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Autor: P. Constancio Cabezón ofm | Fuente: Revista «Tierra Santa» Poncio Pilato ¿culpable o inocente?
Es muy duro llamar a un hombre deicida y echarle todo el peso de la muerte de Jesús
Poncio Pilato ¿culpable o inocente?
Es difícil escribir sobre Pilato, el gobernador romano que oficialmente
condenó a muerte a Jesús. De él se ha dicho
todo. Se le han aplicado toda clase de epítetos, desde
deicida a débil. Además, está mencionado en el Credo: “Y
padeció bajo Poncio Pilato”.
Es muy duro
llamar a un hombre deicida y echar todo el peso
de la muerte de Jesús a un gobernador que tenía
un quinto puesto de responsabilidad dentro de la administración romana:
el emperador Tiberio, el Senado, la Cancillería de Asuntos Exteriores,
el legado de Siria y, en un quinto lugar, un
modesto gobernador o prefecto que vigilaba una pequeña región con
apenas un millón de habitantes.
Los Evangelios
nos lo presentan como un hombre que, ante la inocencia
de Jesús, no quiso condenarle y trató una y otra
vez de salvarle, valiéndose de todos los resortes a su
alcance. Si es cierto que el juicio de Jesús lo
llevó al principio con ecuanimidad, al final la ecuanimidad fue
empañada con la condena a muerte del Nazareno.
¿Cómo
ha juzgado la historia a Pilato?
Veamos la personalidad de quienes
hablaron mal de Pilato:
El rey Herodes Antipas - citado por
Filón - decía de Pilato que era un hombre “venal,
violento, rapaz, extorsivo y tirano”. Pero era fama y corría
la voz entre la gente que el propio rey ejercía
el oficio de espía del emperador Tiberio. Esto lo sabía
el mismo Pilato. De ahí la enemistad entre los dos
según señala el evangelista San Lucas (23,12). Esta enemistad se
incrementó a causa de la muerte de unos galileos, súbditos
del rey Herodes Antipas, que habían venido a Jerusalén a
“ofrecer sacrificios” en el Templo. Pero es lógico pensar que
harían algo más que ofrecer sacrificios, pues todos los años,
e incluso ese mismo año, vinieron decenas de miles de
galileos a celebrar la Pascua a Jerusalén y a ofrecer
sacrificios y no les sucedió nada. Esta enemistad alcanzó cotas
máximas al enterarse Pilato, por sus espías, que Herodes acumulaba
gran cantidad de armas en lugares ocultos de Galilea. ¿Para
qué?
El historiador Flavio Josefo lo cita para relatar ciertos
hechos acontecidos en la región durante el tiempo de sus
mandato, sin recalcar tintas negras sobre su persona.
El filósofo Filón,
que vivió en un tiempo en que habían abrazado la
fe cristiana numerosos intelectuales que emplearon la pluma en defensa
del cristianismo. Los romanos no intervinieron en estas luchas religiosas
porque o no conocían la fe cristiana o la tomaban
como una de tantas creencias existentes en el imperio. Los
judíos sí intervinieron ante la acusación de los cristianos de
ser los responsables de la muerte de Jesús. Uno de
estos judíos era Filón, quien para aminorar el golpe de
los cristianos, recalcó tintas negras sobre Pilato, haciéndole responsable de
ella, por ser un gobernador de naturaleza implacable, corrompido y
cruel que no retrocedía ante nada, haciendo todo por orgullo
y, a su vez, corrompido.
El historiador romano Tácito no conoció
a Pilato, pero lo describe como “arbitrario y despiadado”. No
sabemos las fuentes que tuvo Tácito para afirmar esto. Lo
que sí sabemos es que la buena imagen que Pilato
presenta en el juicio de Jesús, en el que quiere
ser recto, no corresponde a un hombre despiadado.
Los apologistas cristianos
de los primeros siglos son inmisericordes con Pilato por su
debilidad.
Por su parte los judíos, atacaron duramente a Pilato como
defensa ante las acusaciones de los cristianos que cargaban sobre
ellos el peso de la muerte de Jesús.
¿Qué sabemos
de Pilato?
La historia nos dice que fue enviado como gobernador
a Palestina por Tiberio en el año 26 de nuestra
era. Sucedía en el cargo a Valerio Grato y era
el quinto gobernador de Roma en esta zona. Roma lo
puso al frente de una circunscripción de segunda categoría a
la que pertenecían tres pequeñas provincias: Judea, Samaría e Idumea.
Esta última tenía fronteras poco definidas por lo que necesitaba
vigilancia especial. Era una región difícil y problemática. En ella
había frecuentes revueltas. No era procurador, como muchas veces hemos
oído, sino un simple prefecto, como lo demuestra la lápida
encontrada en Cesarea Marítima en 1961.
Su residencia oficial estaba en
Cesarea, ciudad construida por Herodes el Grande, a la que
puso tal nombre para congraciarse con el emperador César Augusto.
El ambiente de la ciudad era helenizado, por lo que
podía llevar una vida regalada, sin oler constantemente a carne
asada de los sacrificios, como ocurría de residir en Jerusalén.
Pero durante las grandes festividades judías en las que se
congregaba gran número de peregrinos, se trasladaba a Jerusalén con
el fin de evitar revueltas, ya que las aglomeraciones eran
caldo de cultivo para ellas. La guarnición militar de Jerusalén
no superaba los 4.500 soldados. No eran legionarios romanos sino
tropas auxiliares, reclutadas entre sirios, griegos y samaritanos. Se dividían
en “cohortes” y “alas”. En casos excepcionales el prefecto podía
recurrir al legado de Siria, su superior inmediato, para pedir
refuerzos.
El cometido del prefecto era: advertir a las autoridades religiosas
locales que no se entrometieran en asuntos de la administración
civil, el de recaudar los impuestos y el de evitar
y reprimir levantamientos secesionistas.
El cargo de prefecto se renovaba cada
tres años. Pilato estuvo diez, lo que dice mucho en
su favor a pesar de las críticas severas que le
han hecho y de la acusación de que no se
preocupaba de los asuntos de la metrópoli. A este respecto
no olvidemos que Tiberio tenía costumbre de retener a algunos
funcionarios más de tres años, porque decía que al pretender
enriquecerse en tan poco tiempo, podían cometer desmanes. Y ponía
por ejemplo el de un hombre solo y abandonado al
que acudían las moscas a chuparle la sangre por estar
lleno de llagas. Pasó por allí uno que se compadeció
del pobre y quiso espantar a las moscas. El llagado
se opuso y gritando dijo: “Déjalas, ya me han chupado
bastante y están hartas. Si las espantas vendrán otras hambrientas
y me chuparán la poca sangre que me queda”.
Pilato,
¿antisemita?
La gestión de Pilato en Palestina estuvo marcada por varios
hechos de cierta importancia. Nada mas llegar a esta región
como reconocimiento al emperador Tiberio e influido por el ambiente
antijudío del que hablaremos, mandó instalar en Jerusalén las insignias
de su tropa con el estandarte del emperador, acompañado de
las águilas imperiales. La presencia de representaciones humanas en la
Ciudad Santa exaltó a los judíos. Fueron a protestar en
masa a Cesarea, a la residencia de Pilato. Allí estuvieron
vociferando durante cinco días. Al final, Pilato, cansado de tanto
griterío, los amenazó con la tropa que ya tenía preparada.
Ellos, lejos de temer, hicieron el gesto de desnudar sus
cuellos, demostrando que estaban dispuestos a morir. Ante esta reacción
inusitada, mandó quitar las imágenes y estandartes de Jerusalén. Poco
tiempo después hizo lo mismo. Parece que recibió órdenes de
Roma como se desprende de lo que vamos a decir.
Unos
años antes, concretamente en el año 19 de nuestra era,
cuatro judíos representativos de la comunidad de Roma engañaron a
una tal Fulvia, esposa de un alto dignatario llamado Saturnino,
amigo de Tiberio. El emperador, instigado por su amigo, mandó
expulsar a todos los judíos de Roma y alrededores. El
hecho de la expulsión tuvo graves consecuencias no sólo en
Roma sino también en muchas provincias del imperio. Se suscitó
además, un clima antijudío con repercusiones en el mal trato
que se les daba y sobre todo el que los
prefectos enviados a Palestina llevaban órdenes concretas de reprimirlos. Se
ha de tener en cuenta esta circunstancia para comprender la
actitud de Pilato en Palestina y no acusarlo de que
no atendía bien los intereses de Roma en la zona,
y que en vez de atraer a sus subordinados sentía
hacia ellos vivo desprecio que repercutía en su proceder con
ellos, buscando ocasiones para humillarlos. Además, sabemos que Tiberio sentía
gran antipatía por los judíos y el todopoderoso Sejano, jefe
de la guardia imperial, era el prototipo del antisemitismo.
Tomó
dinero de las arcas del Templo
Otro de los casos
sucedidos durante su mandato fue con ocasión del acueducto que
construyó para llevar agua desde las cercanías de Belén a
Jerusalén. Necesitaba dinero para costear la obra y lo tomó
de las arcas del Templo de Jerusalén. Herodes el Grande
también lo había hecho y, aun que fue criticado, no
tuvo mayor repercusión. Pero en este caso el que lo
hacía era pagano y además invasor. El hecho suscitó una
rebelión. Para reprimirla Pilato usó una táctica curiosa. Envió soldados
a Jerusalén, vestidos de paisano, sin espadas, pero con un
garrote camuflado entre la ropa. Llevaban órdenes de entremezclarse con
la gente alborotada y dar garrotazos al todo el que
gritara. Como consecuencia de los golpes murieron muchos judíos, otros
perdieron la vida pisoteados por la multitud que huía despavorida
por las estrechas calles de la ciudad.
Pilato y los
samaritanos
El peor de los casos sucedidos durante su mandato fue
el del año 35 de nuestra era. Un iluminado samaritano
convenció a muchos a alzarse contra los romanos ante la
proximidad de los tiempos mesiánicos. El pueblo tomó las armas
y se dirigió a Tarante, Monte Garizim. Pilato se anticipó
y con sus tropas ocupó el camino que iba al
monte sagrado de los samaritanos. Murieron muchos. Otros fueron hechos
prisioneros y ejecutó a gran número de gente principal. Pilato
esta vez tuvo mala suerte. La operación de su ejército
en las faldas del monte coincidió con el nombramiento de
un nuevo legado para Siria, del que dependía Palestina. Era
Lucio Vitelio. Este, siguiendo su costumbre, quiso informarse de todo
lo que había sucedido en la región revisando los archivos.
A su vez, los samaritanos, repuestos del susto, enviaron una
comisión para quejarse de los sucedido con Pilato, aduciendo que
no se habían sublevado contra Roma.
Vitelio, mal compañero de Pilato,
lo relevó de su puesto y lo envió a Roma
para dar explicaciones al emperador. Tras 54 días de viaje,
desembarcó en Italia días después de la muerte de su
protector Tiberio, acaecida el 17 de marzo del 37. No
sabemos más de él. Lo que sí sabemos es que
todas las personas designadas por el emperador para un cargo,
perdían sus funciones y pasaban al estado civil, si el
emperador no les renovaba el nombramiento. Por eso, todo lo
que después de su destitución se ha dicho de Pilato
pertenece al género de la leyenda. Los franceses, por ejemplo,
lo hicieron morir en Viena del Delfinado, como hicieron venir
a Francia a otros personajes evangélicos, como a Marta, María
y Lázaro. Son leyendas que aparecieron en los siglos X
y XI.
Pilato y el proceso de Jesús
Respecto al comportamiento
de Pilato en el proceso civil de Jesús, vemos que
una y otra vez quiso salvar su vida. Ante una
multitud que presionaba, que amenazaba con acusarlo a Roma, cedió.
De haber sido Pilato plenamente contrario a Jesús, los evangelistas
no hubieran recalcado tanto y tanto su voluntad de querer
salvar a Jesús de la muerte en la cruz. Pilato
se encontró entre la espada y la pared, por lo
que cansado y asqueado del caso y de los que
lo promovieron, sin saber qué hacer, lo remató con un
procedimiento jurídico, valedero para las provincias del imperio, que constaba
en la “Lex Iulia”, llamado “Extraordinaria cognitio”. De todos modos,
condenando a Jesús, fue moralmente culpable y jurídicamente responsable: “El
que me entregó a ti, tiene más culpa que tú”
(Jn 19,11).
Como nota curiosa anotemos que la Iglesia de
Etiopía celebra el 25 de junio su fiesta como mártir,
y la Iglesia griega ortodoxa, el 27 de octubre, celebra
la de su esposa Prócula.
Si tienes
alguna consulta utiliza este enlace para escribirle al Dr.
Joan Antoni Mateo García Sacerdote del obispado de Urgell, en España.
Especialista en Cristología y Mariología.
Si tienes alguna
duda, conoces algún caso que quieras compartir, o quieres darnos
tu opinión, te esperamos en los FOROS DE CATHOLIC
NET donde siempre encontrarás a alguien al otro lado de
la pantalla, que agradecerá tus comentarios y los enriquecerá con
su propia experiencia.
PONCIO PILATO. Gobernador de Judea (26—37 d.C.) P.
Constancio Cabezón ofm
Tomado de la revista de la Custodia Franciscana
de Tierra Santa: «Tierra Santa»
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