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Si la Ley Natural Moral es una serie de principios
morales que la razón humana encuentra en la propia naturaleza
del hombre, está claro que su existencia dependerá fundamentalmente de
cuatro condiciones : a) Que exista una naturaleza humana. b) Que
esa naturaleza sea universal e inmutable. c) Que esa naturaleza sea
moralmente normativa para la persona. d) Que la razón humana razone
moralmente en función de esa naturaleza.
a) Existencia de la naturaleza
humana
El problema fundamental para aceptar la existencia de la
naturaleza está en la correcta comprensión del término “naturaleza” al
que se refiere la LMN. Algunos autores niegan que la
persona tenga una naturaleza porque la entienden como una realidad
determinante, estática, fija . Y en ese sentido es contraria
a la realidad del hombre en cuanto espíritu, ser libre
e histórico; un ser al que corresponde más lo “cultural”
que lo “natural”. Pero no es ése el significado de
la palabra cuando la aplicamos a la LMN.
La palabra “naturaleza”
proviene del vocablo latino natura. Su significado primordial se refiere
al nacer, brotar, surgir de algo.
Se refiere, pues, de modo
primordial, al estado nativo de un ser, así como nace.
De esa raíz, el término ha pasado a tener múltiples
acepciones análogas. Se dice, por ejemplo, del mundo de las
cosas no elaboradas; y en ese sentido se opone lo
natural a lo artificial. Se usa también para referirse a
las cosas en su estado originario, no cultivado; lo opuesto
a la cultura.
En todas esas acepciones la palabra se aplica
al mundo “físico”; es el significado “naturalista” del término. En
ese sentido, el término no puede ser aplicado al mundo
del espíritu, que es lo contrario de la determinación física.
Por eso, Aristóteles que usó la palabra en ese sentido
afirmaba que el alma no tiene naturaleza.
Pero Aristóteles dio al
término también otro significado muy diverso: la “naturaleza” designa la
“esencia” de algo. Es el sentido “metafísico” del vocablo.
Y ese sentido puede ser aplicado a todo lo que
existe, tanto al mundo físico como a las realidades espirituales.
La
reflexión metafísica nos lleva a entender que todo lo que
es, es algo. Ese algo es su esencia: aquello por
lo que un ser es lo que es y no
otra cosa. La esencia de un ser hace que obre
de un modo específico, diferente al modo de actuar de
otro ser que tiene otra esencia. Pues bien, llamamos naturaleza
a la esencia de un ser en cuanto que es
el principio de su obrar propio.
También ese sentido “metafísico”
pasó luego -igual que el sentido “naturalista”- al patrimonio cultural
occidental. Es utilizado incluso en el lenguaje popular , y
se aplica a realidades tan espirituales, tan poco “naturales” en
el otro sentido, como el mismo Dios: “naturaleza divina”.
Visto así
el concepto, es evidente que el hombre tiene una “naturaleza”.
Desde luego, en cuanto ser corporal, está situado, como los
demás seres físicos, dentro del cosmos de la naturaleza física
(sentido naturalista). Pero también considerado en su dimensión espiritual, en
su capacidad de hacerse a sí mismo con su propia
libertad, tiene una naturaleza, un modo de ser que no
depende de él mismo (sentido metafísico). Como cualquier otro ser,
también él es lo que es y no otra cosa,
y es capaz de actuar de cierta manera y no
de otras que son propias de otros seres. Es cierto
que él es un ser libre; y en ese sentido
no es sólo naturaleza, es “más que naturaleza”, en cuanto
que en cierta medida se hace a sí mismo. Pero
es más que naturaleza precisamente porque tiene esa naturaleza que
le hace libre. En este sentido es muy cierto lo
que decía Sartre: el hombre “está condenado a la libertad”.
No puede dejar de ser libre (libertad como “libre arbitrio”).
Pero, además, su ser libre está configurado con las características
de su naturaleza humana: es un ser corporal, histórico y
cambiante en el tiempo, es un ser social, se ve
afectado por pasiones y sentimientos, etc., etc.
b) Universalidad e inmutabilidad
de la naturaleza humana
Como decía arriba, no basta la
existencia de la naturaleza humana para fundar la LMN. Se
requiere además que sea universal e inmutable; es decir, que
sea propia de todos los seres humanos, en el espacio
y en el tiempo.
Es evidente que muchas cosas cambian con
el paso del tiempo, sea en un individuo singular, sea
también en los grupos humanos. Pero se trata de modificaciones
“accidentales”, no esenciales, de la persona humana, y de cambios
“culturales” de los grupos humanos, que siguen estando compuestos de
personas con la misma naturaleza humana.
Yo puedo variar en muchas
cosas según va pasando el tiempo. Más aún, puedo en
cierto modo modificarme a mí mismo, tanto físicamente como psicológica
y espiritualmente. Pero me doy cuenta de que hay ciertos
límites, más allá de los cuales no podría subsistir mi
propia identidad. Esos límites son los marcados por mi propia
naturaleza . La universalidad e inmutabilidad de la naturaleza humana se
muestra claramente en el fenómeno de la comprensión universal entre
todos los seres humanos. Si leo una tragedia griega o
un poema de la antigua China, entro fácilmente en sintonía
con sus personajes, capto sus sentimientos, me conmuevo con su
drama y con sus alegrías. Por mucho tiempo que haya
pasado, y por muchas diversidades culturales que haya entre ellos
y yo, hay algo que nos une profundamente, y que
me hace capaz de “comprenderles”, de compenetrarme con sus historias
humanas. Al fin y al cabo, de aquellas páginas rezuma
lo mismo que yo experimento y vivo: amor, dolor, odio,
solidaridad, envidia...
Dos seres humanos de cualquier latitud, raza, cultura, e
incluso de cualquier época, podrían perfectamente entenderse mutuamente y comprenderse
profundamente. Con un poco de tiempo podrían hablar un mismo
lenguaje, aunque fuera a base de señas. Aprendería uno el
lenguaje del otro (por muy extraño que fuera para él),
o podrían incluso crear un nuevo lenguaje común.
Todo esto es
posible solamente porque todo ser humano tiene la misma naturaleza,
con la misma “estructura” mental, psíquica, sentimental, etc. de fondo.
Al fin y al cabo, todo ser humano es humano.
c)
Normatividad de la naturaleza humana
No basta aún que exista
una naturaleza humana y que ésta sea universal e inmutable.
Es necesario que esa naturaleza se presente a la razón
humana como normativa para que constituya la base de la
LMN. Si cada uno pudiera hacer lo que quisiera con
su naturaleza sin rebajarse a sí mismo como persona, sin
actuar moralmente mal, no podríamos hablar de Ley Moral Natural.
Podría
pensarse, en efecto, que la persona humana, en cuanto sujeto
libre, espíritu abierto al absoluto, hacedor de sí mismo, no
puede verse sujeta a nada que sea natural, determinado, ya
hecho. El hombre, aunque tenga una naturaleza, sería moralmente libre
para hacer con ella lo que quisiera.
Pero esta visión muestra
una comprensión equivocada de la naturaleza humana. La contempla como
algo ajeno al sujeto personal mismo, algo que él posee
como se posee un objeto, del cual se puede disponer
libremente. Al contrario, mi naturaleza soy yo. Yo soy lo
que soy, soy quien soy, porque existo con esta naturaleza
humana. Soy libre, abierto al absoluto, etc. porque soy de
naturaleza libre y abierta al absoluto. Por ello mismo, todo
el valor que me es propio en cuanto persona libre,
trascendente, abierta al absoluto, penetra, permea también a mi naturaleza.
El respeto que me debo a mí mismo en cuanto
persona se lo debo igualmente a mi naturaleza, que es
la que me hace existir como persona . No sólo,
sino que podemos también afirmar que, dado que la misma
naturaleza humana está abierta al absoluto, tiene ya en sí
misma (y no sólo como recibida de la persona) una
dignidad que exige ser respetada. Desde el punto de vista
teológico, tendríamos que decir que la naturaleza humana ha sido
creada a imagen y semejanza de Dios. Ciertamente, no existe
la naturaleza sin ser la naturaleza de una persona concreta,
pero tampoco existe ésta sin naturaleza humana. Y ella ha
sido querida y creada por Dios así como es, como
naturaleza humana, con todo lo que ella implica.
La naturaleza humana
se compone de una dimensión física y otra espiritual. Una
composición intrínseca, según la cual los dos componentes forman una
totalidad única. Eso significa que el respeto debido a la
naturaleza humana se debe tanto al cuerpo como al espíritu.
Mi cuerpo no es para mí simplemente un objeto de
posesión, del que puedo hacer lo que quiera. En cuanto
parte de mi naturaleza humana, es parte también de mí
mismo, y me exige moralmente un respeto, en el marco
del bien global de toda mi persona.
d) El dinamismo de
la razón práctica
Hasta aquí hemos mostrado que existe la
naturaleza humana, inmutable y universal, y moralmente normativa para el
hombre. Pero, como decía arriba, es necesario comprender también en
qué modo la razón humana formula en sí misma esos
“principios morales generales” de la LMN a partir de la
naturaleza humana del sujeto. Lo he considerado brevemente al final
de la explicación del concepto mismo de LMN, pero conviene
analizarlo un poco más a fondo.
Hay que partir del hecho
de que la razón humana no es una realidad existente
en sí misma, sino que forma parte de la naturaleza
humana de una persona concreta. Ahora bien, la naturaleza tiene
una serie de dinamismos y tendencias “naturales”. Toda la naturaleza
humana del sujeto tiende espontáneamente a una serie de realidades
que para ella son bienes, así como rechaza lo que
va contra sus tendencias. Pero como la razón forma parte
de esa naturaleza, ella ve también como bueno o malo,
razonable o no, lo que concuerda o se opone a
esas tendencias. De ese modo, las tendencias naturales del hombre,
aun las más comunes con los animales, no son puramente
animales, “naturales”, sino que están como penetradas de racionalidad, son
desde el principio actividades humanas, y como tales determinan el
juicio axiológico y práctico de la razón .
La percepción por
parte de la razón de lo bueno o malo en
cuanto conforme o no con la propia naturaleza se realiza
ya al inicio de modo espontáneo, incluso irreflexivo, casi como
un “sentimiento” natural (que es también racional) . Después, la
razón irá explicitando y tematizando esos valores espontáneamente percibidos, e
irá formulando juicios morales, conectándolos, traduciéndolos en sentencias universales, etc.
que constituirán el conocimiento racional reflejo de la LMN. En
ese proceso interviene todo el proceso de socialización, educación y
maduración personal que todo individuo realiza en la propia vida.
Las normas positivas de la moralidad, recibidas paulatinamente por el
individuo gracias a la familia, la escuela, etc. pueden ayudarle
a concretar, perfilar y reforzar los contenidos de la LMN.
Me
parece que habría que completar esta explicación con la consideración
de la libertad como ingrediente. La LMN no consiste simplemente
en la identificación de aquello que va a favor o
contra la naturaleza humana, sino en la comprensión de unos
principios que son morales y por ello mismo orientan, moralmente,
el obrar humano. La razón elabora esos principios morales precisamente
en cuanto considera lo que va a favor o contra
la naturaleza humana como objetos, hipotéticos o reales, de actos
humanos concretos, ya sea que los ponga o pueda poner
el mismo sujeto, ya que los realice cualquier otro sujeto
libre. Hemos repetido varias veces que la moralidad se da
sola y exclusivamente en el ámbito de la libertad. Si
la razón considerara solamente que “algo” es contrario a las
tendencias fundamentales de la naturaleza humana, vería solamente esa relación
negativa, se quedaría en la constatación factual de esa oposición.
Es el hecho de que ese “algo” sea o pueda
ser objeto de un acto humano, consciente y libre, responsable,
lo que hace que la razón lo vea como moralmente
malo.
A este dinamismo de la razón me refería páginas atrás,
cuando decía que la razón “lee en la naturaleza” de
la que forma parte los principios morales generales que constituyen
la LMN.
Hemos visto, pues, que existe la naturaleza humana, universal
e inmutable, que se presenta a la razón con carácter
moralmente normativo, y a partir de la cual la razón
práctica formula unos principios generales que dirigen moralmente al sujeto.
Es decir, existe la Ley Moral Natural. Sólo nos falta
analizar el contenido y las características de la misma.
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