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| ¿Quién fue el autor del Cuarto Evangelio? |
1. EL AUTOR
Según la opinión más común, el
discípulo amado debe identificarse con el apóstol Juan, hijo de
Zebedeo y hermano de Santiago el Mayor. Curiosamente, san Juan
apóstol no es nombrado en el cuarto evangelio, excepto en
el c.21 en donde se lee los de Zebedeo.
Modernamente, han
surgido algunos objetores contra esta identificación. La dificultad más seria
que existe, surge del texto de 18,15: el otro discípulo...
era conocido del Sumo Sacerdote. Resulta difícil de imaginar que
un pescador de Galilea conociese al Sumo Sacerdote. La otra
objeción, de que Juan nunca se habría llamado el discípulo
al que amaba Jesús, tiene suficiente respuesta en 20,2, en
donde se unen dos expresiones: el otro discípulo y, en
segundo lugar, el discípulo al que amaba Jesús.
Las hipótesis
alternativas que se han dado a la tradicional, si bien
explican algunas cosas, dejan en la sombra muchas otras que
son mejor explicadas por la enseñanza de la tradición; v.g.,
su existencia entre los doce, su anonimato, su estrecha relación
con Pedro. Además, recién en el s. XVIII se puso
en duda que el autor del cuarto evangelio fuese san
Juan (antes de esto, sólo una secta de los primeros
siglos lo había hecho). En síntesis, la opción tradicional sigue
siendo la de mayor valor. Profundizaremos, brevemente, algo sobre el
autor del cuarto evangelio, para que queden más en claro
los fundamentos de esta postura tradicional.San Juan apóstol era discípulo
de san Juan Bautista y se separa de su maestro
por seguir a Cristo. En 1,8 y 10,41 expone la
razón: Él (Juan Bautista) no era la luz... Recuerda
como algo excepcional de su vida el primer encuentro con
Cristo habiendo conservado en su memoria hasta la hora (Jn
1,39), De origen galileo, de Betsaida, su padre era pescador
con varias naves y empleados (Mc 1,20).
Su madre
parece que fue Salomé, una de las mujeres que seguían
al Señor (cf. Mc 10,37. Comparar Mt 27,56 y Mc
15,40: la posición económica de su familia podría explicar que
fuese conocida del Sumo Sacerdote). Era uno de los predilectos
del Señor (cf. Mc 5,37; 9,2; Mt 24,37) y el
que reposó su cabeza en el pecho de Jesús la
noche de la Última Cena. Esta intimidad con Cristo junto
con el llamado al apostolado tan temprano en su vida
explican el que pueda ofrecer con detalle numerosos elementos de
la vida de Cristo, como los comienzos de la vida
pública y hechos posteriores (conversación con Nicodemos; samaritana; etc).
Sabemos que siguió a Jesús hasta el Calvario, donde recibe
la Virgen María. Fue, a continuación, uno de los primeros
testigos de la resurrección (20,8), por lo cual su testimonio
goza de autoridad. Estuvo presente en el episodio de la
pesca milagrosa de Tiberíades.
Después de la Ascensión de Cristo aparece
varias veces junto a san Pedro (cf Hech 3,1-9; 4,1-9;
Ga 2,1-9), aunque su relación mutua ya data de los
evangelios (cf. Lc 22,8; Jn 20,1-9; 21,1-7). Evangelizó en el
Asia Menor, permaneciendo muchos años en Éfeso según muchos testimonios.
Desterrado a la isla de Patmos en tiempos de Domiciano
(81-96), allí recibió la revelación del Apocalipsis. Retornó luego a
Éfeso bajo el imperio de Trajano (98-117) y allí murió.
Argumento Extrínseco
a) Testimonios implícitos, que
permiten ver que ya desde muy antiguo el escrito gozaba
de gran autoridad:
-Citas de autores eclesiásticos que muestran que desde
principios del s. II existía y era leído en diversas
Iglesias por el origen o autoridad que se le atribuía.
V.g. Epístola de Bernabé, Cartas de san Ignacio de Antioquía,
san Policarpo, Actas del “Martirio de san Policarpo”, san Justino,
el “Pastor” de Hermas...
-Citas de los herejes: Celso, montanistas, gnósticos,
Basílides (120-140), Herácleon (160-170), Ptolomeo (que llama a Juan discípulo
del Señor), Theodotus, etc
-Literatura apócrifa, que depende más del cuarto
evangelio que de los sinópticos. V.g. Odas de Salomón (s.
II), Epístolas de los Apóstoles (s.II)
-Imágenes en las catacumbas. A
partir del s. III aparecen imágenes de la samaritana, el
ciego de nacimiento, la resurrección de Lázaro, el buen pastor.
b) Testimonios Explícitos: comienzan a aparecer
desde la segunda mitad del s.II:
-El prólogo monarquiano, que es
el prólogo más antiguo que se conserva
-San Ireneo de Lyon
(s.II): “seguidamente [después de Mateo, Marcos y Lucas] Juan, discípulo
del Señor, el que reposó sobre su pecho, publicó también
Él un evangelio, cuando estaba en Éfeso, en Asia” (Adv
Haer. III,1,1). Otro texto importante porque menciona el testimonio
de los mismos presbíteros con quienes había vivido san Juan:
“...todos los presbíteros que se habían reunido en Asia junto
a Juan, el discípulo del Señor, atestiguan que Juan ha
transmitido la misma noticia [acerca de la edad de Cristo]
porque él permaneció junto a ellos hasta los tiempos de
Trajano” (Adv. Haer. II,22,5).
-Fragmento Muratoriano (180): “quartum evangeliorum Iohannis ex
discipulis, cohortantibus condiscipulis et episcopis suis...” [este fragmento tiene algunos
trazos legendarios, como la presencia de otros apóstoles cuando Juan
redactaba su evangelio, y parece haber una intención apologética de
atribuir autoridad apostólica al cuarto evangelio, cuestionado justamente por su
diferencia respecto de los otros]
-S. III: Tertuliano, Orígenes, Clemente Alejandrino
-S.
IV: san Jerónimo, san Agustín, san Epifanio, Eusebio de Cesarea
En
conclusión, ya hacia fines del siglo II había consenso en
atribuir el cuarto evangelio a san Juan Apóstol en las
iglesias de Roma (Prólogo y Canon Muratoriano), Asia Menor y
Galias (san Ireneo de Lyon y Polícrates), Siria (san Teófilo
de Antioquía) y África Latina (Tertuliano).
Argumento Interno
a) El
autor del libro es judío:
-Usa palabras hebreas o arameas que
interpreta a los lectores ignorantes: Rabbí, Rabboní, Messías, Cephas, Siloé,
Hosanna, Gabbatha, Golgotha,...
-Usa frases hebreas: gozar de gozo (3,29), hijos
de la luz (12,36), hijo de la perdición (17,12)
-Cita mucho
el AT, y no de la versión de los LXX,
sino del texto hebreo (1,23; 6,45, etc.). Por las continuas
referencias que hay al AT, se ve que es una
persona educada en él desde su infancia
-Conoce muy bien las
ceremonias, fiestas y costumbres judías, especialmente los rituales que se
llevan a cabo: cf 2,6; 4,9; 7,2; 7,22; 11,55...
b) El
autor es judío palestinense: lo demuestra su conocimiento de la
topografía y geografía palestinense: cf 3,23; 4,5-6; 5,2; 11,18; 1,28;
11,54; 18,1... [hay que tener presente que muchos de estos
datos suponen un conocimiento previo a la destrucción de Jerusalén]
c)
El autor es testigo ocular de las cosas que narra:
se ve por las circunstancias de tiempo, de lugar, de
personas, elementos que no se explican sino por un testigo
inmediato, dada la minuciosidad del relato. Cf 1,14; 19,35; 1,35;
1,39; 2,1; 4,6.27; 6,19; 8,20; c.9; 13,1-30; 18,16... Particularmente fuerte
es el texto de 21,24.
d) El autor pertenecía al colegio
de los apóstoles:
-Conoce íntimamente las particularidades de cada uno de
los demás apóstoles: Andrés (1,41; 6,9), Felipe (1,44-45; 12,20; 14,8),
Natanael (1,46-48), Tomás (11,16; 14,5; 20,24.28), Judas Tadeo (14,22), Pedro
(1,42; 6,68).
-Fue testigo ocular de la última Cena. Según los
sinópticos Jesús estuvo sólo con los Doce (Mt 26,20; Mc
14,17; Lc 22,14) y aquí aparecen detalles muy íntimos (13,4-12;
13,21)
-Comparando 21,24 con los v. 7 y 20, se ve
que el discípulo que Jesús amaba era el evangelista quien
en la Última Cena se recostó sobre el pecho del
Señor.
e) El autor del libro es el apóstol Juan: Se
ve por descarte ya que de los sinópticos sabemos que
había tres discípulos preferidos de Cristo (Pedro, Santiago y Juan).
Entre ellos es necesario encontrar al autor del cuarto evangelio:
-No
es Pedro: porque de él se distingue claramente (cf. 13,23-25)
y parece suponer su muerte (cf 21,29)
-No es Santiago: ya
que muere muy pronto, en el 43 (cf Hech 12,2)
mientras que el evangelista llega a ser anciano (21,22)
-Ergo, es
Juan.
Lengua, Destinatarios y Fecha de Composición
En este evangelio se puede apreciar más claramente el
ritmo hebreo que en los otros libros del NT. Pero,
el evangelio está escrito en griego. Es un griego más
pobre incluso que el de Marcos en cuanto al vocabulario
(número de términos) empleado, pero las palabras elegidas poseen una
gran riqueza de significado. De allí que se lo llame
el evangelio “espiritual”.
En cuanto a los
Destinatarios de este evangelio, Juan escribe para cristianos, sobre todo
es probable que haya sido escrito para los cristianos provenientes
de la gentilidad, a ruegos de los Obispos del Asia
Menor, según refiere el fragmento Muratoriano (para los paganos conversos
de Palestina no serían necesarios tantos detalles geográficos).
Por un lado, se ve que escribe
contra el judaísmo, como si fuese un desarrollo de la
tesis señalada por él mismo: la ley fue dada por
medio de Moisés, la gracia y la verdad vino por
Jesucristo (1,17). Por otra parte, según la tradición, escribe directamente
contra algunos herejes como Cerinto (67 d. C.) y Ebión,
que sostenían que Jesús no había venido en carne. De
allí la fuerte insistencia en decir en su primera carta
que Jesucristo “vino en carne” y no simplemente que “habitó
en carne”.
En cuanto a la
fecha de composición, dadas las referencias que de él hacen
san Ignacio de Antioquía (cita Jn 3,8 en Ad Philad.
7,1), san Justino (cita Jn 3,3 en Apol I,61,4), etc.
hay que colocarla alrededor del 90 d.C. De modo similar,
algunos herejes de la primera mitad del siglo II (heráclito,
Teodoto, Celso, Basílides, Valentín, etc.) citan también el evangelio de
san Juan.
Teniendo en cuenta todo
esto, lo cual manifiesta la divulgación alcanzada por el evangelio,
no sorprende que, en Egipto, se haya encontrado un fragmento
del evangelio datado antes del 130 (es el llamado Papiro
Rylands o simplemente p52). Este solo testimonio tiró por tierra
todas las elucubraciones de la escuela de Tubinga, ya que
obligó a datar el evangelio antes de fines del siglo
I.
Por otra parte, como vimos,
la tradición atestigua que el evangelio fue escrito después de
los otros tres, y viviendo Juan en Éfeso. Lo más
probable es que Juan haya llegado allí después del 67
(después de la muerte de san Pablo, quien había puesto
allí a Timoteo: cf. 1Tim 1,3). Y por esta época
llegó también Cerinto, que también necesitó algo de tiempo para
esparcir sus errores.
2. CARACTERÍSTICAS: EL CUARTO EVANGELIO FRENTE A
LOS SINÓPTICOS
Algunos afirman que se trata de un evangelio “kerigmático”.
Sin embargo, faltan por completo los términos del kerigma como
evangelizar y keryssein (proclamar), mientras que abundan los del testimonio
(el sustantivo martyria, testimonio, 14x, y el verbo martyrein, testimoniar,
33x). El evangelio se abre (1,19) y se cierra (21,24)
con una referencia al testimonio. Este testimonio tiene a menudo
un carácter judicial, como asimismo otros términos que pertenecen al
lenguaje judicial: juicio, juzgar, acusar, convencer, paráclito (abogado). El cuarto
evangelio puede leerse, entonces, como un gran proceso entre Dios
y el mundo; el mundo acusa a Jesús de aspirar
a la realeza y de hacerse igual a Dios, por
lo que al final le da muerte. Por su parte,
Jesús se defiende colocando su realeza y su reino en
otro plano y proclamándose testigo de la verdad (18,37); muere
víctima de su testimonio. Pero entonces interviene Dios, abre su
proceso contra el mundo, para pronunciar sobre él y sobre
su príncipe un juicio de condenación: Se hace presente un
abogado, que es el Paráclito, y los testigos, que son
el Bautista, la Biblia, Moisés y las obras del Padre
que realiza Jesús.
El testimonio es del todo particular, ya que,
en el hecho histórico del cual trata, se refiere más
bien a otra realidad invisible, percibida sólo por la fe.
El testimonio de que habla el evangelista es, por tanto,
testimonio de la fe en una persona y su obra.
En este aspecto el evangelio de Juan es el que
interpreta con más profundidad la vida histórica de Jesús, ya
que a diferencia de los otros evangelistas, su presentación del
misterio de Jesucristo, se abre tanto al pasado cuanto hacia
el futuro (el tiempo de la Iglesia y la venida
futura del Señor) además de señalar el presente, lo que
de hecho sucedió en ese momento.
El cuarto evangelio resulta
sumamente singular frente a los otros tres. Lo había comprendido
ya Clemente de Alejandría (150-216 d.C.), cuando le dio al
evangelio de Juan el apelativo de “espiritual” (pneumatikon), cosa que
se capta enseguida por el solemne prólogo, el himno al
logos, con el que se abre el evangelio, considerado como
el más hermoso y ciertamente como el más profundo y
original de los himnos del NT. Si profundizamos un poco
la relación del evangelio de san Juan con respecto a
los otros tres, los sinópticos (Mt, Mc, Lc), podemos observar
que existen diferencias notables, si bien todos hablan del mismo
Jesucristo y lo sitúan en el mismo cuadro geográfico y
cronológico y con el mismo desarrollo histórico de los hechos.
Las diferencias más notables son:

Sin
duda alguna, el cuarto evangelio goza de una gran originalidad,
manifestada sobre todo en la composición:
-Se ve una selección entre
las enseñanzas de Cristo: no relata parábolas; no relata enseñanzas
de Cristo que plantean las bases morales de la vida
cristiana; pasa por alto importantísimos discursos y hechos como las
Bienaventuranzas y la Institución de la Eucaristía; no habla de
la Infancia de Jesús; alude raramente al mundo angélico. Desde
el capítulo 3 al 17, casi todo el texto lo
forman discursos en forma de diálogos.
-De los milagros, recoge solamente
siete (de los veintinueve que traen los sinópticos, sólo dos
repite san Juan; los otros cinco son exclusivos de su
evangelio). Además, los narra en vistas a una enseñanza muy
bien determinada (el simbolismo), de tal modo que el milagro
esclarece la enseñanza, la cual a su vez, refleja la
intención espiritual del milagro. Por eso los llama signos y
no simplemente “cosa maravillosa” o “poder”.
-El esquema de la actividad
de Jesús es distinto en cuanto a tiempo y lugar.
Menciona por los menos tres fiestas de la Pascua, lo
que introduce como mínimo entre dos y tres años de
vida pública. Habla de cuatro viajes a Jerusalén, y es
en esta ciudad (no en Cafarnaúm y Galilea) en donde
coloca la mayor parte de la actividad de Cristo que
narra[1].
En síntesis, se puede ver
que el autor revela una verdadera ciencia de la composición,
que contribuye a intensificar el clima espiritual.
Esa originalidad se puede ver también en el
estilo. El cuarto evangelio presenta, en vez de relatos breves
o discursos extensos, se puede apreciar una estructura cerrada y
sólida, hecha por pocos relatos que se enlazan fuertemente para
formar un todo compacto. Presenta indicaciones precisas de lugar y
tiempo, que permiten al lector ubicarse adecuadamente. Hay alusiones oportunas
que van estableciendo un enlace interno entre las partes del
libro. Los discursos giran siempre en torno de una idea
central. El orador es interrumpido con preguntas y objeciones, cosa
que no sucede en los sinópticos, y que permiten aclarar
más el sentido de las palabras y posibilitan el progreso
del pensamiento sobre un mismo tema. Y se enlazan estrechamente
con los milagros (signos). En síntesis, es un estilo más
doctrinal y uniforme que el que vemos en los sinópticos,
que muestran una manera más viva, popular y plástica. El
estilo tan personal muestra que la obra de Juan no
es una mera transcripción verbal, sino que ha buscado de
dar una relación del misterio mismo de la persona de
Jesús, de tal modo que su enseñanza teológica está fuertemente
trabada con sus recuerdos concretos, con las escenas y palabras
reales de Jesús que él misma ha podido ver, oír
y palpar (cf. 1Jn 1,1-4); sin este contacto personal, el
cuarto evangelio es inexplicable.
Finalmente, las diferencias
entre Juan y los sinópticos también están en la teología.
Si analizamos la terminología, podemos apreciar varias diferencias. La idea
del reino de los cielos o reino de Dios, capital
en los sinópticos, está presente en san Juan bajo la
idea de vida eterna. La idea de hijo del hombre
es expresada por san Juan por la del enviado que
viene a la tierra, pasa por ella y retorna de
nuevo al Padre. En toda su obra tienen gran importancia
conceptos más abstractos como vida, luz, mundo, fe, verdad, gloria,
etc.
Respecto de los temas, expresa con más resolución la universalidad
del mensaje de salvación, que se dirige a todos los
que creen (1,7.9; 3,16), incluso los gentiles (10,16; 11,51); Jesús
es el Salvador que borra el pecado del mundo (4,42;
1,29). Su escatología es sintetizada con la frase “ya, pero
todavía no”. Las discusiones doctrinales con los judíos no versan
tanto sobre la interpretación de la ley judía, sino que
tratan directamente de la fe o incredulidad, de la aceptación
o rechazo de Aquel que ha enviado el Padre y
que cuenta con el testimonio del AT. Las cuestiones de
moral son casi inexistentes: se resumen en el precepto del
amor fraterno y en indicaciones generales respecto de la guarda
de los mandamientos (14,15.21; 15,10.14).
El centro de la exposición de
san Juan lo ocupa el misterio de la persona misma
de Jesús, quien es definido por varias frases expresadas en
primera persona: yo soy la luz del mundo (8,12), el
pan de la vida (6,35), Yo y el Padre
somos una sola cosa (10,30), antes que Abraham fuese, existo
yo (8,58). La aceptación o rechazo de Jesús implica la
vida eterna o la propia condenación ya desde ahora (de
allí que su escatología sea sintetizada con la frase “ya,
pero todavía no”). Los milagros proclaman quién es Jesús y
cómo no se le puede rechazar sin hacerse uno culpable.
Jesús es presentado más bien como el que guía el
rebaño de sus ovejas. El mundo queda, entonces, dividido, no
tanto entre buenos y malos, cuanto entre creyentes e incrédulos,
o “hijos de la luz” e “hijos de las tinieblas”.
Los críticos se cuestionan las
relaciones y diferencias entre san Juan y los sinópticos. El
dato tradicional es que Juan había escrito su obra para
completar los sinópticos añadiendo nuevos relatos de milagros y nuevos
datos sobre la enseñanza y sobre la persona de Jesús.
Lo que sí es claro es el propósito de probar
que Jesús es el Mesías y el hijo de Dios,
y esta finalidad teológica y cristológica pueden explicar el procedimiento
característico del cuarto evangelio, en el cual se intercalan los
relatos de milagros y los recursos didácticos.
De todos modos, tales
discordancias no afectan a la autenticidad o genuinidad de los
evangelios, más bien la manifiestan: “Si los libros divulgados bajo
el nombre de los Apóstoles fueron escritos por autores posteriores,
fueron escritos o bien ingenuamente, y sin intención de fraude,
o bien dolosamente y con tal intención. Si lo primero,
¿cómo es que hay tantas y tan minuciosas concordancias? Si
fue lo segundo ¿cómo es que hay tantas y tan
aparentes discordancias?”[2].
3. POSTURAS CONTRARIAS A LA TRADICIONAL
Como para dar simplemente una idea del desvarío
de la situación que reina en esta cuestión en el
campo acatólico colocamos las opiniones de diversos autores (igualmente en
el campo católico se pueden escuchar cosas semejantes)[3]:
-B. Evaston (1792),
deísta inglés, impugnó el evangelio por las discrepancias que tenia
con los sinópticos¸afirmó que era obra de algún filósofo neoplatónico
del siglo II. Lo siguió C.G. Bretschneider (1820), aunque después,
ante las refutaciones de Stein, Olschausen, Crome y otros, se
retractó.
-D.F. Strauss (1835): este evangelio era la obra de una
mentalidad especulativa alejandrina. B. Bauer (1840) lo atribuyó a un
hombre eminente y gran poeta, y por ello era imposible
que fuese san Juan.
-F.Ch. Baur (1844, cabeza de la escuela
de Tubinga): parte del presupuesto de que los evangelios fueron
escritos para conciliar las fracciones de la Iglesia; en el
caso de san Juan encontraba ideas gnósticas y montanistas, las
facciones que debían ser conciliadas. Por ello ponía la composición
del evangelio en los años 160-170. La escuela de
Tubinga continuó en la misma línea de negar la autenticidad
y rechazar la fecha de composición.
-D. Schenkel: tiene un núcleo
verdadero, viciado luego con doctrinas gnósticas
-Niegan también el origen apostólico
y la autoridad histórica: J.H. Scholte, E. Renán, A. Thoma;
W. Bauer, etc...
-Loisy (1905) y J. Reville: dicen que es
un libro puramente alegórico y simbólico. Igual H. von Soden
-Otros:
conceden un núcleo genuino que sería de Juan Apóstol: Harnack,
C. Clemen, H.H. Wendt; J. Wellhausen, J. Jeremia, etc (cada
uno con su teoría propia)
-Entre los no católicos que defienden
la autenticidad, vale la pena recordar a Schleiermacher (1845), Bleck
(1861, que refutó a Baur), Tischendorf (1866), Wescott, etc.
Si bien la crítica racionalista ha atacado
la genuinidad y autenticidad de los cuatro evangelios, el de
san Juan ha sufrido un acoso del todo particular, razón
por la cual vamos a dedicarle un poco de atención
a los argumentos esgrimidos, cosa que no hemos hecho respecto
de los otros evangelios, por considerar los argumentos correspondientes de
escasa relevancia.
El argumento más importante
sostiene que el cuarto evangelio no puede haber sido escrito
por san Juan, en razón de la relación que existe
con la filosofía helenística, que hablaba del Logos, de luz,
de verdad, etc. En particular, se sostiene que el ambiente
propio donde nació este escrito fue en la gnosis (hay
que destacar en este campo la figura de R. Bultmann
por la influencia que tuvo).
¿En
qué cultura nació el cuarto evangelio? Hemos de distinguir por
lo menos dos momentos en la formación del evangelio: el
de la tradición oral y el de la redacción escrita.
El ambiente cultural de la tradición oral debe colocarse, claramente,
antes del 70 d.C. (fecha de la destrucción de Jerusalén
y del Templo). Esto se ve porque conoce bien la
liturgia del templo en las grandes fiestas judías, el ambiente
samaritano y algunos motivos típicos de Qumrán. Muestra además, un
profundo conocimiento de la Biblia y de la Historia de
la Salvación (cf 3,14 que se refiere a Num 21),
en particular la espera del Mesías. También se ve que,
en ciertas ocasiones, se interpreta la Biblia con el método
usual de exégesis usado en las sinagogas. Ahora, en cuanto
a la redacción del evangelio, es decir, a su puesta
por escrito, se puede observar que, si bien se mantiene
arraigado en la Biblia (= AT), sin embargo se abre
al mundo helenista de su época, incluso aceptando términos de
ese mundo, v.g. lógos (Verbo), alétheia (verdad)..., términos que encuentran
un profundo eco en el mundo cultural greco-romano. Pero, esos
conceptos en san Juan están cargados de un contenido diverso
del que poseen en la filosofía helenística, aunque no puede
negarse toda relación. Más bien parece lógico suponer que san
Juan empleó esos términos porque eran los que le permitían
expresar más adecuadamente el misterio que buscaba transmitir (es un
problema de “inculturación”). Se ve también que escribe en ambiente
helenista en que traduce términos arameos y explica costumbres y
tradiciones de la Palestina de Jesús.
No es, por lo tanto, aceptable de ninguna manera la
hipótesis de que la gnosis, con su dualismo intemporal, sea
la base o el clima en que pudiera surgir el
cuarto evangelio. Los descubrimientos del Mar Muerto en 1947 han
echado por tierra muchos de los elementos en que se
sustentaba esta postura.
Respecto de los
demás argumentos, no son de gran peso, sino que más
bien fuerzan elementos y, sobre todo, soslayan el testimonio de
la tradición. Pueden verse en la obra de Vizmanos p.
270-271.
4. VALORACIÓN TEOLÓGICA
El 29
de mayo de 1907, la PCB emitió un decreto donde
reafirmaba la doctrina tradicional (D 2110-2112).

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Notas:
[1] En
realidad, el esquema más lógico es el de Juan. En
efecto, la repentina catástrofe que se abate sobre Jesucristo sería
incomprensible si Él nohubiese actuado más y por más largo
tiempo en Jerusalén, chocando y luchando con “los judíos”. Las
preocupaciones catequéticas de los sinópticos les hacen agrupar los relatos
y discursos según determinados temas.
[2] G. Lagrange, p. 412.
[3] Cf.
Vizmanos, p. 256-257. Bibliografía sobre el Autor del Cuarto evangelio:
H. Höpfl – B. Gut, Introductio Specialis in Novum Testamentum,
(Romae, 1962) 194-208; A. Robert – A. Feuillet...