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Autor: Guadalupe Magaña | Fuente: Escuela de la fe ¿Quién es el sujeto de la Dirección Espiritual?
El dirigido es, por lo tanto, la persona que busca conocer y realizar la voluntad de Dios en su vida.
¿Quién es el sujeto de la Dirección Espiritual?
Ya nos hemos referido a la persona que tiene
la misión de orientar a otra; sin embargo, no podemos
olvidar la presencia, en la dirección espiritual, de tres personajes
principales: el director u orientador espiritual, el dirigido y el
Espíritu Santo. Nos referiremos ahora al dirigido, es la hermana
que se acerca a nosotros en búsqueda de orientación
y ayuda para encontrar la voluntad de Dios en su
vida y caminar hacia la santidad.
No existe un término
general aplicable al sujeto de la dirección espiritual. Algunos autores
lo llaman «dirigido» porque está bajo una dirección; «orientado», porque
acepta una orientación; «formando», por ser una persona en proceso
de formación. Utilizaremos aquí el término «dirigido» por avenirse más
al término dirección espiritual.
El dirigido aspira a mejorar y comprender
más profundamente su vocación cristiana en su estado y condición
de vida propios, para una religiosa, su vocación concreta en
el carisma e institución a donde el Señor la ha
llamado. Sus relaciones con Dios y con el prójimo, sus
deberes específicos en la etapa de formación en que se
encuentra y lo que tiene asignado como expresión concreta de
la voluntad de Dios y, por ello, se pone
voluntariamente bajo la guía de un orientador espiritual quien podrá
indicarle medios concretos para lograrlo.
No se excluye a nadie por
razones de edad, sexo, estado de vida, condición social, o
educación, de la necesidad moral de pedir consejo y ayuda
en la propia vida espiritual, ni siquiera a los mismos
orientadores espirituales. Cuanta más responsabilidad se tenga en la congregación,
más necesaria es la dirección espiritual.
Un maestro de
vida espiritual dice a uno de sus dirigidos: le
recomiendo cumpla fielmente la regla de la dirección espiritual periódica,
no deje los medios por excelencia para conservar el fervor
en su sacerdocio y tener verdadera fecundidad apostólica, como son
la vida de sacramentos y, en especial, la celebración eucarística
en la que cada día ofrece usted la Víctima de
redención y se ofrece junto con ella; la oración, los
exámenes de conciencia y todos aquellos medios de perseverancia que
la Congregación pone a su disposición.
Quizás el dirigido tenga
más conocimientos intelectuales, responsabilidades apostólicas de mayor envergadura con
respecto al mismo orientador espiritual; aun así debe acudir a
la dirección espiritual por la fuerza estimulante de los consejos
y exhortaciones que recibirá del Espíritu Santo, a través del
orientador.
"El que por creerse superior a los demás desprecia
los consejos de un prudente director, ya puede despedirse de
alcanzar jamás la perfección cristiana". (Antonio Royo Marín, Teología de
la Perfección Cristiana, BAC 6ª.ed, Madrid,1988, n. 693, pag. 825).
El
dirigido es, por lo tanto, la persona que busca conocer
y realizar la voluntad de Dios en su vida.
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