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Religiosas | sección
La vida religiosa: Un llamado a la santidad | categoría
Identidad de la vida religiosa | tema
Autor: Germán | Fuente: Catholic.net
¿Quién es el superior? El concepto de autoridad en la vida consagrada
El superior se encuentra al frente de la comunidad para ayudar a que todos juntos cumplan con la voluntad de Dios, siendo el superior el primero en buscar conocer y cumplir la voluntad de Dios.
 
¿Quién es el superior? El concepto de autoridad en la vida consagrada
¿Quién es el superior? El concepto de autoridad en la vida consagrada
La autoridad en la vida consagrada.
Pocos temas han sido tan debatidos después del Concilio Vaticano II como el de la autoridad. El primer documento programático para la adecuada renovación de la vida consagrada en la Iglesia, el decreto Perfectae caritatis trazaba unas líneas muy claras al respecto: “Mas los Superiores, que habrán de dar cuenta a Dios de las almas a ellos encomendadas, dóciles a la voluntad divina en el desempeño de su cargo, ejerzan su autoridad en espíritu de servicio para con sus hermanos, de suerte que pongan de manifiesto la caridad con que Dios los ama. Gobiernen a sus súbditos como a hijos de Dios y con respeto a la persona humana.” 1

Lo importante cuando hablamos de autoridad en la vida consagrada es entender bien el concepto y el campo de aplicación, ya que no es lo mismo el concepto de autoridad de los padres de familia, con respecto a los hijos, el concepto de autoridad del manager o gerente de una empresa en un negocio que el concepto de autoridad en la vida consagrada. Si bien pueden compartir elementos comunes, cada concepto de autoridad estará limitado y definido por su campo de aplicación. Y así como un padre de familia no ejerce la autoridad sobre su hijo como un jefe de Estado la ejerce sobre sus electores, de la misma manera un superior no ejerce la autoridad en la comunidad sobre sus miembros de la misma manera que un líder lo hace en la empresa.

Comencemos por tanto a partir de la definición etimológica de autoridad. Algunos sostienen que la palabra autoridad viene del latín auctor, que significa autor, fuente. Otros, como Severino-María Alonso, afirman que “la palabra autoridad viene del verbo latino augere,que significa literalmente aumentar, acrecentar, desarrollar, hacer crecer, dar vigor, robustecer, hacer prosperar, sostener.” 2Podemos por tanto afirmar que toda autoridad, en cualquier campo, es la cualidad y la calidad, la fuerza y la virtud que sirven para hacer crecer a otra persona, llegando a convertirla en lo que tiene que ser. Así, el alcalde de una ciudad o municipio ejercerá mejor o peor su autoridad en la medida en que lo que mande ayuden a las personas a ser mejores ciudadanos. Un entrenador de deportes ejercerá adecuadamente su autoridad si lleva a su equipo a ser buenos deportistas. Se ve por tanto como la autoridad posee elementos comunes para todos los campos, pero se perfilan características esenciales que los distinguen a unos de los otros.

La característica esencial que distingue a la autoridad en la vida consagrada es su proveniencia. Mientras que para un jefe de Estado la autoridad le viene de las personas que lo han elegido, para un empresario sus cualidades de liderazgo para llevar a la empresa al triunfo económico, para el superior la autoridad le viene de Dios. “Esa autoridad, característica de los institutos religiosos, no proviene de los miembros; es conferida por Dios mediante el ministerio de la Iglesia, al reconocer el instituto y aprobar sus constituciones. Es una autoridad de la que están investidos los superiores, mientras duren sus períodos de servicio, ya sea a nivel general, intermedio o local.” 3

Dice el documento Elementos esenciales sobre la vida religiosa que la autoridad en los institutos religiosos no proviene de los miembros que componen dichos institutos, sino que es conferida por Dios. Esta aseveración, sencilla y escueta, contiene principios que son esenciales para quien ejerce la autoridad en los institutos religiosos, por lo que vale la pena analizarla con detenimiento.

En primer lugar observamos que pueden existir distintos niveles de autoridad dentro de una congregación religiosa .4 Esta por ejemplo el nivel de la autoridad máxima, que el Derecho Canónico llama Moderador supremo y que cada una de las congregaciones lo llamará de acuerdo a sus normas o tradiciones. Así por ejemplo en la multisecular Compañía de Jesús, el moderador supremo se llama Prepósito general. En otras congregaciones se le llamará Director general, superior general o ministro general. No debemos pensar superficialmente que el nombre es lo de menos. Muchas veces el nombre responde a circunstancias históricas bien definidas o al carisma de la congregación que en el nombre que elige para el moderador supremo refleja su identidad y su espiritualidad .5>

Nos encontramos después con un nivel provincial6 o de circunscripción territorial en dónde varias comunidades y sus obras de apostolado se reúnen bao la jurisdicción de un superior que gobierna en ese territorio. Por último existe el nivel comunitario y de la obra de apostolado en dónde el superior gobierna a los miembros de una comunidad o a los miembros que ejercen su apostolado en una obra específica.

No debemos olvidar que existe otra instancia de gobierna que es el así llamado Capítulo general. Es el órgano supremo de gobierno y se establece en forma colegial mientras dure éste. “El capítulo general, que ostenta la autoridad suprema en el instituto de acuerdo con las constituciones, debe constituirse de manera que, representando a todo el instituto, sea un verdadero signo de su unidad en la caridad. Le compete sobre todo defender el patrimonio del instituto, del que trata el c. 578, y procurar la acomodación y renovación de acuerdo con el mismo, elegir al Superior general, tratar los asuntos más importantes, así como dictar normas que sean obligatorias para todos.” . 7

Todas estas instancias de gobierno provienen de Dios, según la cita de Elementos esenciales sobre la vida consagrada, n. II, 49. Y no hay que entenderlo como una intervención directa de Dios, sino como una participación de la autoridad que Dios confiere a la Iglesia al momento de reconocer un instituto y aprobar sus constituciones. A partir de ese momento la Iglesia reconoce que dicha congregación o instituto religioso no es obra ya de un hombre, sino que es obra de Dios, aunque se haya valido de mediaciones humanas, los fundadores y las fundadoras, para ponerlo en pie. Si la inspiración de dicha congregación es de origen divina, ya que toda congregación religiosa es dada a la vida gracias a un carisma, o sea, a una experiencia del Espíritu, entonces todo lo que sucede en esa congregación, a pesar de las debilidades y vicisitudes humanas, tiene un origen divino, incluso la autoridad. Se da por tanto una simbiosis interesante de analizar para nuestro estudio. Si por un lado Dios se compromete a estar presente en todo el quehacer de la congregación o instituto religioso, Dios no puede ni debe hacer ninguna excepción a la ley humana, ya que su acción divina, gracia, presupone la naturaleza, ley divina. Es así como, aunque toda autoridad proviene de Dios –gracia- ésta no deja de valerse en su actuación a través de medios humanos, las personas que actuarán como superiores en las distintas instancias de gobierno. Una simbiosis difícil de comprender en nuestros días, incluso en algunas congregaciones religiosas, que se han apartado de una visión de fe, y contagiadas por un espíritu secular ven sólo el elemento humano en las instancias de gobierno.

Nos encontramos por tanto de frente a un concepto muy distinto de todos los campos en donde se ejerce la autoridad. Este carácter de proveniencia divina le dará connotaciones muy específicas a la autoridad del superior. Mientras que gobernar en el mundo tiene que ver con hacerse obedecer, en la vida consagrada gobernar tiene que ver con ayudar a que la persona consagrada a Dios obedezca lo que se considera la voluntad de Dios. El superior no está al frente de una comunidad para que juntos realicen una obra de apostolado, ni tampoco para que se siga un horario o para que se cumplan unas normas indicadas en las Constituciones o en la Regla de la congregación. EL superior se encuentra al frente de la comunidad para ayudar a que todos juntos cumplan con la voluntad de Dios, siendo el superior el primero en buscar conocer y cumplir la voluntad de Dios. “Es preciso una gran coherencia por parte de quienes guían los Institutos, las provincias (u otras circunscripciones del Instituto) o las comunidades. La persona llamada a ejercer la autoridad debe saber que sólo podrá hacerlo si ella emprende aquella peregrinación que lleva a buscar con intensidad y rectitud la voluntad de Dios. Vale para ella el consejo que san Ignacio de Antioquía daba a un obispo: «Nada se haga sin tu conocimiento, ni tú tampoco hagas nada sin contar con Dios».25 La autoridad debe obrar de forma que los hermanos o hermanas se den cuenta de que ella, cuando manda, lo hace sólo por obedecer a Dios.” 8

De esta manera la autoridad en la vida consagrada se inserta en una dinámica diversa a las autoridades que hay en el mundo. Su dinámica es teológica. Es decir que su forma de actuar no es una técnica, si bien puede servirse de algunas técnicas que le proporcionarán las ciencias humanas como la sociología o la psicología, pero no deberá olvidar que en el ejercicio de la autoridad lo que busca es el estilo de gobierno cristológico. “Si falta una auténtica y rigurosa reflexión y formación teológica, el que ejerce la autoridad no pasará de ser un pseudopsicólogo o un pseudotrabajador social.” 9

La autoridad es además un elemento de la vida consagrada que refleja unas estructuras y un estilo de vida muy partcular. Cada uno de esos niveles o instancias representa una forma específica de vida, que es la vida consagrada. Esta forma de vida no puede ser equiparada a cualquier otro tipo de vida o agregado social, cultural o psicológico. Así, no es lícito afirmar que la congregación entera, la provincia o la comunidad pueden asemejarse a una familia, a una empresa o a un equipo deportivo. La congregación, la provincia o la comunidad son un lugar teológico muy específico que viene definido por el magisterio de la Iglesia como don, “La comunidad religiosa como don: antes de ser un proyecto humano, la vida fraterna en común forma parte del proyecto de Dios, que quiere comunicar su vida de comunión” 10

Por ello la forma de gobierno para la congregación, la provincia o la comunidad debe expresar esta realidad teológica. Dicha realidad teológica se expresa a través de unos valores, de un estilo y unos ideales de vida que están perfectamente tipificados en las Constituciones y las normas de vivida de la congregación. Por o tanto cada una de las instancias de gobierno no sólo debe hacer lo posible porque se lleven a cabo dichos ideales y estilos de vida, sino que la misma forma de gobierno debe reflejar el estilo de vida propio de la vida consagrada y debe lograr que sea el verdadero lugar teológico en dónde Dios pueda realizar un proyecto determinado y pueda comunicar su vida a todos los miembros. El gobierno del superior debe reflejar este proyecto y estos valores teológicos. “El gobierno del religioso apostólico, al igual que los demás aspectos de su vida, está basado en la fe y en la realidad de su respuesta de consagración a Dios, en la comunidad y en la misión. Se trata de mujeres y hombres, miembros de institutos religiosos, cuyas estructuras reflejan la jerarquía cristiana, cabeza de la cual es Cristo mismo. Personas que han escogido vivir la obediencia consagrada como valor de vida; y, por ello, necesitan una forma de gobierno que exprese estos valores y una forma particular de autoridad religiosa.” 11

De ahí que no sea lícito pensar en la comunidad, la provincia o la congregación como un equipo de fútbol, una empresa non-profit o una familia. Esta forma de pensar ha dañado mucho a varias congregaciones que poniendo exclusivamente la forma de gobierno en la sociología, la psicología o las ciencias sociales, han desterrado los valores religiosos que fundamentan una comunidad de vida consagrada.

Si el gobierno en la vida consagrada debe reflejar unos valores y un lugar teológico muy específico, se desprende de aquí la necesidad de que la autoridad refleje dichos valores y dicho lugar teológico. El Magisterio de la Iglesia al definir la comunidad como un proyecto divino antes que una realidad humana, nos da la pauta para definir la autoridad en la vida consagrada. Si toda comunidad busca ser un lugar en dónde Dios pueda realizar su proyecto y así comunicar si vida divina, la característica principal o la característica esencial y preponderante de toda autoridad será que dicho proyecto se lleve a cabo. Lo cual significa en primer lugar conocer cuál es el proyecto de Dios sobre la comunidad.

En el lenguaje de la vida consagrada este proyecto de Dios se conoce comúnmente con el nombre de voluntad de Dios. Por lo tanto, la autoridad buscará primero conocer cuál es la voluntad de Dios para la comunidad y para cada uno de los miembros de la comunidad. Pero del conocimiento deberá pasar a la realización, a la ejecución de dicho proyecto. No basta conocerlo, es necesario ponerlo en práctica. Si la etimología de autoridad es ayudar a crecer, dar vigor y robustecer, será en esta forma en que el superior ejerza mejor su autoridad, ya que deberá dar vigor, fortalecer y ayudar a cada uno de los miembros de su comunidad, y él en primer lugar, para conocer y cumplir la voluntad de Dios. Lo anterior ha quedado magníficamente descrito en el documento El servicio de la autoridad y la obediencia, cuando señala en las siguientes dos citas: “De manera que la persona consagrada es testimonio del compromiso, gozoso al tiempo que laborioso, de la búsqueda asidua de la voluntad divina, y por ello elige utilizar todos los medios disponibles que le ayuden a conocerla y la sostengan en llevarla a cabo. Aquí encuentra también su significado la comunidad religiosa, comunión de personas consagradas que hacen profesión de buscar y poner en práctica juntas la voluntad de Dios. Una comunidad de hermanos o hermanas con papeles diversos, pero con un mismo objetivo y una misma pasión. Por esto, mientras en la comunidad todos están llamados a buscar lo que agrada a Dios así como a obedecerle a Él, algunos en concreto son llamados a ejercer, generalmente de forma temporal, el oficio particular de ser signo de unidad y guía en la búsqueda coral y en la realización personal y comunitaria de la voluntad de Dios. Éste es el servicio de la autoridad.” 12Y la siguiente, que es como colofón y ampliación de lo ya dicho, pero que ayuda a clarificar más el concepto de autoridad en la vida consagrada: “En la vida consagrada, cada uno debe buscar con sinceridad la voluntad del Padre, porque, de otra forma, perdería sentido este género de vida. Pero es de gran importancia que esa búsqueda se haga en unión con los hermanos y hermanas; esto es justamente lo que une y hace familia unida a Cristo. La autoridad está al servicio de esta búsqueda, para que se lleve a cabo en sinceridad y verdad.” 13



Las caricaturas de la autoridad en la vida consagrada
Las funciones, los roles y las relaciones del superior con respecto a sus miembros tienen su fundamento en esta concepción de la autoridad. Sin ella se puede caer en lo que yo llamaría las caricaturas de la autoridad. Todo el esfuerzo de cualquier superior a cualquier nivel consiste en lograr que el proyecto de Dios sea realizado, esto es, que los miembros conozcan la voluntad de Dios sobre sus vidas y sobre la comunidad y que lo quieran llevar a cabo. Poco o nada le debe importar el consenso de sus miembros, si bien debe buscar por todos los medios a su alcance el ser obedecido no por la fuerza, sino por el amor.

Para ello, bien puede utilizar una serie de herramientas que pone a su disposición las ciencias humanas, pero deberá recordar siempre que lo que la espiritualidad propia de la congregación y el sentido de fe no pueden realizar en los miembros, las ciencias humanas o sociales poco o nada alcanzarán. Y si es que lo alcanza, será momentáneo, pasajero, superficial. Nunca se darán los resultados en el nivel espiritual que se está buscando.

Abro aquí un paréntesis para hacer un pequeño excursus histórico. Después del Concilio Vaticano II en dónde se invitaba a los superiores a gobernar siempre con respeto a la dignidad de sus súbditos, muchas congregaciones se dieron a la tarea de encontrar las herramientas más adecuadas para llevarlo a cabo. Ha habido de todo en esta búsqueda, desde los extremos de obviar una búsqueda y quedar anclados en el pasado, hasta quienes siguiendo una hermenéutica de la discontinuidad en la interpretación de Concilio Vaticano II, se dieron a la tarea de buscar dichas herramientas exclusivamente en las ciencias humanas y sociales como la psicología, la dinámica de grupos o la leadership. Olvidaron aquello que había sugerido la Perfectae caritatis: “Ordenándose ante todo la vida religiosa a que sus miembros sigan a Cristo y se unan a Dios por la profesión de los consejos evangélicos, habrá que tener muy en cuenta que aun las mejores adaptaciones a las necesidades de nuestros tiempos no surtirían efecto alguno si no estuvieren animadas por una renovación espiritual, a la que, incluso al promover las obras externas, se ha de dar siempre el primer lugar.” 14

Las consecuencias de este cambio de dirección caen fuera de este artículo, pero lo que quiero subrayar es que durante muchos años, casi 40 años, los miembros de las congregaciones religiosos no han sido formados en este espíritu de fe y de renovación espiritual. Ello ha originado miembros que llegan a la edad de 60 años o más, que es la edad promedio de los religiosos y las religiosas en Europa, con un gran desazón, con una grande desilusión por lo que han hecho o por lo que no han hecho en la vida y que de frente al futuro se encuentran con miedo, o deprimidos. No hay que asombrarnos. Si durante 40 años se ha sembrado en su corazón incertidumbre, duda, cambios, planes indefinidos, promesas de un nuevo estilo de vida consagrada jamás alcanzada, es lógico que ahora se coseche una situación difícil en la vida de estos consagrados.

Situación que muchas veces debe enfrentar el mismo superior en sí mismo o en los miembros de su comunidad. Por ello nos encontramos actualmente en Europa principalmente, ante dos fenómenos en el ejercicio de la autoridad. La claudicación en el ejercicio de la autoridad y el encuentro siempre cada vez más acérrimo entre superiores y súbditos. Frente a ello no cabe más que pedir al superior que haciendo uso de todas sus fuerzas espirituales y humanas, ejerza con decisión y bondad, suaviter in modo, fortiter in re15 , el cargo que le ha sido confiado. “También la autoridad puede caer en el desánimo y el desencanto: ante las resistencias de algunas personas o de una comunidad, o frente a ciertas cuestiones que parecen irresolubles, puede surgir la tentación de dejar pasar y considerar inútil cualquier esfuerzo por mejorar la situación. Asoma, entonces, el peligro de convertirse en gestores de la rutina, resignados a la mediocridad, inhibidos para toda intervención, sin ánimo para señalar las metas de la auténtica vida consagrada y con el riesgo de que se apague el amor de los comienzos y el deseo de testimoniarlo. Cuando el ejercicio de la autoridad se hace gravoso y difícil, conviene recordar que el Señor Jesús considera ese oficio como un acto de amor para con Él («Simón de Juan, ¿me amas?»: Jn 21, 16); y es saludable volver a escuchar las palabras de Pablo: «Sed alegres en la esperanza, fuertes en la tribulación, perseverantes en la oración, serviciales en las necesidades de los hermanos» (Rm 12, 12-13). El callado sufrimiento interior que lleva consigo la fidelidad al deber, con frecuencia incluso marcado por la soledad y la incomprensión de aquellos a los que uno se entrega, se convierte en vía de santificación personal, al tiempo que cauce de salvación para las personas a causa de las cuales se sufre.” 16

Hasta aquí el excursus histórico. Sigamos ahora tratando el tema de las caricaturas de la autoridad.

Hemos dicho que el servicio de la autoridad en la vida consagrada consiste en ayudar, robustecer, dar vigor y acompañar a los miembros que Dios le ha confiado en el camino de buscar hacer la voluntad del Padre, ya sea en lo personal como en lo individual. En la vida consagrada esta voluntad del Padre no se representa como algo misterioso, etéreo, vago o netamente individual. Dicha voluntad se descubre en el carisma mismo de la institución que viene expresado a través de las Constituciones, Reglas, decretos capitulares, horarios, obras apostólicas, sanas tradiciones. De lo contrario se corre el doble peligro de caer en un relativismo que no se concreta en nada objetivo y deja mano libre a una interpretación relativista e individualista de la vida, o se cae en un constante discernimiento que no llega a aterrizar en lo concreto. “Hay que notar, finalmente, que una comunidad no puede estar en continuo estado de discernimiento. Tras la etapa de discernimiento viene la de la obediencia, o sea, la de poner en ejecución lo decidido: en una y en otra hay que vivir con espíritu obediente.” 17

Las caricaturas de la autoridad comienzan desde el momento en que se quiere rebajar o diluir el carácter sobrenatural de la autoridad. Si hemos ya mencionado con anterioridad que la autoridad dentro de la vida consagrada busca ante todo cumplir y hacer cumplir la voluntad de Dios con el fin de que la personas, comenzando por el superior mismo, crezcan en la respuesta a dicha voluntad de Dios, habrá también que establecer un método adecuado al ejercicio de dicha autoridad. Ejercer la autoridad en la vida consagrada siguiendo sólo las normas o las leyes de las ciencia sociales como la psicología, la sociología o la administración del personal, equivaldría a vaciarla de su esencia.

Las ciencias humanas tienen su método y su finalidad propia. Basadas en el método científico tienen como objeto de estudio las realidades que les presenta su propio campo, bajo un protocolo epistemológico, llegando a establecer incluso un código deontológico. Algunos de los elementos esenciales de la vida consagrada pueden ser objeto de estudio de las ciencias sociales o humanísticas, en forma tal que pueden ser observables mediante el método científico desarrollado por dichas ciencias. También puede darse el caso que descubrimientos y aportes metodológicos de dichas ciencias puedan aplicarse a los elementos esenciales de la vida consagrada. Todo ello será posible mientras que se respete el ámbito de ambos, es decir, el de las ciencias y el de la vida consagrada. Es decir, quien haga las aplicaciones de los descubrimientos de las ciencias sociales o humanas a la vida consagrada, debe respetar la esencia de la vida consagrada. No se puede hacer una libre exportación de la metodología o de los aportes de las ciencias humanas a la realidad de la vida consagrada. Se debe analizar primero la conveniencia y la posibilidad de dicha aplicación, en respeto siempre de la esencia de la vida consagrada. Tomar los aportes de dichas ciencias como solución sine qua non a los problemas y vicisitudes de la vida consagrada puede comportar el riesgo de desnaturalizar la esencia de la vida consagrada, llegando a considerar a éste como un agregado cultural más de la realidad humana. Desnaturalizar la esencia de la vida consagrada puede significar quitarle la realidad sobrenatural sobre la que está basada.

Sin el debido estudio científico para hacer una debida exportación de dichos métodos y herramientas a la vida consagrada, puede caerse en la secularización de una realidad sobrenatural como lo es la vida consagrada. En lugar de una realidad sobrenatural, un diseño de Dios, puede verse solamente una reunión de personas, semejante a la reunión de personas en un negocio o una empresa. Los fines de una y de otra pueden llegar a ser no sólo distintos, sino diametralmente opuestos. El objetivo de una empresa no es el mismo que el de una comunidad. Pero cuando a la comunidad se le quita la base sobrenatural sobre la que está construida, se ve a ésta como una organización similar a una empresa transnacional. Se aplican indiscriminadamente los mismos principios en una empresa, pretendiendo que la superiora de comunidad se convierta en una líder. “Alla luce de simili tensioni e di tali propensioni, si rivela pressoché fondamentale il prendere atto del grado di complessità del tempo corrente. Così come risulta conseguentemente vitale assumere una condotta organizzativa <> in funzione di queste dinamiche in progress. Ecco, dunque, che avere come leader una guida consapevole di questa realtà, un timoniere intelligentemente proteso all’affinamento e all’arricchimento dei propri mezzi cognitivi e delle proprie conoscenze di conduzione organizzativa è praticamente obbligatorio, onde evitare di trasportare l’organizzazione sulle fatali rotte dell’anacronismo.” 18

Observamos de esta manera como una de las caricaturas más difundida de la autoridad es el querer equipararla o asemejarla a la figura del leader en la administración del personal. Por la difusión tan extendida que ha tenido este concepto en la vida consagrada, creemos importante detenernos un momento para estudiar esta figura de la autoridad.

Leadership en la vida consagrada.
Es difícil encontrar una definición de leadership en la vida consagrada. El magisterio de la Iglesia para la vida consagrada no lo menciona en ninguno de sus documentos. El último documento dedicado a la autoridad, El servicio de la autoridad y la obediencia no lo menciona. La palabra leadership viene del inglés con tres acepciones distintas, que siempre nos envían a la palabra leader. “Main Entry: lead·er·ship Function: noun. Date: 1821. 1 : the office or position of a leader. 2:capacity to lead. 3: the act or an instance of leading.” 19 Si vamos al término leader, observamos: “2 : a person who leads: as a : guide, conductor b (1) : a person who directs a military force or unit (2) : a person who has commanding authority or influence c (1) : the principal officer of a British political party (2) : a party member chosen to manage party activities in a legislative body (3) : such a party member presiding over the whole legislative body when the party constitutes a majority d (1) : conductor c (2) : a first or principal performer of a group.” 20

Se trata por tanto de un término que puede tener el significado de una persona que conduce, que tiene autoridad o influencia. El término quedará mejor definido cuando viene inscrito en los estudios de la administración de empresas. Ahí observamos que varios estudiosos hacen una diferencia entre el gerente o manager de una empresa y la figura del leader, siempre bajo la teoría de la leadership en la empresa. Se establece por tanto una primera diferencia entre los fines de la empresa y los fines de la comunidad. Mientras que los fines de una empresa son los de asignar los recursos escasos a fines alternativos, a través de la armonía funcional y social entre las distintas partes que la componen, los fines de la comunidad, como ya lo hemos visto, son los de hacer visible el amor de Dios a través de un estilo de vida que le viene de un carisma. Si bien es cierto que el superior puede aprender de la empresa algunos principios sobre la interacción entre las personas, no deberá exportar dichos conceptos a la vida de comunidad, sin hacer las debidas adaptaciones. Los miembros de la comunidad, por ejemplo, no son parte de un sistema de producción, sino que son parte de un plan de Dios y cada uno representa un papel importante, no sólo por lo que pueda aportar a la comunidad, sino por lo que significa de cara al plan de Dios para sí mismo y para la comunidad. El superior no se encargará únicamente de la armoniosa convivencia entre las personas de la comunidad, sino de la adecuada armonía y equilibrio con la que cada persona debe vivir para así aportar lo mejor a Dios y por ende a la comunidad.

Un punto clave de la diferencia entre la teoría de la leadership y la gestión de una comunidad desde el punto de vista sobrenatural se refiere a la diferencia entre la posición de manager y la del leader. “L’elemento comune tra il manager e il leader è l ‘aspetto relazionale, nel senso che entrambi si confrontano e interagiscono con diversi collaboratori. La differenza sta nel fatto che il manager assume un ruolo di comando –non necessariamente di “guida” – e fa uso del potere gerarchico che proviene dal ruolo e dalla posizione occupata all’interno della struttura organizzativa. Il manager svolge infatti attività di direzione –comunque subordinata all’autorità della governante – e si esprime con le azioni di coordinamento, supervisione e controllo delle operazioni, al fine di gestire, organizzare e rilevare le attività economico – aziendale. L’attività del management è orientata dunque alla gestione della complessità relativa sia alle risorse umane, che all’evoluzione dei processi organizzativi. Il leader non è invece legato a particolari posizioni gerarchiche, ma ha anzi il compito di integrare, creare cioè coordinamento tra parti, tra partecipanti e tra gli uno e gli altri. Ciò significa che la leadership non è vincolata alla gerarchia: chiunque, dalla base al vertice della piramide organizzativa può essere o diventare un leader. Inoltre, il leader tende ad avere una visione ampia del proprio operato, che prescinde dalle mere funzioni di direzione nel senso della programmazione, organizzazione e controllo; piuttosto, il suo compito è relativo agli aspetti interpersonali del lavoro di manager, come coinvolgere i propri collaboratori, influenzandone olthe che il comportamento anche la crescita personale e professionale. L’attività di leadership è quindi quello non solo di dare disposizioni e farle rispettare, ma anche di orientare e motivare le persone verso gli obiettivi aziendali, soprattutto in un’ottica di cambiamento organizzativo e strategico.” 21

Se observan por tanto algunas diferencias esenciales entre la leadership de las empresas y el cargo de superior a cualquier nivel en el ámbito de la vida consagrada, sin por ello dejar de notar que existen similitudes válidas. Una de las diferencias radica en la diferencia de autoridad entre el líder y el superior. El líder tiene una autoridad consensuada, es decir, una autoridad que le viene delegada por sus colegas, en base a las cualidades que el desarrolla por el bien de ellos mismos. En el caso de la vida consagrada, esta autoridad le viene delegada siempre de los superiores, como ya hemos visto y nunca puede ser delgada por parte de la comunidad. Se dan casos, por ejemplo, en que la elección del superior puede depender de la comunidad misma, pero no por ello decimos ni afirmamos que la autoridad le ha sido delegada por la comunidad. En cambio, en la empresa, la autoridad que ejerce el líder siempre estará radicada en el beneplácito que le otorguen los colegas, quedando siempre sometida a la opinión de todos. Como dicha opinión es cambiante, el líder siempre está tratando de ganarse a todos los colegas para seguir ejerciendo su liderazgo.

Si bien es verdad que hay muchas similitudes entre la labor que realiza un líder y aquella que efectúa un superior de comunidad, estas semejanzas se dan sólo en la periferia del cargo, es decir, en aspectos que no son esenciales al mismo. La labor del superior no puede ni debe asemejarse a la de un líder de una empresa desde el momento en que los fines de ambos son diferentes. Las semejanzas se establecen en el modo de llevar a cabo el servicio que desempeñan ambos, pero este modo de servir estará siempre anexado al fin que cada uno de ellos se propone. Pretender que el servicio de la autoridad de un superior se lleve a cabo a la manera empresarial de un líder tecnocrático es vaciar la autoridad del superior de su verdadero contenido.

Cuando al superior le ha quedado claro que su servicio se desarrolla “como colaborador de Dios que, a favor de la Iglesia, ha dado todo de sí mismo para realizar únicamente las obras dignas de Dios (…), que como plantador de los sarmientos de Dios no trasplanta nada extraño a esa vid que es Jesucristo, ni nada estéril, y que cosecha con todo el cuidado los mejores sarmientos de la vid, aquellos que dan frutos (…) y que como constructor del templo de dios que mejora cada alma, para que se adapte armónicamente al fundamento de los apóstoles y de los profetas” 22 nos damos cuenta que la esencia de su servicio más allá que la de buscar la armonía humana entre todos aquellos que componen la comunidad, para realizar un fin concreto, como podría ser la finalidad que busca un líder en una empresa. A partir de esas diferencias se establece la diversidad de los cargos y por tanto la diferencia en la calidad del servicio que ambos prestan, uno a la comunidad y otro a la empresa. Las caricaturas de la autoridad comienzan desde el momento en que trata de comportarse en la comunidad como lo hiciera un líder en una empresa, buscando el consenso de todos, el hacer prevalecer su opinión a base de estratagemas sociológicos, pretendiendo alcanzar fines sociales en el apostolado mediante el aporte sincero y franco de cada uno de los miembros que componen la comunidad.

Si bien es cierto que al leer los últimos renglones podemos encontrar puntos de contacto entre el líder de la empresa y el superior de comunidad, no debemos olvidarnos de aquellos aspectos que separan netamente uno del otro. Aspectos y situaciones que tienen su origen en la finalidad que cada uno de ellos persigue. Debe ser precisamente esta finalidad la que haga del superior de comunidad un verdadero padre que busca él primero cumplir con la voluntad de Dios y ayudar a que los miembros de la comunidad cumplan también dicha voluntad. Una vez fijada esta primacía en el servicio de la autoridad del superior de comunidad, entonces y sólo entonces podrá hacer uso de algunas de las estrategias sugeridas por las ciencias humanas para ayudarse en el desarrollo de su trabajo como superior de comunidad. Todas las técnicas sugeridas por las ciencias humanas serán entonces enmarcadas en el contexto del verdadero ejercicio de la autoridad para la vida religiosa: “El gobierno del religioso apostólico, al igual que los demás aspectos de su vida, está basado en la fe y en la realidad de su respuesta de consagración a Dios, en la comunidad y en la misión. Se trata de mujeres y hombres, miembros de institutos religiosos, cuyas estructuras reflejan la jerarquía cristiana, cabeza de la cual es Cristo mismo. Personas que han escogido vivir la obediencia consagrada como valor de vida; y, por ello, necesitan una forma de gobierno que exprese estos valores y una forma particular de autoridad religiosa.” 23 A partir de este principio, para mejor ejercer su cargo el superior puede escoger las técnicas y los principios propuestos por las ciencias sociales, adaptándolos al contexto de la vida consagrada. Los problemas de un superior de comunidad no se resuelven aplicando únicamente las técnicas propuestas por la sociología o la alta dirección de empresas. Los problemas de una comunidad se resuelven en base a la esencia de la comunidad, es decir en base a la estructura trinitaria que pretende reflejar la comunidad, es decir, en base a la vida espiritual, al vida de la Trinidad, que debiera reflejarse en la vida de la comunidad. Cuando el superior pone en primo plano la vida espiritual de los hermanos que componen la comunidad misma entonces podrá tener el adecuado discernimiento para saber escoger aquellos medios, espirituales o humanos, que más puedan ayudarle a desempeñar la misión que Dios le ha encomendado como superior.

Una última caricatura.
Todo buen superior debería ser un experto en humanidad24 . Por el contacto asiduo que tiene con el hombre y con sus problemas, el superior debería conocer los fundamentos de la composición del hombre, esto es, su vida espiritual, su vida antropológica y su vida psicológica para ayudar mejor a las personas que la providencia le ha encomendado a cumplir con la voluntad de Dios.

La coincidencia entre la apertura sugerida por el Concilio Vaticano II y la llegada a una cierta madurez de las ciencias psicológicas hicieron que muchos formadores y superiores intercambiaran e incluso llegarana anular la vida espiritual por la vida psicológica. Prueba de ello fue la constatación que hizo el magisterio de la Iglesia del abandono o el olvido de la dirección espiritual, llegándola a confundirla o cambiarla por algunas técnicas psicológicas. “También la dirección espiritual en sentido estricto merece recobrar su propia función en el desarrollo espiritual y contemplativo de las personas. De hecho, nunca podrá ser sustituida por inventos psíquico-pedagógicos.” 25El hecho demuestra hasta qué grado puede infiltrarse en el gobierno de un superior la psicología.

Si bien es cierto que muchos problemas que surgen en la comunidad o en los miembros de la misma son de matriz psicológica, no por ello el superior debe convertirse en un psicólogo. “El ritmo trepidante de la vida actual genera muchos problemas de tipo psicológico, como son la angustia la ansiedad, el stress .. Es evidente que no se puede exigir que todo formador / a (superior) sea un especialista en psicología. Sin embargo, es de absoluta necesidad que esté consciente de estos problemas, que, sin duda, han de surgir en la comunidad. En un primer momento, deberá mostrarse comprensivo y receptivo. Debe llegar a discernir cuando deberá ser tratado ese problema, profesionalmente, por un psicólogo.” 26

Conocer algo de psicología para distinguir y ayudar mejor, es muy distinto que ser un psicólogo, pretenderlo serlo y querer que todo se resuelva a base de psicología. Muchas congregaciones religiosas invierten teimpo, personal y no pocos recursos económicos en la formación de futuros formadores y superiores de comunidad como psicólogos. De alguna manera se reduce la figura del superior de comunidad a un semiexperto de psicología.

Los problemas más profundos de una comunidad, si bien pueden tener un trasfondo psicológico, deben encontrar su raíz en la vida espiritual de la que la comunidad debe ser reflejo vivo y actual. El superior de comunidad, junto con ciertos conocimientos de psicología, debe ser un experto en los mecanismos y la estructura de la vida espiritual. Y no porque no puedan surgir problemas con connotaciones psicológicos, sino porque cuando media un serio problema psicológico, el superior lo debe remitir al especialista, bajo las condiciones que indica el magisterio de la Iglesia . Si el superior de comuniad se convierte únicamente en psicólogo, no habrá entonces ningún impedimento para que también se convierta en dentista, cociner o chofer. El superior de comunidad debe por tanto dedicarse a lo que es su esencia para ayudar a los miembros de su comunidad a descubrir y seguir la voluntad de Dios para cada uno de ellos. Si para ello se puiede ayudar como mero subsidio de la psicología, la medicina o de otras ciencias humanas, entonces convendrá dedicarse a esas ciencias pero sólo como apoyos.

Quizás muchos superiores han caído en la caricatura de la autoridad psicologista pues es más fácil recurrir a un método o una técnica psicológica que sólo toca la periferia de la persona, que dedicarse con la ayuda de la gracia y la apertura de la persona a escrutar el alma y ayudarla a alcanzar el ideal para el que fue creada. Una técnica de psicología no compromete al superior con el miembro de la comunidad. Un camino de acompañamiento espiritual realizado con tesón y constancia comporta fatiga, cansancio y trabajo personal de parte del superior y de parte de la comunidad.




NOTAS

1Concilio Vaticano II, Decreto Perfectae caritatis, 28.10.1966, n. 14
2 Severino – María Alonso, cmf., La autoridad en la vida consagrada, Un carisma de animación comunión, Publicaciones Claretianas, Madrid, 2008, p. 30 – 31.
3Sagrada Congregación para los religiosos e institutos seculares, Elementos esenciales sobre la vida religiosa, 31.5.1983, n. II, 49.
4Hablaremos de los así llamados institutos o congregaciones de vida activa, ya que para los monasterios de clausura o de vida contemplativa, rigen otras normas del Derecho canónico que reproducimos a continuación: “Una casa religiosa de canónigos regulares o de monjes bajo el régimen y el cuidado del Superior propio es autónoma, a no ser que las constituciones determinen otra cosa.” Código de Derecho canónico, canon 613 § 1.
5 “El modo de llamar al propio superior revela una variedad no sólo de palabras, sino también de comprensión del oficio que le es reconocido: abad, prior, prepósito, gran maestro, ministro, guardián, ministro general, prepósito general, rector mayor… La palabra superior es la más usual en la mayor parte de los institutos fundados en los dos últimos siglos, y en los más recientes movimientos religiosos se usa también el término presidente. Con más vida mística en algunos y más compromiso social en otros, con una estructura de gobierno más piramidal o más concéntrica cada una alcanza el corazón del misterio cristiano a través de la obediencia a la vocación que sitúa a cada persona en relación con Cristo, único Señor y Salvador.” Michelina Tenace, El servicio de los superiores, San Pablo, Madrid, 2009, p. 15.
6 “Se llama provincia al conjunto de varias casas erigido canónicamente por la autoridad legítima que forma parte inmediata de un instituto, bajo un mismo Superior.” Código de Derecho canónico, canon 621.
7Código de Derecho canónico, canon 631 § 1.
8Congregación para los Institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica, El servicio de la autoridad y la obediencia, 11.5.2008, n. 12
9Severino – María Alonso, cmf., La autoridad en la vida consagrada, Un carisma de animación comunión, Publicaciones Claretianas, Madrid, 2008, p. 21.
10Congregación para los Institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica, La vid fraterna en comunidad, 2.2.1994, n. 7.
11Sagrada Congregación para los religiosos e institutos seculares, Elementos esenciales sobre la vida religiosa, 31.5.1983, n. II, 49.
12Congregación para los Institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica, El servicio de la autoridad y la obediencia, 11.5.2008, n. 1.
13Ibídem., n.12.
14Concilio Vaticano II, Decreto Perfectae caritatis, 28.10.1966, n. 2e.
15 “Ella despliega su fuerza de un extremo hasta el otro, y todo lo administra de la mejor manera.” Sab. 8,1.
16Congregación para los Institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica, El servicio de la autoridad y la obediencia, 11.5.2008, n. 28.
17Ibídem., n. 20f.
18G.F. Poli, G. Crea, V. Comodo, Stili di leadership e vita consacrata, Libreria Editrice Rogate, Roma 2033, p. 4.
19Merriam-Webster Dictionary.
20Ibídem.
21Roberto Cafferata (a cura di), Direzione aziendale e organizzazione, Aracne editrice Srl., Roma 2007, p. 408 – 409.
22Basilio de Cesarea, Regole Morali, LXXX II, 19.20.21, en U. Neri (ed.), Opere ascetiche di Basilio di Cesarea, Turín 1980, 206 – 207.
23Sagrada Congregación para los religiosos e institutos seculares, Elementos esenciales sobre la vida religiosa, 31.5.1983, n. II, 49.
24 “Soy hombre; por lo que nada de lo que es humano me debe ser indiferente.” Publio Terenzio Afro, Heautontimoroumenos, Acto 1, escena 1.
25Sagrada congregacón para los religiosos e Institutos seculares, La dimensión contemplativa de la vida consagrada, marzo 1980, n. 11
26 P. Gregorio Iriarte, o.m.i., La vida religiosa, Frente al cambio de època, Ediciones Pualinas, Lima 2006, p. 161.





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