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Autor: n/a | Fuente: zenit.org El limbo en la teología católica
Dios nos ha revelado su sincera y eficaz voluntad de tener junto a sí a todos y espera también a estos pequeños
ROMA, 4 mayo (ZENIT).- El limbo ha acabado
en el limbo. Aunque nunca fue definido como dogma, fue
una «salida» que encontraron los teólogos para dar respuesta a
la pregunta de qué pasaba con los niños muertos sin
bautizar. En realidad era una respuesta «piadosa» para evitar a
estos inocentes las penas del infierno. Hoy, la teología posterior
al Concilio Vaticano II ha encontrado nuevas respuestas más acordes
con la idea de un Dios Padre misericordioso.
Monseñor Alessandro
Maggiolini, teólogo y uno de los redactores del Catecismo de
la Iglesia Católica, explica por qué el limbo ya no
aparece en la doctrina cristiana. Monseñor Maggiolini aclara que de
este tema no se habla porque «es una hipótesis teológica
que no parece fundada sólidamente en la Revelación. El silencio
es una opción bastante sabia también porque el limbo, si
se hubiera nombrado, no habría podido ser comparado ni con
el paraíso ni con el infierno. Dos condiciones de las
que a menudo se habla de una manera analítica y
un poco petulante en cierta catequesis popular torpe. El Catecismo
parece en cambio sugerir que, al final de la vida
terrena, no hay soluciones intermedias entre beatitud y condena».
¿Cuál
puede ser entonces la respuesta de la escatología cristiana sobre
el destino de los niños no nacidos?
«Sobre los niños
muertos sin bautismo -responde monseñor Maggiolini-, la Iglesia no puede
sino confiarlos a la misericordia de Dios que quiere que
todos los hombres se salven. Tiene que significar algo la
ternura de Jesús por los niños. Dios nos ha revelado
su sincera y eficaz voluntad de tener junto a sí
a todos y espera también a estos pequeños. Es de
esperar que estén en la paz de Dios a través
de caminos que Dios no nos ha comunicado».
Excluyendo el
caso de los adultos que pueden elegir, el bautismo de
los niños ayuda a la salvación cuando es posible. «Si
no -explica monseñor Maggiolini-, análogamente, en un modo para nosotros
escondido, incluso los niños no se salvan sin Cristo y
sin la Iglesia, en cuyo seno está presente y actúa
el Salvador de todos. Se piensa que el Señor Jesús
puede alcanzar también a estos pequeños que tienen necesidad de
ser liberados del pecado original. Es mejor no ser demasiado
curiosos respecto a los medios que usa Cristo, el cual
quiere salvar "a vosotros y a todos", como dice la
fórmulan de la consagración eucarística».
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