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Religiosas | comunidad
La vida religiosa: Un llamado a la santidad | categoría
Dirección Espiritual | tema
Autor: Guadalupe Magaña | Fuente: Escuela de la fe
Definición de la dirección espiritual.
"...la dirección espiritual es un diálogo entre tres: el formando, el formador y el Espíritu Santo,"
 
Definición de la dirección espiritual.
Definición de la dirección espiritual.

La dirección espiritual, además de ser una forma de comunicación humana, es ante todo un diálogo en la fe, dentro de la Iglesia, de dos personas que buscan juntamente conocer la voluntad de Dios en lo concreto de la vida
El diálogo espiritual es una búsqueda en la fe de la voluntad de Dios, entre el Espíritu Santo, el que orienta y el que recibe ayuda o consejo. Se trata de ayudar al orientado en su realización personal y en su respuesta fiel a las exigencias que le plantea la voluntad de Dios en su vida. Es importante recalcar que se trata de una ayuda espiritual bajo la luz de la fe y la verdad del Evangelio. Esta ayuda debe servir al orientado para saber obrar en todo momento libremente, desde el amor y la disponibilidad; para desarrollar e integrar sus capacidades humanas, encauzar positivamente sus sentimientos y emociones; para orientarse hacia los demás en una actitud de servicio; para renovar constantemente su encuentro personal con Dios, apreciar las cosas de Dios y ser hombre de oración.
De este modo se puede decir que la dirección espiritual es un diálogo entre tres: el formando, el formador y el Espíritu Santo, en el cual los dos primeros tratan de escuchar la voz del Tercero para comprender cuál es la voluntad de Dios sobre el formando. El Espíritu Santo es el gran Artífice de la santificación. Jesucristo, antes de su muerte en la cruz, prometió que nos enviaría su Espíritu para guiarnos hacia la verdad completa.
Profundicemos en la definición y saquemos algunas conclusiones:


Diálogo en la fe:

Quiere decir que el diálogo se desenvuelve en un ambiente permeado de fe. El dirigido tiene fe en que su orientador espiritual ha sido puesto por Dios para esta misión. El orientador cree que está ahí por misión divina, porque Dios se lo ha encomendado, y por tanto realiza la labor apoyado en la certeza de fe de recibir el auxilio de la gracia divina. El diálogo no se establece necesariamente porque exista una afinidad natural o una amistad particular previa, sino porque ambos son conscientes de estar inmersos en un plan divino.

Es diálogo en la fe porque se trata de descubrir la voluntad de Dios, y ésta no se manifiesta por caminos meramente humanos; se requiere del ambiente sobrenatural propiciado por la fe. Si queremos llevar a las almas a asemejarse más a Jesucristo siguiendo su ejemplo y su doctrina, tal como se nos manifiesta en el Evangelio y en el Magisterio de su Iglesia; si buscamos que se comprometan con Él en la fe y el amor para realizar la propia vocación a la santidad y al apostolado en la Institución a la que cada una ha sido llamada, según el carisma inspirado por Dios a la fundadora. Es una ayudar a la persona orientada a encarnar en sí misma el plan de Dios en su vocación concreta.


Dentro de la Iglesia:

Significa la conciencia que ambos tienen de formar parte del Cuerpo Místico de Cristo: la Iglesia. Es decir, que los lineamientos que un orientador espiritual seguirá para dirigir a nivel espiritual, doctrinal y moral, son los de la Iglesia católica. Ello exigirá nuestra preparación y la coherencia con nuestra fe, recurriendo a la fuente de la verdad que se encuentra en la Sagrada Escritura, en la Tradición, y en el Magisterio, más que a nuestras opiniones subjetivas.



Para que la dirección espiritual vaya modelando la mujer consagrada según el carisma de su congregación, para que vaya respondiendo al llamado de Dios que pide una respuesta de generosidad, ha menester la orientadora, de ir descubriéndole la ruta que conduce a plasmar en su persona en su vida la voluntad de Dios.

Obtenido lo anterior, se debe proceder, de un modo muy positivo, a hacer avanzar al alma por el camino del bien. Es necesario mantener la exigencia ascética para abstenerse de todos los elementos que impidan al dirigido escuchar y aceptar la voluntad de Dios y, sobre todo, es necesario ofrecerles clarificaciones y motivaciones dentro de un proyecto de vida centrado en el amor a Cristo, el amor a las almas, la integración con la espiritualidad y mística de la congregación y la pasión apostólica efectiva por hacer que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. De forma que, por la acción del Espíritu Santo, llegue a ser una mujer de oración, de sacramentos y de vida espiritual, elementos que son oxígeno y el alimento de toda mujer consagrada, de todo apóstol.

En todo el proceso de dirección espiritual, la pertenencia a la congregación se considera como la vocación a la que Dios le ha llamado y a la que ha de responder con creciente y generoso amor a Jesucristo.

Ya mencionamos cómo la dinámica de esta relación interpersonal no es tanto el influjo de la orientadora sobre la dirigida, cuánto la luz del Espíritu Santo sobre ambas para buscar la Voluntad de Dios. Así se salvaguarda la libertad y dignidad de la dirigida. Ésta y su orientadora reconocen por la fe que el Espíritu Santo orienta la comunicación espiritual que se instaura entre ellas. Ambas están de acuerdo en el proyecto fundamental de buscar y aceptar la Voluntad de Dios, y tratan de buscarla para vivirla en lo concreto de la propia vida. Una vez comprendida cuál sea su voluntad, hay que llevarla al corazón; es decir, hay que amarla, hacerla objeto del amor y actuarla como consecuencia de ese amor a Dios que se hace concreto

Entendemos pues, que se trata de una verdadera dirección del alma que Dios confía a la orientadora, quien no es una simple consejera. A esta luz, se ve también la necesidad de una docilidad activa, libre y responsable por parte de la dirigida.

Encontramos hoy en día, junto a la presencia del orientador espiritual, la figura del psicólogo, psiquiatra o psicoanalista. Estas personas se enfocan hacia una ayuda externa a la persona, para que ésta recobre su equilibrio interior cuando se encuentra en una situación de crisis o inestabilidad emocional.

No podemos decir que esta ayuda sea en sí algo negativo, pues las ciencias psicológicas han tenido un desarrollo muy importante y útil. Comprendemos que la persona humana, como unidad substancial de cuerpo y alma, vive situaciones psicosomáticas que reclaman la ayuda médica o psicológica de un especialista. Incluso pueden darse situaciones complejas y críticas que requieran la colaboración conjunta entre el especialista y la orientadora espiritual. Sin embargo, no debemos confundir ni suplantar la dirección espiritual con la entrevista psicológica o psiquiátrica.

La orientadora no es una psicoanalista; debe ser fiel a su misión, divinamente recibida, y evitar dos errores: primero aficionarse a la psicoterapia, esto es, no debe tratar directamente con los mecanismos del inconsciente ni con problemas emocionales, aunque sí conviene que los conozca lo suficiente para poder detectar su presencia... En segundo lugar debe darse cuenta de que los problemas psicológicos son completamente reales y que, cuando existen, pertenecen a un campo distinto del suyo. No deberá ser una de aquellas que por principio se mofan de la psiquiatría, y que suponen que se podrían solucionar todos los problemas emocionales con medios ascéticos.


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