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Autor: Guadalupe Magaña | Fuente: Escuela de la fe La Dirección Espiritual de los Adolescentes y Jóvenes.
Son críticos y rechazan cuanto les parece mal en sus mayores, aman y admiran a sus formadores auténticos
La Dirección Espiritual de los Adolescentes y Jóvenes.
Dentro de las tareas de la mujer consagrada, especialmente de
la que tiene como misión pastoral atender a las adolescentes
y jóvenes, pueden servirle las siguientes reflexiones.
Si se ha dado
una formación espiritual adecuada y permanente en la niñez y
en la pre-adolescencia, por lo general nos encontraremos con adolescentes
o jóvenes deseosos de conocer los medios que le pueden
llevar a la autenticidad y a la vivencia coherente de
su fe. Si por el contrario, no han tenido esta
formación, deberemos estimar en su justo valor las ventajas y
desventajas ofrecidas por estas etapas para llevarles a encontrar el
sentido de su vida a la luz de la fe.
Por una parte, su juventud les propone ideales y deseos
de transformar la sociedad. Buscan y necesitan modelos, y el
mayor que podemos presentarles es Cristo. Son críticos y rechazan
cuanto les parece mal en sus mayores, aman y admiran
a sus formadores auténticos. Necesitan ser vistos con esperanza
y sentir que se confía en ellos.
Por otro lado,
los medios de comunicación social no dejan de bombardearlos continuamente
con anti-valores, y ello se refleja en:
1) Frialdad e inmadurez en
la vivencia religiosa, a lo cual sigue la huida de
todo compromiso y esfuerzo espiritual.
2) Deseo y búsqueda de una libertad
mal entendida.
Cuántas mentes juveniles vegetan en la penumbra, en
el crepúsculo, en una incertidumbre penosa. Se creen libres, porque
no están sujetos a nada; se creen inteligentes porque someten
todo a discusión; se creen grandes, porque tienen la enfermedad
de la duda que les desvincula de toda solidaridad en
el diálogo con los demás y con sus propias certezas,
y todo porque no conocen ni tienen a Cristo
3) Poner el
valor personal en lo que se tiene, o en lo
que se hace, y no en lo que se es.
Hemos visto con pena cómo otros muchos no encontraban
el sentido de sus vidas. Optaban y siguen optando por
otros caminos fáciles que no conducen ni a la realización
completa del hombre ni a su eterna salvación: acumular riquezas,
dejarse arrastrar por placeres efímeros o vanidades mundanas, adquirir prestigio
o poder. Por desgracia, un buen número de jóvenes, se
siente como encandilado por todos estos ofrecimientos de una sociedad
cada vez más materialista. Muchos de ellos, desengañados de todo,
emprenden la fuga hacia la droga, el sexo o el
alcohol arruinando su existencia y vendiendo su felicidad por un
plato de lentejas.
4) Sed espiritual pero, miedo al compromiso. Pueden sentirse
atraídos a sectas y modas pasajeras.
5) Conciencia poco formada o deformada.
Comenta
un conocido teólogo suizo: “El joven quiere ser distinto de
los demás, aspira a lo sublime y a una mayor
libertad, pero se viene abajo, se queda rezagado por detrás
de su ideal y poco a poco se resigna también
a ser “uno más”.( Hans Urs von Balthasar, Tu coronas
el año con tu gracia. Encuentro Ediciones. 1997, p. 235).
Puntos
claves en la dirección de los adolescentes y jóvenes
a) El orientador
debe tener liderazgo humano y espiritual; así será admirado y
aceptado por el adolescente.
b) El orientador debe volverse un amigo
para el adolescente o el joven, mostrando verdadero interés por
su persona. Debe «hablar su idioma»; no comportarse como adolescente
porque perdería ascendencia, pero sí mantenerse cercano, compartiendo sus intereses,
sus problemas, sus inquietudes, sus dificultades.
c) Formar su conciencia, su voluntad,
sus sentimientos. Darles las herramientas necesarias para transformarse en adultos
maduros y coherentes.
Nos toca vivir en una época en la
que es muy fácil la desorientación de los criterios morales
y éticos. En efecto, estamos asistiendo a una desorientación gigantesca
de la conciencia individual y social, hasta el punto de
que a muchos les resulta difícil distinguir los límites de
lo bueno y lo malo... Por ejemplo, nunca como hoy
ha sido el hombre tan sensible a su libertad y
nunca ha hecho peor uso de ella: así por un
lado escribe una carta de los derechos humanos, y, por
otro los suprime de raíz por el aborto, la eutanasia...
Por un lado proclama a los cuatro vientos la propia
madurez, y, por otro, adopta como pauta de comportamiento normas
tan volubles como la opinión pública, los eslogans de moda
y los modelos culturales y sociales del momento
d) Presentarles ideales altos,
proponerles retos adecuados pero exigentes a la vez, siempre motivando
y acompañando. Darles metas concretas a corto, mediano y largo
plazo para que ellos puedan observar los logros y avances.
e) Salir
al paso cuando no puede o no sabe abrirse por
sí mismo. Hacerse el encontradizo, buscarlo. No podemos conformarnos y
esperar sentados a que vengan por sí mismos.
Aquí sería bueno
preguntarnos: ¿conocemos "por su propio nombre" a cada joven que
nos ha sido confiada? ¿Ha llegado a establecerse un diálogo
cordial, ha tenido lugar una apertura total por parte de
ella? ¿O el que no haya quitado todas las barreras
que celan su intimidad no se deberá a alguna desatención
por parte nuestra? ¿Hemos sabido crear una atmósfera de confianza
en torno a ellas? ¿No se habrán sentido rechazadas y
heridas jóvenes dotadas positivamente de sensibilidad fina y de aspiraciones
espirituales elevadas, ante nuestro modo de ser quizá desatento, falto
de tacto, no siempre equitativo o auténtico en nuestras funciones
como formadoras? Antes de apelar al sentido de fe, facilitémosles
las cosas esforzándonos sinceramente por vivir nuestro estatuto de cortesía,
delicadeza, deferencia, atención, sentido de justicia, equidad y objetividad en
nuestros juicios y de serenidad en nuestras decisiones. La
directora espiritual es a la vez mujer de Dios,
maestra, madre, amiga y hermana que sabe acoger, escuchar, comprender
y, sobre todo, al caso, salir al paso y ofrecer
ocasión para el encuentro cuando el alma atribulada no puede,
no sabe o no se atreve a abrirse por sí
misma.
f) Ayudarle a hacerse independiente del grupo o la presión social,
a tener sus propios valores y normas de conducta y
a ser coherente cueste lo que cueste para no resignarse
a ser uno más.
g) Motivar constantemente.
h) Fomentar la amistad con Cristo. Un
punto esencial en la dirección espiritual de la joven
se dirige a llevarle al descubrimiento de un Dios personal,
Creador y Padre; a Jesucristo, Redentor y Amigo; y al
Espíritu Santo, el mejor Socio en la lucha por ser
santas. Lograr en ella una opción por Cristo como centro,
criterio y modelo de su vida, y una actuación en
su vida de acuerdo a sus convicciones. La meta será
buscar alcanzar el amor a la vida de gracia, el
cultivo y la defensa de la misma como expresión de
su relación de amistad con Cristo. También la orientadora debe
despertar y orientar una sana y fervorosa devoción a la
Santísima Virgen María. Entre la adolescente o joven y María
debe existir una relación llena de detalles, de ternura, de
admiración, de oración; en una palabra, el amor y la
confianza de una hija para con su madre. Esta espiritualidad
Mariana, si es verdadera, conducirá a la imitación de sus
virtudes.
i) Llevarles a entender la verdadera libertad y su correcto uso.
Confrontarlos con modelos atractivos de los hombres más libres: los
santos.
Necesitan claridad ante la confusión que les provoca la aparición
de nuevas tendencias. Necesitan explicaciones que les ayuden a entenderse
a sí mismas y los cambios que se van operando
en su personalidad. Necesitan el acompañamiento de la educadora que
les corrija y advierta de los peligros con suficiente anticipación.
Y necesitan estar cerca de Jesús por medio de la
frecuencia de los sacramentos y de experiencias fuertes que les
motiven y les refuercen la vivencia de la fe cristiana.
Algunos
de los puntos prácticos sobre los cuales debemos trabajar para
apoyar un correcto uso de la libertad, quedan mencionados a
continuación
• Acostumbrarlos a proceder por razones fundadas, no por imitación o
comparación. • Enseñarles a distinguir entre el bien y el mal, basándose
en la moral cristiana, en el ejemplo y doctrina de
Jesucristo, tal y como se encuentra en el Evangelio interpretado
por el Magisterio. • Hacerles reflexionar sobre sus propias decisiones, acostumbrándoles a
asumir las responsabilidades y consecuencias derivadas de sus opciones. • Provocar
en ellas un modo de actuar libre, por cuenta propia,
y no como fruto de una conducta masificada, en base
a ideas o costumbres de moda. • Darles oportunidad de responsabilizarse en
cosas pequeñas y grandes, dándoles confianza y seguimiento. • Formar su voluntad
a través del esfuerzo constante y del sacrificio, fomentando el
dominio y el autocontrol. • Hacerles distinguir entre sentimientos y actitudes, y
entre estados anímicos y realidad. • Centrar y orientar a la
joven, pero sin cortarle las ilusiones e ideales, ni limitar
sus posibilidades. El idealismo llena estas etapas de la vida,
y la orientadora espiritual, por el simple hecho de
ser mayor y más realista, puede parecer ante la dirigida
como un pesimista que no valora sus planes y proyectos.
En la dirección espiritual de la adolescente se revisarán
los compromisos o propósitos de vida espiritual, de su formación
humana, de sus deberes de hijos, de hermanos, de amigos,
de estudiante, etc. Sus relaciones con el prójimo. También:
El
compromiso de la dirección espiritual anterior.
El tema de su
formación académica y disciplinar en el colegio o en la
universidad.
Su vida familiar, invitándole siempre a crecer, pero sin ponerse
en contraste con sus seres queridos, pues son etapas de
frecuentes conflictos con la autoridad de los papás.
El tema del
apostolado, tanto a nivel de equipo, como el apostolado del
testimonio. En donde quiera que se encuentre debe vivir con
coherencia y autenticidad su propia fe.
Ayuda repasar las virtudes humanas
y cristianas, en especial la caridad, la obediencia, la pureza,
la humildad y el celo apostólico.
Siempre se le ha de
motivar para la vivencia perseverante de su vida de gracia
y la recepción de los sacramentos de la Confesión y
de la Eucaristía.
Muchos adolescentes o jóvenes no cuajan, se pierden,
o por lo menos no alcanzan el compromiso o grado
de entrega al que Dios nuestro Señor les llamaba, por
falta de la ayuda necesaria. Necesitan ayuda para hacer crecer
la semilla sembrada por Dios en su alma, y así
llegar a dar frutos. Esto se logra si la directora
espiritual se mantiene cercana a ella y le sabe orientar
en modo oportuno y motivador
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