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Autor: n/a | Fuente: Revista Cristiandad ¿Cómo murieron los apóstoles?
Recorrido por sus últimas horas de católicas proezas y santos atrevimientos
¿Cómo murieron los apóstoles?
El camino de los apóstoles a la Patria celestial
¿Cómo
murieron los santos apóstoles? Para el lector probablemente se trate
de un enigma de gran interés para resolver. Acompáñenos en
nuestro recorrido por la últimas horas de católicas proezas y
santos atrevimientos de quienes tuvieron la honra de acompañar
estrechamente al Divino Redentor integrando el Sagrado Colegio Apostólico.
A
pesar de que los católicos nos hemos hecho muchas preguntas
concernientes a nuestra fe, una de las más evidentes no
ha sido formulada con frecuencia, o en todo caso, no
es común toparse con un lugar que reúna esta información.
Nos referimos a: ¿cómo fue la muerte de los Apóstoles
del Señor?
Cercana la fiesta de San Pedro y San Pablo,
éste es un momento maravilloso para preguntarnos sobre el momento
en que iremos a reunirnos con Dios haciendo agradecido uso
de la gracia que Él mismo nos alcanzó, o nos
reprobaremos por haberlo rechazado. Y cuando meditamos, los católicos tenemos
la gracia adicional de contar con los modelos de virtud
que fueron nuestros santos. Por eso veremos en las altísimas
vocaciones de los apóstoles ese fin que debiéramos desear e
intentar alcanzar rogando por la gracia de la penitencia final
y la unión con Dios que ellos lograron en grado
magnífico.
Pero cuando hablamos de modelos de virtud se nos hace
imposible olvidar a los "ejemplos de decrepitud" que han sido
quienes deliberadamente quisieron apartarse y dañar la Fe en alguna
de sus expresiones.
Dada la santa curiosidad que nos ha nacido
al darnos cuenta de nuestro desconocimiento al respecto, el tiempo
que atravesamos, la necesidad de la gracia de penitencia final
y la contemplación de las maravillas de Dios, relataremos a
continuación según la Tradición de la Santa Iglesia, el momento
previo a la vida eterna de estos grandes santos y
algo de quienes quisieron ser sus opositores, para que, cada
quien desde su lugar, esperamos nos produzcan siquiera en parte
el fruto del deseo de santificación que Nuestro Señor quiso
encender en nosotros cada uno de los días que transitó
por este mundo.
Nuestro Señor nos abrió las puertas
del Cielo, y así, convirtió nuestra muerte en un nacimiento
a la Vida eterna. Los apóstoles, habiéndole servido durante su
vida en la tierra, quedaron totalmente desprendidos de todo anhelo
de este mundo, y comprendieron que nada podía valer más
que llevar a Dios a todos los rincones de la
tierra predicando las Verdades inmutables, desterrando al demonio de los
lugares que tenía dominados, curando almas y cuerpos e incluso
muriendo por defender la Fe. Sus apostólicas vidas fueron tan
gratas a Dios, que aún en los casos en que
hubo una violenta muerte, siguió un premio inigualable en parámetros
de esta tierra, y que sólo comprenderemos cabalmente el día
que ingresemos en el Reino Celestial, y una constante gracia,
siempre fluyente, que los acompañó hasta que exhalaron el último
suspiro.
Asimismo, por oposición, quienes quisieron abiertamente dañar a Dios o
a su Santa Esposa siempre recibieron un fin que, violento
o no, mostraba la decadencia de sus naturalezas corrompidas, como
en el caso de Enrique VIII, Lutero, Voltaire, Lenín y
tantos otros.
¡Qué ganas de ser como los primeros! ¿Verdad? Cuando
somos caritativos, cuando pensamos en el bien de las almas,
cuando buscamos satisfacer la voluntad de Dios antes que la
nuestra, Nuestro Señor encuentra un albergue en nuestra alma desde
el cual podemos irradiarlo. Por eso los santos convertían a
miles de personas: porque Dios estaba allí, obrando a través
de sus fidelísimos siervos.
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