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Autor: P. Juan Carlos Sack, VE | Fuente: apologética.org Evolución histórica del celibato sacerdotal
Sobre la disciplina eclesiástica
del celibato sacerdotal. Breve exposición histórica desde el Nuevo Testamento a nuestros días
Evolución histórica del celibato sacerdotal
Uno de los asuntos de los cuales más
se habla en algunos ambientes eclesiásticos (y no eclesiásticos), y
hacia el cual más de una denominación cristiana orienta sus
críticas, es la disciplina actual de la Iglesia Católica según
la cual quien se acerca a las Sagradas Ordenes (sacerdocio)
debe profesar votos de castidad perpetua (celibato).
Digamos desde un primer
momento que se trata de una disciplina eclesiástica sujeta a
cambio, que de hecho cambió y puede, teóricamente, seguir cambiando.
No se trata de un dogma de fe. La hermana
Iglesia Ortodoxa, que ordena sacerdotes "válidamente" según el juicio de
la Iglesia Católica, admite hombre casados al sacerdocio. Es más,
la misma Iglesia Católica en los países donde predomina el
rito Bizantino (por ejemplo en Ucrania, por mencionar uno) ordena
sacerdotes a hombres casados, los cuales continúan viviendo vida matrimonial
después de la ordenación.
Pero al mismo tiempo la Iglesia
cree que el celibato sacerdotal es un don de Dios,
y que hoy por hoy sería un error cambiar la
legislación actual. Y la bimilenaria Iglesia tiene sus buenos motivos.
Expongo aquí sucintamente algunos pensamientos sobre el tema. No se
trata de un tratado exhaustivo, sino apenas un resumen, algo
que el laico sencillo pueda entender sin mayores estudios teológicos
y sin necesidad de recurrir a gruesos tratados de historia
de la Iglesia.
Dejamos de lado las muchas razones de
orden teológico y pastoral que evidencian la oportunidad de esta
disciplina (y que son en verdad cuantiosas y de no
poca monta), y vemos solamente el proceso histórico de esta
decisión. Es decir, el presente escrito no responde a todas
la preguntas sobre el tema ni es una defensa acabada
del celibato, sino que trata de responder a la pregunta:
¿de dónde proviene esta práctica en la Iglesia Católica? ¿Cómo
fue evolucionando el asunto? ¿Fue siempre así como lo conocemos
hoy? Quien quiera profundizar sobre los motivos de orden teológico
que han llevado a la Iglesia por el camino del
celibato sacerdotal, puede leer con provecho la magistral encíclica de
Pablo VI "Sacerdotalis Caelibatus", entre otros muchos esclarecedores documentos de
la Iglesia.
En el Nuevo Testamento
Para entender el motivo
último de esta práctica eclesiástica y valorar los alcances
profundos de la misma hay que leer y meditar Mateo
19:10-12 y, sobretodo, el capítulo 7 de la primera carta
de San Pablo a los Corintios. Estos textos dan "el
espíritu" que late tras la legislación del celibato sacerdotal. Leyendo
estos pasajes, el fiel entiende que se trata de una
vocación de Dios, en vistas al Reino de Dios, y
que sólo sin razonar puede alguien rápidamente afirmar que "es
un invento de los curas"; en efecto, más allá de
la disciplina eclesiástica, que puede cambiar y de hecho fue
cambiando con el paso del tiempo, sin embargo quedarán siempre
en pié aquellas claras palabras del apóstol: "el célibe se
ocupa de los asuntos del Señor…, mientras que el casado
de los asuntos del mundo… y está dividido" (1 Cor
7). Si perdemos de vista estos textos bíblicos, perdemos de
vista el centro de la cuestión.
En la evolución histórica
de la legislación celibataria pueden distinguirse (y somos conscientes de
simplificar demasiado las cosas) tres momentos principales:
a) de los
comienzos al siglo IV; b) del siglo IV al XII; c) del
siglo XII a nuestros días.
a) La comunidad apostólica y
los tres primeros siglos de la Iglesia
Hay algunos textos
ya en los escritos del Nuevo Testamento que nos ilustran
sobre la situación de la Iglesia primitiva en esta materia.
San Pablo pide que los obispos y diáconos sean "casados
una sola vez", o "maridos de una sola mujer" (I
Tim 3:2.12; Tito 1:6). Esto, en un primer momento, como
se apresuran a hacérnoslo saber algunos hermanos evangélicos, parecería excluir
la idea de un sacerdote u obispo "célibe". Ahora bien,
no debemos olvidar que el mismo Pablo nos hablaba de
la conveniencia de "no estar divididos" (es decir, no estar
casados), y agregaba que él quisiera que "todos fuesen como
él" (1Cor 7:7-8), dejando claro que él mismo no tenía
mujer, y que prefería - ciertamente no imponía - que
el servidor de Dios tampoco la tuviese (incluye también la
virginidad femenina, como camino ideal de quien quiera servir a
Dios con corazón indiviso). Es decir, lo que San Pablo
pedía con "que sean de una sola mujer" no era
que necesariamente se casaran y tuvieran al menos una mujer
- como lo interpretan algunos cristianos, lo cual sería exactamente
lo contrario de todo lo que el mismo Pablo escribió
en 1Cor 7 - sino que no sean personas que
lleven una vida disoluta, con varias mujeres, o que se
hayan casado más de una vez. Se trata de una
orden que señala un límite (no más de una mujer),
y no una obligación (al menos una mujer).
Es por
otro lado obvio que en el comienzo de la predicación
cristiana, cuando el celibato no era un estado admitido en
la sociedad, los Apóstoles no esperasen encontrar hombres célibes en
número suficiente para regir las numerosas comunidades cristianas que iban
surgiendo, pues simplemente no los había, y no se podía
pensar que el deseo de Pablo de que el servidor
sea célibe fuese inmediatamente aceptado y practicado en toda la
Iglesia. No había entonces seminarios: había que fundar las comunidades
cristianas con la predicación, y para ello se escogía a
los hombres más capacitados en ese momento. Por ello Pablo
exige al menos lo indispensable, a saber, que no sean
libertinos, o que no hayan tenido ya varias mujeres. Incluso
es de admirarse que, en ese ambiente naturalmente contrario a
la abstención sexual, Pablo haya tenido la claridad y el
valor de predicar que "es mejor no casarse". Sus palabras
son sin duda de un gran calibre profético.
Lo mismo
cabe decir de los textos donde Pablo señala que "si
el obispo no es capaz de ordenar su propia casa,
cómo será capaz de ordenar la iglesia". No está diciendo
que los candidatos deben ser necesariamente casados, y que un
célibe no puede ejercer ese cargo, sino que el candidato,
que debía ser una persona de cierta edad y experiencia,
y por lo tanto bien casado, debía dar muestras de
buen gobierno de su propia familia antes de querer gobernar
a la Iglesia de Dios.
Esta fue la práctica de
la Iglesia durante los primeros siglos, a saber, admitía los
candidatos casados a las ordenes sagradas, siempre y cuando diesen
testimonio de un matrimonio vivido de manera irreprensible; al mismo
tiempo, y siguiendo las enseñanzas de Jesús y de Pablo
de las que hemos hablado más arriba, siempre fue estimado
por todas las iglesias el don del celibato por el
Reino de los Cielos, y es lógico pensar que muchos
comenzaba ya a vivir ese estado de vida tan particular.
En otras palabras, había ministros casados y ministros célibes, aunque
no podemos determinar la cantidad y la proporción con respecto
a los casados, o los oficios que se reservaban a
unos u a otros, etc. Además, las costumbres de las
distintas iglesias locales eran diversas en este sentido, aunque los
principios que enunciamos eran respetados en todos lados.
Recordemos que
a la hora de acudir a los documentos escritos, no
es mucho lo que de aquella lejana historia podemos asegurar
con ciencia cierta en el campo que vamos tratando. Algunos
estudiosos, por ejemplo, se inclinan a pensar que, si bien
no era obligatorio, la mayoría de las iglesias locales, tal
vez celosas de las palabras del Apóstol, guardaban la costumbre
de admitir a las órdenes sagradas preferiblemente a los célibes.
Antes de seguir adelante señalo aquí una observación que hay
que tener muy en cuenta a la hora de "datar"
las enseñanzas o las prácticas de la Iglesia: cuando un
concilio o un Papa legislan o definen una determinada doctrina,
no quiere decir que esa doctrina haya sido "introducida" en
la Iglesia en ese tiempo, sino más bien que se
trata de algo que ya existía, y sobre lo que
sólo ahora parece necesario legislar. Demos un ejemplo más reciente:
si un historiador del siglo veintiséis leyese en los libros
de historia que fue recién Juan Pablo II en el
siglo veinte quién definió solemnemente sobre la imposibilidad de la
ordenación sacerdotal de mujeres, ¿podría él concluir legítimamente que la
doctrina católica de la no-validez de la ordenación de mujeres
fue "introducida en la Iglesia" sólo en el siglo veinte?
Se equivocaría si así pensase nuestro imaginario historiador, pues la
decisión de Juan Pablo II no es una "innovación", sino
una "explicitación" de una doctrina mantenida desde siempre, pero sobre
la cual no había necesidad de legislar con anterioridad, pues
era mantenida por la totalidad de los fieles. Algo similar
sucede con la "legislación" sobre el celibato sacerdotal: que se
haya legislado recién en los siglos III o IV no
quiere decir que el tema era desconocido antes. Este principio
se aplica a muchas definiciones dogmáticas que algunos se apresuran
a ver como "innovaciones" de la Iglesia, cuando en realidad
no son sino un explicitar lo que ya se venía
creyendo con anteriorida (así el dogma del primado del Obispo
de Roma, la Asunción de la Virgen, y tantas otras
doctrinas).
b) Del siglo IV al XII
Si bien es
probable que las iglesias locales hayan legislado sobre esta materia
con anterioridad, lo que nos ha llegado de más antiguo
son las decisiones del Concilio de Elvira (entre los años
295 y 302), que fue un concilio de obispos de
las tierras que hoy son España. Dicho Concilio manda que
los obispos, sacerdotes y diáconos admitidos a las órdenes sean
célibes, o bien dejen a sus legítimas mujeres si quieren
recibir las sagradas ordenes. Esta práctica no fue reglamentada de
igual modo en las iglesias del mundo oriental (Asia Menor),
que no impedían a los obispos y sacerdotes ordenados seguir
en comunión con sus respectivas esposas. En occidente, por el
contrario, la predicación de los grandes pastores del siglo IV
y V testimonia decididamente una clara preferencia por el sacerdocio
celibatario. Se pueden encontrar testimonios históricos de la existencia en
occidente de sacerdotes que vivían con sus esposas, pero eran
los que se encontraban "en el campo", lejos de sus
obispos, o por otras razones.
También tenemos un testimonio del
año 386: el concilio romano convocado por el Papa Siricio,
que prohibía a los sacerdotes continuar relaciones con sus ex-mujeres.
En realidad las leyes variaban de un lugar a otro;
no olvidemos las grandes distancias que había que recorrer en
aquellos tiempos para comunicarse, de modo que las decisiones de
una iglesia local tardaban tal vez años en llegar a
oídos de las otras iglesias. No era raro que, a
pesar de las indicaciones de los concilios y de la
preferencia popular del pueblo por los sacerdotes célibes, algunos tomasen
mujer; en muchas de las iglesias esto era motivo suficiente
para impedir que un diácono o sacerdote fuera ordenado obispo
u ocupara un puesto de cierta importancia.
Concilios del siglo
VI y VII reglamentan explícitamente que los obispos "deben" dejar
a sus esposas una vez ordenados, mientras que para los
sacerdotes y diáconos parecería no "exigirse" la separación.
Aún en
el siglo VIII encontramos que el Papa Zacarías no quería
aplicar a todas las iglesias locales las costumbres más propias
de algunas, de modo que cada una podía legislar como
le parecía más oportuno (respuesta al Rey Pepino).
Y hubo
tiempos de particular decadencia en la historia, cultura y religiosidad
del mundo cristiano europeo (la que dio en llamarse "Edad
de Hierro"), cuando muchos obispos, sacerdotes y diáconos tomaban mujeres
y engendraban hijos, a los cuales podían heredar sus posesiones.
Curiosamente, a pesar de estas "costumbres" poco admirables, el celibato
nunca dejó de tener, a veces más a veces menos,
su lugar privilegiado en la enseñanza y en la legislación
de la Iglesia de occidente.
Lo que nunca se aceptó
en ningún lado fue que un ordenado pudiese casarse. El
casado podía ordenarse, pero el ordenado no podía casarse.
c)
Del siglo XII a nuestros días
Recién en el año
1123, con el primer concilio Laterano, se reglamentó que el
candidato a las órdenes debe abstenerse de mujer, y que
el matrimonio de una persona ordenada era inválido, de modo
que todo trato con mujer una vez recibida la ordenación
pasaba a ser simple concubinato. En este espíritu reglamentarían todos
los Concilios posteriores. Es claro que no inmediatamente la ley
se puso en práctica en todos lados, pero poco a
poco fue cobrando fuerza de costumbre en todas las iglesias
de occidente.
En nuestro días, esta doctrina encuentra muchos adversarios,
pero como vimos, no es nada nuevo. La Iglesia no
define el celibato como una necesidad absoluta, pero lo ve
como el mejor medio para que el siervo de Dios
y de su pueblo pueda actuar "sin divisiones".
Nadie está
obligado a ser célibe
Finalmente digamos que en este
tema hay que saber hablar con exactitud, ya que el
mal uso de las palabras entorpece el diálogo y no
ayuda a ver la realidad de las cosas.
Se oye
con frecuencia expresiones de este tipo: "La Iglesia impone a
los sacerdotes el celibato", o bien en forma interrogativa: "¿Porqué
los sacerdotes no se pueden casar?". Si bien se entiende
que el celibato es una reglamentación eclesiástica, una "ley" de
la Iglesia, sin embargo no me parece que sea del
todo correcto hablar de "imponer" el celibato, o de "obligar"
al mismo. En la Iglesia Católica nadie está obligado a
ser célibe, porque nadie está obligado a ser sacerdote. Me
explico:
Por los motivos ya enunciados en el Nuevo Testamento
y que hemos sugerido más arriba y por muchos otros
motivos de mucho peso, a la Iglesia de Cristo de
los últimos mil años le ha parecido bien considerar la
vocación al sacerdocio y la vocación al celibato como una
única vocación. (Esto no impide que alguien pueda ser también
célibe, temporalmente o de por vida, por otros motivos o
fuera del sacerdocio). El punto principal aquí es en realidad
el siguiente: la vocación sacerdotal es un llamado gratuito de
Dios para su Iglesia, y no un derecho personal del
candidato. No sucede con el sacerdocio lo que sucede con
otras profesiones humanas, a las cuales "tengo derecho": la Iglesia,
al unir "sacerdocio" con "celibato" no está "imponiendo nada a
nadie", porque nadie tiene que ser sacerdote; más bien hay
que decir que al obrar así está ejerciendo un "derecho"
dado por Dios mismo a su Iglesia de determinar ciertos
aspectos disciplinares del oficio sacerdotal. De hecho es precisamente la
Iglesia la que ordena sacerdotes para destinarlos al servicio divino.
Si no fuera así, ¿en qué quedaría el sacerdocio? ¿cuál
sería su finalidad? ¿sería cada uno sacerdote según su propio
parecer?
En la Iglesia hay cientos de maneras de servir
al pueblo de Dios, y si alguien cree que es
llamado a ocupar un lugar activo en la Iglesia -
¡y en verdad todos lo estan! -, pero a la
vez cree que no está llamado al celibato, sepa que
puede ocupar ese lugar según el don que Dios le
dio, sujetandose al parecer de la Iglesia, y no debe
buscar a toda costa "ser sacerdote". El sacerdocio es un
oficio sagrado de la Iglesia en bien de la Iglesia,
y es ella la que determina, en los diversos períodos
históricos de su vida, de qué manera conviene mejor ejercer
este oficio. El candidato al sacerdocio tiene largos años para
reflexionar y prepararse. No creo que sea lícito hablar de
"obligación" en sentido de "imposición forzada".
Demás está decir que
para ello la Iglesia debe saber preparar a los candidatos
debidamente, de modo que puedan aprender a vivir una vida
tan particular; en esto está el secreto del "éxito" del
sacerdote célibe. Pero ese es otro tema.
P. Juan Carlos
Sack (juancarlossack@ive.org) Instituto del Verbo Encarnado Kazan-Roma
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me ha gustado esta informacion , historica .
a mi, personalmente , me gusta el celibato
para los sacerdotes .
es una entrega , mas personal e intima con Dios .
.
gracias
Publicado por: RODRIGO TOMAS DALLAS GARCIA
Fecha: 2009-10-31 22:22:45
Interesante el articulo, aclara mucho.Pero no veo la diferencia entre celibato y votos,es lo mismo para los Pbros. diocesanos y religiosos, cual es la diferencia.Entiendo o tengo claro que los diocesanos hacen solo una promesa de celibato, pero los religiosos los de las ordenes,congregaciones , institutos etc.,no.Y celibato es solo no casarce? o conlleva implicitamente pobreza ,castidad y obediencia, deberian formar bien en los seminarios bien en esto a los futuros Pbros.Se ve mucho antitestimo.
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