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Autor: Carisma y Misión | Fuente: www.carmelitasvalladolid.es La Vida contemplativa es una llamada al amor por el amor en sí mismo
La vida contemplativa es un acto contínuo de adoración, pues patentiza la Supremacía de Dios, la total validez de su Amor como Valor Absoluto que llena de plenitud.
La Vida contemplativa es una llamada al amor por el amor en sí mismo
Identificar mi alma con todos los sentimientos de vuestra alma,
sumergirme en Vos, ser invadida por Vos, ser sustituida por
Vos para que mi vida sea solamente una irradiación de
vuestra Vida. Venid a mí como Adorador, como Reparador y como
Salvador. (Bta. Isabel de la Trinidad )
Siempre que hemos de dar
testimonio de nuestra vida oculta en el claustro nos quedamos
con la impresión, después de mucho hablar, de que no
acaba una de decir lo que siente y vive... Es
en verdad muy difícil comunicar a un mundo tan acelerado
y tecnificado como el de hoy, el sentido y la
hondura de esta vida...
La VIDA CONTEMPLATIVA es una llamada al
AMOR por el AMOR en Sí mismo. Dice Santa Teresa
de Lisieux: "En el Corazón de mi Madre, la Iglesia,
yo seré el AMOR". Exactamente eso somos las contemplativas: formamos
el Corazón de la Iglesia, y desde él impulsamos todas
las demás vocaciones que el espíritu Santo suscita en el
Cuerpo Místico. ¡Es precioso! Nosotras no sabemos, porque no se
ve, dónde o en quién recae el fruto de nuestra
oración, pero sabemos que nada de cuanto vivimos, sufrimos, gozamos
y ofrecemos se pierde. Dios lo recoge todo y va
dando a cada uno lo que necesita; dicho de otro
modo: en el Corazón de Dios se van almacenando nuestras
vidas hechas oración, y allí se transforman en Gracia que
ÉL va derramando según convenga.
Existe otra faceta de la Vida
Contemplativa más desconocida -si cabe- que la anterior de oración-intercesión,
que es la de la ADORACIÓN, la del holocausto. Parece
que suena a dramático dicho así, sin más explicaciones, pero
es quizás la sublimación más alta a que se puede
llevar el Amor, la Filiación divina, la Alabanza… ¡¡¡Adorar...!!! Y
eso... ¿en qué consiste? Consiste -sobre todo- en cantar, alabar,
proclamar su Gloria... ¡¡Adorar...!! ¡Cuántas resonancias y ecos inefables suscita
esa palabra en un alma verdaderamente enamorada del Dios-Amor...!
Siempre el
supremo y más alto acto de adoración ha sido el
holocausto. En los tiempos del Antiguo Testamento había dos modos
de ofrecer dones a Dios: sacrificios y holocaustos. En el
sacrificio se inmolaba una víctima, una res generalmente; se le
ofrecía a Dios, pero su carne la aprovechaban después los
sacerdotes. En los holocaustos, sin embargo, una vez ofrecida la
res, se quemaba por completo y no se podía aprovechar
nada del animal. Esta "inutilidad" es la expresión más alta
de adoración, porque da a entender que Dios es tan
grande que merece que se le dediquen los mejores regalos
sin otra utilidad que la de dárselo, que la de
brindarle lo que ya es suyo. Este es el significado
de las contemplativas: no hacemos catequesis, no servimos a la
sociedad, no predicamos la Palabra. Es una vida inútil, inservible;
justamente por eso nuestra vida contemplativa consagrada a Dios en
el silencio, en el anonimato, en la ausencia de motivaciones
y recompensas o frutos materiales, y alimentada única y sustancialmente
de la fe y la esperanza en el Amor de
Dios, es un acto contínuo de adoración, pues patentiza la
Supremacía de Dios, la total validez de su Amor como
Valor Absoluto que llena de plenitud, realiza y da sentido
a una vida humana que se le entrega por completo.
La
presencia de la Vida Contemplativa en la Iglesia, constituyendo el
Corazón del Cuerpo Místico, quiere dejar claro ante todos los
hombres que Dios es tan grande, tan inmenso, que vale
la pena entregarle la vida que ÉL nos regaló primero
para que se consuma, sin ningún otro provecho, en su
honor, en total abandono y desprendimiento, por pura adoración, por
puro amor al Amor, sin buscar más motivos: es DIOS
y eso basta.
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