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| ¿Quién es el superior? El concepto de autoridad en la vida consagrada |
La autoridad en la vida consagrada. Pocos temas han sido tan
debatidos después del Concilio Vaticano II como el de la
autoridad. El primer documento programático para la adecuada renovación de
la vida consagrada en la Iglesia, el decreto Perfectae caritatis
trazaba unas líneas muy claras al respecto: “Mas los Superiores,
que habrán de dar cuenta a Dios de las almas
a ellos encomendadas, dóciles a la voluntad divina en el
desempeño de su cargo, ejerzan su autoridad en espíritu de
servicio para con sus hermanos, de suerte que pongan de
manifiesto la caridad con que Dios los ama. Gobiernen a
sus súbditos como a hijos de Dios y con respeto
a la persona humana.” 1
Lo importante cuando hablamos de
autoridad en la vida consagrada es entender bien el concepto
y el campo de aplicación, ya que no es lo
mismo el concepto de autoridad de los padres de familia,
con respecto a los hijos, el concepto de autoridad del
manager o gerente de una empresa en un negocio que
el concepto de autoridad en la vida consagrada. Si bien
pueden compartir elementos comunes, cada concepto de autoridad estará limitado
y definido por su campo de aplicación. Y así como
un padre de familia no ejerce la autoridad sobre su
hijo como un jefe de Estado la ejerce sobre sus
electores, de la misma manera un superior no ejerce la
autoridad en la comunidad sobre sus miembros de la misma
manera que un líder lo hace en la empresa.
Comencemos por
tanto a partir de la definición etimológica de autoridad. Algunos
sostienen que la palabra autoridad viene del latín auctor, que
significa autor, fuente. Otros, como Severino-María Alonso, afirman que “la
palabra autoridad viene del verbo latino augere,que significa literalmente aumentar,
acrecentar, desarrollar, hacer crecer, dar vigor, robustecer, hacer prosperar, sostener.”
2Podemos por tanto afirmar que toda autoridad, en cualquier
campo, es la cualidad y la calidad, la fuerza y
la virtud que sirven para hacer crecer a otra persona,
llegando a convertirla en lo que tiene que ser. Así,
el alcalde de una ciudad o municipio ejercerá mejor o
peor su autoridad en la medida en que lo que
mande ayuden a las personas a ser mejores ciudadanos. Un
entrenador de deportes ejercerá adecuadamente su autoridad si lleva a
su equipo a ser buenos deportistas. Se ve por tanto
como la autoridad posee elementos comunes para todos los campos,
pero se perfilan características esenciales que los distinguen a unos
de los otros.
La característica esencial que distingue a la autoridad
en la vida consagrada es su proveniencia. Mientras que para
un jefe de Estado la autoridad le viene de las
personas que lo han elegido, para un empresario sus cualidades
de liderazgo para llevar a la empresa al triunfo económico,
para el superior la autoridad le viene de Dios. “Esa
autoridad, característica de los institutos religiosos, no proviene de los
miembros; es conferida por Dios mediante el ministerio de la
Iglesia, al reconocer el instituto y aprobar sus constituciones. Es
una autoridad de la que están investidos los superiores, mientras
duren sus períodos de servicio, ya sea a nivel general,
intermedio o local.” 3
Dice el documento Elementos esenciales sobre
la vida religiosa que la autoridad en los institutos religiosos
no proviene de los miembros que componen dichos institutos, sino
que es conferida por Dios. Esta aseveración, sencilla y escueta,
contiene principios que son esenciales para quien ejerce la autoridad
en los institutos religiosos, por lo que vale la pena
analizarla con detenimiento.
En primer lugar observamos que pueden existir distintos
niveles de autoridad dentro de una congregación religiosa .4 Esta
por ejemplo el nivel de la autoridad máxima, que el
Derecho Canónico llama Moderador supremo y que cada una de
las congregaciones lo llamará de acuerdo a sus normas o
tradiciones. Así por ejemplo en la multisecular Compañía de Jesús,
el moderador supremo se llama Prepósito general. En otras congregaciones
se le llamará Director general, superior general o ministro general.
No debemos pensar superficialmente que el nombre es lo de
menos. Muchas veces el nombre responde a circunstancias históricas bien
definidas o al carisma de la congregación que en el
nombre que elige para el moderador supremo refleja su identidad
y su espiritualidad .5>
Nos encontramos después con un nivel provincial6
o de circunscripción territorial en dónde varias comunidades y
sus obras de apostolado se reúnen bao la jurisdicción de
un superior que gobierna en ese territorio. Por último existe
el nivel comunitario y de la obra de apostolado en
dónde el superior gobierna a los miembros de una comunidad
o a los miembros que ejercen su apostolado en una
obra específica.
No debemos olvidar que existe otra instancia de gobierna
que es el así llamado Capítulo general. Es el órgano
supremo de gobierno y se establece en forma colegial mientras
dure éste. “El capítulo general, que ostenta la autoridad suprema
en el instituto de acuerdo con las constituciones, debe constituirse
de manera que, representando a todo el instituto, sea un
verdadero signo de su unidad en la caridad. Le compete
sobre todo defender el patrimonio del instituto, del que trata
el c. 578, y procurar la acomodación y renovación de
acuerdo con el mismo, elegir al Superior general, tratar los
asuntos más importantes, así como dictar normas que sean obligatorias
para todos.” . 7
Todas estas instancias de
gobierno provienen de Dios, según la cita de Elementos esenciales
sobre la vida consagrada, n. II, 49. Y no hay
que entenderlo como una intervención directa de Dios, sino como
una participación de la autoridad que Dios confiere a la
Iglesia al momento de reconocer un instituto y aprobar sus
constituciones. A partir de ese momento la Iglesia reconoce que
dicha congregación o instituto religioso no es obra ya de
un hombre, sino que es obra de Dios, aunque se
haya valido de mediaciones humanas, los fundadores y las fundadoras,
para ponerlo en pie. Si la inspiración de dicha congregación
es de origen divina, ya que toda congregación religiosa es
dada a la vida gracias a un carisma, o sea,
a una experiencia del Espíritu, entonces todo lo que sucede
en esa congregación, a pesar de las debilidades y vicisitudes
humanas, tiene un origen divino, incluso la autoridad. Se da
por tanto una simbiosis interesante de analizar para nuestro estudio.
Si por un lado Dios se compromete a estar presente
en todo el quehacer de la congregación o instituto religioso,
Dios no puede ni debe hacer ninguna excepción a la
ley humana, ya que su acción divina, gracia, presupone la
naturaleza, ley divina. Es así como, aunque toda autoridad proviene
de Dios –gracia- ésta no deja de valerse en su
actuación a través de medios humanos, las personas que actuarán
como superiores en las distintas instancias de gobierno. Una simbiosis
difícil de comprender en nuestros días, incluso en algunas congregaciones
religiosas, que se han apartado de una visión de fe,
y contagiadas por un espíritu secular ven sólo el elemento
humano en las instancias de gobierno.
Nos encontramos por tanto
de frente a un concepto muy distinto de todos los
campos en donde se ejerce la autoridad. Este carácter de
proveniencia divina le dará connotaciones muy específicas a la autoridad
del superior. Mientras que gobernar en el mundo tiene que
ver con hacerse obedecer, en la vida consagrada gobernar tiene
que ver con ayudar a que la persona consagrada a
Dios obedezca lo que se considera la voluntad de Dios.
El superior no está al frente de una comunidad para
que juntos realicen una obra de apostolado, ni tampoco para
que se siga un horario o para que se cumplan
unas normas indicadas en las Constituciones o en la Regla
de la congregación. EL superior se encuentra al frente de
la comunidad para ayudar a que todos juntos cumplan con
la voluntad de Dios, siendo el superior el primero en
buscar conocer y cumplir la voluntad de Dios. “Es preciso
una gran coherencia por parte de quienes guían los Institutos,
las provincias (u otras circunscripciones del Instituto) o las comunidades.
La persona llamada a ejercer la autoridad debe saber que
sólo podrá hacerlo si ella emprende aquella peregrinación que lleva
a buscar con intensidad y rectitud la voluntad de Dios.
Vale para ella el consejo que san Ignacio de Antioquía
daba a un obispo: «Nada se haga sin tu conocimiento,
ni tú tampoco hagas nada sin contar con Dios».25 La
autoridad debe obrar de forma que los hermanos o hermanas
se den cuenta de que ella, cuando manda, lo hace
sólo por obedecer a Dios.” 8
De esta manera la
autoridad en la vida consagrada se inserta en una dinámica
diversa a las autoridades que hay en el mundo. Su
dinámica es teológica. Es decir que su forma de actuar
no es una técnica, si bien puede servirse de algunas
técnicas que le proporcionarán las ciencias humanas como la sociología
o la psicología, pero no deberá olvidar que en el
ejercicio de la autoridad lo que busca es el estilo
de gobierno cristológico. “Si falta una auténtica y rigurosa reflexión
y formación teológica, el que ejerce la autoridad no pasará
de ser un pseudopsicólogo o un pseudotrabajador social.” 9
La autoridad
es además un elemento de la vida consagrada que refleja
unas estructuras y un estilo de vida muy partcular. Cada
uno de esos niveles o instancias representa una forma específica
de vida, que es la vida consagrada. Esta forma de
vida no puede ser equiparada a cualquier otro tipo de
vida o agregado social, cultural o psicológico. Así, no es
lícito afirmar que la congregación entera, la provincia o la
comunidad pueden asemejarse a una familia, a una empresa o
a un equipo deportivo. La congregación, la provincia o la
comunidad son un lugar teológico muy específico que viene definido
por el magisterio de la Iglesia como don, “La
comunidad religiosa como don: antes de ser un proyecto humano,
la vida fraterna en común forma parte del proyecto de
Dios, que quiere comunicar su vida de comunión” 10
Por
ello la forma de gobierno para la congregación, la provincia
o la comunidad debe expresar esta realidad teológica. Dicha realidad
teológica se expresa a través de unos valores, de un
estilo y unos ideales de vida que están perfectamente tipificados
en las Constituciones y las normas de vivida de la
congregación. Por o tanto cada una de las instancias de
gobierno no sólo debe hacer lo posible porque se lleven
a cabo dichos ideales y estilos de vida, sino que
la misma forma de gobierno debe reflejar el estilo de
vida propio de la vida consagrada y debe lograr que
sea el verdadero lugar teológico en dónde Dios pueda realizar
un proyecto determinado y pueda comunicar su vida a todos
los miembros. El gobierno del superior debe reflejar este proyecto
y estos valores teológicos. “El gobierno del religioso apostólico, al
igual que los demás aspectos de su vida, está basado
en la fe y en la realidad de su respuesta
de consagración a Dios, en la comunidad y en la
misión. Se trata de mujeres y hombres, miembros de institutos
religiosos, cuyas estructuras reflejan la jerarquía cristiana, cabeza de la
cual es Cristo mismo. Personas que han escogido vivir la
obediencia consagrada como valor de vida; y, por ello, necesitan
una forma de gobierno que exprese estos valores y una
forma particular de autoridad religiosa.” 11
De ahí que no
sea lícito pensar en la comunidad, la provincia o la
congregación como un equipo de fútbol, una empresa non-profit o
una familia. Esta forma de pensar ha dañado mucho a
varias congregaciones que poniendo exclusivamente la forma de gobierno en
la sociología, la psicología o las ciencias sociales, han desterrado
los valores religiosos que fundamentan una comunidad de vida consagrada.
Si
el gobierno en la vida consagrada debe reflejar unos valores
y un lugar teológico muy específico, se desprende de aquí
la necesidad de que la autoridad refleje dichos valores y
dicho lugar teológico. El Magisterio de la Iglesia al definir
la comunidad como un proyecto divino antes que una realidad
humana, nos da la pauta para definir la autoridad en
la vida consagrada. Si toda comunidad busca ser un lugar
en dónde Dios pueda realizar su proyecto y así comunicar
si vida divina, la característica principal o la característica esencial
y preponderante de toda autoridad será que dicho proyecto se
lleve a cabo. Lo cual significa en primer lugar conocer
cuál es el proyecto de Dios sobre la comunidad.
En el
lenguaje de la vida consagrada este proyecto de Dios se
conoce comúnmente con el nombre de voluntad de Dios. Por
lo tanto, la autoridad buscará primero conocer cuál es la
voluntad de Dios para la comunidad y para cada uno
de los miembros de la comunidad. Pero del conocimiento deberá
pasar a la realización, a la ejecución de dicho proyecto.
No basta conocerlo, es necesario ponerlo en práctica. Si la
etimología de autoridad es ayudar a crecer, dar vigor y
robustecer, será en esta forma en que el superior ejerza
mejor su autoridad, ya que deberá dar vigor, fortalecer y
ayudar a cada uno de los miembros de su comunidad,
y él en primer lugar, para conocer y cumplir la
voluntad de Dios. Lo anterior ha quedado magníficamente descrito en
el documento El servicio de la autoridad y la obediencia,
cuando señala en las siguientes dos citas: “De manera que
la persona consagrada es testimonio del compromiso, gozoso al tiempo
que laborioso, de la búsqueda asidua de la voluntad divina,
y por ello elige utilizar todos los medios disponibles que
le ayuden a conocerla y la sostengan en llevarla a
cabo. Aquí encuentra también su significado la comunidad religiosa, comunión
de personas consagradas que hacen profesión de buscar y poner
en práctica juntas la voluntad de Dios. Una comunidad de
hermanos o hermanas con papeles diversos, pero con un mismo
objetivo y una misma pasión. Por esto, mientras en la
comunidad todos están llamados a buscar lo que agrada a
Dios así como a obedecerle a Él, algunos en concreto
son llamados a ejercer, generalmente de forma temporal, el oficio
particular de ser signo de unidad y guía en la
búsqueda coral y en la realización personal y comunitaria de
la voluntad de Dios. Éste es el servicio de la
autoridad.” 12Y la siguiente, que es como colofón y
ampliación de lo ya dicho, pero que ayuda a clarificar
más el concepto de autoridad en la vida consagrada: “En
la vida consagrada, cada uno debe buscar con sinceridad la
voluntad del Padre, porque, de otra forma, perdería sentido este
género de vida. Pero es de gran importancia que esa
búsqueda se haga en unión con los hermanos y hermanas;
esto es justamente lo que une y hace familia unida
a Cristo. La autoridad está al servicio de esta búsqueda,
para que se lleve a cabo en sinceridad y verdad.”
13
Las caricaturas de la autoridad en la vida consagrada Las
funciones, los roles y las relaciones del superior con respecto
a sus miembros tienen su fundamento en esta concepción de
la autoridad. Sin ella se puede caer en lo que
yo llamaría las caricaturas de la autoridad. Todo el esfuerzo
de cualquier superior a cualquier nivel consiste en lograr que
el proyecto de Dios sea realizado, esto es, que los
miembros conozcan la voluntad de Dios sobre sus vidas y
sobre la comunidad y que lo quieran llevar a cabo.
Poco o nada le debe importar el consenso de sus
miembros, si bien debe buscar por todos los medios a
su alcance el ser obedecido no por la fuerza, sino
por el amor.
Para ello, bien puede utilizar una serie de
herramientas que pone a su disposición las ciencias humanas, pero
deberá recordar siempre que lo que la espiritualidad propia de
la congregación y el sentido de fe no pueden realizar
en los miembros, las ciencias humanas o sociales poco o
nada alcanzarán. Y si es que lo alcanza, será momentáneo,
pasajero, superficial. Nunca se darán los resultados en el nivel
espiritual que se está buscando.
Abro aquí un paréntesis para hacer
un pequeño excursus histórico. Después del Concilio Vaticano II en
dónde se invitaba a los superiores a gobernar siempre con
respeto a la dignidad de sus súbditos, muchas congregaciones se
dieron a la tarea de encontrar las herramientas más adecuadas
para llevarlo a cabo. Ha habido de todo en esta
búsqueda, desde los extremos de obviar una búsqueda y quedar
anclados en el pasado, hasta quienes siguiendo una hermenéutica de
la discontinuidad en la interpretación de Concilio Vaticano II, se
dieron a la tarea de buscar dichas herramientas exclusivamente en
las ciencias humanas y sociales como la psicología, la dinámica
de grupos o la leadership. Olvidaron aquello que había sugerido
la Perfectae caritatis: “Ordenándose ante todo la vida religiosa a
que sus miembros sigan a Cristo y se unan a
Dios por la profesión de los consejos evangélicos, habrá que
tener muy en cuenta que aun las mejores adaptaciones a
las necesidades de nuestros tiempos no surtirían efecto alguno si
no estuvieren animadas por una renovación espiritual, a la que,
incluso al promover las obras externas, se ha de dar
siempre el primer lugar.” 14
Las consecuencias de este cambio
de dirección caen fuera de este artículo, pero lo que
quiero subrayar es que durante muchos años, casi 40 años,
los miembros de las congregaciones religiosos no han sido formados
en este espíritu de fe y de renovación espiritual. Ello
ha originado miembros que llegan a la edad de 60
años o más, que es la edad promedio de los
religiosos y las religiosas en Europa, con un gran desazón,
con una grande desilusión por lo que han hecho o
por lo que no han hecho en la vida y
que de frente al futuro se encuentran con miedo, o
deprimidos. No hay que asombrarnos. Si durante 40 años se
ha sembrado en su corazón incertidumbre, duda, cambios, planes indefinidos,
promesas de un nuevo estilo de vida consagrada jamás alcanzada,
es lógico que ahora se coseche una situación difícil en
la vida de estos consagrados.
Situación que muchas veces debe enfrentar
el mismo superior en sí mismo o en los miembros
de su comunidad. Por ello nos encontramos actualmente en Europa
principalmente, ante dos fenómenos en el ejercicio de la autoridad.
La claudicación en el ejercicio de la autoridad y el
encuentro siempre cada vez más acérrimo entre superiores y súbditos.
Frente a ello no cabe más que pedir al superior
que haciendo uso de todas sus fuerzas espirituales y humanas,
ejerza con decisión y bondad, suaviter in modo, fortiter in
re15 , el cargo que le ha sido confiado.
“También la autoridad puede caer en el desánimo y el
desencanto: ante las resistencias de algunas personas o de una
comunidad, o frente a ciertas cuestiones que parecen irresolubles, puede
surgir la tentación de dejar pasar y considerar inútil cualquier
esfuerzo por mejorar la situación. Asoma, entonces, el peligro de
convertirse en gestores de la rutina, resignados a la mediocridad,
inhibidos para toda intervención, sin ánimo para señalar las metas
de la auténtica vida consagrada y con el riesgo de
que se apague el amor de los comienzos y el
deseo de testimoniarlo. Cuando el ejercicio de la autoridad se
hace gravoso y difícil, conviene recordar que el Señor Jesús
considera ese oficio como un acto de amor para con
Él («Simón de Juan, ¿me amas?»: Jn 21, 16); y
es saludable volver a escuchar las palabras de Pablo: «Sed
alegres en la esperanza, fuertes en la tribulación, perseverantes en
la oración, serviciales en las necesidades de los hermanos» (Rm
12, 12-13). El callado sufrimiento interior que lleva consigo la
fidelidad al deber, con frecuencia incluso marcado por la soledad
y la incomprensión de aquellos a los que uno se
entrega, se convierte en vía de santificación personal, al tiempo
que cauce de salvación para las personas a causa de
las cuales se sufre.” 16
Hasta aquí el excursus histórico.
Sigamos ahora tratando el tema de las caricaturas de la
autoridad.
Hemos dicho que el servicio de la autoridad en la
vida consagrada consiste en ayudar, robustecer, dar vigor y acompañar
a los miembros que Dios le ha confiado en el
camino de buscar hacer la voluntad del Padre, ya sea
en lo personal como en lo individual. En la vida
consagrada esta voluntad del Padre no se representa como algo
misterioso, etéreo, vago o netamente individual. Dicha voluntad se descubre
en el carisma mismo de la institución que viene expresado
a través de las Constituciones, Reglas, decretos capitulares, horarios, obras
apostólicas, sanas tradiciones. De lo contrario se corre el doble
peligro de caer en un relativismo que no se concreta
en nada objetivo y deja mano libre a una interpretación
relativista e individualista de la vida, o se cae en
un constante discernimiento que no llega a aterrizar en lo
concreto. “Hay que notar, finalmente, que una comunidad no puede
estar en continuo estado de discernimiento. Tras la etapa de
discernimiento viene la de la obediencia, o sea, la de
poner en ejecución lo decidido: en una y en otra
hay que vivir con espíritu obediente.” 17
Las caricaturas de
la autoridad comienzan desde el momento en que se quiere
rebajar o diluir el carácter sobrenatural de la autoridad. Si
hemos ya mencionado con anterioridad que la autoridad dentro de
la vida consagrada busca ante todo cumplir y hacer cumplir
la voluntad de Dios con el fin de que la
personas, comenzando por el superior mismo, crezcan en la respuesta
a dicha voluntad de Dios, habrá también que establecer un
método adecuado al ejercicio de dicha autoridad. Ejercer la autoridad
en la vida consagrada siguiendo sólo las normas o las
leyes de las ciencia sociales como la psicología, la sociología
o la administración del personal, equivaldría a vaciarla de su
esencia.
Las ciencias humanas tienen su método y su finalidad propia.
Basadas en el método científico tienen como objeto de estudio
las realidades que les presenta su propio campo, bajo un
protocolo epistemológico, llegando a establecer incluso un código deontológico. Algunos
de los elementos esenciales de la vida consagrada pueden ser
objeto de estudio de las ciencias sociales o humanísticas, en
forma tal que pueden ser observables mediante el método científico
desarrollado por dichas ciencias. También puede darse el caso que
descubrimientos y aportes metodológicos de dichas ciencias puedan aplicarse a
los elementos esenciales de la vida consagrada. Todo ello será
posible mientras que se respete el ámbito de ambos, es
decir, el de las ciencias y el de la vida
consagrada. Es decir, quien haga las aplicaciones de los descubrimientos
de las ciencias sociales o humanas a la vida consagrada,
debe respetar la esencia de la vida consagrada. No se
puede hacer una libre exportación de la metodología o de
los aportes de las ciencias humanas a la realidad de
la vida consagrada. Se debe analizar primero la conveniencia y
la posibilidad de dicha aplicación, en respeto siempre de la
esencia de la vida consagrada. Tomar los aportes de dichas
ciencias como solución sine qua non a los problemas y
vicisitudes de la vida consagrada puede comportar el riesgo de
desnaturalizar la esencia de la vida consagrada, llegando a considerar
a éste como un agregado cultural más de la realidad
humana. Desnaturalizar la esencia de la vida consagrada puede significar
quitarle la realidad sobrenatural sobre la que está basada.
Sin
el debido estudio científico para hacer una debida exportación de
dichos métodos y herramientas a la vida consagrada, puede caerse
en la secularización de una realidad sobrenatural como lo es
la vida consagrada. En lugar de una realidad sobrenatural, un
diseño de Dios, puede verse solamente una reunión de personas,
semejante a la reunión de personas en un negocio o
una empresa. Los fines de una y de otra pueden
llegar a ser no sólo distintos, sino diametralmente opuestos. El
objetivo de una empresa no es el mismo que el
de una comunidad. Pero cuando a la comunidad se le
quita la base sobrenatural sobre la que está construida, se
ve a ésta como una organización similar a una empresa
transnacional. Se aplican indiscriminadamente los mismos principios en una empresa,
pretendiendo que la superiora de comunidad se convierta en una
líder. “Alla luce de simili tensioni e di tali propensioni,
si rivela pressoché fondamentale il prendere atto del grado di
complessità del tempo corrente. Così come risulta conseguentemente vitale assumere
una condotta organizzativa <> in funzione di queste dinamiche in
progress. Ecco, dunque, che avere come leader una guida consapevole
di questa realtà, un timoniere intelligentemente proteso all’affinamento e all’arricchimento
dei propri mezzi cognitivi e delle proprie conoscenze di conduzione
organizzativa è praticamente obbligatorio, onde evitare di trasportare l’organizzazione sulle
fatali rotte dell’anacronismo.” 18
Observamos de esta manera como una
de las caricaturas más difundida de la autoridad es el
querer equipararla o asemejarla a la figura del leader en
la administración del personal. Por la difusión tan extendida que
ha tenido este concepto en la vida consagrada, creemos importante
detenernos un momento para estudiar esta figura de la autoridad.
Leadership
en la vida consagrada. Es difícil encontrar una definición de leadership
en la vida consagrada. El magisterio de la Iglesia para
la vida consagrada no lo menciona en ninguno de sus
documentos. El último documento dedicado a la autoridad, El servicio
de la autoridad y la obediencia no lo menciona. La
palabra leadership viene del inglés con tres acepciones distintas, que
siempre nos envían a la palabra leader. “Main Entry: lead·er·ship
Function: noun. Date: 1821. 1 : the office or position
of a leader. 2:capacity to lead. 3: the act or
an instance of leading.” 19 Si vamos al término
leader, observamos: “2 : a person who leads: as a
: guide, conductor b (1) : a person who directs
a military force or unit (2) : a person who
has commanding authority or influence c (1) : the principal
officer of a British political party (2) : a party
member chosen to manage party activities in a legislative body
(3) : such a party member presiding over the whole
legislative body when the party constitutes a majority d (1)
: conductor c (2) : a first or principal performer
of a group.” 20
Se trata por tanto de un
término que puede tener el significado de una persona que
conduce, que tiene autoridad o influencia. El término quedará mejor
definido cuando viene inscrito en los estudios de la administración
de empresas. Ahí observamos que varios estudiosos hacen una diferencia
entre el gerente o manager de una empresa y la
figura del leader, siempre bajo la teoría de la leadership
en la empresa. Se establece por tanto una primera diferencia
entre los fines de la empresa y los fines de
la comunidad. Mientras que los fines de una empresa son
los de asignar los recursos escasos a fines alternativos, a
través de la armonía funcional y social entre las distintas
partes que la componen, los fines de la comunidad, como
ya lo hemos visto, son los de hacer visible el
amor de Dios a través de un estilo de vida
que le viene de un carisma. Si bien es cierto
que el superior puede aprender de la empresa algunos principios
sobre la interacción entre las personas, no deberá exportar dichos
conceptos a la vida de comunidad, sin hacer las debidas
adaptaciones. Los miembros de la comunidad, por ejemplo, no son
parte de un sistema de producción, sino que son parte
de un plan de Dios y cada uno representa un
papel importante, no sólo por lo que pueda aportar a
la comunidad, sino por lo que significa de cara al
plan de Dios para sí mismo y para la comunidad.
El superior no se encargará únicamente de la armoniosa convivencia
entre las personas de la comunidad, sino de la adecuada
armonía y equilibrio con la que cada persona debe vivir
para así aportar lo mejor a Dios y por ende
a la comunidad.
Un punto clave de la diferencia entre la
teoría de la leadership y la gestión de una comunidad
desde el punto de vista sobrenatural se refiere a la
diferencia entre la posición de manager y la del
leader. “L’elemento comune tra il manager e il leader è
l ‘aspetto relazionale, nel senso che entrambi si confrontano
e interagiscono con diversi collaboratori. La differenza sta nel fatto
che il manager assume un ruolo di comando –non necessariamente
di “guida” – e fa uso del potere gerarchico che
proviene dal ruolo e dalla posizione occupata all’interno della struttura
organizzativa. Il manager svolge infatti attività di direzione –comunque subordinata
all’autorità della governante – e si esprime con le azioni
di coordinamento, supervisione e controllo delle operazioni, al fine di
gestire, organizzare e rilevare le attività economico – aziendale. L’attività
del management è orientata dunque alla gestione della complessità relativa
sia alle risorse umane, che all’evoluzione dei processi organizzativi. Il
leader non è invece legato a particolari posizioni gerarchiche, ma
ha anzi il compito di integrare, creare cioè coordinamento tra
parti, tra partecipanti e tra gli uno e gli altri.
Ciò significa che la leadership non è vincolata alla gerarchia:
chiunque, dalla base al vertice della piramide organizzativa può essere
o diventare un leader. Inoltre, il leader tende ad avere
una visione ampia del proprio operato, che prescinde dalle
mere funzioni di direzione nel senso della programmazione, organizzazione e
controllo; piuttosto, il suo compito è relativo agli aspetti interpersonali
del lavoro di manager, come coinvolgere i propri collaboratori, influenzandone
olthe che il comportamento anche la crescita personale e professionale.
L’attività di leadership è quindi quello non solo di dare
disposizioni e farle rispettare, ma anche di orientare e motivare
le persone verso gli obiettivi aziendali, soprattutto in un’ottica
di cambiamento organizzativo e strategico.” 21
Se observan por tanto
algunas diferencias esenciales entre la leadership de las empresas y
el cargo de superior a cualquier nivel en el ámbito
de la vida consagrada, sin por ello dejar de notar
que existen similitudes válidas. Una de las diferencias radica en
la diferencia de autoridad entre el líder y el superior.
El líder tiene una autoridad consensuada, es decir, una autoridad
que le viene delegada por sus colegas, en base a
las cualidades que el desarrolla por el bien de ellos
mismos. En el caso de la vida consagrada, esta autoridad
le viene delegada siempre de los superiores, como ya hemos
visto y nunca puede ser delgada por parte de la
comunidad. Se dan casos, por ejemplo, en que la elección
del superior puede depender de la comunidad misma, pero no
por ello decimos ni afirmamos que la autoridad le ha
sido delegada por la comunidad. En cambio, en la empresa,
la autoridad que ejerce el líder siempre estará radicada en
el beneplácito que le otorguen los colegas, quedando siempre sometida
a la opinión de todos. Como dicha opinión es cambiante,
el líder siempre está tratando de ganarse a todos los
colegas para seguir ejerciendo su liderazgo.
Si bien es verdad que
hay muchas similitudes entre la labor que realiza un líder
y aquella que efectúa un superior de comunidad, estas semejanzas
se dan sólo en la periferia del cargo, es decir,
en aspectos que no son esenciales al mismo. La labor
del superior no puede ni debe asemejarse a la de
un líder de una empresa desde el momento en que
los fines de ambos son diferentes. Las semejanzas se establecen
en el modo de llevar a cabo el servicio que
desempeñan ambos, pero este modo de servir estará siempre anexado
al fin que cada uno de ellos se propone. Pretender
que el servicio de la autoridad de un superior se
lleve a cabo a la manera empresarial de un líder
tecnocrático es vaciar la autoridad del superior de su verdadero
contenido.
Cuando al superior le ha quedado claro que su servicio
se desarrolla “como colaborador de Dios que, a favor de
la Iglesia, ha dado todo de sí mismo para realizar
únicamente las obras dignas de Dios (…), que como plantador
de los sarmientos de Dios no trasplanta nada extraño a
esa vid que es Jesucristo, ni nada estéril, y que
cosecha con todo el cuidado los mejores sarmientos de la
vid, aquellos que dan frutos (…) y que como constructor
del templo de dios que mejora cada alma, para que
se adapte armónicamente al fundamento de los apóstoles y de
los profetas” 22 nos damos cuenta que la esencia
de su servicio más allá que la de buscar la
armonía humana entre todos aquellos que componen la comunidad, para
realizar un fin concreto, como podría ser la finalidad que
busca un líder en una empresa. A partir de esas
diferencias se establece la diversidad de los cargos y por
tanto la diferencia en la calidad del servicio que ambos
prestan, uno a la comunidad y otro a la empresa.
Las caricaturas de la autoridad comienzan desde el momento en
que trata de comportarse en la comunidad como lo hiciera
un líder en una empresa, buscando el consenso de todos,
el hacer prevalecer su opinión a base de estratagemas sociológicos,
pretendiendo alcanzar fines sociales en el apostolado mediante el aporte
sincero y franco de cada uno de los miembros que
componen la comunidad.
Si bien es cierto que al leer
los últimos renglones podemos encontrar puntos de contacto entre el
líder de la empresa y el superior de comunidad, no
debemos olvidarnos de aquellos aspectos que separan netamente uno del
otro. Aspectos y situaciones que tienen su origen en la
finalidad que cada uno de ellos persigue. Debe ser precisamente
esta finalidad la que haga del superior de comunidad un
verdadero padre que busca él primero cumplir con la voluntad
de Dios y ayudar a que los miembros de la
comunidad cumplan también dicha voluntad. Una vez fijada esta primacía
en el servicio de la autoridad del superior de comunidad,
entonces y sólo entonces podrá hacer uso de algunas de
las estrategias sugeridas por las ciencias humanas para ayudarse en
el desarrollo de su trabajo como superior de comunidad. Todas
las técnicas sugeridas por las ciencias humanas serán entonces enmarcadas
en el contexto del verdadero ejercicio de la autoridad para
la vida religiosa: “El gobierno del religioso apostólico, al igual
que los demás aspectos de su vida, está basado en
la fe y en la realidad de su respuesta de
consagración a Dios, en la comunidad y en la misión.
Se trata de mujeres y hombres, miembros de institutos religiosos,
cuyas estructuras reflejan la jerarquía cristiana, cabeza de la cual
es Cristo mismo. Personas que han escogido vivir la obediencia
consagrada como valor de vida; y, por ello, necesitan una
forma de gobierno que exprese estos valores y una forma
particular de autoridad religiosa.” 23 A partir de
este principio, para mejor ejercer su cargo el superior
puede escoger las técnicas y los principios propuestos por las
ciencias sociales, adaptándolos al contexto de la vida consagrada. Los
problemas de un superior de comunidad no se resuelven aplicando
únicamente las técnicas propuestas por la sociología o la alta
dirección de empresas. Los problemas de una comunidad se resuelven
en base a la esencia de la comunidad, es decir
en base a la estructura trinitaria que pretende reflejar la
comunidad, es decir, en base a la vida espiritual, al
vida de la Trinidad, que debiera reflejarse en la vida
de la comunidad. Cuando el superior pone en primo plano
la vida espiritual de los hermanos que componen la comunidad
misma entonces podrá tener el adecuado discernimiento para saber escoger
aquellos medios, espirituales o humanos, que más puedan ayudarle a
desempeñar la misión que Dios le ha encomendado como superior.
Una
última caricatura. Todo buen superior debería ser un experto en humanidad24
. Por el contacto asiduo que tiene con el hombre
y con sus problemas, el superior debería conocer los fundamentos
de la composición del hombre, esto es, su vida espiritual,
su vida antropológica y su vida psicológica para ayudar mejor
a las personas que la providencia le ha encomendado a
cumplir con la voluntad de Dios.
La coincidencia entre la apertura
sugerida por el Concilio Vaticano II y la llegada a
una cierta madurez de las ciencias psicológicas hicieron que muchos
formadores y superiores intercambiaran e incluso llegarana anular la
vida espiritual por la vida psicológica. Prueba de ello fue
la constatación que hizo el magisterio de la Iglesia del
abandono o el olvido de la dirección espiritual, llegándola a
confundirla o cambiarla por algunas técnicas psicológicas. “También la dirección
espiritual en sentido estricto merece recobrar su propia función en
el desarrollo espiritual y contemplativo de las personas. De hecho,
nunca podrá ser sustituida por inventos psíquico-pedagógicos.” 25El hecho
demuestra hasta qué grado puede infiltrarse en el gobierno de
un superior la psicología.
Si bien es cierto que muchos problemas
que surgen en la comunidad o en los miembros de
la misma son de matriz psicológica, no por ello el
superior debe convertirse en un psicólogo. “El ritmo trepidante de
la vida actual genera muchos problemas de tipo psicológico, como
son la angustia la ansiedad, el stress .. Es
evidente que no se puede exigir que todo formador /
a (superior) sea un especialista en psicología. Sin embargo, es
de absoluta necesidad que esté consciente de estos problemas, que,
sin duda, han de surgir en la comunidad. En un
primer momento, deberá mostrarse comprensivo y receptivo. Debe llegar a
discernir cuando deberá ser tratado ese problema, profesionalmente, por un
psicólogo.” 26
Conocer algo de psicología para distinguir y ayudar
mejor, es muy distinto que ser un psicólogo, pretenderlo serlo
y querer que todo se resuelva a base de psicología.
Muchas congregaciones religiosas invierten teimpo, personal y no pocos recursos
económicos en la formación de futuros formadores y superiores de
comunidad como psicólogos. De alguna manera se reduce la figura
del superior de comunidad a un semiexperto de psicología.
Los problemas
más profundos de una comunidad, si bien pueden tener un
trasfondo psicológico, deben encontrar su raíz en la vida espiritual
de la que la comunidad debe ser reflejo vivo y
actual. El superior de comunidad, junto con ciertos conocimientos de
psicología, debe ser un experto en los mecanismos y la
estructura de la vida espiritual. Y no porque no puedan
surgir problemas con connotaciones psicológicos, sino porque cuando media un
serio problema psicológico, el superior lo debe remitir al especialista,
bajo las condiciones que indica el magisterio de la Iglesia
. Si el superior de comuniad se convierte únicamente en
psicólogo, no habrá entonces ningún impedimento para que también se
convierta en dentista, cociner o chofer. El superior de comunidad
debe por tanto dedicarse a lo que es su esencia
para ayudar a los miembros de su comunidad a descubrir
y seguir la voluntad de Dios para cada uno de
ellos. Si para ello se puiede ayudar como mero subsidio
de la psicología, la medicina o de otras ciencias humanas,
entonces convendrá dedicarse a esas ciencias pero sólo como apoyos.
Quizás muchos superiores han caído en la caricatura de la
autoridad psicologista pues es más fácil recurrir a un método
o una técnica psicológica que sólo toca la periferia de
la persona, que dedicarse con la ayuda de la gracia
y la apertura de la persona a escrutar el alma
y ayudarla a alcanzar el ideal para el que fue
creada. Una técnica de psicología no compromete al superior con
el miembro de la comunidad. Un camino de acompañamiento espiritual
realizado con tesón y constancia comporta fatiga, cansancio y trabajo
personal de parte del superior y de parte de la
comunidad.
NOTAS
1Concilio Vaticano II, Decreto Perfectae caritatis, 28.10.1966, n. 14 2 Severino
– María Alonso, cmf., La autoridad en la vida consagrada,
Un carisma de animación comunión, Publicaciones Claretianas, Madrid, 2008, p.
30 – 31. 3Sagrada Congregación para los religiosos e institutos seculares,
Elementos esenciales sobre la vida religiosa, 31.5.1983, n. II, 49. 4Hablaremos
de los así llamados institutos o congregaciones de vida activa,
ya que para los monasterios de clausura o de vida
contemplativa, rigen otras normas del Derecho canónico que reproducimos a
continuación: “Una casa religiosa de canónigos regulares o de monjes
bajo el régimen y el cuidado del Superior propio es
autónoma, a no ser que las constituciones determinen otra cosa.”
Código de Derecho canónico, canon 613 § 1. 5 “El modo
de llamar al propio superior revela una variedad no sólo
de palabras, sino también de comprensión del oficio que le
es reconocido: abad, prior, prepósito, gran maestro, ministro, guardián, ministro
general, prepósito general, rector mayor… La palabra superior es la
más usual en la mayor parte de los institutos fundados
en los dos últimos siglos, y en los más recientes
movimientos religiosos se usa también el término presidente. Con
más vida mística en algunos y más compromiso social en
otros, con una estructura de gobierno más piramidal o más
concéntrica cada una alcanza el corazón del misterio cristiano a
través de la obediencia a la vocación que sitúa a
cada persona en relación con Cristo, único Señor y Salvador.”
Michelina Tenace, El servicio de los superiores, San Pablo, Madrid,
2009, p. 15. 6 “Se llama provincia al conjunto de varias
casas erigido canónicamente por la autoridad legítima que forma parte
inmediata de un instituto, bajo un mismo Superior.” Código de
Derecho canónico, canon 621. 7Código de Derecho canónico, canon 631 §
1. 8Congregación para los Institutos de vida consagrada
y sociedades de vida apostólica, El servicio de la autoridad
y la obediencia, 11.5.2008, n. 12 9Severino – María Alonso, cmf.,
La autoridad en la vida consagrada, Un carisma de animación
comunión, Publicaciones Claretianas, Madrid, 2008, p. 21. 10Congregación para los Institutos
de vida consagrada y sociedades de vida apostólica, La vid
fraterna en comunidad, 2.2.1994, n. 7. 11Sagrada Congregación para los religiosos
e institutos seculares, Elementos esenciales sobre la vida religiosa, 31.5.1983,
n. II, 49. 12Congregación para los Institutos de vida consagrada y
sociedades de vida apostólica, El servicio de la autoridad y
la obediencia, 11.5.2008, n. 1. 13Ibídem., n.12. 14Concilio Vaticano II, Decreto Perfectae
caritatis, 28.10.1966, n. 2e. 15 “Ella despliega su fuerza de un
extremo hasta el otro, y todo lo administra de la
mejor manera.” Sab. 8,1. 16Congregación para los Institutos de vida consagrada
y sociedades de vida apostólica, El servicio de la autoridad
y la obediencia, 11.5.2008, n. 28. 17Ibídem., n. 20f. 18G.F. Poli, G.
Crea, V. Comodo, Stili di leadership e vita consacrata, Libreria
Editrice Rogate, Roma 2033, p. 4. 19Merriam-Webster Dictionary. 20Ibídem. 21Roberto Cafferata (a
cura di), Direzione aziendale e organizzazione, Aracne editrice Srl., Roma
2007, p. 408 – 409. 22Basilio de Cesarea, Regole Morali,
LXXX II, 19.20.21, en U. Neri (ed.), Opere ascetiche di
Basilio di Cesarea, Turín 1980, 206 – 207. 23Sagrada Congregación
para los religiosos e institutos seculares, Elementos esenciales sobre la
vida religiosa, 31.5.1983, n. II, 49. 24 “Soy hombre; por lo
que nada de lo que es humano me debe ser
indiferente.” Publio Terenzio Afro, Heautontimoroumenos, Acto 1, escena 1. 25Sagrada congregacón
para los religiosos e Institutos seculares, La dimensión contemplativa de
la vida consagrada, marzo 1980, n. 11 26 P. Gregorio Iriarte,
o.m.i., La vida religiosa, Frente al cambio de època, Ediciones
Pualinas, Lima 2006, p. 161.
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