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Antología de textos especializados para religiosas. En esta edición hacemos un énfasis en la renovación de la formación en la vida religiosa
Charisma. Boletín Religiosas. Año 3, No. 35 2009
Queridas hermanas,
Estamos viviendo en este mes
de gracia en el que la Iglesia nos invita al
rezo del Rosario para invocar la protección de la Santísima
Virgen María. Ella fue escogida por Dios para ser madre
de su Hijo y por lo tanto ha sido quien
lo ha formado, de esta manera se convierte en el
modelo de formadora para quienes ofrecen ese importante servicio a
la Iglesia en la vida consagrada.
La formación de la
persona consagrada implica un proceso de adquisición de los sentimientos
y los criterios de Jesucristo. El Magisterio de la Iglesia
nos recuerda en los diversos documentos dedicados a la vida
consagrada la importancia que tiene el buscar que todos los
miembros de los Institutos tengan acceso a una formación integral
que abarque todas las dimensiones de la persona, dando prioridad
a la formación espiritual. Las formadoras deben tener muy claro
el modelo de mujer consagrada que quieren forjar en cada
una de las almas que Dios les ha encomendado, sólo
de esa manera su labor será eficaz y dará fruto.
En los años posteriores al Concilio Vaticano II ha habido
algunos momentos de confusión en el campo de la formación,
sea por corrientes psicologistas que se introdujeron en la vida
consagrada, como por la interpretación secularista que se dio a
muchos de los documentos que emanaron del aula conciliar. La
Iglesia ha hecho un esfuerzo ingente para proponer los instrumentos
adecuados para regular y orientar en el campo de la
formación a todos los Institutos de vida consagrada. Una de
los aspectos que han sido subrayados continuamente ha sido la
necesidad de permanecer fieles a la esencia, al legado del
fundador o fundadora, dejando de lado todo aquello que es
accidental.
La fidelidad, el esfuerzo por mantener vivo el patrimonio
del propio Instituto según ha sido legítimamente transmitido por los
fundadores y aquellos que vivieron a su lado, es
un compromiso personal e ineludible que cada miembro debe acoger
en el amor. Dar cada día un nuevo impulso a
la propia vida consagrada y a la comunidad en el
fervor y en el deseo de santidad es el reto
que cada una de nosotras debe acoger por amor.
Que Dios
las bendiga.
Marcela Lombard
Después
del fundador(a), vienen las cofundadora La renovación de la vida religiosa
no es un proceso cerrado en el tiempo, marcado por
un principio y sellado con un final. Es el esfuerzo
que se hace por vivir en sintonía con el Fundador.
Los orígenes de la Renovación Profundizar
en los orígenes de la renovación, con el fin de
que las generaciones futuras de religiosas conozcan el verdadero espíritu
que ha guiado a la Iglesia en los últimos cuarentas
años.
La Formación en el Magisterio de la
Vida Consagrada El objetivo de este capítulo es hacer una revisión
de lo que ha dicho el Magisterio sobre la formación.
Una correcta hermenéutica para una nueva vida
religiosa Debemos garantizar que en nuestras congregaciones la vida sea plenamente
católica y en sintonía total con el carisma del fundador
o de la fundadora.
Sor Emmanuel Juan Pablo II
bendijo su misión en 1996. Escribe sin parar y viaja
por todo el mundo. Su impulso procede de la gracia
y de la misericordia divina.
La vida fraterna
en comunidad El amor de Cristo ha reunido a un gran
número de discípulos para llegar a ser una sola cosa,
a fin de que en el Espíritu, como Él y
gracias a Él, pudieran responder al amor del Padre a
lo largo de los siglos, amándolo.
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