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Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net Psicología y Espiritualidad. Intervenciones por parte de la superiora de comunidad
Enseñar, santificar y gobernar es lo que tiene que hacer quien está investido de autoridad en la vida consagrada
Psicología y Espiritualidad. Intervenciones por parte de la superiora de comunidad
¿Qué papel representas? Autoridad y obediencia. Son dos palabras que en
ciertos ambientes no se pueden pronunciar sin que haya incierto
resquemor, sin que se incurra en una cierta política incorrecta.1 El culto que nuestra sociedad rinde a
la libertad individual hace parecer la autoridad y la obediencia
como enemigos declarados de la realización personal. Este fenómeno que
inicia propiamente con la revolución cultural de 19682
es fruto del relativismo que vive el mundo y ha
dado origen a un individualismo exagerado.
Esto que contemplamos en la
sociedad ha tenido también su influjo en la vida consagrada,
que no siendo del mundo se encuentra en el mundo.
Este es uno de los aspectos más importantes de la
vida consagrada en la época del postconcilio. Los padres conciliares,
guiados sin duda alguna por la inspiración del Espíritu Santo,
habían lanzado a la Iglesia a la tarea de la
renovación, es decir del adecuar toda la riqueza contenida en
el evangelio, los mandamientos, los dogmas, el magisterio, en pocas
palabras, la gran noticia de la salvación, adecuarla a la
cultura del hombre. Para ello, era necesario no cambiar nada
del mensaje de la salvación, sino hacerlo accesible a la
cultura del hombre actual. Un hombre que sin duda alguna
había cambiado en su aspecto externo, pero que seguía siendo
el mismo de siempre en su esencia.
Esta adecuación requería por
parte de la Iglesia un doble trabajo: conocer el hombre
al que debería hacer llegar el mensaje de la salvación
y conocer las realidades del mensaje de la salvación. Un
trabajo por tanto que requería el conocimiento profundo del mensaje
de la salvación, los medios más adecuados para hacer llegar
dicho mensaje al hombre y, lógicamente, conocimiento del hombre al
que debería hacerle llegar dicho mensaje.
El trabajo de adaptación
del mensaje de la salvación puede partir de diversos puntos
de vista, bien sea del mensaje mismo de la salvación
o del conocimiento del hombre al que se le quieren
hacer llegar dicho mensaje. Es importante sin embargo señalar que
en este proceso de adaptación se debe necesariamente distinguir entre
los elementos esenciales, que forman el contenido del mensaje de
salvación, inmutables, y los elementos accesorios, cambiantes, que harán de
vehículo para expresar mejor los elementos esenciales. Las personas que
llevan a cabo este proceso de adaptación deben saber distinguir
en todo momento lo esencial de lo accidental, para saber
adaptar lo esencial a lo accidental y no sufrir el
efecto contrario de querer adaptar lo accidental a lo esencial.
Podemos por tanto establecer que para la vida consagrada, como
para cualquiera de los elementos que conforman el mensaje de
salvación, será necesario que se conozcan muy bien los elementos
esenciales de la vida consagrada y que se expresen coherentemente
de acuerdo con las manifestaciones culturales más actuales, sin dejar
que dichas manifestaciones culturales opaquen o diluyan los elementos de
la vida consagrada. 3
Esta simbiosis entre fe
y cultura, entre los elementos esenciales, fe, y los elementos
cambiantes, cultura, ya la había descrito el Decreto Perfectae caritatis,
en dos de las líneas trazadas para la adecuada renovación
de la vida consagrada. “Redunda en bien mismo de la
Iglesia el que todos los Institutos tengan su carácter y
fin propios. Por tanto, han de conocerse y conservarse con
fidelidad el espíritu y los propósitos de los Fundadores, lo
mismo que las sanas tradiciones, pues, todo ello constituye el
patrimonio de cada uno de los Institutos. (…) Promuevan los
Institutos entre sus miembros un conocimiento adecuado de las condiciones
de los hombres y de los tiempos y de las
necesidades de la Iglesia, de suerte que, juzgando prudentemente a
la luz de la fe las circunstancias del mundo de
hoy y abrasados de celo apostólico, puedan prestar a los
hombres una ayuda más eficaz.” 4 De esta
manera, conociendo el espíritu y las finalidades propias de cada
Instituto, se conocerán los elementos esenciales de cada congregación que
deberán adaptarse a las condiciones de los hombres y de
los tiempos, es decir, a la cultura de cada tiempo
y lugar.
Para poder ejercitar la autoridad como un servicio y
saberla expresar adecuándola a las circunstancias culturales de tiempos y
lugares, ese necesario por tanto conocer con exactitud cuál es
la tarea que le corresponde realizar, cuáles son sus límites
y sus posibilidades, cuál es su esencia. Pero no basta
un conocimiento académico, frío. Es necesario enamorarse, apasionarse del concepto
en tal forma que pueda ser vivido con coherencia, con
frescura. De esa manera la persona consagrada que ejerce este
papel estará en grado de buscar las mejores connotaciones culturales
que expresen con exactitud el elemento esencial de la autoridad.
En
nuestra época se habla mucho de las características que debe
tener el servicio de la autoridad en la vida consagrada.
Hay quien la ve desde el punto de vista psicológico,
enfatizando el papel que juega la superiora de comunidad en
la armonización de los distintos caracteres y personalidades que se
conjugan en la vida fraterna. Hay quien fija su atención
en los aspectos sociológicos, promoviendo la figura de la superiora
como una leader5 que promueve la distensión en toda
la comunidad, focalizándose en el desarrollo de diversas cualidades de
líder. No falta quien de alguna manera no ha evolucionado
en el concepto de autoridad, reduciendo su papel a un
autoritarismo o a una mera gestión administrativa, como el manager
de un gran hotel que se encarga de vigilar las
entradas y las salidas de los inquilinos. Muchas de estas
concepciones de la autoridad se refieren casi exclusivamente a aspectos
culturales, que si bien es necesario tomar en cuenta en
el ejercicio de las funciones de una superiora, no deben
ser el elemento esencial. Son elementos culturales, circunstanciales que deben
tomarse en cuenta para mejor expresar la esencia de la
autoridad, pero no puede girar toda la autoridad en función
de esos conceptos, pues no representan la esencia de la
autoridad. En lugar de adaptar toda la riqueza de la
autoridad a esos conceptos culturales, tal parece que muchos han
optado por adaptar dichos elementos culturales de la psicología, de
la sociología y de la administración de empresas a la
esencia de al autoridad. Pero al vaciarla de su esencia,
la autoridad deja de ser lo que debería de ser
para convertirse en un mero sucedáneo de la psicología, la
sociología o las ciencias de la administración empresarial.
Conviene por tanto
que la superiora de comunidad conozca con certeza cuál es
la esencia de la autoridad, para que después adapte dicha
esencia a las circunstancias particulares de una cultura actual, utilizando
como medios la psicología, la sociología o los aportes de
cualquier otra ciencia. Cuando se confunden la esencia, los medios
y los elementos culturales en los que se debe de
encarnar la autoridad, se corre el riesgo de que el
cazador venga cazado por la presa, es decir, que la
realidad que quería ser inculturada, sea la que inculture a
la esencia. “En ambientes marcados fuertemente por el individualismo, no
resulta fácil reconocer y acoger la función que la autoridad
desempeña para provecho de todos. Pero se debe reafirmar la
importancia de este cargo, que se revela necesario precisamente para
consolidar la comunión fraterna y para que no sea vana
la obediencia profesada. Si bien es cierto que la autoridad
debe ser ante todo fraterna y espiritual, y que quien
la detenta debe consecuentemente saber involucrar mediante el diálogo a
los hermanos y hermanas en el proceso de decisión, conviene
recordar, sin embargo, que la última palabra corresponde a la
autoridad, a la cual compete también hacer respetar las decisiones
tomadas.” 6
Para no caer en el subjetivismo. Es necesario
conocer el concepto de autoridad, para luego verdaderamente enamorarse de
este servicio, no del concepto, sino de la posibilidad real
que el servicio de la autoridad puede donar a la
Iglesia, a la congregación, al Instituto religioso a la persona
que ejerce dicho servicio y a quienes se benefician del
mismo.
Conocer un concepto para luego hacerlo vida requiere que se
vaya al centro de dicho concepto, es decir, a su
esencia. Y aquí, puede asaltarnos una vez más el fantasma
del relativismo pretendiendo integrar en la definición de la autoridad
todos los puntos de vista que existen en la cultura
actual. Así, quien ejerce la autoridad debería ser en primer
lugar un leader, o un psicólogo experto en las relaciones
interpersonales y las dinámicas de grupo. Se confunde en este
caso la esencia con los aspectos accidentales, los aspectos culturales.
Es cierto que la autoridad puede ser considerada desde diversos
puntos de vista, tomando en cuenta el punto de partida
del análisis de la autoridad. Se debe por tanto respetar
las categorías en las que se está trabajando y no
mezclarlas. De esta forma, quien se pregunte y cuestione por
el concepto de autoridad en una oficina de correos, podrá
utilizar conceptos afines a dicha categoría, pero resultará un poco
iluso el que trate de aplicar los conceptos de la
vida consagrada a la autoridad en la oficina de correos.
Sin duda alguna que podrá ayudarse de algunos elementos de
la vida consagrada que podría aplicar, con las debidas adaptaciones
a la autoridad que se debe ejercer en dicha oficina.
Pero no puede pretender que la oficina de correos se
convierta en una comunidad monástica de clausura. Además de ser
ridículo, es irreal. Se deberá estudiar cuál es la categoría
real a la que corresponde la autoridad de una oficina
de correo y en base a ese concepto esencial de
autoridad se buscarán aquellas variables que mejor ayuden a vivir
e interpretar dicha realidad, enriqueciéndola, por qué no, de los
valores de la vida consagrada, pero haciendo de ésta el
centro para definir y hacer vivir la autoridad en dicha
oficina.
Si queremos por tanto saber cuál es el concepto de
autoridad en la vida consagrada tenemos que analizar cuál es
el concepto de autoridad para dicha realidad, para ese estilo
de vida. Ya después, analizando las circunstancias de tiempos y
lugares, se buscarán las variables culturales que mejor expresen y
que más ayuden a expresar el concepto de autoridad según
la vida consagrada.
Para ello la vida consagrada cuenta con una
grande ayuda en el magisterio de la Iglesia. “ "El
oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o
escritura, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la
Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo" (DV
10), es decir, a los obispos en comunión con el
sucesor de Pedro, el obispo de Roma. "El Magisterio no
está por encima de la palabra de Dios, sino a
su servicio, para enseñar puramente lo transmitido, pues por mandato
divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha
devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este
único depósito de la fe saca todo lo que propone
como revelado por Dios para ser creído" (DV 10).” 7
Conociendo lo que ha dicho el magisterio de
la Iglesia con respecto a la autoridad en la vida
consagrada, podemos estar seguros que estamos buscando en la categoría
adecuada.
El estudio de los documentos del magisterio de la Iglesia,
especialmente los generados en el período postconciliar, puede darnos muchas
luces sobre la esencia de la autoridad. Pero más que
sumergirnos en una serie de citaciones históricas8 ,
convendrá hacer un análisis inteligente de los mismos. Es necesario
establecer antes que nada la necesidad de este elemento, esencial
en la vida consagrada, para después focalizar nuestra atención en
las funciones de la superiora, lo que debe hacer, y
después analizar el cómo lo debe hacer. De lo contrario,
la cantidad de citaciones, sólo enlistadas en orden cronólogo pueden
traer más oscuridad que luz.
El documento Elementos esenciales sobre la
vida religiosa es el resultado de un largo y fatigoso
camino que siguió la vida consagrada en una época caracterizada
por la contestación a la autoridad, la abolición de todo
aquello que tuviera que ver con la imposición de normas,
reglamentos y leyes que impidieran, supuestamente, la realización personal. Al
cabo de unos años de experimentación, el documento recoge dichas
experiencias para fijar, de una vez por todas, los elementos
esenciales de la vida consagrada. “Su intento es presentar una
síntesis clara de la doctrina de la Iglesia acerca de
la vida religiosa, en un momento especialmente significativo y oportuno.”
9 De esta forma el magisterio de la
Iglesia establece ciertos elementos esenciales , entre los que
se encuentra un tipo de gobierno, basado en la fe.
Se
habla por tantote la necesidad de contar con la autoridad
como respuesta a un estilo de vida en el que
se responde a la llamada de Cristo para seguirlo en
un estilo de vida inaugurado por él. La autoridad por
tanto no es simple imposición, sino que se presenta como
un medio para responder a la donación total que la
persona consagrada hace de su ser y de su haber
a la persona de Cristo. La autoridad por tanto tiene
su fundamento en el estilo de vida que Cristo ha
querido para sí y para sus discípulos. 11
Nace por tanto la autoridad como una respuesta a un
estilo de vida, con una jerarquía de valores clara y
definida.
Las funciones de esta autoridad vienen resumidas en el documento
Mutuae relationes, que en el número 13 establece la función
de enseñar, la función de santificar y la función de
gobernar. 12 Enseñar, santificar y gobernar es lo
que tiene que hacer quien está investido de autoridad en
la vida consagrada. Es este el elemento esencial que deberá
buscar los mejores medios culturales para expresarse, los mejore canales
para hacer brillar con más fuerza esta riqueza espiritual. Las
demás citaciones que encontramos en el magisterio de la iglesia,
vienen a explicitar este qué, es decir, estas funciones de
la autoridad. Algunas de ellas también toman en consideraciones los
elementos de nuestra cultura y tratarán de explicitar el cómo
debe ejercerse dicha autoridad. Mención especial merece el número 50
del documento Vida fraterna en comunidad, en donde recalca la
importancia de que esta autoridad se ejerza siempre desde el
punto de vista espiritual. “Una autoridad espiritual
Si las personas consagradas
se han dedicado al servicio total de Dios, la autoridad
favorece y sostiene esta consagración. En cierto sentido se la
puede considerar como «sierva de los siervos de Dios». La
autoridad tiene la misión primordial de construir, junto con sus
hermanos y hermanas, «comunidades fraternas en las que se busque
a Dios y se le ame sobre todas las cosas».
Es necesario, por tanto, que sea, ante todo, una persona
espiritual, convencida de la primacía de lo espiritual, tanto en
lo que se refiere a la vida personal como en
la edificación de la vida fraterna; es decir, que sea
consciente de que, cuanto más crece el amor de Dios
en los corazones, tanto más se unen esos mismos corazones
entre sí. Su misión prioritaria consiste, pues, en la animación
espiritual, comunitaria y apostólica de su comunidad.” 13
Nos
encontramos por tanto de frente a la categoría explícita de
la autoridad en la vida consagrada. Es una autoridad eminentemente
espiritual. Su esencia es la ayuda que la persona que
detenta la autoridad debe ejercer para el bien de las
almas de quienes han elegido responder a Dios con un
estilo de vida muy definido y delineado por la Iglesia,
que es el estado de la vida consagrada. Su esencia
consiste por tanto en una triple función de enseñar, santificar
y gobernar, ejercido siempre desde el punto de vista espiritual.
Los elementos culturales, circunstanciales y de lugar, deben servir para
hacer brillar este tipo de autoridad. Se deben elegir por
tanto aquellos elementos culturales que mejor expresen este tipo de
autoridad. Dichos elementos culturales podrán servir como vehículos para mejor
expresar el don de la autoridad en la vida consagrada.
La
intervención de la psicología, como elemento cultural. A nadie le es
oculto el giro que ha dado la teología con respecto
a la psicología, especialmente después del Concilio Vaticano II. Pero
también a nadie se le oculta las graves deformaciones que
se han introducido en la vida consagrada originadas, no tanto
por la psicología, sino por quien ha querido sustituir con
la psicología lo que debería haberse hecho con la teología,
especialmente con la teología espiritual. Trataremos de explicar estos fenómenos.
Después
del Concilio vaticano II, quienes hicieron de él una ideología
y no se suscribieron a lo que era su verdadero
espíritu. Muchas de estas personas de Iglesia cayeron en una
idolatría de la antropología, es decir, “L’uomo sembra divenuto l’unico
oggetto dei nostri pensieri, dei nostri interessi, della Nostra adorazione.
E, nel desiderio di coglierlo in se stesso, nella sua
autonoma e singolare natura, si è addirittura proposto da qualcuno
che anche il credente debba guardare l’uomo <>, come se Dio non ci fosse, prescindendo cioè
dal suo Creatore e valutando soltanto l’umanità come tale, presa
a sé e separata da qualunque dipendenza e da qualunque
superiore significazione.” 14 Lo que tendría que ser
un diálogo entre la verdadera naturaleza del hombre y la
cultura en la que se estaba desenvolviendo se convirtió en
un monólogo en dónde la voz cantante la llevaba no
una sana antropología sino una antropología que no veía en
el hombre la imagen de Dios, y que excluía al
Creado de toda posible realidad.
De esta manera, al cortar el
elemento trascendente del hombre, el elemento fundamental, que es el
elemento esencial, al quedar vaciado de su núcleo vital, se
buscó en sucedáneos culturales las soluciones a los problemas que
emergen de una creatura que es eminentemente espiritual. Cortando el
trascendente, o más bien, ignorando el trascendente, el espíritu se
trató de curar el alma con la psicología, con la
sociología, con aquellos elementos culturales que estuvieran más de moda
o que más pudieran paliar las dificultades emergidas por el
espíritu. Se temía caer en un espiritualismo vano y efímero
y se cayó sin embargo en el otro extremo, en
el de utilizar elementos culturales para buscar soluciones a las
enfermedades del espíritu.
Olvidando lo que sugería el Concilio Vaticano II
a la vida consagrada, “ordenándose ante todo la vida religiosa
a que sus miembros sigan a Cristo y se unan
a Dios por la profesión de los consejos evangélicos, habrá
que tener muy en cuenta que aun las mejores adaptaciones
a las necesidades de nuestros tiempos no surtirían efecto alguno
si no estuvieren animadas por una renovación espiritual, a la
que, incluso al promover las obras externas, se ha de
dar siempre el primer lugar,” 15 se descuidó
la vida espiritual.
De esta forma muchas superioras descuidaron la animación
espiritual que les correspondía y dejaron que cada religiosa siguiera
su propio camino. Faltó ese enamoramiento de su función peculiar,
la animación espiritual y carismática.
Sin embargo nunca es tarde para
empezar. Como creatura espiritual, el sano y santo ejercicio de
la autoridad puede aún recuperarse con los beneficios que todos
pueden obtener. La superiora debe por tanto enamorarse de su
papel de animadora del espíritu y para ello puede valerse
del propio carisma, pues en él encontrará los elementos espirituales
más importantes con los que poder animar su comunidad: una
comprensión específica del evangelio, una experiencia del espíritu que dé
sostén a toda su vida y un seguimiento específico de
Cristo. Estos serán los elementos esenciales. Sin duda alguna que
se deberá valer de aquellos medios culturales que mejor expresen
estos elementos espirituales. Es aquí y sólo aquí en dónde
entrará en juego una buena psicología, que le permita ayudar
más y mejor a las religiosas.
Las intervenciones de la superiora
de comunidad tendrán que ver siempre con el ambiente espiritual
de la comunidad. Esta es la regla suprema, la regla
de oro. Si para ello necesita ayudarse de las ciencias
humanas, como la psicología, lo puede hacer, pero sólo como
un subsidio, no como la poción mágica que pretende solucionarlo
todo.
NOTAS
1 “ “Autoridad”… “obediencia”. Siendo francos, estas palabras
no se pronuncian hoy fácilmente. Palabras como éstas representan “una
piedra de tropiezo” para muchos de nuestros contemporáneos, especialmente en
una sociedad que justamente da mucho valor a la libertad
personal. Y, sin embargo, a la luz de nuestra fe
en Cristo, “el camino, la verdad y la vida”, alcanzamos
a ver el sentido más pleno, el valor e incluso
la belleza de tales palabras.” Benedicto XVI, Homilía, 20.4.2008.
2
Benedicto XVI ha descrito en pocas palabras el desarrollo
del movimiento de 1968 y sus consecuencias para la Iglesia.
“E nel concreto del dopo-Concilio dobbiamo constatare che vi sono
due grandi cesure storiche. Nel dopo-Concilio, la cesura del ‘68,
l’inizio o l’esplosione - oserei dire - della grande crisi
culturale dell’Occidente. Era finita la generazione del dopoguerra, una generazione
che dopo tutte le distruzioni e vedendo l’orrore della guerra,
del combattersi e constatando il dramma delle queste grandi ideologie
che avevano realmente condotto le persone verso il baratro della
guerra, avevamo riscoperto le radici cristiane dell’Europa e avevamo cominciato
a ricostruire l’Europa con queste ispirazioni grandi. Ma finita questa
generazione si vedevano anche tutti i fallimenti, le lacune di
questa ricostruzione, la grande miseria nel mondo e così comincia,
esplode la crisi della cultura occidentale, direi una rivoluzione culturale
che vuole cambiare radicalmente. Dice: non abbiamo creato, in duemila
anni di cristianesimo, il mondo migliore. Dobbiamo ricominciare da zero
in modo assolutamente nuovo; il marxismo sembra la ricetta scientifica
per creare finalmente il nuovo mondo. E in questo –
diciamo – grave, grande scontro tra la nuova, sana modernità
voluta dal Concilio e la crisi della modernità, diventa tutto
difficile come dopo il primo Concilio di Nicea. Una parte
era del parere che questa rivoluzione culturale era quanto aveva
voluto il Concilio, identificava questa nuova rivoluzione culturale marxista con
la volontà del Concilio; diceva: questo è il Concilio. Nella
lettera i testi sono ancora un po’ antiquati, ma dietro
le parole scritte sta questo spirito, questo è la volontà
del Concilio, così dobbiamo fare. E dall’altra parte, naturalmente, la
reazione: così distruggete la Chiesa. La reazione – diciamo –
assoluta contro il Concilio, la anti-conciliarità e – diciamo –
la timida, umile ricerca di realizzare il vero spirito del
Concilio. E come dice un proverbio “Se cade un albero
fa grande rumore, se cresce una selva non si sente
niente perché si sviluppa un processo senza rumore” e quindi
durante questi grandi rumori del progressismo sbagliato, dell’anti-conciliarismo cresce molto
silenziosamente, con tante sofferenze e anche con tante perdite nella
costruzione di un nuovo passaggio culturale, il cammino della Chiesa.”
Benedicto XVI, Discurso, 24.6.2007.
3 Esta simbiosis entre fe
y cultura la exprime el Cardenal Giacomo Biffi de la
siguiente manera. “La fede, restando fede, deve farsi anche “cultura”:
lo deve a se stessa, alla radicalità e alla totalità
del rinnovamento che essa introduce nell’uomo, nella storia, nell’universo. Essa
non sopprime, non mortifica, non trascura nessuno dei “valori” che
trova nel suo dispiegarsi; ma tutti li assume, li purifica,
li esalta, li trasfigura in una “cultura” nuova e diversa,
che sempre si rifonda e si arricchisce, mantenendo la sua
tipicità e la sua irriducibilità.” Giacomo Biffi, Memorie e digressioni
di un italiano cardinale, Edizioni Cantagalli, Siena 2007, p. 225.
4
Concilio Vaticano II, Decreto Perfectae caritatis, 25.10.1965, n.
2b, d.
5 Gian Franco Poli, Giuseppe Crea, Dall’autorità
all’autorevolezza, Per una leadership in tempo di crisi, Editrice Rogate,
Roma 2008.
6 Juan Pablo II, Exhortación apostólica postsinodal
Vita consecrata, 25.3.1996, n. 43.
7 Catecismo de la
Iglesia Católica, nn. 85 – 86.
8 Quien desee,
por estudio propio, hacer un estudio de las citaciones de
la autoridad en el magisterio de la Iglesia, le recomiendo
el capítulo octavo del libro Gian Franco Poli, Giuseppe Crea,
Dall’autorità all’autorevolezza, Per una leadership in tempo di crisi, Editrice
Rogate, Roma 2008, pp. 193 – 236.
9 Sagrada
congregación para los religiosos e institutos seculares, Elementos esenciales sobre
la vida religiosa, 31.5.1983, n. 4.
10 “La Iglesia
considera ciertos elementos como esenciales para la vida religiosa: la
vocación divina, la consagración mediante la profesión de los consejos
evangélicos con votos públicos, una forma estable de vida comunitaria,
para los institutos dedicados a obras de apostolado, la participación
en la misión de Cristo por medio de un apostolado
comunitario, fiel al don fundacional específico y a las sanas
tradiciones; la oración personal y comunitaria, el ascetismo, el testimonio
público, la relación característica con la Iglesia, la formación permanente,
una forma de gobierno a base de una autoridad religiosa
basada en la fe.” Ibídem.
11 “El fundamento evangélico
de la vida consagrada se debe buscar en la especial
relación que Jesús, en su vida terrena, estableció con algunos
de sus discípulos, invitándoles no sólo a acoger el Reino
de Dios en la propia vida, sino a poner la
propia existencia al servicio de esta causa, dejando todo e
imitando de cerca su forma de vida. Tal existencia «
cristiforme », propuesta a tantos bautizados a lo largo de
la historia, es posible sólo desde una especial vocación y
gracias a un don peculiar del Espíritu.” Juan Pablo II,
Exhortación apostólica postsinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 14.
12
“a) función de magisterio: los Superiores religiosos tienen la misión
y autoridad del maestro de espíritu con relación al contenido
evangélico del propio Instituto; dentro de ese ámbito, pues, deben
ejercitar un a verdadera dirección espiritual de toda la Congregación
y de las comunidades de la misma; lo cual procurarán
llevar a la práctica en armonía sincera con el magisterio
auténtico de la Jerarquía, conscientes de realizar un mandato de
grave responsabilidad dentro del ámbito del área evangélica señalada por
el Fundador; b) función de santificación: es propio de los Superiores
la misión y mandato de perfeccionar, con diversas incumbencias, en
todo aquello que tiene relación con el incremento de la
vida de caridad conforme al modo de ser del Instituto;
y esto tanto por lo que se refiere a la
formación, fundamental y continua de los cohermanos, como en lo
referente a la fidelidad comunitaria y personal, a la práctica
de los consejos evangélicos según las propias Constituciones. Una tal
misión cumplida con exactitud será para el Romano Pontífice y
los Obispos un auxilio precioso en el cumplimiento de su
ministerio fundamental de santificación; c) función de gobierno: los Superiores deben
ejercitar el servicio de ordenar la vida de su propia
comunidad, organizar los efectivos del Instituto en orden al fomento
de la misión peculiar del mismo y a su inserción
en la acción eclesial bajo la guía de los Obispos.”
Sagrada congregación para los religiosos e institutos seculares, Mutuae relationes,
14.5.1978, n. 13.
13 Congregación para los Institutos
de vida consagrada y sociedades de vida apostólica, Vida fraterna
en comunidad, 2.2.1994, n. 50.
14 Giacomo Biffi, La
bella, la bestia e il cavaliere, Saggio di teologia inattuale,
Editoriale Jaca Book, Milano 1984, p. 22.
15 Concilio
Vaticano II, Decreto Perfectae caritatis, 25.10.1965, n. 2e.
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