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Autor: Alejandro E. Pomar 8/4/2002 | Fuente: La Biblia on line San Juan
Representaciones de san Juan, el discípulo amado de Jesús
San Juan
Las Escrituras nos ofrecen también muchos datos acerca de
San Juan, "el discípulo amado", autor del Cuarto Evangelio, tres
Cartas, y el Apocalipsis. Pescador de Betsaida, hijo de Zebedeo,
hermano de Santiago, discípulo del Bautista y apodado "hijo del
trueno", participó con Pedro y Santiago de los episodios más
significativos de la vida de Jesús, y en la Última
Cena recostó su cabeza en el pecho del Señor (por
ello es llamado en griego "Epistehios": el que está sobre
el pecho). Estuvo con María "junto a la cruz" (Jn.
19, 25-27), y fue testigo junto a Pedro del sepulcro
vacío: "vio y creyó" (Jn. 20, 8). Los Hechos lo
nombran nuevamente junto a Pedro, y San Pablo lo menciona
entre las "columnas de la Iglesia" (Gal. 2, 9). Es
llamado "el Teólogo" por la profundidad de su Evangelio, que
difiere en no pocos aspectos de los sinópticos.
Fuentes muy antiguas
-algunas legendarias- señalan que vivió primero en Antioquía y luego
en Éfeso. San Ireneo, hacia 175, escribe: "Juan, el discípulo
del Señor, el mismo que descansó sobre su pecho, publicó
también el evangelio cuando se encontraba en Éfeso". Luego viajó
a Roma, donde por orden del emperador Domiciano, fue echado
(ya cerca de los noventa años de edad) al aceite
hirviendo cerca de la Puerta Latina (lo que dio origen
a una fiesta, hoy suprimida del Calendario Romano: "San Juan
delante de la Puerta Latina", que se celebraba el 6
de mayo como memoria del "martirio" del apóstol); salió indemne
del suplicio y fue deportado a la isla de Patmos,
donde el Apocalipsis, y murió a finales del siglo I.
Casi siempre se lo representa como un joven sin barba
y de pelo largo; sin embrago, sobre todo en Oriente,
aparece a veces como un anciano de larga barba blanca,
a causa de haber sido el apóstol que alcanzó una
edad más avanzada.
Muchas veces lleva una pluma o un rollo
en que se lee, generalmente, el comienzo de su Evangelio
("In princípio erat Verbum", "En el principio era el Verbo"),
y está acompañado por un águila, que es su atributo
en tanto que evangelista, por el alto vuelo de su
pensamiento y porque su Evangelio comienza justamente ´arriba´, ´en el
cielo´, "junto a Dios" (Jn. 1, 2). El atributo del
águila es muy antiguo, y el más común de los
que identifican a Juan.
Juan suele ser representado en los numerosos
episodios y circunstancias que lo tienen como protagonista en los
Evangelios y en los Hechos, muchas veces junto a Pedro.
De modo particular, son muy populares sus representaciones en la
Última Cena apoyándose en el pecho de Jesús (cfr. Jn.
21, 20) y junto a María al pie de la
cruz de Jesús (cfr. Jn. 19, 25ss).
Una representación muy común,
pero de origen extrabíblico, muestra a Juan con una copa
entre sus manos; de ella, en ocasiones, sale una serpiente.
El origen de este atributo es un apócrifo del siglo
VI que cuenta que a Juan, en Éfeso, un sacerdote
del templo de Diana le ofreció a beber a Juan
un vaso de veneno; él lo bendijo y luego lo
tomó sin sufrir daño. La iconografía muestra cómo se escurre
el veneno en forma de una serpiente, atributo que se
hizo popular desde el siglo XIV.
Otro atributo muy antiguo,
pero no tan usual, es un tonel o una caldera,
recuerdo de su martirio en aceite hirviendo.
La piedad popular le
encomendó diversos patronazgos. Es patrono de los teólogos (por la
profundidad teológica de su Evangelio), de los escritores y de
los libreros (por haber escrito varios libros del Nuevo Testamento
y por creerse que él mismo era librero), de los
molineros de aceite (a causa de su martirio en aceite),
de los que sufren quemaduras (por el mismo motivo), de
los escultores (porque salió rejuvenecido de la caldera, interpretación simbólica
de la labor artística), de los que sufren envenenamientos (por
la leyenda del veneno cuyo poder maléfico Juan anuló), de
los que sufren dolores de pies (por haber curado a
un cojo junto a Pedro, como se cuenta en Hechos
3, 1-8).
Su fiesta se celebra el 27 de diciembre, es
decir, dentro de la Octava de Navidad, privilegio que comparte
con San Esteban, primer mártir (26 de diciembre) y con
los Santos Inocentes, mártires (28 de diciembre). Ya desde el
siglo IV -como lo atestigua expresamente San Gregorio de Nissa-
los calendarios litúrgicos mencionan la fiesta del "discípulo amado" en
las cercanías de Navidad, lo cual es lógico tratándose del
evangelista que nos introduce en el misterio del Verbo que
"se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1, 14).
Imagen:
San Juan Evangelista. Autor: Juan Ribalta
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