cierto que no viene inspirado por ningún teólogo o
profeta de la vida consagrada, sino por el mismo fundador
de la vida consagrada, por Cristo. Este ideal es el
de seguir más de cerca las huellas de Cristo. Este
seguimiento es el que permite a la vida consagrada el
poder tener a Dios como amigo, como el Otro con
el que me puedo confrontar, con el que puedo dialogar,
el que me permite salir de mí mismo para entrar
en la dimensión de su presencia.
Frente al ambiente demoledor del
laicismo que pretende arrinconar a Dios en la esfera del
privado, la vida consagrada se presenta como un estilo de
vida que hace presente a Dios por su mismo estilo
de vida, sin arengas ni manifestaciones, sin discursos ni brillantes
exposiciones de alta teología. Es con la vida misma con
la que los religiosos y las religiosas demuestran que Dios
existe y que toda su vida gira en torno a
él. Por ello, Benedicto XVI no duda en definir la
vida consagrada en esta homilía, sobre todo como una vida
de testimonio, una vida en la que más que hacer
o decir, se es testigo de algo que se ha
experimentado, que se ha vivido y que se sigue viviendo.
Este testimonio no es sino el de saber que Dios
existe y que se tiene conciencia de que se ha
sido llamado por Él. Es lo que el Papa, no
sin unas pinceladas poéticas define como la presencia transfigurante de
Dios. Los consagrados serán entonces aquellos que viven todos los
días esta presencia de Dios. Y no sólo desde un
punto de vista contemplativo, sino desde un punto de vista
activo, ya que esa presencia de Dios debe ser transfigurante.
Es por tanto una vida basada sí en la contemplación
pero que no se queda simplemente en la contemplación. Dicha
contemplación no deja indiferente al hombre, sino que lo
transforma, lo transfigura.
La persona consagrada, por su estilo de
vida se convierte en un testigo, en un espectador activo
y pasivo de esa presencia transfigurante de Dios. Pasivo, porque
no deja de maravillarse al contemplar la acción de Dios
en los acontecimientos, en las almas, en el devenir del
mundo, en su misma alma. Y testigo activo, porque al
darse cuenta de la acción de Dios en el mundo,
en las almas y en sí mismo, se pone a
disposición de Dios para colaborar en su obra transfigurante. Para
ser un verdadero testigo de esta presencia de Dios y
colaborar así en la obra transfigurante, la persona consagrada
deberá vivir plenamente para Dios. Sin anteponer nada al amor
de Cristo.
Quaerere Deum: no anteponer nada al amor de Cristo. En
el discurso del Santo Padre Benedicto XVI a las personas
consagradas presentes en la diócesis de Roma el sábado 10
de diciembre de 2005, Benedicto XVI no las llama por
un nombre en específico, pero se refiere a ellas con
unas palabras que son todo un programa de vida y
que encierran toda una visión que el Papa tiene de
la vida consagrada.
Es la primera vez que el Sumo Pontífice
tiene un encuentro exclusivamente dedicado a la vida consagrada. Si
bien es cierto que el 25 de julio de ese
año había dedicado una pequeña intervención a recalcar la importancia
de la vida consagrada en el discurso a los sacerdotes
de la diócesis de Aosta en la iglesia parroquial de
Introd 5 y que el 27 de septiembre también
del año 2005 había escrito una carta a mons. Franc
Rodé con ocasión de la Asamblea plenaria de la Congregación
para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de
vida apostólica 6, no había tenido la oportunidad de tener
un encuentro dedicado en forma íntegra a las personas consagradas.
La presencia de innumerables religiosos, religiosas y personas consagradas que
por diversos motivos pasan una temporada de su existencia en
Roma 7, le ha brindado la posibilidad de dirigirles una
palabra, casi en representación de todos los religiosos y religiosas
esparcidos por el mundo.
En conexión con el saludo que había
dedicado en su homilía de inicio de ministerio petrino a
todas las personas consagradas, Benedicto XVI lanza a ellas la
fórmula para ser testigos de la presencia transfigurante de Dios.
Se es testigo de un acontecimiento o de una persona
si se presencia dicho acontecimiento o se frecuenta dicha persona.
En el caso de las personas consagradas el ser testigos
de la presencia transfigurante de Dios requiere el presenciar el
acontecimiento por excelencia del cristianismo que es la venida de
Cristo a este mundo -el misterio de la Encarnación- y
por otro lado el frecuentar a Dios en la persona
de Cristo. Para ello el Papa Benedicto XVI no duda
en definir el medio adecuado para que las personas consagradas
sean verdaderos testigos de la presencia de Dios en el
mundo. Se trata de una característica de la vida consagrada,
ya señalada por Benedetto di Norcia (San Benito) quien había
caracterizado la vida consagrada como “el no anteponer nada al
amor de Cristo.” 8 He aquí el programa que
a vida consagrada debe seguir si en verdad quiere llegar
a ser testigos de la presencia de Dios en el
mundo. “En efecto, la vida consagrada, desde sus orígenes, se
ha caracterizado por su sed de Dios: quaerere Deum.
Por tanto, vuestro anhelo primero y supremo debe ser testimoniar
que es necesario escuchar y amar a Dios con todo
el corazón, con toda el alma y con todas las
fuerzas, antes que a cualquier otra persona o cosa. Este
primado de Dios es de suma importancia precisamente en nuestro
tiempo, en el que hay una gran ausencia de Dios.
No tengáis miedo de presentaros, incluso de forma visible, como
personas consagradas, y tratad de manifestar siempre vuestra pertenencia a
Cristo, el tesoro escondido por el que lo habéis dejado
todo. Haced vuestro el conocido lema que resumía el programa
de san Benito: "No anteponer nada al amor de
Cristo".” 9
Papa Benedicto XVI pone en guardia a las personas
consagradas contra las asechanzas del mundo que de alguna manera
se oponen a esta presencia de Dios y que pueden
infiltrarse en la mentalidad y en la vivencia de la
vida consagrada. Es por tanto todo un programa de vida
que propone a las personas consagradas, sintetizadas en esas palabras
del Prólogo de la Regla de San Benito.
La claridad pedagógica
y la sencillez de espíritu con la que el Papa
hace ver a las personas consagradas cuál es la esencia
de su consagración y la forma en que pueden llevarla
a su plenitud, deja entrever la importancia que Benedicto XVI
está dando a la dimensión espiritual de la vida consagrada.
No es ajeno a los problemas que atacan a la
vida consagrada. Su carta a la Asamblea plenaria de la
Congregación para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades
de vida apostólica del 27.9.2005 deja entrever la conciencia de
los momentos difíciles que deben afrontar quienes quieran vivir con
fidelidad su consagración a Dios, pero sabe muy bien que
no es en los medios externos en dónde se puede
encontrar la solución a dichos problemas. A través de una
sólida formación espiritual que se concreta en el cumplimiento de
la voluntad de Dios, fundamentada en el mismo amor a
Dios, podrá encontrar la vida consagrada los medios necesarios para
responder a las dificultades que se le presentan.
No hay que
dar por descontado en este discurso a los religiosos y
a las religiosas presentes en la diócesis de Roma
la inminente aparición de la primera carta encíclica del Papa
Deus caritas est. En ella el Papa afirma la primacía
del amor en la vida de la Iglesia10 ,
pero sólo a partir del encuentro con Cristo: “De este
modo se ve que es posible el amor al prójimo
en el sentido enunciado por la Biblia, por Jesús. Consiste
justamente en que, en Dios y con Dios, amo también
a la persona que no me agrada o ni siquiera
conozco. Esto sólo puede llevarse a cabo a partir del
encuentro íntimo con Dios, un encuentro que se ha convertido
en comunión de voluntad, llegando a implicar el sentimiento. Entonces
aprendo a mirar a esta otra persona no ya sólo
con mis ojos y sentimientos, sino desde la perspectiva de
Jesucristo. Su amigo es mi amigo.” Por ello la
primacía del amor es para Benedicto XVI el fulcro que
debe mover a toda persona consagrada. Y este amor se
consigue sólo cuando se encuentra a Dios, se vive de
su presencia y no se antepone nada a su amor.
Ser
totalmente de Cristo… Un discurso debe ser interpretado de acuerdo al
contexto en el que se pronuncia y al auditorio al
que se le habla. El 22 de mayo de 2006
Benedicto XVI quiso reunirse, mediante invitación expresa girada por la
Congregación para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades
de vida apostólica con todos los superiores y superioras mayores
de las congregaciones de derecho pontificio. La intención primera era
la de que asistiesen el consejo general de cada una
de las congregaciones. Con el paso del tiempo se consideró
más oportuno que sólo asistiesen a dicha reunión el superior(a)
general y su vicario(a). Era por tanto una reunión en
dónde se deberían tratar temas de importancia trascendental para la
vida de las congregaciones religiosas, pues la presencia de las
más altas autoridades citadas por quien detenta la autoridad suprema
en la Iglesia así lo ameritaba.
El contexto del discurso se
centraba en la situación de la vida consagrada y en
algunas indicaciones que pudiesen ayudar a la vida consagrada a
afrontar dichos problemas y dificultades. “Il Papa ha voluto che
l’incontro con i responsabili del governo di tali istituzioni fosse
contrassegnato da una duplice nota. L’incontro è stato, infatti, da
una parte, una sincera e paterna manifestazione ‘di incoraggiamento e
di conforto’; ma, dall’altra, è stato anche l’espressione di un
richiamo al senso di responsabilità.” 12 No en vano
el Papa en una parte de su discurso recuerda a
las personas que están constituidos en autoridad lo siguiente: “Hacen
falta opciones valientes, tanto a nivel personal como comunitario, que
impriman una nueva disciplina en la vida de las personas
consagradas y las lleven a redescubrir la dimensión totalizante de
la sequela Christi. Hacen falta opciones valientes, tanto a nivel
personal como comunitario, que impriman una nueva disciplina en la
vida de las personas consagradas y las lleven a redescubrir
la dimensión totalizante de la sequela Christi.” 13
Una de
las raíces de las dificultades que atraviesa la vida consagrada
es sin duda la mentalidad secularizada que se ha infiltrado
incluso en la misma vida consagrada. En el convenio tenido
precisamente dos días antes al encuentro con el Papa, Mons.
Franc Rodé recordaba: “Il secondo pericolo, quello dei sadducei, è
il malinteso liberistico che tende di avvicinare la fede al
mondo, sfrondandola di ciò che al mondo può non
piacere. Ma la fede non deve essere adattata allo schema
di questo mondo, perché è troppo grande per essere costretta
in questi angusti limiti, dal momento che credere è appunto
trascendere questi limiti.” 14
Frente a estos problemas el Papa
no duda en recordar a la vida consagrada cual es
su esencia y así, nos encontramos con uno de los
nombres más poéticos y más reales con los que quiere
definir a la vida consagrada. En sintonía con la Regla
de San Benito que define a las personas consagradas
como las que no anteponen nada al amor de Cristo,
como conclusión lógica se desprende que la persona consagrada es
aquella que pertenece al Señor. Por tres veces el Papa
en su discurso el Papa dice que los consagrados son
los pertenecen al Señor. Es una definición de un gran
contenido teológico pero a la vez simple y fácil de
entender. Resume la esencia de la vida consagrada – seguir
a Cristo más de cerca hasta tener sus mismos sentimientos-
y al mismo tiempo dicta un programa de vida que
deben seguir las personas consagradas.
Es un lenguaje que nos recuerda
la vehemencia y el cariño con el que Pablo VI
dedicaba su exhortación apostólica Evangelica testificatio15 a todas
las personas consagradas, aconsejándolas paternalmente sobre las vías que debían
seguir para vivir plenamente la consagración a partir de las
indicaciones de la Perfectae caritatis. Incluso el esquema que sigue
Benedicto XVI y el esquema de Evangelica testificatio es de
un parecido asombroso. En ambos observamos una descripción de la
realidad, seguido de una invitación a vivir lo esencial de
la vida consagrada, para después terminar con las justas motivaciones,
dando los medios adecuados para ello.
Y tanto Benedicto XVI como
Pablo VI coinciden en sugerir la castidad como un medio
privilegiado para pertenecer totalmente a Cristo. “Solo l’amore di Dio
–bisogna ripeterlo- Chiapa in forma decisiva alla castità religiosa (…).
Virtù decisamente positiva, la castità attesta l’amore preferenziale per il
Signore (…). Essa (…) raggiunge, trasforma e penetra l’essere umano
fin nel suo intimo, mediante una misteriosa somiglianza con il
Cristo.” 16 Y Benedicto XVI no duda ensugerir la
castidad consagrada coo el medio más adecuado para pertenecer totalmente
a Cristo: “Para pertenecer totalmente al Señor, las personas consagradas
abrazan un estilo de vida casto. La virginidad consagrada no
se puede insertar en el marco de la lógica de
este mundo; es la más "irracional" de las paradojas cristianas
y no a todos les es concedido entenderla y vivirla
(cf. Mt 19, 11-12). Vivir una vida casta significa también
renunciar a la necesidad de aparecer, asumir un estilo de
vida sobrio y modesto.” 17
Benedicto XVI no teme usar
el adjetivo totalmente, cuando se refiere a la pertenencia de
Cristo, como un antídoto frente al relativismo que campea incluso
en la vida consagrada. “Con la caduta delle ideologie e
il trionfo del cosidetto <> che pone le opinioni
al posto della verità e propone il supermercato delle
religioni come risposta al bisogno di spiritualità, l’uomo, sempre più
sbandato, aspira e va in cerca di un punto di
riferimento preciso.” 18 El hombre, y más aún
el hombre que ha consagrado su vida a Cristo, busca
un ancla, un punto firme a partir del cual construir
su vida, especialmente en nuestro mundo en dónde las certezas
se hayan encubierta por la duda, el subjetivismo, la opinión
personal. Esas dudas se convierten en una forma de vida,
en una cultura que penetra incluso la fe y la
vida de las personas consagradas. Si no se tiene la
certeza firme de pertenecer totalmente a Cristo, Él no podrá
inflamar las almas con su amor ni transformarlas con su
belleza. Pertenecer totalmente al Señor es un nombre y un
programa de vida para toda persona consagrada.
Pioneros proféticos Un nombre por
lo demás innovador y audaz para la vida consagrada. Pero
un nombre pensado para nuestros tiempos y las circunstancias que
lo rodean.
En su discurso del 7 de mayo de 2007
dirigido a las Superioras generales reunidas en Roma para la
asamblea internacional de la Unión internacional de Superioras generales (UISG)
el Papa ha hablado magistralmente a una cierta tendencia que
se da hoy día en la vida consagrada y que
interpela no pocos espacios de la vida consagrada, especialmente la
vida consagrada femenina. Si en una parte del Occidente, como
bien pudiera ser la Europa, se asiste a la dramática
situación de religiosas que han perdido la esperanza en la
vida consagrada y que simplemente sobreviven porque no tienen otra
mejor opción de vida, que han perdido la ilusión y
la frescura de su consagración y sólo esperan el momento
de la muerte de la congregación o de la suya
propia, asistimos en otra parte del globo, especialmente en los
países de América Latina, desde México a Argentina, Brasil incluso,
a un espectáculo totalmente contrario. Religiosas y comunidades enteras que
se entregan con pasión e ilusión a una misión y
un apostolado de evangelización, digno de encomio y semejante al
celo misionero y a la frescura con que el fundador
y las primeras comunidades de mujeres consagradas que siguieron al
fundador vivieron y pusieron en marcha las primeras obras .19
En
este último caso hay mujeres consagradas, comunidades y congregaciones enteras
que se dedican en forma casi exclusiva a la promoción
social, dejando a un lado el estilo de vida consagrada
que Cristo quiso para sí y para sus discípulos. Animadas
por un genuino celo apostólico y por la ayuda que
pretenden brindar a sus hermanos flagelados por situaciones que en
muchos casos claman al cielo, descuidan sin embargo la esencia
de la consagración. No se trata de contraponer la misión
con la consagración, pues bien sabemos que es un binomio
inseparable, ya que la misión proviene de la consagración. “En
efecto, antes que en las obras exteriores, la misión se
lleva a cabo en el hacer presente a Cristo en
el mundo mediante el testimonio personal. ¡Este es el reto,
éste es el quehacer principal de la vida consagrada! Cuanto
más se deja conformar a Cristo, más lo hace presente
y operante en el mundo para la salvación de los
hombres. Se puede decir por tanto que la persona consagrada
está « en misión » en virtud de su misma
consagración, manifestada según el proyecto del propio Instituto.” 20
La
asamblea internacional de la Unión internacional de Superioras generales (UISG)
había identificado algunas urgencias apostólicas que deben ser afrontadas por
las mujeres consagradas. El Papa toma también conciencia de dichas
urgencias pero plantea un forma de afrontarlas totalmente inusitada en
el contexto de la asamblea. La de estar unidas a
Cristo para dar una respuesta a dichas necesidades: “A menudo
se trata de recorrer senderos misioneros y espirituales inexplorados, pero
manteniendo siempre muy firme la relación interior con Cristo, pues
sólo de esta unión brota y se alimenta el papel
"profético" de vuestra misión, que consiste en el "anuncio del
reino de los cielos", anuncio indispensable en todos los tiempos
y sociedades.” 21
Esta unión con Cristo, que va en
sintonía con sus discursos anteriores sobre lo que debe ser
la vida consagrada, no anteponiendo nada al amor de Cristo
y teniéndolo a Él como única pertenencia, debe desembocar en
la misión. La persona consagrada no debe ser ajena a
los males de este mundo, pero a diferencia de un
voluntario o un trabajador social no busca la solución material
o humana del problema, sino que quiere hacer presente el
reino de los cielos en dicho problema. No es un
espiritualismo vano que se olvida de la situación concreta. Es
antes que nada amar al prójimo con el corazón de
Dios, no sólo con un corazón humano .22
Y en este
sentido los fundadores son ejemplos preclaros de este binomio que
forma una unidad indivisible en el alma de todo consagrado.
Los fundadores no fueron ajenos a las necesidades de sus
tiempos. Al contrario, fueron muchas veces los primeros en resolver
esos problemas. Recordemos por ejemplo los tiempos en que era
imposible pensar en que una mujer frecuentase las aulas escolares
o en los miles de inmigrantes en diversas tierras a
los que nadie tendía una mano. Los fundadores fueron los
primeros –pioneros- en presentar a estas realidades no sólo una
solución humana, sino que hicieron presente a estas realidades, el
reino de los Cielos, convirtiéndose de esa manera en profetas.
Por ello bien puede llamárseles pioneros proféticos, porque fueron los
primeros en dar a conocer a realidades emergentes el reino
de los Cielos.
Con este apelativo Benedicto XVI quiere invitar
a todas las personas consagradas a imitar a los fundadores
en su misión de ser portadores del reino de los
Cielos a los retos que interpelan a la vida consagrada.
“Por tanto, no caigáis nunca en la tentación de alejaros
de la intimidad con vuestro Esposo celestial, dejándolos arrastrar excesivamente
por los intereses y los problemas de la vida diaria.
Los fundadores y las fundadoras de vuestros institutos pudieron ser
"pioneros proféticos" en la Iglesia porque nunca perdieron la viva
conciencia de que estaban en el mundo pero no eran
del mundo, como enseñó claramente Jesús (cf. Jn 17, 14).
Siguiendo su ejemplo, se esforzaron por comunicar con palabras y
obras concretas el amor de Dios a través de la
entrega total de sí mismos, manteniendo siempre la mirada y
el corazón fijos en él.” 23
Sois servidores y servidoras
de la misión de Jesucristo. A cuatro meses del discurso tenido
a las Superiores generales de la Unión internacional de Superioras
Generales (UISG) reunidas en su asamblea internacional, Benedicto XVI
peregrina en Austria con ocasión del 850º aniversario de la
fundación del santuario de Mariazell. Es precisamente en este santuario
en dónde el Santo Padre se dirige los sacerdotes, religiosos
y religiosas presentes con un nombre que no deja de
ser significativo. Los llama servidores de la misión de Jesucristo.
En
una Europa que cada vez se cierra más en sí
misma 24, en dónde la fe parece desaparecer o aparece
cansada o mortecina en las mismas personas consagradas 25, Benedicto
XVI no duda en lanzar un llamado a las personas
consagradas para recordarles que como consagrados son personas siempre en
misión. Y esta misión no es otra que la misma
misión de Jesucristo. Es ésta una visión de largo alcance
pues frente a la soledad en la que muchos consagrados
viven en Europa, soledad de fe al no ver correspondida
su entrega de vida con frutos palpables, el Papa quiere
insistir en la esencia de la misión de los consagrados,
que no es otra que la misión de Jesucristo. La
esencia de esta misión se encuentra en el seguimiento de
Cristo. Nadie comparte una misión si antes no ha sido
llamado y no ha dado una respuesta a dicho llamado.
Por ello el Papa indirectamente recuerda la importancia para las
personas consagradas de recordar, de responder y de vivir siempre
de acuerdo a dicha llamada. “Del mismo modo que hace
dos mil años Jesús llamó a personas para que lo
siguieran, también hoy muchos jóvenes, chicos y chicas, tras escuchar
su llamada, se ponen en camino, fascinados por él e
impulsados por el deseo de dedicar su vida al servicio
de la Iglesia, entregándola para ayudar a los hombres. Tienen
la valentía de seguir a Cristo y quieren ser sus
testigos. De hecho, la vida en el seguimiento de Cristo
es una empresa arriesgada, porque siempre nos acecha la amenaza
del pecado, de la falta de libertad y de la
defección. Por eso, todos necesitamos su gracia, que María recibió
en plenitud. Aprendamos a mirar siempre, como María, a Cristo,
tomándolo a él como criterio de medida; así podremos participar
en la misión universal de salvación de la Iglesia, cuya
Cabeza es él.” 26
La misión de Jesucristo viene definida
como el anuncio y la edificación del reino de los
Cielos. Nuevamente Benedicto XVI hace notar a las personas consagradas
que el centro de toda consagración gravita en la parte
espiritual. Si bien no olvida que este anuncio y edificación
del reino de los Cielos se concreta de distintas maneras
en esta tierra, no olvida que el punto central de
la misión de Cristo y por ende de toda persona
consagrada, no es la edificación social del mundo, sino el
mensaje de la buena nueva que ha traído Cristo a
la tierra. “El centro de la misión de Jesucristo y
de todos los cristianos es el anuncio del reino de
Dios” 27 , que se concreta “cuando Dios vive
en nosotros y nosotros llevamos a Dios al mundo.”
28
Resulta curioso ver la forma en que Benedicto XVI señala
las formas concretas de este anuncio y de esta edificación
del reino de los Cielos. Es un anuncio y un
trabajo que no deja descubierto ningún campo del quehacer humano,
una inserción en todos los niveles de la cultura, dejando
ver que lo importante no es el campo en cuanto
tal sino la intención que se tiene para anunciar el
reino de los Cielos en todas las facetas del quehacer
humano. De esta forma lanza a los consagrados, y especialmente
a los consagrados que viven y trabajan en Europa, a
la hermosa tarea de penetrar todas las actividades humanas del
mensaje del evangelio, edificando de esa manera el reino de
los Cielos. El nombre por tanto de servidores y servidoras
de la misión de Jesucristo es una invitación a la
esperanza. “El Señor llama a los sacerdotes, a los religiosos,
a las religiosas y a los laicos a entrar en
el mundo, en su realidad compleja, para cooperar allí a
la edificación del reino de Dios. Lo hacen de muchas
y muy diferentes maneras: con el anuncio, con la
edificación de la comunidad, con los diversos ministerios pastorales, con
el amor concreto y con la caridad vivida, con la
investigación y con la ciencia realizadas con espíritu apostólico, con
el diálogo con la cultura de su entorno, con la
promoción de la justicia querida por Dios y, en no
menor medida, con la contemplación silenciosa del Dios trino y
rindiéndole una alabanza comunitaria.” 29
NOTAS
1
“Por los votos, o por otros sagrados vínculos análogos a
ellos a su manera, se obliga el fiel cristiano a
la práctica de los tres consejos evangélicos antes citados, entregándose
totalmente al servicio de Dios sumamente amado, en una entrega
que crea en él una especial relación con el servicio
y la gloria de Dios. Ya por el bautismo había
muerto el pecado y se había consagrado a Dios; ahora,
para conseguir un fruto más abundante de la gracia bautismal
trata de liberarse, por la profesión de los consejos evangélicos
en la Iglesia, de los impedimentos que podrían apartarle del
fervor de la caridad y de la perfección del culto
divino, y se consagra más íntimamente al divino servicio.” Concilio
Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, 21.11.1964, n. 44. 2
Battista Mondin, Antropologia filosofica, EDB, Bologna, 2000,
p.187. 3 Jesús, en hebreo Yehosu’a quiere
decir Yahvé salva. 4 Benedicto XVI, Homilías,
24.4.2005. 5 Benedicto XVI, Discursos, 25.7.2005. 6
Benedicto XVI, Carta, 27.9.2005. 7
“Il 10 dicembre 2005, Benedetto XVI ha pronunciato nell’aula Paolo
VI un discorso in occasione dell’udienza concessa a tutte le
persona consacrate che vivono a Roma. L’idea dell’incontro, nata nell’ambito
della diocesi di Roma, era stata appoggiata dai rappresentanti dell’Unione
delle Superiore Maggiori d’Italia (USMI) e della Conferenza Italiana dei
Superiori Maggiori (CISM).” Àngel Pardilla, Il Cristo della formazione, Manuale
biblico e teologico di formazione alla vita religiosa, Libreria Editrice
Vaticana, Città del Vaticano 2009, p. 430. 8
Benedetto, Prologo, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano
2002, p. 27. 9 Benedicto XVI, Discursos,
10.12.2005. 10 “La naturaleza íntima de la
Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la
Palabra de Dios (kerygma-martyria), celebración de los Sacramentos (leiturgia) y
servicio de la caridad (diakonia). Son tareas que se implican
mutuamente y no pueden separarse una de otra. Para la
Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de
asistencia social que también se podría dejar a otros, sino
que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de
su propia esencia.” Benedicto XVI, Carta encíclica Deus caritas est,
25.12.2005, n. 25a. 11 Ibídem., n. 18.
12 Àngel Pardilla, Il Cristo della formazione,
Manuale biblico e teologico di formazione alla vita religiosa, Libreria
Editrice Vaticana, Città del Vaticano 2009, p. 442. 13
Benedicto XVI, Discursos, 22.5.2006 14
Franc Rodé, La spinta che la Chiesa si aspetta
della Vita Consacrata in German Sánchez (Ed), Duc in altum!
Atti del Convegno, Edizioni Art, Roma 2007, p.
95 15 Pablo VI, Esortazione apostolica Evangelica
testificatio, 29.6.1971. 16 Ibídem., n.13. 17
Benedicto XVI, Discursos, 22.5.2006. 18
Arnoldo Piga, L’incontro con Cristo, pienezza di ogni vocazione, in
Rivista de vita spirituale, Anno LVII, Marzo Aprile 2003, Fascicolo
II, p.194. 19 “De este modo, si
en algunas regiones de la tierra los Institutos de vida
consagrada parece que atraviesan un momento de dificultad, en otras
prosperan con sorprendente vigor, mostrando que la opción de total
entrega a Dios en Cristo no es incompatible con la
cultura y la historia de cada pueblo.” Juan Pablo II,
Exhortación apostólica postsinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 2. 20
Ibídem., n. 72. 21 Benedicto
XVI, Discursos,7.5.2007. 22 “De este modo se
ve que es posible el amor al prójimo en el
sentido enunciado por la Biblia, por Jesús. Consiste justamente en
que, en Dios y con Dios, amo también a la
persona que no me agrada o ni siquiera conozco. Esto
sólo puede llevarse a cabo a partir del encuentro íntimo
con Dios, un encuentro que se ha convertido en comunión
de voluntad, llegando a implicar el sentimiento. Entonces aprendo a
mirar a esta otra persona no ya sólo con mis
ojos y sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo. Su
amigo es mi amigo. Más allá de la apariencia exterior
del otro descubro su anhelo interior de un gesto de
amor, de atención, que no le hago llegar solamente a
través de las organizaciones encargadas de ello, y aceptándolo tal
vez por exigencias políticas. Al verlo con los ojos de
Cristo, puedo dar al otro mucho más que cosas externas
necesarias: puedo ofrecerle la mirada de amor que él necesita.
En esto se manifiesta la imprescindible interacción entre amor a
Dios y amor al prójimo, de la que habla con
tanta insistencia la Primera carta de Juan. Si en mi
vida falta completamente el contacto con Dios, podré ver siempre
en el prójimo solamente al otro, sin conseguir reconocer en
él la imagen divina. Por el contrario, si en mi
vida omito del todo la atención al otro, queriendo ser
sólo « piadoso » y cumplir con mis « deberes
religiosos », se marchita también la relación con Dios. Será
únicamente una relación « correcta », pero sin amor. Sólo
mi disponibilidad para ayudar al prójimo, para manifestarle amor, me
hace sensible también ante Dios. Sólo el servicio al prójimo
abre mis ojos a lo que Dios hace por mí
y a lo mucho que me ama.” Benedicto XVI, Carta
encíclica Deus caritas est, 25.12.2005, n. 18 23
Ibídem., n. 72. 24 Benedicto XVI,
Discursos,7.5.2007. 25 “De este modo se ve
que es posible el amor al prójimo en el sentido
enunciado por la Biblia, por Jesús. Consiste justamente en que,
en Dios y con Dios, amo también a la persona
que no me agrada o ni siquiera conozco. Esto sólo
puede llevarse a cabo a partir del encuentro íntimo con
Dios, un encuentro que se ha convertido en comunión de
voluntad, llegando a implicar el sentimiento. Entonces aprendo a mirar
a esta otra persona no ya sólo con mis ojos
y sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo. Su amigo
es mi amigo. Más allá de la apariencia exterior del
otro descubro su anhelo interior de un gesto de amor,
de atención, que no le hago llegar solamente a través
de las organizaciones encargadas de ello, y aceptándolo tal vez
por exigencias políticas. Al verlo con los ojos de Cristo,
puedo dar al otro mucho más que cosas externas necesarias:
puedo ofrecerle la mirada de amor que él necesita. En
esto se manifiesta la imprescindible interacción entre amor a Dios
y amor al prójimo, de la que habla con tanta
insistencia la Primera carta de Juan. Si en mi vida
falta completamente el contacto con Dios, podré ver siempre en
el prójimo solamente al otro, sin conseguir reconocer en él
la imagen divina. Por el contrario, si en mi vida
omito del todo la atención al otro, queriendo ser sólo
« piadoso » y cumplir con mis « deberes religiosos
», se marchita también la relación con Dios. Será únicamente
una relación « correcta », pero sin amor. Sólo mi
disponibilidad para ayudar al prójimo, para manifestarle amor, me hace
sensible también ante Dios. Sólo el servicio al prójimo abre
mis ojos a lo que Dios hace por mí y
a lo mucho que me ama.” Benedicto XVI, Carta encíclica
Deus caritas est, 25.12.2005, n. 18 26
Benedicto XVI, Discursos,7.5.2007. 27 “Por fin, la
tendencia de la sociedad europea a encerrarse en sí misma
se debe contrarrestar con la disponibilidad de las personas consagradas
a continuar la obra de evangelización en otros Continentes, a
pesar de la disminución numérica que se observa en algunos
Institutos.” Juan Pablo II, Exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Europa,
28.6.2003, n. 38. 28 “Per quanto riguarda
gli Ordini e le Congregazioni con una lunga tradizione nella
Chiesa, non si può non notare, come voi stessi avete
sottolineato, che negli ultimi decenni hanno attraversato quasi tutti -
quelli maschili come quelli femminili - una difficile crisi dovuta
all’invecchiamento dei membri, a una più o meno accentuata diminuzione
delle vocazioni, e talora anche a una "stanchezza" spirituale e
carismatica. Questa crisi, in certi casi, si è fatta persino
preoccupante.” Benedetto XVI, Discorsi, 18.2.2008. 29 Benedicto
XVI, Discursos, 8.9.2007. 30 Ibídem. 31
Ibídem. 32 Ibídem.
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